lunes, 3 de septiembre de 2018

Capítulo 30: Antes destruida que tuya


El sol se pone sobre las casas en la ciudad de Jerusalén, las edificaciones en su gran mayoría edificios de color blanco lucen completamente deshabitados, los jardines descuidados, las aceras sucias por el polvo por la falta de cuidado como no se había visto nunca, Carla camina complacida por la calle Natan Strauss, antes era una zona llena de pequeños negocios en casas pequeñas, ahora después del rapto no se ve a ninguna persona que las atienda. No sólo en esa zona sino en toda la ciudad se repite un panorama similar.
La enviada se sentía complacida, acababa de estar en Mea shearimm y luego pasó por la sinagoga Hurva el lugar donde cayó el avión de guerra musulmán sobre el militar alemán que había venido a ayudarla a controlar la población judía, pero ya no había necesidad de él ya que ningún representante de esa religión se encontraba allí, todos se había ido dejándole el camino libre, sólo quedaban algunos restos de la aeronave rodeada de cenizas que poco a poco se las llevaba el viento.
Por toda la ciudad se encontraba repartido a su ejército, en su gran mayoría voluntarios ya que habían quedado muy pocos de oficio, todos con un nuevo uniforme de color rojo como el fuego, con detalles dorados en las mangas, hombreras de color negro y en el pecho el símbolo de la “tierra unida”, debían de buscar posibles sobrevivientes e invitarlos a unirse a ellos, y en caso de que su respuesta sea negativa debían de ser apresados como criminales comunes.
Gracias a los trabajos de los luciferistas su ejército iba en aumento y su presencia se estaba expandiendo por todo el globo, tomando como primeras zonas aquellas donde había menor cantidad de personas, como África o Latinoamérica. Pero esta zona, esta ciudad, aquella donde el principal enviado de Dios vivió y donde coexistieron en una casi armonía las tres religiones monoteístas principales, este lugar debía de tomarlo ella misma, esto sería un símbolo de su posición superior sobre cualquier otro tipo de pensamiento o adoración.
Conforme avanzaba el grupo que con el que había venido Carla se iba dispersando en pequeñas agrupaciones menores con la finalidad de poder revisar toda la ciudad, la joven confiada iba caminando hacía el muro de las lamentaciones escoltada por menos de veinte soldados.
Cuando cruzó la puerta de Damasco le indicó a la mayoría de su grupo que se disperse, quedándose sola con cinco miembros de su guardia, la zona estaba llena de pequeños puestos de comercio de telas y recuerdos para los turistas, que habían sido dejados de atender de forma abrupta, pudo ver que no se veían señales de saqueo, lo que hacía que su suposición que toda esa ciudad haya quedado vacía después del rapto se confirmara.
Luego de unos minutos de caminata ingresó con una expresión triunfal a la gran explanada frente al muro, estaba pensando en poner una gran bandera de “la tierra unida” sobre el mientras se acercaba pero tenía dudas de que la estructura tan antigua pudiera aguantar los trabajos en los que estaba pensando, pero sabía que se hacían trabajos de mantenimiento de forma rutinaria. Revisando la enorme construcción milenaria con detalle pudo ver que se habían sellado pequeñas zonas dentro del muro recientemente, e incluso en el piso por donde caminaba.
Se preguntó qué clase de mantenimiento podría ser ese en el que sólo se tapan algunos agujeros en el piso y en el muro cuando un trabajo normal de mantenimiento debe ir por zonas, además esas coberturas de cemento parecían hechas por manos de aficionados no de personal dedicado a hacer restauraciones, también le extrañó que parecían tan frescas estas reparaciones que podrían haber sido hechas el día anterior.
Estaba ya a pocos metros de llegar a poder tocar el muro, cuando su cerebro unió todos los detalles que había percibido en una sola idea y sumándole los acontecimientos por los que había pasado antes sólo demoró unos segundos en deducirlo todo.
-¡Corran vámonos de aquí!- gritó Carla mientras comenzaba a huir lejos del muro.
Cómo si esta hubiera sido una señal para alguien que estuviera observando al grupo desde lejos, explosiones de regular consideración detonaron tanto en el muro como en el piso por donde se encontraban, todas esas marcas extrañas estaban llenas de explosivos, posiblemente militares de gran potencia.
Los solados que acompañaban a Carla salieron volando por los aires perdiendo algunas de sus extremidades para finalmente caer muertos al piso, la joven por su velocidad y precaución de mantenerse lejos de las áreas peligrosas pudo salir ilesa, pero antes de poder salir de la explanada un misil salió disparado hacía ella desde una edificación cercana, lo cual la hizo retroceder pero ni bien lo había esquivado otro llegó directo hacia ella desde la dirección opuesta.
