Las tropas del ejército de la tierra unida avanzan hacia la plaza roja a
través de la calle Maroseyka ocultados por la oscuridad de la noche y vigilando
con cuidado los silenciosos edificios por temor a ser detectados por las líneas
de defensa Rusa, habían pasado cuatro días desde que desembarcaron en el puerto
viejo de Tallin en Estonia y comenzaron su marcha hacia Moscú, cruzaron
ciudades, poblados y carreteras en los que no encontraban resistencia, ya que
estaban completamente deshabitados, esperaban que al entrar a la capital del
país el panorama cambiara por uno más hostil pero seguían sin encontrar señales
de vida, parecía como si todos los habitantes hubieran sido llevados por el
rapto, pues las tiendas se mantenían abiertas, los autos seguían en las calles
con las puertas cerradas y con signos de que estuvieron encendidos hasta que se
les terminó el combustible.
Normalmente ese recorrido podría haberse realizado en menos de un día ya
que no existía congestión vehicular en las deshabitadas carreteras, pero habían
evitado el camino directo por temor a encontrarse resistencia esperándolos o
algún arreglo de explosivos en la ruta más predecible, además iban más lento de
lo normal y con paradas rutinarias para descansar pues la mayoría no era
personal militar con experiencia y finalmente no tenían a nadie nativo de la
zona que les pudiera servir de guía por lo que debían de verificar el no
haberse perdido con una frecuencia mayor que la que se esperaría de un grupo de viajeros más habituados a ese lado del
continente.
Damian estaba al mando del grupo de poco más de 20 mil hombres, todo el
trayecto fue por tierra en vehículos militares
por dos motivos, el primero era que entre todo su personal no había
encontrado mecánicos ni pilotos de aviones con la suficiente experiencia para
arriesgarse a utilizar la vía aérea y el segundo sabían de la existencia y los
detalles de las armas antiaéreas del gobierno Ruso, si bien no tenía la
seguridad de que aun exista personal capacitado para manipularlas, sólo era
necesario que haya una persona para preparar una defensa antiaérea decente
contra el reducido grupo que habían logrado reunir y más aún si este iba en
aviones comerciales, la falta de información confiable de las capacidades de sus
enemigos era motivo suficiente para pensar tres veces antes de dar cada paso,
ya que un pequeño error en territorio desconocido podría significar el fracaso
de toda su misión.
Era el 26 de noviembre, el luciferista había indicado que para el último
día del mes tendría la cabeza tanto de James como de Gavrel, así como la de
todo aquel dirigente que los estuviera apoyando en la ciudad europea. Durante
los últimos meses Carla había reunido a todo el personal con capacidades
militares del planeta que estuvieron dispuestos a pelear por ella y hacer caer
a los “enemigos de la humanidad” como ella los hacía llamar a la fuerza de
resistencia que suponía se estaba agrupando en Moscú.
No podía darse el lujo de fallar, pero la nula resistencia que había
encontrado le hacía pensar que sus objetivos habían escapado sin que ellos se
dieran cuenta, el maldito país era enorme pensaba mientras avanzaba viendo
edificios altos y vacíos. Además era esperable que sus enemigos hayan estado
agrupándose de forma similar, pero era todo lo que podía deducir ya que le era
imposible saber las dimensiones actuales del ejército ruso y menos aún el tipo
de personal con el que contarían, podrían tener excelentes estrategas entre
ellos esperándolos en el punto exacto, con las armas específicas para detenerlos
en el momento más apropiado, pero por lo avanzado durante los últimos días
parecería que sólo se debían de haber quedado con muy poco personal militar.
Llegaron a la estación de metro de Kitay-gorod, es allí donde Damian
decide hacer que todos bajen de sus vehículos y dividir el ejército en tres
grupos de ataque, ya se había coordinado desde el desembarque en Tallin quienes
pertenecerían a cada grupo, pero realmente se hizo estas consideraciones
pensando que en el camino varios morirían, el hecho que aun sean un grupo tan
numeroso le comenzaba a dificultar la idea de un ataque más sigiloso, como
hubiera preferido para darle una mayor ventaja ofensiva, pero ahora la
estrategia debía de cambiar a una donde las bajas se tendrían que dar en esa
zona y sumándole a esto la poca experiencia en liderar grupos del luciferista
la situación se complicaba.
