El palacio del Sol de Kumsusan en Pionyang, la capital de Corea del
Norte, normalmente solo tenía unos cuantos soldados a su alrededor y lo que más
destacaba era su hermoso y colorido jardín delantero, pero ahora se encontraba
rodeado de tanques de infantería y Lanzamisiles,
así como miles de soldados con uniforme verde olivo, en la parte baja cargando
un fusil de asalto, en la zona superior había otros cargando Rifles de
francotirador en todas las direcciones, finalmente media docena de helicópteros
militares sobrevolaban los alrededores.
En su interior caminaba apresuradamente Kang Yong-rim con un gesto de
disgusto, seguido por James Burt, su esposa quien aún llevaba en brazos a su
hija, Salvador, Emilio, Diana y finalmente Kim Chong, quien era el único que
sonreía del grupo, se sentía muy cómodo al regresar a su hogar.
Aun no se le había dado ninguna explicación adecuada al mandatario
americano por lo que su nerviosismo y desesperación eran casi palpables, el
grupo Iba por un pasadizo alfombrado de azul y en las paredes cremas se podían
ver grandes cuadros que mostraban hazañas de los anteriores líderes del país
como victorias de guerras o construcción de grandes edificaciones. Luego de unos
veinte minutos de camino llegaron a una puerta blanca doble de tres metros de
alto con diseños florales, el mandatario asiático estaba por abrirla, pero
antes que lo haga una pequeña persona en su interior salió corriendo.
-¡Papá! – Dijo una niña pequeña de unos siete años, muy delgada y con el
pelo largo, vestida de blanco que corría ágilmente.
Al verla, y para sorpresa de todos los extranjeros, Kang Yong-rim se
agacha, sonríe y con una alegría que lo hace parecer una persona completamente
distinta, la abraza y le responde:
-¡Young Mi!
-Young… Mi… - Repite en voz baja James y mira con mucha sorpresa a la
niña.
-¿Pasa algo cariño? – Le pregunta Johana a su esposo al verlo con una
mirada atónita.
-Es que… pensaba que la hija de Kang llevaba dos años en coma debido a
una caída de un caballo – comienza a responder el estadounidense – Y según
nuestros informes la posibilidad de que lleve una vida normal así despertara
era nula… Quizás nuestros informantes se equivocaron.
-No, no se equivocaron – Interrumpió amablemente Salvador – La niña no
podía despertar por medios humanos, pero para Dios no existe los imposibles.
Al escuchar estas palabras que venían con intención tranquilizadora,
James no pudo evitar sentir el efecto completamente opuesto, ya estaba cansado
de escuchar este tipo de expresiones alrededor de Dios, comenzó a pensar que si
Dios realmente lo quisiera lo mejor que pudo haber hecho es no mandar a nadie
en primer lugar.
-Debes de tener muchas dudas James… Es comprensible que desconfíes de
mí, después de por lo que has pasado.
-¿También puedes leer la mente? – Preguntó James, tratando de mostrarse
cortes, pero con poco éxito.
-No… - Respondió Salvador – No se necesita leer mentes para poder tener
un panorama de tu línea de pensamiento actual, dado los últimos eventos…
-¿Podemos continuar esta agradable conversación adentro? – Interrumpió
Diana acercándose a los dos caballeros e indicando con un movimiento de cabeza
el cuarto por el que había salido Young Mi – Verá James… estuvimos cerca de dos
horas esperándolos de pie y no soy precisamente un soldado.
Apenas terminó a hablar Camila comenzó a llorar, atrayendo la atención
de todos los presentes.
-La pequeña debe tener hambre, señora – Observó Kim Chong, dirigiéndose
a Johana – Tenemos una gran variedad de comida para niños de su edad en nuestra
cocina, si gusta la puedo acompañar y guiarla con las dudas de idioma que pueda
tener.
-Esto… - Comenzó a decir la mujer con mucha inseguridad.- No se…
-Anda con el – Indicó James a su esposa, nunca le gustó que su mujer se
muestre dubitativa, y sabía que este era el peor lugar del mundo para proyectar
esa imagen. – Come algo tú también, no hay razón para que sigamos desconfiando
de ellos.
Al oír estas palabras Johana se llenó de confianza y caminó acompañada
del generalísimo por un pasadizo cercano, mientras que trataba de calmar a su
pequeña hija.
