miércoles, 20 de abril de 2016

Capítulo 20: Dios Salve a la reina



Era una calurosa mañana en la casa de Diana, la chica estaba sentada en su sala en su sillón favorito revisando unos pasaportes y documentos que tenía en una pequeña mesa frente a ella, a su costado e incómodamente cerca Erwin Quiroz la observaba con una mirada algo perturbadora:
-Y bien ¿qué te parecen preciosa? ¿No es un trabajo de primera calidad?
La joven no despegaba la mirada de los documentos que tenía en frente y observaba cada detalle para estar segura que no había ninguna falla.
-Debo decir que tu trabajo es la contraparte perfecta a tu apariencia… libre de defectos.
EL chico emitió una pequeña carcajada y añadió:
-Gracias por el cumplido y has olvidado el detalle que he podido atender tu pedido en lo que se podría decir un tiempo record, no podrás negar que por una belleza como tú siempre me he esforzado en complacerte.
-Bueno… - respondió la chica emitiendo un pequeño suspiro – El hecho que me hayas cobrado diez veces el precio normal también debió de haberte incentivado.
-Son solo pequeños gastos adicionales en los que tuve que incurrir para acelerar algunos trámites, la burocracia siempre ha sido mi mayor enemigo.
-Yo siempre pensé que era el jabón.
Emitiendo una sonrisa de malicia el chico respondió:
-Muy graciosa Diana… y a todo esto porque planeas irte a ese país con esos dos hombres, ¿es que tienes alguna fantasía que sería ilegal realizar acá?
La chica puso una mirada asesina y le respondió muy seria.
- Si vuelves a insinuar algo así te asesinaré y enterrare tu cuerpo en mi jardín, tu materia orgánica sería un excelente abono para mis orquídeas aéreas de Tailandia.
-Ok, mujer – dijo Erwin ligeramente atemorizado y alejándose un poco – sólo que como comprenderás no es usual que alguien siquiera desee ir a ese país.
Diana juntó los documentos en sus manos ordenándolos y respondió con un aire un poco triste:
-Solo quiero conocer la mayor cantidad de lugares antes de tener que dejar este mundo.
El chico se quedó aún más confundido por esa extraña respuesta.
Horas después en el aeropuerto de Washington-Dulles, Carla Moon Haya se disponía a subir al Air Force one pero antes tenía una pequeña conversación con James
-¿Estás seguro que está bien que yo vaya sola?
-Si ya hablé con ella y me ha indicado que tiene todo listo para tu recibimiento –respondió el presidente- Ahora la situación se ha estado saliendo de control después de lo de Clemente y el hecho que no hayamos intervenido en el conflicto de Francia con España, la gente está comenzando a especular, debo de calmar un poco los ánimos.
-Comprendo- dijo la chica con una sonrisa, poniendo su mano sobe su brazo agregó – eres un buen hombre sé qué harás lo correcto.
Él le devolvió la sonrisa y le dijo:
-Gracias por tus palabras creo que así lo estoy haciendo.
La chica dio media vuelta y subió al avión que la esperaba, su destino era Londres, donde había sido invitada por la actual reina de Inglaterra Victoria III, esta había llamado a James manifestándole sus deseos de conocer a Carla y ver la posibilidad de ayudarla en su objetivo en el continente Europeo, algo que le venía muy a conveniencia a la chica después del fiasco que resultó la invasión francesa en España. Adicional a esto James la había dejado ir sola, actitud que a ella le agradó mucho pues ya estaba cansada de tenerlo pegado todo el día a ella, sentía que las cosas comenzaban a salir como debían y lo único que le preocupaba era saber si el inútil de Salvador aún estaba con vida, y en caso que lo esté se aseguraría de que lo lamente.
Después de siete horas de viaje, las cuales la chica aprovechó para descansar, revisar sus casi completamente curadas heridas y planificar cuál sería su siguiente movimiento el air forcé one aterrizaba en el aeropuerto Heathrow.
Al bajar del avión Carla vio a un grupo de unos 50 soldados reales Británicos con sus característicos trajes rojos, pantalones y sombreros de piel de oso negros, en frente de ellos se veía a un hombre alto, rubio de unos 40 años de edad en un elegante traje esperándola, el cual con una amable sonrisa la saluda:
-Bienvenida a Inglaterra señorita Carla, soy el primer ministro Daniel Cannon.
Al verlo la joven se sintió algo decepcionada esperaba ver allí a la reina no a su primer ministro, pero mantuvo la serenidad y buen ánimo y respondió al saludo:
-Muchas gracias Daniel, es un gusto conocerte. ¿Cómo se encuentra la reina?
-Esperándola con ansias, por favor sígame.
Ambos caminaron escoltados por los guardias hacia un pequeño grupo de helicópteros a unos metros del avión presidencial americano, se podía divisar uno que destacaba sobre los demás era más grande y de un color dorado, Daniel presionó un botón que accionaba la puerta y esta al abrirse dejó caer una pequeña escalera, con una sonrisa le dijo:
-Después de usted.
Carla subió al interior de la aeronave y en su interior pudo ver una especie de pequeña sala, con sillones muy cómodos de color blanco, una mesa larga de madera y en las paredes algunas fotos de la realeza y lugares de Londres.
-Este es el helicóptero que utiliza su majestad para sus paseos por la ciudad – Dijo el primer ministro subiendo detrás de la chica – Espero que sea de su agrado, póngase cómoda.
Ambos se sentaron en el sillón más grande que había, a los pocos minutos se cerró de forma automática la puerta de ingreso, y el vehículo inició su vuelo, luego los otros helicópteros iniciaron su ascenso detrás de este.
Un total de cinco helicópteros surcaban el cielo de Londres, encabezados por uno dorado, desde su ventana Carla podía ver la ciudad, el movimiento era menor del que esperaba y el big ben se veía tan majestuoso como lo esperaba.
-Espero sea de su agrado la vista –Comentó el primer ministro.
La chica que no le estaba prestando mucha atención giró para verlo, y le respondió.
-No esperaba que fuera tan tranquilo Londres.
-Muchas de las actividades normales se han paralizado por su visita, señorita Carla. Toda Inglaterra está muy ansiosa por conocer a la persona que ha hecho tantos milagros en América.
-Eso es halagador de su parte Daniel –respondió Carla tratando de transmitir un tono humildad – Pero yo solo estoy haciendo lo que Dios me ha indicado que haga.
-Lo sé – Respondió Daniel, mientras giraba para observar por una ventana cercana – Ya casi hemos llegado, ahí está el palacio de Buckingham, ¿Puede verlo?
Carla se acercó un poco más y pudo divisar el palacio a unos pocos kilómetros, era una estructura larga de color gris con una enorme pileta frontal y jardines alrededor. De pronto Daniel se levantó y se dirigió hacia la cabina del piloto y antes de entrar le comentó con un tono amable.
-Tengo que asegurarme que nuestro amigo sepa dónde debe aterrizar, sería muy vergonzoso que lleguemos a un lugar y la reina no esté esperando en otro.
-Comprendo. –Respondió Carla.
Al entrar a la cabina el primer ministro cerró la puerta con un seguro, luego de ello se escucharon seguros adicionales en todos los acceso a la sala, Carla lo notó y le pareció extraño. Luego el helicóptero comenzó a volar de una forma extraña y se ladeaba un poco, al mirar por la ventana la chica vio perpleja como tanto Daniel como el piloto se lanzaban en paracaídas desde la cabina, el cerebro de la joven trabajó a una velocidad sobrehumana en solo dos segundos dedujo que la estaban acorralando, que ese lugar no era seguro y que ella estaba allí atrapada para ser eliminada.