Damian sacó de su bolsillo un pequeño papel doblado en cuatro, el cual
al desplegarlo mostraba un pequeño plano detallado del Kremlin, el cual era un
conjunto de edificio de aproximadamente 28 hectáreas, rodeado por una gran
muralla de color rojo de unos 19 metros de altura. No sabía donde exactamente
podrían estar James y Gavrel, pero si estaban reuniendo fuerzas para atacar a
Carla, tenían que haber situado su base allí, era el lugar más seguro para
ellos. Puso su atención en las entradas, estaban marcadas la entrada oficial en
la parte frontal viendo hacia la plaza roja, la entrada al museo de la armería
en la parte posterior y la entrada principal para turistas al lado derecho, la
cual era la más grande y por ende sería la que el seleccionaría para su
ingreso. Tomo sus decisiones y se las comunicó a su equipo.
Primero le indicó al grupo C su trayectoria de ataque, este estaba en su
mayoría formado por los menos preparados para maniobras militares ya que casi
todos fueron voluntarios de los últimos días que llegaron al llamado de Carla,
muchos de ellos colegas luciferistas de Damian, pero era el más numeroso de los
tres con aproximadamente 10 mil soldados, irían hacía la catedral de San
Bacilo, la rodearían manteniendo un avance sigiloso y atacarían al Kremlin colocando
explosivos en el flanco izquierdo del muro. Por esas zona no había acceso
directo por lo que deberían de utilizar los detonadores para derribar una parte
de la estructura y hacer su propia vía de ingreso, al otro lado los esperaba el
área verde del conjunto de edificios, eso les hacía pensar que no encontrarían
una gran resistencia ya que normalmente
se vigila las entradas, pero finalmente sólo podía especular cómo estaba
distribuida la defensa del lugar, por lo que consideró que era lo más
conveniente que ellos sean los primeros en atacar llamando mucho la atención
del enemigo y por consecuencia lógica los primeros en caer, sería un pequeño
sacrificio que le daría la oportunidad de dar un contrataque más efectivo para
personal mejor capacitado.
Una vez que el grupo más numeroso se fue retirando, el dio sus
indicaciones al grupo B, este estaba formado casi en su totalidad por militares
formados para el servir a algún ejército, ya sea al americano o al de su país
de origen, era una fuerza de ataque de casi ocho mil hombres pero que tenían
poca o nula experiencia en combate real. Ellos irían por la calle Il'inka, la
cual daba directo a la plaza roja, una vez que la crucen podrán entrar atacando
por la entrada oficial ubicada en la parte frontal del Kremlin, su señal para
dar inicio a su ataque sería el sonido de las explosiones en el flanco
izquierdo y el inicio de los disparos con la línea de defensa rusa, debían de
esperar un poco, hasta que la atención del enemigo se centre solo en el
numeroso grupo C y allí serían donde ellos aprovecharían para atacar,
aprovechando que los soldados enemigos pensarían que es un ataque por sólo una
dirección les podrían dar la sorpresa de un ataque repentino desde otro flanco
y con personal mejor preparado.
Finalmente estaba el grupo A, el grupo de Damian. Estaba formado por los
militares más experimentados, que habían combatido en su mayoría en medio
oriente, era el más pequeño, de poco más de dos mil hombres, ellos irían por
calles menores para alcanzar el flanco derecho de su objetivo y entrar al
Kremlin por la entrada principal para los turistas, al menos eso era lo que les
había dicho en un inicio. Pero el verdadero plan del luciferista estaba sujeto
a cambios pues la información con la que contaba era tan limitada que no podía
descartar ideas como la que el flanco que había elegido sea el más protegido de
los cuatro y tuviera que realizar una retirada estratégica para reagruparse.