Por su lado, sin prestarles mayor atención, Kang Yong-rim ingresó a la
habitación llevando en brazos a Young Mi, el resto los siguió. Entraron a lo
que parecía una sala para reuniones informales en el centro una mesa baja de
plata de aproximadamente dos metros de largo por uno de ancho, rodeada de ocho
sillas doradas con cojines rojos, la habitación estaba adornadas de cuadros,
los que más resaltaban eran los de líderes de Corea del Norte ya fallecidos, el
resto eran paisajes naturales del país, el artista que los pintó no tenía nada
que envidiarle a los grandes pintores del renacimiento, pensó James.
El primero en tomar asiento fue el anfitrión cargando a su hija sobre sus
piernas, lo hizo en una silla central, sin esperar una invitación que no pensaba
que llegara, Diana se sentó en una silla a la derecha de Kang, Emilio imitó a
su amiga ocupando el sitio a su derecha, luego en el extremo opuesto, frente a
la joven, Salvador toma asiento, finalmente James un poco incómodo porque nadie
lo esperó y porque no sabía qué lugar ocupar decidió sentarse al costado de
Salvador más que todo para guardar cierta simetría.
-Creo que quizás… deba comenzar con agradecerte Kang. –Comenzó el
presidente americano, estaba muy acostumbrado a dirigir el las reuniones por lo
que tomar la iniciativa era algo que le salía casi natural – De no ser por ti
ahora yo sería un cadáver en la parte de atrás de mi propia oficina.
El líder supremo deja a su hija en el suelo, le dice unas palabras en su
idioma esta sonríe y se aleja corriendo hacia otra habitación en la parte
posterior de la sala. Luego de ello el norcoreano recupera su expresión seria,
pero no parece tener el mal humor que presentaba durante el viaje, por lo que
respondió calmadamente.
- Solo hice lo que la persona que le devolvió la alegría a mi hija me
pidió que haga.
-Y te lo agradezco infinitamente… Kang – Comenzó Salvador, con su
característica cordialidad – Sin tu ayuda
este hombre inocente y su familia estarían muertos.
-Salvar a líder del imperio americano… Si me hubieran dicho que algún
día dirigiría mis mejores hombres a hacer eso podía haberme ahogado de un
ataque de risa. –Respondió Sarcásticamente el líder.
Aunque un poco incómodo por el comentario, James trató de retomar el
control de la reunión con lo que le era de mayor importancia, saber la
identidad de las otras tres personas en esa sala, Salvador ya se había
presentado de una forma tan similar a Carla que prefería dejarlo para el final
así que pregunto de forma directa a Diana y Emilio.
-Ustedes dos… ¿quiénes son?... No parecen asiáticos... en especial tu
joven, pareces latino.
Al oír que tenía una apariencia “menos asiática” que Diana Emilio sintió
ganas de reír, pero se contuvo y respondió tratando de manejar su inglés lo
mejor posible.
-Mi nombre es Emilio… Soy de Perú y la primera persona que conoció
Salvador al llegar al mundo y ella es Diana mi asistente.
-¿QUÉ? – Gritó Diana a tal punto que el mismo Kang se sobresaltó y Salvador
emitió una pequeña risa - ¿Tengo que recordarte que sería de tu miserable
existencia si yo no hubiera estado cerca de ti para sacarte de los problemas en
los que tú propia torpeza te mete?
-Ok, ok tranquila Diana solo quería aligerar las tensiones – respondió
Emilio levantando las manos en señal de rendición y agregó – Ella es Diana una
de mis mejores amigas y quizás la chica más inteligente que conozco.
-Mejor –Dijo la joven suspirando y recostándose sobre su asiento – Pero
aparte de ser la que paga todo acá, quien tiene las soluciones más razonablemente
coherentes y evidentemente la más bonita de este equipo, solo soy un personaje
secundario… la verdadera estrella es Salvador.
La mirada de James se centró en el joven que tenía a su costado, había llegado
el momento de encarar directamente a este nuevo supuesto enviado de Dios, y le
rogaba a cualquier deidad que lo esté escuchando en este momento que no sea
otro ser como Carla.
-Bueno… creo… que me comentaste que eras un enviado de Dios... ¿no es así?...
Comprenderás que es algo difícil que te crea.
-Bueno, curé de un estado comatoso a una niña, de la cual eres
consciente que no tenía salvación posible, además solicite a Kang te salvara la
vida… ¿Creo que eso me debería dar un voto de confianza no te parece?