La ira comenzó a correr el cuerpo de la chica, a una gran velocidad se lanzó contra la puerta de ingreso y golpeó las uniones con su puño encendido por el fuego del infierno lo cual hizo que esta cediera cayendo al vació, la chica visualizó un edificio cercano y se lanzó hacía él de un buen salto, pero justo cuando escapaba del helicóptero este explotó, por el ataque de misiles proveniente de las cuatro naves que venían detrás, la presión la lanzó contra la edificación que había visualizado pero no impactó como lo hubiera deseado, comenzó a caer pegada a la pared, pero pudo reducir la velocidad incrustando su dedos sobre el cemento y cayó al piso dando un salto, cuando estuvo lo suficientemente cerca.
Al llegar vio que estaba relativamente cerca del palacio de Buckingham, donde debía estar la reina, la persona que la mandó a eliminar, debería de estar viendo esto, Carla se decidió a hacer que se arrepienta por lo que hizo, solo dio unos pasos y el himno nacional “Dios Salve a la reina” comenzó a oírse por toda la ciudad, se habían colocado parlantes en todos lados de modo que suene a tal nivel que los vidrios vibraban.
La chica se tapó los oídos y cayó de rodillas, no solo el alto volumen le hacía daño, la letra en sí era para ella una tortura, una canción que invita a toda una nación a poner su fe en Dios era como una oración, era como volver a estar en el vaticano, de pronto y de una forma inexplicable Carla se vio rodeado de los doce exorcistas que había eliminado en Italia, los cuales la observaban con miradas serías y de desprecio.
Carla no sabía que estaba pasando, solo se le ocurría que esa horrible canción la estaba haciendo alucinar, pudo percibir como desde las calles cercanas surgían soldados ingleses, provistos de orejeras. Cerca de 200 hombres la rodearon desde distintos lugares y se prepararon para disparar. La joven que no podía ver bien lo que pasaba por los doce exorcistas que la rodeaban solo atinó a poner su mano derecha en el piso y generar una columna de fuego del infierno a su alrededor. Los disparos comenzaron a oírse pero las balas se volvían cenizas al contacto con la defensa que había generado a su alrededor Carla, pero había un segundo objetivo en su plan a los pocos minutos el cemento debajo de ella se desprendió permitiendo a la chica ingresar en la red de alcantarillado de la ciudad.
La chica cayó haciendo un fuerte sonido, soportando el horrible aroma y evitando prestarle atención a las ratas e insectos que abundaban, comenzó a correr a una gran velocidad mientras que realizaba algunos cálculos, según la distribución normal de una red de alcantarillado y la distancia a la que estaba del palacio de Buckingham definió la ruta a seguir para posicionarse justo al centro de la residencia de la reina de Inglaterra.
Conforme corría a través de túneles oscuros, el sonido del himno se iba haciendo cada vez menos audible, lo cual ayudaba a su concentración. A pesar que ya se sentía mejor podía jurar que en algunos de los pasajes que estaba cruzando era observada por los tres exorcistas que se quedaron enfrentaron a ella para permitir a Clemente XV y los demás escapar.
-Debo de estar delirando- se dijo a sí misma, mientras que corría- Estos humanos son tan tontos que el mismo truco me ha funcionado dos veces.
A los segundos de terminar esa frase, escucho pasos detrás de ella, sin detenerse giró la cabeza hacía atrás y vio con espanto que por diversas entradas surgían soldados del ejército británico armados con rifles y con linternas en sus cascos.
-Aquí está-gritó un joven señalándola.
-¡Fuego a discreción! – ordenó un hombre que por su uniforme era un comandante.
Al ver esta amenaza, Carla puso ambas manos en el piso y levantó una pared de fuego del infierno la cual la protegió de los disparos, luego hizo que esta abarque casi todo el túnel donde se encontraban haciendo que los soldados mueran entre gemidos en solo unos segundos.
Luego de ver que no había nadie vivo cerca Carla reanudó su carrera a toda velocidad pero comenzó a escuchar pasos por todas las direcciones alrededor de ella, comprendió que estaban tratando de cercarla, que sabían hacia donde se dirigía y que si se descuidaba podría tener una humillante muerte y derrota en esas asquerosas alcantarillas, por lo que se detuvo y cerró los ojos para poner más atención a los movimientos que se daban a su alrededor.
Luego de cerca de un minuto de cálculo abrió de nuevo los ojos y de sus manos hizo salir dos lenguas de fuego infernal, las cuales de forma similar a lo sucedido en el estadio MetLife recorrieron el sistema de alcantarillado eliminando a todos los soldados que había allí. Con lo que la chica se sentía solo un poco más segura, ya que era cuestión de tiempo para que ingresaran más refuerzos, así que reanudó su carrera hasta llegar a una gran intersección de vías de desagüe, al llegar vio con odio que las imágenes de los 4 exorcistas que había muerto por el candelabro la esperaban observándola, caminó entre ellos con cautela hasta llegar al centro de la zona, pero estaba demasiado ocupada observándolos que no se percató que por todo el piso habían minas antitanque modificadas para que exploten con el peso de una persona.
Al pisar una, por un descuido, hizo que esta explotara y Carla salió volando por los aires, pero aprovechó este impulso para golpear el techo con la mayor fuerza que pudo con su puño cubierto de fuego infernal, logrando atravesarlo, la chica cae herida dentro del salón verde del palacio de Buckingham, un ambiente con tres candelabros blancos y delgados colgando del techo y adornadas las paredes con pinturas antiguas, allí una veintena de soldados la esperaban y además el himno de “Dios Salve a la reina” volvía a retumbar en sus tímpanos.
-¡HAAA! ¡MALDICiÓN! – Grita la chica con todas sus fuerzas, al tiempo que coloca ambas manos en el piso.
El fuego del infierno se esparce rápidamente por la habitación eliminado a los soldados y reduciendo a cenizas los objetos que allí había, solo quedando la imagen del exorcista judío que la miraba con seriedad. Sin prestarle mucha atención y tapándose los oídos, Carla corre lo más rápido que puede aguantando el dolor de las heridas provocadas por la explosión, sube la gran escalera a toda velocidad y es rozada por disparos de algunos soldados que llegan desde la planta baja, en el piso al que llega no hay soldados, corre por una gran alfombra roja, donde como estatuas la vigilan los dos exorcistas varones que acorraló en la oficina de Clemente XV, de una potente patada abre una gran puerta blanca con diseños dorados.
Al ingresar a la sala puede ver a Victoria III de pie, una mujer alta de piel blanca y pelo castaño, observándola con asombro y terror con los ojos abiertos como platos y a su costado Brenda y Saby con miradas de rencor. La habitación tenía un gran vitral hacía la zona donde había caído el helicóptero, y allí también estaba Daniel Cannon y otro hombre más con ropa militar de alto rango.
-Así que ahora son muy amigas ¿he? –gritó Carla hacia la imagen de las exorcistas ante el desconcierto de los presentes.
A pocos metros de la reina se podía ver un dispositivo electrónico el cual era el que controlaba los parlantes dispuestos por la ciudad y en el interior, al verlo Carla toma una lámpara de pie dorada y al levantarla la convierte en una jabalina y la lanza contra el equipo de control, ocasionado que el sonido se detenga y con ello las imágenes de Saby y Brenda desaparecen.
Al no haber ningún sonido que la perturbe Carla hace surgir un muro de tierra del suelo sobre la ubicación de la puerta eliminando cualquier opción de escape, y comienza a caminar hacía Victoria III mientras le dice:
-Increíble, déjame felicitarte –manifiesta tratando de reprimir la ira y cojeando un poco– Al menos tú fuiste más directa que ese inútil de Clemente.
-¡No te acerques a la reina! –grita el militar al tiempo que empuña una pistola.
Al ver esto Carla rápidamente saca un bolígrafo de su bolsillo, el cual lanza hacía la frente del hombre, al impactarle este ya se había convertido en una filoso cuchillo que lo mata de forma instantánea.