Damian y su grupo dejaron al grupo B y comenzaron a avanzar por calles
solitarias, la perdurable ausencia de muestras de resistencia cada vez lo
desesperaba más, si bien en una situación de guerra esto debería ser un motivo
para tranquilizarse, en él generaba una desesperación “¿Qué tal si no hay nadie
ya aquí? ¿Qué tal si escaparon?” la idea le parecía muy difícil de creer ya que
no se le ocurría a donde podrían haber ido, pero dado que ya no tenían casi
servicio de inteligencia o espionaje no podían saber que estaba pasando en
Rusia mientras que preparaban este ataque en estados unidos.
El grupo se detuvo en unas calles a pocos metros de la plaza roja, podía
verla, ocultos entre las sombras, estuvieron esperando unos 20 minutos hasta
que comenzaron a escuchar las explosiones y disparos en el otro lado de la
muralla roja del Kremlin, donde estaba el grupo más numeroso. El luciferista
levantó una mano en señal de detenerse, no pensaba atacar aun hasta estar
seguro de que tenía las mejores probabilidades, había la posibilidad de que
realmente todo el lugar este vació y Gavrel haya preparado una bomba en su interior
que se activase automáticamente al entrar o de forma manual por algún mártir
atrincherado en alguno de los edificios internos.
Luego de unos minutos de tensión por fin vio lo que esperaba ver: Grupos
de soldados vestidos de verde y con boinas azules salían desde la puerta delantera
a atacar a los invasores, era el ejército ruso, que se dirigía a defender el
lado que estaban atacando pero no contaban con el grupo B que los esperaba. Es
ahí cuando el combate sobre la plaza roja inicia. Los disparos de los miembros
del ejército de la tierra unida toman por sorpresa a los locales y los fuerzan
a retroceder de regreso.
Damian no podía contar la totalidad de soldados que se enfrentaban en la
plaza pero parecía tener la ventaja numérica, podía además ver que había
mujeres entre ellos, algo que en un momento le pareció risible, pero al verlas
que se desenvolvían como cualquier hombre tuvo que presionar los dientes con
rabia.
Finalmente sucedió lo que estaba esperando que se dé realmente, las
puertas de la entrada para turistas que se habían mantenido cerradas hasta ese
momento se abrieron e inmediatamente después emergieron de ellas más soldados
rusos que se unieron al combate dirigiendo su atención principalmente al grupo
B sobre la plaza roja, el camino que Damian pensaba atacar estaba quedando
libre aparentemente, “Excelente” pensó mientras se imaginaba como se debilitaba
la defensa del flanco frente a él.
Indicó a su equipo que comience a avanzar por las calles, se alejarían
un poco de la zona de combate, para que sea más difícil que alguien los
detecte, corrieron hasta la avenida Vozdvizhenka la cual desembocaba directo en
el costado del Kremlin que había decidido sea su vía de ingreso, estaba seguro
que las fuerzas de defensa en este momento se concentraban en los otros dos
grupos el C que por ser más numeroso debía de estar a la defensiva y siendo
duro de reducir, el B que había tomado desprevenido a una línea de defensa que
salió a combatir al otro grupo, gracias a su entrenamiento y aparente
superioridad numérica no caería fácilmente, aun con el reciente apoyo que había
llegado. Por lo que su grupo debía de tener el camino casi despejado para
actuar rápidamente y luego de terminar el trabajo emprender una huida, con algo
de suerte el grupo C aun no habría caído en su totalidad y el B aún se estaría
defendiendo lo que le daría la distracción perfecta para escapar.
Esta estrategia le dio la confianza que hizo que acelerara el paso,
mientras pasaba por el abandonado edificio del museo del libro y entraba a una
zona descubierta flanqueada por dos edificios de aproximadamente cinco pisos de
altura cada uno, ya podía ver el gran muro del Kremlin con mayor claridad, el
cual aparentaba estar desprotegido, visión que le causó gran excitación y
aumento su entusiasmo lo que le impidió percatarse de la caída de algunos
objetos oscuros alrededor de ellos.