-Si… tienes un punto… Pero creo que Carla hubiera hecho algo similar
para engañarme ella curó a varias personas en Estados unidos ¿lo sabes verdad?
–Pregunto James.
-Si es cierto, es comprensible que tengas dudas… cualquiera las tendría
después de haber pasado por lo que pasaste, pero creo que merecemos una
oportunidad de que nos des un voto de confianza.
James no respondió su argumento era válido pero aún tenía en su mente la
imagen de la traición de Carla y como esta lo hizo a un lado para acabar con la
vida de Clemente y Victoria.
-Creo que hay algo que no estas tomando en cuenta… James. –Intervino
Diana, con calma y comenzó a explicar – En esta situación existe una gran
dualidad o eres blanco o eres negro, está el mal y está el bien, la luz y la
oscuridad o finalmente… está Dios y está el diablo… No existen puntos medio,
solo dos bandos completamente opuestos uno del otro. Ya has verificado cual es
el bando en el que se encuentra Carla y de eso no tienes duda, otro hecho del
cual no puedes dudar es de que fuiste salvado por acciones que realizó el mismo
Salvador. ¿Eso no lo coloca a él inmediatamente en el otro lado de la moneda?
Luego de oír ese razonamiento tan pulido James no podía encontrar un
error que le permita discutir con la chica, además sentía una mayor
tranquilidad proveniente de Salvador de la que sentía de Carla, pues para el,
ella siempre emanó malicia. Por lo que comenzaba a surgir en él una sensación
de alivio.
-¡Para eso la traje! – Dijo Emilio con un tono jocoso.
Al oír esto la chica mostró los dientes con ferocidad y estaba a punto
de decirle algo a su amigo, cuando salvador interrumpió, tratando de evitar que
la conversación se desvíe innecesariamente.
-Gracias Diana… creo que tu explicación fue bastante concreta.
La chica sonrió satisfecha porque alguien en esa sala valore su
participación. Pero antes que pudieran continuar el líder norcoreano comentó de
forma fría.
-Además si estamos hablando de un representante del mal ¿dónde más que
en América se podría presentar? La cual es una sociedad llena de personas que
no tienen ningún respeto por los débiles o la naturaleza, solo les importa
enriquecerse cada vez más.
- Kang… - Comenzó a responder James.
-Tiene parte de razón… –intervino Diana tratando de evitar que la
reunión se torne en una discusión basada en prejuicios por ambas partes –
Estados unidos es una de las principales potencias mundiales, si se desea
llegar a la mayor parte de la población, es una buena opción un país que tiene
los medios de comunicación y soberanía sobre la difusión de información de
forma rápida y eficiente.
-Exacto – Agregó Salvador para apoyar una idea más positiva – Además, de
que Dios no se ha caracterizado por necesitar presentarse con opulencia, le era
suficiente manifestarse a través de un cuidador de ovejas, el hijo de un
carpintero o un mercader.
La coherencia con la que explicaban la situación le hizo a James darse
cuenta que esta vez no estaba ante un ser que lo llenaba de dudas, si no que
sentía algo muy cercano a esperanza.
-Entonces… -Comenzó a decir el estadounidense con la mayor seguridad que
podía mostrar- Si tú fuiste enviado por Dios, Carla es tu contraparte enviado
por… ¿Satanás?
-Satanás, diablo, Lucifer, Iama, Mara - Respondió Salvador como si fuera
un profesor de una escuela primaria – Existen casi tantas formas como idiomas
para nombrar a la representación del mal en la tierra, pero si, ella fue
enviada por el… Mientras que mi misión es tratar de conseguir unión en las
personas, la de ella es completamente opuesta, generar dudas, desconfianza,
temor, odio, y cualquier emoción negativa que pueda tener un ser humano que lo
haga alejarse de Dios.
-Creo que lo consiguió bien conmigo… -Admitió James un poco avergonzado
ante el hecho de haberse sentido manipulado.
-¡Ja! Americano débil… -Dijo Kang en voz baja pero audible aunque nadie
le prestó mucha atención a su comentario.
-James…-Comenzó a hablar Salvador tratando de evitar que el presidente
americano se pierda en sus pensamientos – Tu país… no el mundo te necesita… No
sabemos exactamente que está haciendo Carla ahora, pero podemos esperar lo peor.