-Bueno, ahora que hemos terminado con las interrupciones –Retoma el dialogo Carla – quiero hacer la pregunta obvia ¿Cómo lo supiste? No me digas que eres una mujer muy devota ya que sé muy bien que no y si no hablas tengo formas de forzarte a que me digas todo lo que deseo saber.
La reina se sentía ofendida con esa forma tan maleducada de hablarle, pero después de ver lo que había pasado, decenas de soldados muertos por una sola persona, su capacidad de manipular la materia, sabía que el ser que tenía en frente tenía los recursos para hacerla hablar y antes que se recurra a una tortura innecesaria comenzó a caminar hacia su escritorio.
-De acuerdo, cálmate no es necesario que recurramos a más violencia –Dijo la reina con un tono serio pero tranquilizador- resulta que mientras España era atacado por el ejército francés el rey Fernando IX, me envió un correo electrónico con cierta información.
Carla no dejaba de ver a la reina mientras que esta marcaba algunas teclas en su ordenador y finalmente le muestra la pantalla.
-El correo que te mostraré no fue hecho por Fernando, el solo me lo reenvió y tiene una par de videos muy interesantes como podrás apreciar.
La reina Victoria III presiona los botones necesarios y un reproductor de video muestra la lucha entre los exorcistas y Carla en la oficina de Clemente XV, se escucha a Saby decir “¡Brenda! Ella no es una chica poseída, ella es un verdadero demo…”, luego muestra el incendio en Isarel y como un ataque suicida musulmán salva a los judíos en la sinagoga Hurva del militar alemán.
Al verlos Carla entendió lo que había pasado, cámaras de emergencia grabaron lo sucedido en la oficina del papa, las cuales no requerían del suministro de electricidad del edificio ya que tenían una fuente independiente, los ataques a los judíos fueron registrados y unidos con el video de seguridad anterior.
-Por lo visto, no eres una simple mujer poseída –dijo la reina, mientras que observaba su pantalla – O al menos esto fue lo que dedujo esta inocente chica antes que la incineraras.
Carla guardó silencio, apretaba puños y dientes, la información que tenía ese correo era extremadamente peligrosa para ella, si se difundía toda su misión podría fracasar y eso era algo que ella no podía permitir.
-Te mostraré el segundo video adjunto en el correo. – Indicó Victoria III mientras que tecleaba sobre su ordenador.
Esta vez no era una grabación de cámaras de seguridad o de calles de Israel en la pantalla se veían dos hombres de avanzada edad mirando fijamente a la cámara, comenzó a hablar el de la izquierda:
-Estimado rey Fernando IX, le saluda el Imán Abdul.
-Y yo soy el Rabino Shemtov. –Agregó el anciano de la derecha.
-Su majestad a su encuentro va una de las amenazas más grandes de la historia de la raza humana –Comenzó a explicar el Imán- Como puede ver por el otro video adjunto esta chica Carla es cualquier cosa menos una enviada de Alá, ella ha sido enviada por el mismo Iblis o Satán, como prefiera llamarlo. Y con ella han llegado seres que hace cientos de años causaron muerte y dolor sobre miles de personas en el mundo.
-Gracias a la oportuna intervención de los musulmanes decenas, quizás cientos de judíos fueron salvados… a cambió de la vida de un valiente joven piloto. –Interrumpió el rabino – Pero ahora su país está en un riesgo similar al que estuvo mi gente y por eso para evitar que se derrame sangre inocente innecesaria vamos a compartir con usted información muy confidencial.
-No levante espada, ni dispare arma contra otro ser humano – Explicó Abdul – Eso es lo que ellos desean, el presidente Teófilo es un hombre de paz el no desea hacerle daño a los españoles… eliminé al Emperador Francés que lo acompaña y manipula, si el cae su ejército caerá con él, tal y como pasó acá con el alemán.
-Por favor, guarde total discreción sobre esta información - Continuó Shentov – Los musulmanes y judíos nos estamos agrupando para atacar a Carla, ella es la fuente de todo el mal que está pasando, pero no conocemos la extensión de sus habilidades pero por lo acontecido en el Vaticano podemos deducir que no es inmortal y ahora una de nuestras pocas ventajas que tenemos es el hecho que ella desconoce que somos conscientes de su verdadera naturaleza.
El video terminó y Carla comenzó a analizar la situación era poco probable que Fernando IX hubiera difundido esa información ya que eso hubiera arruinado los planes de Shentov y Abdul, pero quedaba la interrogante del motivo por el cual se lo había enviado a Victoria III, por lo que le preguntó.
-Parece que el rey no pudo guardar el secreto.
-El correo me llegó poco antes de su muerte y no veo otro destinatario –Respondió la reina- si revisamos la historia el siguiente objetivo del francés luego tomar España hubiera sido Inglaterra y finalmente Rusia, lo podemos considerar como un aviso en caso que su idea de morir junto con el francés hubiera fallado.
La joven al escuchar esta explicación sonrió de una forma macabra, le pareció coherente esa forma de actuar, pero las cosas le salieron completamente al revés de lo que esperaba Fernando IX. Con una velocidad sorprendente se lanzó sobre el ordenador y de un golpe lo destruyó, miró a la reina y con aires de victoria le dijo:
-Creo que tú no podrás pasar esta información.
La reina se quedó callada y retrocedió unos pasos, sentía rabia y miedo. Carla observó la vista que tenía ese ambiente y se dio cuenta que daba justo al lugar donde cayó el helicóptero en el que ella iba.
-Por lo visto querías verme morir desde el sitio más cómodo ¿No es así? –Comenzó a hablar Carla – Pero tu ego te traicionó pensaste que podías hacerlo todo sola, déjame decirte que la idea de debilitarme con tu himno fue muy buena, de hecho por un momento pensé que mi tumba sería ese salón verde del primer piso.
Al oír esto la reina, hizo una mueca de desagrado le recomendaron colocar explosivos en los ambientes del palacio pero no lo hizo porque no quería dañarlo innecesariamente y menos destruirlo como hizo Fernando IX con el suyo, pensó que con su ejército desplegado sería suficiente.
-Bueno seré breve y directa – Indicó Carla mientras caminaba hacia la reina y con un tono de autoridad añadió – Arrodíllate ante mí y te perdonare la vida, júrame lealtad y vivirás para ver otro día.
Esta petición iba en contra de todo lo que Victoria III tenía por concepto de reina, ella no se podía arrodillar ante nadie, era la máxima autoridad del Reino Unido. Antes que hacer eso, preferiría incluso la muerte y respondió con desprecio.
-Jamás me arrodillare ante ti.…
Al oír su respuesta Carla sonrió, después de lo que le había hecho pasar esta mujer ella no deseaba perdonarle la vida, solo necesitaba la excusa perfecta para eliminarla ya que ya había obtenido la información que deseaba, así que tranquilamente caminó hacia ella y toco su cuello y siguió caminando alejándose. Victoria III, entendió que había llegado su hora pero al menos abandonaría este mundo como lo que era, una reina que se enfrentó y casi venció a una enviada de Lucifer, se sentó en una silla cercana y su cabeza cayó al piso.
Sin prestar mayor atención a ese evento Carla se dirigió hacia Daniel Cannon, el cual estaba horrorizado por lo que había visto, el miedo le impedía hablar o moverse.
-Bueno, lo hare rápido… la verdad no me interesa mucho lo que me digas –Le dijo Carla al primer ministro- Después de esa pequeña broma del helicóptero, no te tengo en mucha estima ¿sabes? Así que dime ¿Obedecerme o morir como tu reina?
El hombre no podía responder, el miedo aun lo tenía paralizado, pero al sentir los dedos de Carla sobre su cuello gritó desesperado:
-¡Obedecer! ¡Obedecer! ¡Por favor no me hagas daño!
La chica al oírlo aparto sus dedos, emitió un suspiro de resignación y comenzó a caminar alejándose de él, mientras decía con desprecio:
-De algo servirás… Dime, ¿James estaba enterado del plan de tu reina?