Los objetos explotaron instantáneamente por todos lados, generando
algunas bajas en el grupo de los que estuvieron más cerca de la zona de daño.
-¡Maldición! – Gritó Damian con locura – ¡Disparen a los techos! ¡A los
techos! ¡No dejen de avanzar!
El grupo continuó su camino sin preocuparse por sus heridos en el suelo,
cuando vieron como se lanzaba desde las alturas un segundo grupo de granadas
sobre ellos.
-¡De frente! –Continuó con sus indicaciones el luciferista – ¡Hacia el
Kremlin! ¡Ahora está desprotegido!
El grupo comenzó a correr, cubriendo su avance con disparos a las zonas
superiores para evitar nuevos ataques. Afortunadamente para ellos el combate en
la plaza roja era mucho mayor por lo que pudieron alcanzar la entrada de
turistas del Kremlin, donde al ingresar encontraron una pequeña resistencia de
una veintena de soldados a los cuales eliminaron con relativa facilidad.
Ya en su interior, todos se apresuraron a cerrar las puertas y
tranquearlas por dentro.
-¡Asegúrense de cerrarlas bien! – Ordenó Damian – Esos malditos rusos,
nos estaban esperando atrincherados en los edificios cercanos.
-No eran rusos… - Dijo un hombre de unos 40 años, alto corpulento, con
un bigote oscuro, tenía la mirada fija en los demás soldados, para asegurarse
que estén sellando correctamente las entradas. - Eran sirios o iraquíes… pude
ver un par de banderas de rojo, blanco y negro. Adicionalmente ese tipo de
granadas son de los modelos que utilizan en medio oriente para los ataques
furtivos.
Se escucharon en los alrededores nuevas explosiones y disparos continuos,
era imposible saber quién estaba ganando, por lo que Damian debía de
apresurarse en cumplir su objetivo. Pero los comentarios que había dicho, el
antiguo general de división Anthony Benfenati lo hicieron pensar un poco y
dijo:
-¿Estás diciendo que Rusia ha unido fuerzas con países árabes?
El militar miro al joven inexperto, sentía mucho desprecio por el
luciferista y se resistía a aceptar que un soldado experimentado como él deba
de seguir sus indicaciones, pero sabía que igual debía de acatar órdenes y
respetar los rangos jerárquicos, por lo que respondió con honestidad.
-No podría estar seguro, pero por ese ataque que tuvimos podría deducir
que el Kremlin está protegido por soldados de medio oriente, también vi a los
soldados que salieron a atacar al grupo B. – Mientras decía eso se escuchó una
fuerte explosión en la plaza Roja, por lo que Benfenati giró su cabeza hacía
esa dirección pero continuó con su explicación – No son soldados de elite, vi
mujeres y jóvenes cadetes vestidos como personal experimentado pero si
realmente lo hubieran sido… Ya deberían haber acabado con ese grupo a pesar de
ser menor en número ya que deberían estar menos cansados que nosotros pues no
han hecho un viaje de cuatro días, además se hubieran percatado de nuestra presencia
incluso estando nosotros escondidos y por último no hubieran dejado su puesto,
la entrada de mayor tamaño al Kremlin con solo un puñado de hombres, eso es un
error de novato.
Damian, estaba preocupado, él tampoco tenía mucha simpatía por el
militar, pero no podía negar que su experiencia en zona de guerra era muy
superior a la suya y había sido de utilidad durante el viaje desde Estonia.
-Eso significa que lo mejor de la armada Rusa ha sido reducida aún más
de lo que habíamos esperado.
El experimentado militar no estaba seguro de que responder ya que, él
tenía tan poca información como Damian, pero podía especular.