Al oír esto James trató de pensar que podría estar haciendo esa mujer,
¿tendría a todo su gabinete secuestrado? ¿Habría asesinado a quienes estén en
su contra con ayuda de los soldados Británicos? La chica incluso pudo haber
volado la casa blanca en pedazos con gente inocente en su interior y culparlo a
él, ese pensamiento lo aterrorizó.
- ¡Debemos de regresar! – Exclamó con desesperación James – Kang con tu
ejército y red de espionaje podemos encontrarla y detenerla.
El norcoreano hizo un mueca de desagrado lo último que quería en su vida
era recibir órdenes de un americano, pero había estado deseando toda su vida
demostrar que el ejército popular de Corea del norte podía hacer frente a cualquier
reto y superarlo y esta era una oportunidad dorado de demostrárselo al mundo
entero, que tan superior era ante la supuesta nación más poderosa del mundo.
-No nos apresuremos tanto James – Comenzó a hablar Salvador con la
intención de tranquilizar al ambos mandatarios que parecían deseosos de desatar
un conflicto – Si vamos por una solución basada primariamente en la violencia
no haremos sino justo lo que Carla quiere y se perderán vidas valiosas en ambos
bandos.
-Así es –Estuvo de acuerdo Diana – No es prudente que Carla tampoco
haga, al menos por ahora, una acción que implique amenazas, extorsión,
secuestros o similares si es lo que estás pensando ya que perdería más respaldo
del que podría ganar y eso dudo que le convenga.
Salvador asintió, se recostó un poco sobre su silla y dio un leve
suspiro para decir:
-Creo que lo que nos debe preocupar ahora es el tercer anticristo.
-¿El qué? –Preguntó James sorprendido ya que no sabía nada de eso y
temía que solo fueran más malas noticias.
Al oír esto Emilio, dio una sonrisa con mucho ánimo como si lo hubiera
estado esperando desde hacía mucho rato.
-¡Así es! Lo mismo estaba pensando yo y es por eso que trajimos eso
hasta aquí.
El joven señalo un objeto de más de un metro de largo envuelto en una
manta de color gris en el otro lado de la habitación.
-Jum… ¿Realmente eso será tan poderoso como dicen que es? –Preguntó Kang
con desconfianza.
-No te preocupes lo es. –Afirmó Salvador.
-¿Me pueden decir que rayos tienen allí y quien es ese tercer anticristo
del que hablan?- Indagó James, dejando oír un tono nervioso.
En ese mismo momento a siete mil kilometro a oeste en las afueras de la
ciudad de Mosul en Irak, una veintena de soldado árabes montan guardia, portan
uniforme de color marrón claro que se puede mezclar con el color del desierto,
su trabajo es revisar a todo el que entra como al que sale de la ciudad. Ese
día casi no ha habido tránsito de personas por lo que han tenido un día
bastante aburrido.
De pronto ven la figura de una persona caminando por el desierto hacia
ellos, completamente sola y desarmada, vestía una túnica blanca, turbante
blanco, sandalias y se podía ver que tenía barba. Era extremadamente extraño
que alguien vaya solo por el desierto ya que era muy peligroso puesto que se
encontraban en medio de una guerra civil. Por lo que uno de los soldados le
gritó que se detenga.
La figura no le hizo caso y siguió caminando hacia ellos tranquilamente,
ante lo cual cinco de los soldados se adelantaron y le apuntaron haciéndole una
advertencia final de que si no se detenía dispararían. Pero la persona mantuvo
su camino sin disminuir la velocidad.
Al ver que no tenía la respuesta que esperaban los soldados se
prepararon para abrir fuego, pero un segundo antes de que lo hicieran una
fuerte tormenta de viento y arena cayó sobre ellos cegándolos completamente.
Esta se mantuvo durante unos minutos en los cuales los soldados se vieron
obligados a retroceder.
Pasaron unos minutos y la tormenta terminó y al despejarse el viento
pudieron ver que la persona estaba a solo unos diez metros de distancia y
mantenía su ritmo de camino como si a él no lo hubiera afectado en absoluto el
breve fenómeno natural, estaban a punto de disparar cuando vieron su rostro, su
barba, sus ojos y quedaron petrificados como por un hechizo, ya que estaban
viendo a una persona que para ellos era un mártir de su rebelión.
Bajaron las armas y solo atinaron a decir.
-¡Es El! ¡Ha regresado! ¡Subhan Allah!