-Si…-respondió el primer ministro- Su majestad le reprochó su comportamiento y le dijo que no venga, que ella se encargaría de todo.
Mientras caminaba y escuchaba la respuesta d Daniel comenzó a analizar su situación, tenía tres cosas de las cuales preocuparse, los judíos y musulmanes que se estaban agrupando, debía de hacer algo con ellos, el catolicismo había sido fuertemente dañado con la muerte de Clemente XV, pero no descartaba la posibilidad que alguna otra autoridad cristiana se les una, de darse ese escenario se podría considerar que su misión había sido un fracaso, a través de la historia una de las causas de guerras, muertes, asesinatos y torturas había sido las diferentes creencias del ser humano sobre el mismo Dios, hacer que estas tres ideologías se unan con un mismo objetivo es lo último que deseaba. Luego estaba James Burt, ese inútil ya sabía demasiado por lo que parecía que había llegado el momento de sacarlo de escena. Finalmente estaba ese perdedor de Salvador, la idea de que haya muerto era poco probable su resistencia debería de ser similar a la de ella y no conocía el alcance de sus habilidades, solo sabía que aparentemente se podía teletransportar, pero quién sabe si tenía algo más por lo que valga la pena preocuparse.
Tenía que actuar rápido, sus problemas se incrementaban. Cerro un puño con fuerza y decidió a cual problema darle solución primero.

martes, 5 de abril de 2016

Capítulo 19: Quién no se doblegó ante ti antes no lo hará ahora



El “salón Doré” del palacio de Eliseo, la oficina del actual presidente de Francia el ingeniero Teófilo Levesque, lleva su nombre por el color dorado en sus paredes, muebles y puertas, pero por primera vez este color se ve opacado por una gruesa capa de hielo sobre estos elementos. En la parte posterior de ese ambiente entre una mesa de trabajo y una chimenea  sobre la cual había un reloj y candelabros dorados, se encontraba el mandatario de pie, era un hombre de cincuenta años de poco más de un metro ochenta de alto, algo gordo, y con poco pelo, todo su cuerpo temblaba pero no era precisamente por el miedo que sentía en ese momento a la escena que estaba contemplando, era el frio, su oficina, su palacio, sus jardines e incluso las construcciones cercanas estaban cubiertas de hielo y el estar vestido solo con su pijama y una bata de dormir no le daba la protección que requería para esa circunstancia.
En frente de Teófilo había una escena que para él era una mezcla de una película de terror, una para niños pequeños y un documental de historia, cerca de veinte esqueletos de hielo uniformados con una indumentaria militar de hace más de 200 años estaban firmemente parados detrás de un personaje que él había visto miles de veces en pinturas, incluso tenía su tumba en un museo de París, estaba tentado a llamar a ese lugar a que revisen si es que por casualidad se había abierto el ataúd, pero imaginaba que el ser que tenía en frente no había salido de allí y caminado por las calles hasta llegar a la residencia presidencial. El presidente había sido despertado hace solo unos minutos, con la información de que un personaje de la historia de su país había entrado al palacio y lo esperaba en el “Salón Doré” al llegar y ver la naturaleza de sus visitas no podía pensar con claridad y más por costumbre que por otro impulso racional caminó hasta situarse detrás de su mesa usual de trabajo, por un momento comenzó a pensar la absurda idea de que aún estaba durmiendo, que realmente él estaba en ese momento en su cama teniendo el sueño más inverosímil de su vida, por lo que con una sonrisa burlona se atrevió a decir.
-Eres más pequeño de lo que me imaginaba.
Ante este comentario el general francés hizo un gesto de disgusto y las paredes comenzaron a llenarse aún más de hielo, y lo que generó que la temperatura descienda rápidamente, los dientes de Teófilo comenzaron a castañear el dolor por la baja temperatura se agudizó y se tuvo que apoyar sobre su mesa gritando.
-¡Basta! ¡Fue una broma de mal gusto! ¡Lo siento!
La temperatura subió ligeramente, pero aún estaba muy por debajo de lo normal, el mandatario se acomodó su bata y con la mayor elegancia que pudo mostrar dijo:
-¿Qué deseas?... Has venido hasta el lugar donde abdicaste y fuiste desterrado, esto ya no es un imperio, ahora somos una república.
Con una mirada de desagrado, el militarse se acercó y de debajo de su chaqueta sacó un mapa muy antiguo que parecía tener cientos de años pero aún se podía distinguir que era de Europa, lo extendió sobre la mesa y se lo mostró a Teófilo. Tomó un marcador de la mesa y en tres círculos encerró los territorios de Rusia, España e Inglaterra, este último lo marcó especialmente fuerte como si el solo verlo le causara ira.
-No puedes estar hablando en serio,- dijo con espanto el presidente- Escucha ahora estamos  en un periodo de paz, puede que tengamos nuestros problemas pero no para ir e invadir esos países e incluso si lo intentáramos no hay garantías que triunfemos, no tengo suficiente información sobre las capacidades militares de estos lugares como para asegúrate que…
El general de un manotazo boto de la mesa casi todo lo que había a excepción del mapa y levantó una mano y lo apuntó al hacerlo todos los esqueletos de hielo apuntaron sus fusiles hacía el mismo objetivo.
-¡Espera! ¡Espera! –Grito desesperado Teófilo poniendo las manos hacía adelante -De acuerdo si usamos a tu…. Heee… “ejercito” para reforzar el actual poder militar francés creo que podemos conseguir algo.
En la mente del mandatario comenzó a surgir la idea de enviar al ser que tenía en frente sólo y dejar que los ejércitos de los países que deseaba conquistar se encarguen de ese problema. Vio que su visitante bajó el brazo y con ese gesto sus soldados hicieron lo mismo con sus armas.
-Dime… ¿Por qué país deseas comenzar?
El militar francés sonrió de forma complacida y puso su dedo sobre el mapa, específicamente apuntando a España.
Al día siguiente toda Francia se encontraba en estado de emergencia, Teófilo había reunido a una gran parte de la fuerza armada del país en la estación de Montparnasse, donde abordarían trenes hacia la estación Matabia en Toulouse, todos los viajes en trenes se habían cancelado y solo se mantuvieron los viajes hacia esa ciudad y se habían reservado para personal militar, la estrategia era reunir a todo el ejercito del país y cruzar por tierra hacia España, el escenario en Paris era aterrador, los soldados del ejército se mezclaban con los escalofriantes esqueletos de hielo, el antiguo emperador se encontraba al costado del actual mandatario resguardado por sus propios guardaespaldas congelados, haciéndole señales a Teofilo en todo momento de cómo debía de actuar.
Para el mandatario esta era una situación tan extremadamente bizarra que nada de lo que había hecho en su vida lo había preparado para enfrentar una experiencia de esa naturaleza, pudo intuir que los soldado de hielo se habían mezclado con los suyos para evitar que por un acto de traición el decida bombardearlos y luego eliminar a su líder, el cual estaba flanqueado por cuatro de sus propios soldados de casi dos metros de alto cada uno, por más que pensaba no sabía cómo lidiar con este ser pensó en varias formas de intentar deshacerse de él, envenenarlo, pero no comía, apuñalarlo por detrás, dispárale, enviar a que lo estrangulen, pero temía las consecuencias de lo que le podría pasar a él y su país si fallaba. Al menos había conseguido enviarle al momento de que se despertó un correo al rey de España indicándole lo que pretendía hacer y esperaba su rendición para evitar bajas en cualquiera de los países, pero no tenía mucha esperanza de contar con la suerte suficiente para que su solicitud sea aceptada, por lo que solo podía ver con impotencia como sus compatriotas subían a los trenes acompañados de esos engendros salidos de una pesadilla.