-El hecho que aquí haya personal de medio oriente puede hacernos pensar
en una posible alianza con Rusia que quizás haya existido desde antes, o como
tú dices que el ejército local se haya reducido y los árabes por algún motivo
desconocido se hayan estado preparando para tomar el Kremlin, creo que por
ahora no podremos tener muchas respuestas, si nos mantenemos evaluando la
situación aquí.
-Tienes razón, debemos concéntranos en nuestro objetivo – Damian emitió
un quejido de molestia y sacó un papel de su bolsillo el cual era el mapa que
había revisado antes de iniciar el ataque pero estaba mucho más arrugado –
Bueno si James y Gavrel están por aquí ¿dónde crees que estarían escondidos?
Anthony, no miraba el mapa, sabía de memoria la distribución de los
edificios en el Kremlin, su atención estaba en revisar los edificios a su
alrededor. Podía ver el agujero en el otro extremo de la muralla, era pequeño y
se escuchaban los disparos en el otro lado, lo que significaba que nadie de ese
grupo había conseguido entrar, pero que al menos se mantenían vivos dándoles
batalla a los soldados enemigos, esperaba que eso se pueda prolongar varios
minutos para que ellos puedan encontrar a sus objetivos.
-Creo que el lugar más seguro para esconder a alguien sería la iglesia
de los doce apóstoles. –señaló una estructura de color blanco de tres pisos, de
techo gris y con pequeñas torres puntiagudas a unos metros de ellos – Ya que
está justo en el centro de todo el conjunto de edificios del Kremlin y al ser
más pequeño podría ser más fácil de defender si realmente no cuentan con mucho
personal militar como estamos especulando.
-De acuerdo – Damian observó a su equipo, y se percató que las bajas no
habían sido numerosas quizás ni cien personas en total, por lo que comenzó a
tranquilizarse- Todos de frente hacia esa iglesia apunten a las ventanas de los
edificios que nos rodean, podríamos esperar un ataque similar nuevamente si es
que realmente los rusos se han aliado con los soldados de medio oriente o con
cualquier otra nación cercana.
El grupo avanzó por el frente del palacio de los congresos, era un
edificio de gran tamaño de casi 10 pisos de altura con fachada plana de
cristales pulidos separados entre sí por estrechos pilares de mármol blanco, no
había iluminación ni se veía movimiento en su interior, por lo que lo más
probable era que estuviera vacío.
No encontraban resistencia y comenzaron a ingresar al jardín que estaba
entre el palacio de los congresos y la iglesia de los doce apóstoles, cuando
dos explosiones hicieron volar por los aires a algunos de los soldados, lo que
hizo que todo el grupo se detuviera y comenzará a caminar hacía atrás
rápidamente.
-¡Retrocedan! Deben ser minas terrestres POMZ mejoradas. – Dedujo
Benfenati, observando los agujeros de aproximadamente 80 centímetros de
diámetro generados por las explosiones – posiblemente están rodeando toda la
iglesia… claro sabían que sería nuestra primera opción y colocaron estas
medidas de defensa.
-¡Maldición! –Gritó con furia Damian – ¡Ese cobarde de James debe estar
seguramente ahí adentro atrincherado!
-No lo creo –trató de calmar el experimentado militar a su líder,
mientras que observaba el resto de los edificios que los rodeaban – Sería
demasiado peligroso rodear este lugar de minas terrestres si se va a proteger a
una o dos personas de gran importancia. Ya que podrían explotar por descuido de
ellos mismos al salir y además limitarían considerablemente una posible huida
de emergencia en caso de incendio, un movimiento sísmico o que un grupo de
soldados enemigos, como en este caso nosotros, tratara de entrar a tratar
de eliminarlos.
Benfenati comenzó a revisar nuevamente las edificaciones tratando de ver
si descubría algo que no se hubiera percatado antes y se dio cuenta que todas
estas estaban a oscuras, a excepción de una, el gran edificio triangular de
color blanco y techo verde de las oficinas presidenciales estaba iluminado en
su cúpula superior la cual tenía una vista estratégica a la plaza roja, dado
que esta se encuentra muy adelante no lo había notado al principio, pero ahora
en una observación más minuciosa si se pudo dar cuenta de este pequeño detalle.