A 1200 kilómetros al noreste en el palacio Real de Madrid, el rey Fernando IX se encuentra sentado en el escritorio en su despacho, de más de 70 años de edad con un barriga pronunciada y la cabellera completamente gris, su oficina está decorada por pinturas de sus antecesores y  con finas columnas de mármol en las esquinas y en el centro de la estancia, en el techo se ve una hermosa pintura de un paisaje de Madrid antiguo. Está absorto en su ordenador portátil revisando dos correos que le han llegado recientemente uno de ellos es la advertencia enviada por Teófilo Levesque, el otro es un correo enviado por una persona con la que nunca había hablado en su vida, pero es ese correo el que capta más su atención que el otro.
Repentinamente y de forma abrupta entra en la oficina un hombre de unos 50 años de edad, delgado, de cabellos oscuros con gafas y la cara arrugada, vestido con un saco negro, de botones dorados, adornado con medallas y divisas doradas en las mangas.
-¡Su Majestad! -grita desesperado, mientras que corre hacia el rey- ¡Tenemos graves problemas! El ejército francés, está en camino hacia acá.
Al verlo Fernando IX levanta la mirada y comienza:
-Almirante General Carlos Del Río- dijo con tono enérgico- creo que sabe que no me agrada que entren en mi despacho sin tocar antes ¿verdad?
-¡Señor! –Comenzó a responder aún muy nervioso el almirante – ¡Esta es una emergencia! Mis informantes me indican que toda la armada militar de Francia se está juntando en Toulouse, pero no solo eso, me ha llegado una información adicional extremadamente extraña y yo no le hubiera dado crédito si no me hubieran enviado casi doscientas fotos de este hecho tan extraño…
-Con ellos viene un ejército de esqueletos congelados y un antiguo enemigo nuestro de hace cientos de años – lo interrumpió con serenidad el rey – Si, tienes razón… nadie en su sano juicio lo creería, pero ¿Sabes qué? Yo si lo creo.
EL Almirante no sabía exactamente que decir ya que ni el mismo se lo creía, esperaba poder dialogar con su rey y encontrar en conjunto una explicación racional a todas esas incoherencias que estaban surgiendo todas al mismo tiempo, pero se dio con la sorpresa que la persona a la que acudió por ayuda, creía toda esa historia que para él era un absurdo completo.
-Le diré que es lo que haremos almirante –Comenzó, a hablar el monarca mientras se levantaba de su silla y se dirigía a la ventana en la parte posterior de la oficina – Nos rendiremos, de la indicación de que toda bandera española sea bajada de su asta y en su lugar se ponga una bandera francesa o una blanca si no se cuenta con la primera.
-¡Señor! ¡No puede estar hablando en serio! –Bramó el almirante Carlos, con ira en sus palabras – una cosa es que creamos semejante tontería como que puedan existir soldados de hielo y que un antiguo militar francés ha regresado a la vida y otra es que le entreguemos nuestro país a los franceses, señor… ¡no puede estar hablando en serio!
Al escuchar esto el rey comenzó a caminar de regreso hacia su escritorio y pregunto:
- Almirante General Carlos Del Río, ¿Cuál es su principal responsabilidad?
-¡Proteger al pueblo español y  garantizar la soberanía e independencia de España! –Respondió con convicción el Almirante.
-Y dígame Almirante General ¿Piensa proteger a nuestra gente enviándola a que se enfrente a un enemigo cuya naturaleza desconocemos?
La pregunta le cayó como un gran peso a Carlos, para él siempre la mejor defensa fue el ataque, pero no podía negar  que se perdería vidas de españoles si se enfrentan al ejército francés, además estaba la incógnita de los seres de hielo, que para el debían ser una especie de escuadrón suicida disfrazado, ocultando potentes bombas que por cada uno que explote morirían veinte de los suyos, la opción de rendirse garantizaba la menor pérdida de vidas, pero iba en contra de su naturaleza, pero también sabía que debía de obedecer las órdenes del rey.
-Entonces… ¿nos vamos a rendir sin pelear?-pregunto el almirante resignado.
-No exactamente- el rey regresó a su escritorio y abrió nuevamente su ordenador- este correo me llegó casi junto con el de Teófilo, pon mucha atención a la información que hay en él.
Durante varios minutos ambos hombres no despegaron su vista de la pantalla del equipo hasta que habían revisado toda la información, al terminar el rey dijo:
-Te voy a explicar el plan.
-Soy todo oídos Su majestad.
A miles de kilómetros al suroeste en la casa de Diana, se encuentra Emilio sentado en un sofá de la sala conversando con Salvador. Ambos acaban de ver las noticias internacionales por televisión, de las cuales la principal era la declaración de guerra por parte de Francia a España,  casi todos los canales de Europa transmitían en vivo el avance del ejército en trenes hacía la ciudad de Toulouse en donde los comentaristas indican que, al parecer, tratarán de ingresar a España desde la frontera con Huesca y los más resaltante son los extraños soldados disfrazados de esqueletos con uniformes de otra época que acompañan al ejército actual, nadie puede explicar qué clase de estrategia ha preparado el presidente Teófilo que requiera de esa indumentaria tan extraña, lo más aceptable es que son elementos distractores para un arma secreta que pueda tener el país escondida entre su armada.
-¿Este es el segundo anticristo no es así?
-El primero si lo vemos desde el punto de vista de vista cronológico – respondió Salvador mientras se recostaba sobre una silla cercana.
En ese momento entro Diana cargando su ordenador portátil, estaba mucho más arreglada que cuando había regresado de la India y había recuperado su estilo y glamur habitual.
-Chicos malas noticias prácticamente todos los vuelos a Francia y a España se han cancelado y los pocos que quedan están saturados.- Dijo la joven mientras se sentaba al costado de Emilio y dejaba su ordenador sobre la mesa.- Pero tengo una idea, podemos ir a Portugal y desde allí de alguna manera entrar a España.
Emilio se sobresaltó al escuchar esto y le dijo:
-Espera, espera, espera… ¿es idea mía o estás pensando en que vayamos allá a tratar de detenerlos?
Sin dejar de ver la pantalla de su ordenar Diana respondió.
-Es evidente que has desayunado bien Emilio, tu capacidad de entendimiento está mejor que de costumbre.
El joven no sabía qué hacer, miro a la chica, luego a Salvador y se mantuvo mirando a uno y a otro hasta que finalmente dijo.
-¿Pero es que el rey no puede lanzarles un misil y ya?.... Digo está en todos los canales y saben en qué ciudad están y por donde van a  entrar, esta guerra terminaría antes que nosotros lleguemos.
-Eso es exactamente lo que el militar Francés debe estar tratando de conseguir- comenzó a hablar Salvador aun recostado y observando el techo- forzar a España y a Francia para que se maten entre si y dar los inicios para una guerra mundial.
-La guerra trae odio, resentimiento, y muerte consigo Emilio –Dijo Diana mientras se acomodaba el cabello y comenzaba a revisar los mapas de las ciudades de Portugal y España – Y si alguien puede detener a este Anticristo antes que esto sea una masacre ese es Salvador.
- Te equivocas Diana…
Al escuchar esas palabras, la chica dejó de ver su ordenador y puso toda su atención en Salvador no estaba acostumbrada a oír esas tres palabras juntas.
-Carla también puede hacerlo – Continuó Salvador – y al tener a su disposición el Air Force one de estados Unidos llegaría mucho antes que nosotros, si usamos la ruta desde Portugal.
Diana hizo un gesto de desagrado y comenzó a pensar planes alternativos, pero la mayoría de ellos incluían comprarse su propio avión y no esperaba poder encontrar uno decente en poco tiempo, y a pesar que confiaba en su capacidad para aprender a pilotearlo en solo cuestión de horas, no veía seguro invadir espacio aéreo europeo con su avión personal. Casi como si le pudiera leer la mente Emilio le dijo con un tono burlón.
-Diana no vamos a ir a Europa en un avión piloteado por ti, creo que si queremos que Salvador muera hay formas menos complicadas ¿Sabes?
Dirigiéndole una mirada asesina la chica le dijo con tono enérgico.
-¿Y tienes tu una mejor idea? ¿Qué compremos un bote y nos lleves remando hasta la península ibérica? Te aviso que por mar debemos rodear casi toda Sudamérica.
Tratando de aguantar la risa de ver a los dos chicos pelear Salvador intervino.
-Chicos por favor cálmense…No tenemos por qué preocuparnos, he recibido información de que este problema se resolverá bien sin necesidad de mi intervención.
Ambos chicos dijeron al unísono:
-¿QUEEEE?
-Solo tengan un poco de fe en los seres humanos, no es tan fácil llevarlos a una guerra como quizás lo fue antes, han evolucionado mucho y respetan la vida del prójimo mucho más que hace cientos de años y creo que eso es algo con lo que no está contando Carla y su equipo- y con una sonrisa amable miró a Diana –por otro lado, creo que necesitaremos nuevamente de la ayuda de tu amigo el pato Noruego.
Al oír esto, la chica arqueo una ceja muy extrañada.
A miles de Kilómetros al norte en la casa blanca en estados unidos, en la sala roja, Carla Moon Haya revisaba sus heridas, las marcas de quemaduras por el rosario de Saby en el cuello y mano estaban desapareciendo, pero las heridas de la pistola de Endimión demorarían en cicatrizarse. La estancia debía su nombre al color rojo predominante en paredes y muebles, la luz entraba por dos ventanas con cortinas doradas y en la parte superior colgaba un gran candelabro del mismo color, las paredes estaban adornadas con cuadros de personajes de la vida política del país, la joven se encontraba sentada en una de las pequeñas pero cómodas sillas que había repartida por la habitación, frente a ella en una mesa se encontraba un muy completo botiquín de primeros auxilios, el único sonido era el del fuego de una chimenea de color blanco.
De pronto de forma abrupta las puertas se abrieron y James Burt entró corriendo y gritando:
-¡Carla! ¡Tenemos un grave problema!
La chica giró la cabeza a observarlo con aire de aburrimiento:
-Te dije que no quería que nadie me interrumpa y con nadie tú estabas incluido.
El mandatario se quedó en silencio por un par de segundos, realmente le disgustaba y sorprendía una respuesta tan arrogante viniendo de una chica que en apariencia era mucho más joven que él, pero contuvo lo que deseaba decirle y fue directamente a lo importante.
-Escucha, Francia le ha declarado la guerra a España y están avanzado a invadirla.
Carla volvió a revisar, los materiales con los que estaba trabajando, vendas, gasas y pomadas contra quemaduras y respondió sin aparentar mucho interés.
-¿y qué?... La guerra los ha acompañado en su historia todo el tiempo no es nada nuevo y no me vas a decir que esos dos países son los mejores vecinos.
La falta de interés, por parte de la joven hacía que cada vez James sintiera que algo andaba mal en esta situación en la que se encontraba y añadió algunos datos que le habían hecho llegar su servicio de inteligencia.
-Tenemos información que… bueno esto es algo extremadamente ridículo pero parece que algunos soldados se han disfrazado de esqueletos de hielo con uniformes que se vistieron hace cientos de años e incluso uno de ellos, como su antiguo emperador que conquisto casi toda Europa en su tiempo, no entendemos a que se pueda deber esto, será algo simbólico quizás.
Al oír esto Carla, levanto la vista, apretó los dientes con furia y casi revienta un frasco de pomada contra quemaduras al estrujarlo, James extrañado preguntó:
-¿Está todo bien Carla?
La chica se calmó un poco y giro a verlo de nuevo, y con una voz mucho más calmada le explicó:
-¿No es obvio lo que pasa aquí James?... EL presidente de Francia se ha vuelto loco. Y quiere llevar a su pueblo a la perdición… -Al ver que el presidente la miraba extrañado agregó - ¿O es que acaso crees que los muertos resucitan? Eres el mandatario del país más poderoso del mundo, ¿Te imaginas que pasaría si la gente piensa que crees algo así?
-¿Pero tú no puedes hacer algo para evitar que eso pase?
La chica volvió a concentrarse en los  materiales del botiquín, pero le respondió:
-Sí, quizás pero no en este momento. Deja que me recupere un poco.
-¿Cuánto tiempo más necesitas? Esta guerra comenzará en cualquier momento.
-En serio, James- respondió la chica con un poco de molestia –ya me han disparado suficiente por ahora, ¿o es que deseas que los franceses y españoles practiquen puntería conmigo?
El presidente no sabía que decir exactamente, ya que una parte de él sí lo deseaba,  y cuando se propuso a responder ella lo interrumpió:
-Hagamos esto, déjame que revise hoy mi heridas y mañana salimos ¿te parece? La península no será erradicada del mapa en un día.
-De acuerdo, Carla.
-Ahora agradeceré un poco de privacidad, ser mi propio médico requiere de concentración.
Sin hablar más James se retiró de la sala roja, una vez que esté se fue Carla habló para sí misma, mientras se rodeaba el cuello con una venda untada con pomada.
-Espero que este enano haga algo bien esta vez.
Horas después en la frontera de Francia con España el ejército Francés estaba llegando luego de una larga travesía en vehículos militares, los casi diez mil soldados humanos se encontraban cansados por las horas del viaje continuo pero los esqueletos de hielo no parecían presentar el menor indicio de deterioro, caminaban por una carretera en un área despoblada y rodeada de pequeñas montañas, repentinamente la marcha se detuvo.
El presidente Teófilo Levesque vistiendo el uniforme de máxima autoridad del ejército francés y sobre un jeep militar había sido casi forzado a encabezar esta marcha, que para él no tenía sentido, dio la orden de detenerse al ver al ejército español a unos pocos kilómetros al frente pasando la línea divisora, eran unos 2 mil hombres, en un primer momento una gran sensación de miedo le recorrió el cuerpo pero al ver que estaban al descubierto le dio hizo pensar que algo andaba mal, sacó sus binoculares y para sus sorpresa y tranquilidad los soldados españoles cargaban banderas blancas. Su primeros pensamientos fueron de una gran desconfianza, no podía creer que su mensaje a Fernando IX hubiera servido de algo, hasta que vio que también estaban hondeando banderas francesas.
Durante unos minutos no sabía cómo reaccionar, ¿Estaban traicionando a su propia patria? ¿O era una trampa? ¿Debía de ir solo o con todo su ejército? A su costado el antiguo emperador le hizo una seña que vaya al encuentro con los españoles. Después de pensarlo un poco decidió bajar del vehículo y dio la indicación que iría solo caminado hacia ellos.
No lo hacía como un acto de valor supremo ni como una imprudencia, pensó que si caminaba tendría mucho más tiempo para pensar cómo manejar la situación, además que quería alejarse lo más que podía de ese sujeto, que no había dicho una sola palabra en todo el viaje, adicionalmente consideraba que si iba solo no lo verían como ninguna amenaza, y si estaban tratando de engañar a todo el ejército francés con una rendición falsa, no sería estratégico hacer caer la mentira matando a un solo hombre armado con solo una pistola.
Después de casi una hora de caminata que para todos, excepto para el presidente, les pareció eterna, Teófilo cruzaba la frontera y se reunía con el ejército español. A su cabeza se encontraba un hombre alto de una prominente barba negra, pero que comenzaba a perder el pelo en la cabeza, con una gran seriedad le dijo:
-Presidente Teófilo Levesque, el pueblo español le saluda. – Las siguientes palabras le dolían tanto decirlas que sentía que en cualquier momento se atragantaría- Yo, el General del Ejercito Miguel Domínguez, a nombre de nuestro rey Fernando IX y el Almirante General Carlos Del Río, le informamos que el ejército español actual no está en condiciones de enfrentarse al francés, por lo que no nos queda otra opción más que rendirnos.