-Si alguien está dirigiendo esta defensa debe estar ahí –Indicó Anthony,
mientras señalaba el único edificio iluminado.
Lo comentado por el militar, no le hizo sentir mejor a Damian. Pues a
pesar de estar el realmente al mando, tenía la sensación de que estaban
siguiendo las indicaciones de ese sujeto, como un perro que va a traer una pelota
que su amo le ha lanzado. Pensó en indicarle que él vaya adelante para dirigir
el grupo para compensar su error inicial de dirigirlos hacia el lugar
equivocado y generar algunas bajas en el grupo, con lo que tomaría la posición
de mayor riesgo, pero en un segundo análisis se dio cuenta que el perderlo
sería poco estratégico, así que debía de mantenerlo con vida al menos por
ahora.
-De acuerdo…. ¡Equipo avancen!- Ordenó el luciferista y los soldados
comenzaron a dirigirse hacia el objetivo indicado.
Si bien el entusiasmo había decaído un poco por los anteriores ataques y
pequeñas bajas, los miembros del ejército de la tierra unida avanzaban con paso
firme y decidido, afortunadamente para ellos,
en su camino no fueron sorprendidos por nuevas trampas explosivas enterradas
ni lanzadas desde lo alto.
Al llegar a la puerta trasera de madera, esta estaba cerrada. Damian
ordeno colocar un explosivo sobre ella, ya que no quería rodear el edificio por
temor a perder valioso tiempo y que los grupos en la parte externa caigan y
luego los sobrevivientes enemigos entren por ellos, ya no tenía caso tratar de
ocultar más su presencia dentro del Kremlin, las explosiones de las minas terrestres los deben de haber delatado.
Damian indicó a todo el equipo dividirse en siete grupos de unas
doscientas personas para poder tomar el edificio lo más pronto posible así como
para poder moverse fácilmente por los pasadizos, el resto se quedaría vigilando
la entrada y dispararía a cualquier refuerzo que trate de ingresar para apoyar
a los rusos, ya sea que venga desde la plaza roja o que salga de los edificios
cercanos en el Kremlin.
En el interior del edificio de las oficinas presidenciales, el grupo de
Damian que mantenía a los más experimentados soldados consigo encontró una pequeña
resistencia por parte del ejército ruso de unos cien hombres distribuidos por
diferentes ambientes, había soldados apostados en las oficinas, baños, salas de
reuniones, etc. Avanzaban de manera agazapada a un ritmo lento, pero sin
detenerse, lo que les permitía eliminar a sus adversarios de forma inmediata y
reduciendo al mínimo el número de bajas en sus filas.
La principal desventaja que tenían era que prácticamente todo el
edificio estaba a oscuras por lo que tuvieron que activar los lentes de visión
nocturna que cargaban consigo, afortunadamente era ligeros y con un sensor de
calor incorporado que hacía más fácil detectar a los soldados escondidos atrás
de paredes delgadas, pero una pared gruesa era más complicado. Por lo que
también dependían de audífonos de alta tecnología para tratar de evitar algún
posible ataque sorpresa.
-Parece que se acabaron las trampas explosivas. –Comentó Damian que
estaba en el centro del grupo de modo de tener los suficientes escudos humanos
en caso de que haya un ataque numeroso por algún lado.
-Así es. –Confirmó Benfenati, a su lado empuñando una ametralladora
ligera M278, un diseño nuevo repotenciado recientemente para esa operación –
Esto puede significar que realmente hay alguien importante acá y no pueden
realizar una acción que ponga en riesgo un escape inmediato de ser necesario.
Luego de cerca de 30 minutos de camino dentro del edificio estaban cerca
de llegar a la cúpula iluminada, ahí fue cuando los disparos en el exterior se
redujeron considerablemente, eso indicaba que el combate estaba llegando a su
fin, lo que puso nervioso a Damian pues no sabían quienes había resultado
victoriosos, “no importa” pensó, si cumplía su objetivo podría atrincherarse
con su equipo en ese edificio y con la ayuda de Anthony idear una forma de escape,
si ganaron los rusos no deberían de quedar muchos y con una buena estrategia
ellos podrían terminar el trabajo que no pudieron los otros dos grupos.
Finalmente llegaron cerca de la entrada a la cúpula, era una puerta de
metal de doble hoja con dos ventanas de vidrio blindado en cada una de ellas,
parecía que no había más enemigos cerca por lo que Damian decidió avanzar al
frente con el menos ruido posible ya que confiaba en que las personas que
estaban en su interior no sabían la situación actual del edificio, si es que
los había contenido o si su defensa había caído.
El joven se retiró los lentes y sacó unos binoculares con caracterizas
similares y trató de ver quienes estaban dentro de esa oficina. Pudo ver a
través de cada una de las ventanas dos siluetas de espalda, pero por su
contextura su cabello y los uniformes que portaban debían de ser James y
Gavrel, comenzó a excitarse con la idea de cortar sus cabezas con un machete el
mismo, pero sabía que era algo peligroso si entraban de improviso podían
activar un mecanismo de defensa de último momento, o peor aún, por querer
llevarse el los créditos podría recibir un disparo de desesperación que
terminaría con su vida, por lo que indicó por señas de forma silenciosa a un
soldado que estaba cargando un lanzacohetes antitanque que apuntara a la puerta
y disparara.
Mientras el soldado se preparaba, los demás se alejaron y se pusieron a
cubierto tratando de hacer el menor ruido posible, sabían que era
extremadamente peligroso disparar esa arma en un espacio cerrado y el que corría
el mayor riesgo era quien ejecutaría la acción por lo que a esa persona se le
brindó un escudo blindado para su protección.
Afortunadamente el disparador era personal de experiencia y se demoró
menos de dos minutos en prepararse, antes de hacerlo revisó que todos estén
cubiertos y al ver la confirmación de Damian para ejecutar el ataque, tomo en
su mano su escudo y disparo el arma.
Solo tomo un par de segundos al proyectil llegar a su objetivo y generar
una explosión tan potente que el soldado que estaba más cerca salió disparado
hacia atrás protegiéndose por su escudo, la puerta blindada voló por los aires
hacía el exterior, la cúpula no existía más, la explosión había arrasado con una
parte de ella y solo quedaba menos de la mitad de la estructura.
-¡Excelente! –Grito con voz victoriosa Damian y se apresuró a correr
hacía el lugar de la explosión saltando por encima del soldado que había hecho
el disparo sin importarle si estaba bien.
El líder del grupo se sentía confiado, cualquier trampa que podía haber
habido había volado en pedazos, los que estaban adentro estarían muertos o muy
mal heridos, no tenía nada que temer lo único que le preocupaba es que la cara
de James o Gavrel estén irreconocibles. El polvo no lo dejaba ver bien mientras
avanzaba pero sabía que al llegar a lo que quedaba de la cúpula la luz de la
luna lo ayudaría a reconocer los cadáveres.
Y al entrar vio los dos cuerpos tirados en el piso y cerca de ellos sus
piernas de madera clavadas al piso destruidas, su cabezas rotas que no tenían
sangre brotando de ella solo astillas que caían al piso. Los maniquíes que
había visto no eran más que un señuelo.
-¿QUÉ ES ESTO?- gritó con desesperación Damian, mientras que observaba
la escena con desesperación y se percató que a unos metros de él había un
hombre de unos cincuenta años vestido con el uniforme de un general de alto
rango ruso.
El agonizante hombre tenía la pierna destrozada por la explosión, de su
cabeza, costado y boca brotaba sangre por las heridas recientemente causadas,
parecía que tenía problemas para respirar pero aun así miraba con odio y
desafiante al Luciferista.
-Comandante Alik Ushakov – Dijo Anthony Benfenati acercándose por detrás
de Damian.