El general le ofreció la mano, al ver este gesto y oír sus intenciones el mandatario actuó con prudencia y aceptó el apretón de manos, diciendo:
-General gracias, le aseguro que no tengo la menor intención de hacerle daño a su gente- girando para observar atrás a su ejercitó añadió – Ni a la mía.
El presidente levantó un brazo hacia sus hombres, indicando que podían acercarse, a los pocos segundos las unidades militares iniciaron su marcha hacia la frontera. Mientras que estas se acercaban Miguel le comentó a Teófilo.
-Presidente asumo que usted desea ir a Madrid, a encontrarse con el rey, por lo que hemos preparado los trenes de la estación de Huesca para que se traslade con su ejército.
Teófilo sintió un poco de desconfianza, y consultó con mucha tranquilidad.
-Mi equipo viajará solo en el tren… Creo que eso sería un poco peligroso. Ya que me imagino que la situación en España hacía nosotros será algo hostil.
Manteniendo su serenidad el General Miguel, profundizó un poco más en el plan:
-No tiene por qué preocuparse, hemos evacuado a los civiles de las zonas por las que transitará para evitar… eventos desagradables, adicionalmente algunos miembros de mi ejército viajarán con ustedes para evitar que suceda un… “inesperado incidente” en el camino. Como le repito nos hemos rendido y no vamos a pelear creo que nuestra diferencia numérica es lo suficientemente evidente para que me crea ¿verdad?
El presidente vio al ejército español, y era evidente que si lo deseará podría acabar con este pequeño grupo de gente, aún sin necesidad de recurrir a la ayuda de los soldados helados que los acompañaban, todo parecía ir bien, giró y vio que su equipo casi había llegado. Miguel se le acercó y le dijo:
-Creo que sus soldados ya pueden quitarse ese disfraz de día de brujas ¿No cree?
El presidente apretó los puños y dientes, miró al pisó y dijo en voz baja:
-No he traído a nadie disfrazado.
El general lo observó extrañado, luego al ver llegar al ejército francés y ver entre sus filas que los elementos que él había tomado por soldados utilizando un disfraz de muy mal gusto, no eran sino lo que los rumores decía: esqueletos de hielo. Él no fue el único que se quedó impresionado ante una imagen tan escalofriante, lo soldados que lo acompañaban también se quedaron impactados por ello.
Uno de ellos estaba tan aterrorizado que dio la impresión que iba a levantar su arma para dar el primer disparo, pero sus compañeros lo detuvieron y Miguel corrió a su encuentro y le dijo en voz baja pero con autoridad:
-¡Soldado mantenga la compostura conoce usted también el plan! –Hizo una mirada hacía Teofilo para asegurarse que no lo escuchaba y añadió – Todo esto acabará en Madrid, pero si hacemos ahora un disparo, un solo movimiento errado esto se volverá una carnicería.
El general caminó hacia el presidente y tratando de mantener la compostura y disimulando su miedo lo mejor que pudo dijo:
-Veo… que nuestra información era más confiable de lo que creíamos… Presidente suba a su Jeep y síganos lo llevaremos a la estación de trenes de Huesca.
El presidente hizo lo que se le indicó y regresó a su lugar al costado de ese ser que tanto le incomodaba y solo se limitó a decirle.
-Se han rendido, nos llevaran hacía el rey en tren… no es necesario que nadie haga un solo disparo.
El antiguo militar lo escuchó pero no emitió sonido, pero Teófilo creyó percibir una expresión de decepción en su rostro.
Durante cerca de una hora los ejércitos combinados avanzaron, entraron en la ciudad de Huesca y esta se veía completamente deshabitada. los edificios gubernamentales tenía la bandera de Francia flameando y no había señas en ningún lugar del símbolo patrio Español al llegar a la estación de trenes Miguel bajó de su vehículo, caminó hacia la entrada y le hizo señas a Teófilo para que se acercara. El mandatario bajó de su unidad de transporte e hizo lo indicado, pero esta vez detrás de él también descendió el antiguo militar francés y ambos llegaron a reunirse con el general español, el cual durante un minuto no salió de su asombro al ver en carne y hueso a un personaje que hasta ahora solo había conocido por sus libros de historia, pero les dijo:
-Tenemos 15 trenes aves preparados, en los cuales pueden viajar aproximadamente 500 personas en cada uno, pero algunos tendrán que ir de pie. Para evitar dudas como que el tren vuele en pedazos “accidentalmente” viajaremos combinado personas de ambos grupos, ustedes pueden decidir cuantos de cada equipo van en cada tren, nosotros acataremos sus órdenes.
Todo parecía confiable, si se hacía este tipo de combinaciones era casi imposible atacarlos sin condenar a su propia gente, si volara en pedazos uno de los trenes los soldados franceses en las demás unidades de traslado se levantarían en armas.
-De acuerdo –Dijo Teófilo y girando hacía su aterrador acompañantes le dijo - ¿Tú estás de acuerdo?
EL militar francés asintió.
Minutos después los líderes de ambos ejércitos viajaban en el cuarto tren en el cual el 80% de soldados eran franceses, humanos y esqueletos, mientras que los tres primeros iban con un porcentaje muy similar, se dio indicaciones que el resto de trenes tuvieran proporciones más aleatorias incluso que en uno solo vayan españoles y que en otros dos solo franceses.
Durante dos horas y media, los ejércitos combinados viajaron bajo un silencio casi sepulcral, la desconfianza, la barrera de idioma y los aterradores soldados de hielo hacían que esa situación tan irreal pareciera una pesadilla de alguna persona con claros problemas mentales. Téofilo estaba sentado en la parte delantera flanqueado por 3 esqueletos, a unos metros de él Miguel se encontraba en la misma situación, intercambiaron breves miradas en las cuales el mandatario francés trató de darle a entender que no solo el general español se había rendido ese día,  mientras el líder de estos seres se paseaba muy nervioso de un lado a otro del vagón.
Llegaron a la estación de la puerta de Atocha, al bajar Teófilo pudo ver que los soldados que había enviado en los primeros trenes se habían replegado tomando control del lugar, por lo que caminó con confianza hacia el exterior. Allí lo esperaba Almirante General Carlos Del Río con un pequeño grupo de unos 200 soldados españoles rodeados, por soldados franceses de los dos tipos que había en ese momento, al presidente esa escena no sabía si le causaba terror, repugnancia o lástima, sentimientos muy lejanos a los que debería de tener alguien que va a tomar el poder de un país, por otro lado veía que su silencioso compañero al fin mostraba algo de ánimo casi excitación, en su rostro. Al encuentro con Carlos este los recibió de una forma muy cordial:
-¡Presidente Levesque! – Dijo haciendo un saludo militar – A mí y a su nuevo ejército nos complace saber que han llegado a Madrid sin que se pierda la vida de ninguna persona, sean bienvenidos.
La desconfianza que sentía Teófilo cada vez era menor, ya que con ese reducido puñado de hombres era imposible que puedan vencer a su ejército que era superior aunque aún solo había llegado una pequeña parte, esta era suficiente para aplastarlos, sin contar que el potencial de los seres helados aún era desconocido.
-Carlos… -Comenzó el presidente – Gracias por el recibimiento tan amable… -Con la mayor sinceridad le dijo – Te aseguro que soy el último que desea que se pierdan vidas de forma innecesaria.
-Te creo, -Respondió sonriente el Almirante – Ahora por que no vamos a ver al rey, creo que hasta que no hables con el no perderás ese nerviosismo. –Y le dio una amigable palmada en el hombro.
Se había preparado vehículos blindados para trasladar a los dirigentes franceses por Madrid, estos fueron escoltados por vehículos militares españoles en los que permitieron subir a soldados del país del norte para mayor seguridad de su mandatario. Las calles de Madrid se veían tan deshabitadas como las de Huesca, pero no se veía una sola bandera de ninguno de los dos países en los edificios. A los pocos minutos llegaron al palacio Real, era un enorme edificio de color blanco, con un gran patio en la parte frontal, normalmente se podían ver turistas y guardias, pero en ese momento no había un alma, se detuvieron frente al portón principal.