-¿Lo conoces?- Preguntó con desprecio el Líder del grupo.
-Sí, es uno de los hombres de confianza de Gavrel.-Respondió el militar
americano mientras se acercaba al ruso herido.
Damian no sabía que estaba pasando, pero antes que pudiera preguntar
algo se dio cuenta de que podía ver los exteriores a través de las paredes
destruidas, la plaza roja estaba llena de los cadáveres de su ejército y
alrededor de ellos soldados rusos y árabes en un número mucho mayor del que había visto antes de
entrar, incluso había una decena de jeeps con ametralladoras.
-Un ataque de pinzas por ambos lados. –Dedujo Benfenati, observando la
escena- Las inmediaciones no estaban vacías nos habían estado vigilando y
esperando a que nos despleguemos para atacarnos, por lo visto al no contar con
fuerza aérea utilizaron la distribución de la ciudad entera a su favor,
guardando esos vehículos militares en cocheras cercanas.
-Ella… No esta… con…. Ustedes…- Se escuchó el débil gemido de Alik.
-No- respondió Anthony con tranquilidad- Una excelente estrategia
comandante, ¿James y Gavrel están a salvo?
El ruso como respuesta asintió y dejo ver en su mano un teléfono móvil
con modificaciones, el americano sonrió y recordó en su mente el día del rapto.
Se encontraba en el jardín de su casa con su esposa y su hija mayor, la
cual tenía 7 meses de embarazo y le iba a dar su primera nieta, estaban
pensando en el nombre que podría llevar la criatura que estaba en su vientre,
cuando de repente las mujeres se iluminaron y desaparecieron en frente de sus ojos
y vio como a su alrededor muchas luces se elevaban hacía el cielo. La
impotencia y la desesperación lo hicieron caer de rodillas.
Durante el tiempo que estuvo al mando de Carla no podía entender porque
Dios se había olvidado de él, no sabía que había hecho mal ya que tanto el como
su familia siempre profesaron la religión cristina. Hasta ese momento que se
dio cuenta que no era que había hecho algo malo, él se había quedado para darle
un golpe mortal al ejército de la tierra unida.
-Haz lo que tengas que hacer. – Expresó con Calma el americano a su par
Ruso, mientras miraba al cielo sonriendo. – Padre en tus manos encomiendo mi
espíritu.
-¿QUÉ RAYOS ESTAS DICIENDO?- Bramó con locura Damian, y luego vio la
expresión de satisfacción de Ushakov hacía el y el dispositivo que tenía en
mano.
El luciferista corrió hacía el ruso para detenerlo pero fue imposible evitar
que presionara el único botón que necesita utilizar en ese momento.
En el interior del edificio de las oficinas presidenciales se activaron
explosivos por todos lados, derrumbando las estructuras y sepultando a los que
quedaba del ejército de la tierra unida que había entrado a Moscu, y esto fue
una señal para que el resto de soldados en las afueras se alejara lo más rápido
posible del lugar.
Un minuto después, las explosiones comenzaron en todos los edificios
dentro del Kremlin y en la muralla misma, no se necesitarían más estas
estructuras, el ejército Ruso se había asegurado de convertir este símbolo de
su poderío en una trampa mortal sin salida y la tumba de sus enemigos, es por
eso que había más soldados afuera que adentro de esa zona.
A miles de Kilómetros de distancia Gavrel, sentado en un habitación
oscura con una mirada afligida, ve en la pantalla de su celular un mensaje que
dice “La lavadora encendió pero sin la camisa blanca”.
-¿Qué sucedió? – Pregunta en el otro extremo de la habitación un
visiblemente cansado James.
-El Kremlin ha caído, Alik está muerto pero Carla no estaba ahí. –
Respondió el mandatario ruso.
-Entonces es momento de poner en marcha nuestro último recurso ¿no es así?
Gavriel lo observa con frialdad se puso de pie y asiente de forma
afirmativa, detrás de él había una gran bandera de la República Popular China.
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