Luego de descender de los vehículos Teófilo se dispuso a ingresar, pero el antiguo militar lo detuvo y le hizo una seña que esperara allí, e ingresó solo a las instalaciones del palacio, sintió cierto alivio de haberse finalmente librado de él y miedo por lo que sería capaz de hacerle al rey de España, luego giró y con una voz nerviosa le comentó a Carlos.
-El irá sólo, creo que conoce el lugar.
EL almirante había perdido su jovialidad, y su rostro demostraba una gran seriedad se limitó solo a mirarlo y responder:
-Imagino que sí.
Dentro del Palacio, en el despacho del rey, Fernando IX está tranquilamente mirando fotos de su familia en su ordenador, vestido con su traje más elegante de color negro y una flor blanca en el bolsillo de su chaqueta, sonríe mientras recuerda momentos agradables con las personas cuyos rostros está observando. Repentinamente siente una oleada de frio y puede ver que la paredes de la habitación comienzan a cubriese de hielo, de un momento a otro las puertas se abren e ingresa frente a él una persona contra la cual en el pasado su pueblo luchó y sabía que ahora a él le tocaba hacer lo mismo.
Con dificultades para moverse por el dolor del pecho que le estaba causando la repentina baja de temperaturas, se puso de pie y cerró su ordenador. Y al ver a su visita le dijo:
-Hola, has regresado, al palacio donde reinó tu hermano hace mucho tiempo. Espero que no haya mucho resentimiento por lo que pasó.
El francés, sin emitir una palabra y con una mirada que casi rondaba el odio caminó al interior del recinto y se colocó cerca del monarca.
-¿Qué pasó? –Inquirió Fernando IX con tono burlón - ¿Te comió la lengua el gato?
Sin mostrar la menor sonrisa el militar extrajo de su chaqueta un pergamino el cual extendió sobre la mesa y señaló la parte inferior. Visiblemente ofendido el rey se acercó a observar y leerlo, tal y como esperaba, lo que contenía ese documento era una rendición total del estado español al imperio Francés y el sometimiento a sus leyes y líderes. Fernando IX hizo un suspiró y caminó hacía la parte de atrás del lugar, reacción que disgustó al francés y señalo con mayor énfasis el punto donde debía de firmar, al tiempo que la temperatura volvió a bajar. El rey sintió un agudo dolor en su pecho.
-¡Hey! – Gritó- No tienes que hacer eso, dame un minuto. ¿Crees que todos los días llega alguien con un papel como ese a mi oficina?
Fernando IX saco se acercó a un pequeño armario y retiro de él una pequeña caja de cartón y la abrió en su interior había unos habanos, sacó uno lo encendió y comenzó a fumarlo, luego le ofreció uno al francés. Este en lugar de aceptar hizo una mueca de enojo y presiono con mayor fuerza e insistencia el pergamino. La temperatura volvió a bajar y con horror el rey pudo ver que por la puerta comenzaban a asomarse manos huesudas de hielo y  un horrible rostro de una calavera congelada.
-Parece que esto no a va a durar mucho verdad ¿verdad?-  dijo sonriendo y en un tono de mofa – Es una lástima deseaba disfrutar un poco más de  este habano… -Comenzó a toser y tuvo que apoyarse en su escritorio – Desde que me diagnosticaron cáncer irreversible a los pulmones me los prohibieron tajantemente.
Al escuchar esas palabras, el militar francés cambió su expresión por una de perplejidad. Arrugó el pergamino y señaló a sus soldados que atacaran al rey mientras el comenzaba retroceder. Los esqueletos de hielo avanzaron extendiendo los brazos. Al verlos el monarca sonrió y dijo:
-No pensaba abdicar hasta el próximo.
De su bolsillo sacó un pequeño dispositivo de color negro con un botón rojo en su centro, el cual accionó inmediatamente. Su escritorio explotó, matándolo inmediatamente, luego le siguieron las columnas de las paredes, seguidamente las habitaciones cercanas y finalmente todo el palacio real era afectado por explosiones en todos sus ambientes.
En las afueras el presidente Teófilo, estaba atónito no entendía que pasaba, a su lado Carlos levantó el brazo derecho y luego rápidamente lo bajó en dirección al palacio el cual aún estaba rodeado de explosiones. De la edificación de en frente, la  Catedral de Almudena salieron disparados misiles hacia el palacio, de igual forma de los edificio cercanos, por el aire volaban proyectiles hacía un mismo punto y aumentaban aún más el daño de las demás explosiones.
Minutos después solo había escombros donde alguna vez estuvo erigido el palacio real de España, una gran nube de polvo no permitía ver casi nada, Teófilo tosía con fuerza y agitaba el brazo para poder limpiar el panorama y ver mejor, pudo observar como los espantosos soldados  de hielo caían al piso y se derretían en él, sus armas y uniformes se hacían polvo en instantes, luego comenzó a escuchar pasos alrededor suyo.
Cuando al fin pudo ver, sintió en su espalda el cañón de un arma y tenía un soldado español apuntándolo a su izquierda y otro a su derecha, viendo alrededor había miles de ellos apuntando al resto de su ejército el cual se veía muy inferior ahora que había perdido a los seres de hielo, supuso que todos esos soldados habían estado escondidos en las cercanías esperando el momento exacto para salir. Levanto los brazo en señal de rendición y buscó con la mirada a Carlos Del río, lo encontró observando los restos del palacio realizando un saludo militar, a su lado estaba la familia de Fernando IX, bien resguardada por comandos de élite del ejército.
-El rey ha caído – comenzó a decir – pero se fue llevándose consigo una gran amenaza para la humanidad.
Dejó el saludo y se acercó a Teófilo y le dijo:
-Tú y tu ejército… pongan sus armas al piso.
Teófilo obedeció e indicó a sus compatriotas que hagan lo mismo y dijo:
-Carlos… aquí no tienes ningún enemigo.
- Lo sé… -Respondió.
La noticia de lo sucedió llegó rápidamente a la casa blanca, donde James y Carla recibieron el detalle de lo sucedido en el despacho oval, por correo electrónico.
-¡Maldición! – gritó la chica.
-¿Pero qué te pasa no debería de ser una excelente noticia?- pregunto intrigado el hombre.
-¿Cómo va a ser eso una buena noticia?- respondió Carla un poco alterada - ¿Eres tonto o qué? ¿Cómo voy a liberar a Europa de esa amenaza si ellos lo hacen solos?
El presidente se sintió contrariado por esa respuesta y no sabía bien que decir, y consultó:
-¿Pero lo más importante no debería ser que se ha solucionado el problema minimizando las pérdidas de vidas humanas?
La chica se tranquilizó un poco y respondió mientras observaba por la ventana.
-Si tienes razón… pero eso quiere decir que requerimos de un nuevo plan para ingresar a Europa… de forma adecuada.- La chica comenzó a morderse la uña del dedo gordo derecho nerviosamente- Por lo que agradeceré que me dejes sola para pensar que debemos hacer.
El mandatario, muy incómodo decidió salir de su propio despacho había aprendido que discutir con Carla no llevaba a nada bueno. Estaba caminando por el pasillo cuando uno de sus teléfonos comenzó a vibrar, lo sacó de su bolsillo era un equipo pequeño de color negro muy simple, no se comparaba con los teléfonos modernos que él y su equipo usaban a diario. Por esa línea solo se podían comunicar sus familiares directos y los más importantes mandatarios mundiales, se sorprendió mucho al ver el nombre de la persona que lo llamaba, era una persona con la que no hablaba mucho y vivía al otro lado del mundo, respondió y escuchó a la otra persona hablar.
-¿Se puede saber que tienes en la cabeza James? ¿Aún no te das cuenta de quién es esa chica en realidad? –Dijo una voz de mujer.