Carla se lanzó hacía el piso para esquivar esta nueva amenaza, pero sabía que quienes fueran los que estaban allí estaban armados y ubicados en distintas direcciones, los más probable es que la hayan rodeado, golpeó el piso e hizo surgir tres paredes gruesas de tierra a su alrededor en todas las direcciones excepto la que la llevaba lejos del muro, para poder escapar en cuanto tuviera la oportunidad.
El piso temblaba “el muro está cayendo” pensó Carla, con lo que pudo intuir que los explosivos colocados en el muro debieron ser aún más potentes que los del suelo, “pensaban enterrarme bajo el muro y luego rematarme con sus proyectiles, afortunadamente para mi estas personas no tenían los mejores albañiles en su equipo y dejaron al descubierto sus intenciones” con ese razonamiento final la joven decidió esperar el siguiente ataque de sus perseguidores mientras que se ponía de pie y afinaba sus oídos para estar lista para un nuevo ataque, pero para su sorpresa todo volvió a ser silencioso.
Esta situación extrañaba mucho a la enviada, la ponía muy tensa, apretaba los dientes de rabia, sacó su comunicador para llamar al resto de su ejército, comenzó con el equipo que tenía a los soldados más preparados, los que habían sido del antiguo ejército americano, ellos podría llegar rápidamente y colocarse en las ubicaciones ideales para eliminar a quienes sean que estén tratando de matarla.
Pero no tuvo respuesta, trató con otro grupo, los llamó a gritos a uno y a otro, mientras observaba su única salida frente a ella, esperando que por ahí surja alguna persona apuntándole con un arma, pero la tranquilidad incomoda se mantenía.
 No sabía que podía estar pasando, si la ciudad estaba desierta… pero a los pocos segundos se dio cuenta que no era que ya no hubiera nadie en la ciudad, había gente que la había estado esperando pero querían que ella bajara la guardia, y era justo lo que había hecho, había caído inocentemente en la trampa que ese grupo había preparado.
-¡MIERDA! – grito lanzando su comunicador al piso destruyéndolo.
Comenzó a escuchar pasos alrededor de ella pero no podía ver quiénes eran por los muros que ella misma había creado, pero podía deducir que eran una veintena de personas que se estaban acercando alrededor de ella, y en un momento dado se detuvieron, calculó por la posición donde terminaron los sonidos que se encontraban divididos en dos grupos uno a su izquierda y otro a su derecha.
Escucho una orden en hebreo que no llegó a entender bien, pero luego de ello el sonido siguiente fue de pequeños disparos alrededor de ella y segundos después pequeñas granadas sobrepasaron sus muros de protección y caían sobre la joven, eran cerca de 10 explosivos posiblemente con una capacidad de detonación media pero encontrándose en ese pequeño espacio el daño podría llegar a ser grave.
Era evidente que no intentaban eliminarla con eso, querían que salga de ahí para poder enfrentarla en campo abierto, lo último que deseaba era actuar como un animal acorralado al cual guían a su antojo sus perseguidores, pero sabía que si se quedaba allí esos explosivos traerían como consecuencia que sus movimientos sean mucho más limitados y torpes, como sucedió con el cohete que le lanzó Kang en la casa blanca.
-¡Maldición! – gritó mientras corría fuera de la estructura.
Al momento que estaba por llegar a la salida da un salto sobrehumano tan alto que si alguien la estaba esperando en la salida para dispararle o apuñalarla lo habría esquivado, en el aire gira sobre sí misma para evitar darle la espalda a sus enemigos que sabía ya su posición aproximada.
Ya afuera puede finalmente ver los rostros de sus perseguidores y al ver algunas caras conocidas, se llena de odio y solo atina a decir, mientras apretaba los dientes con fiereza, la misma frase que había dicho en su momento en el vaticano.
-Malditos judíos…
-Así que finalmente puedo verte el rostro de cerca.- dice con fingida tranquilidad Marcus.
El judío portaba en su mano una Torá, tenía ropas militares, sucias y desarregladas, su cabello tampoco estaba en buenas condiciones, era evidente que no había podido asearse en varios días. Sus compañeros estaban en situación similar pero en ellos también resaltaba las manchas de cemento, las cuales Carla dedujo que son la muestra que ellos pusieron los explosivos que casi la atrapan hace unos minutos.
-Pensé que tú y tu gente ya no estarían acá.-Dijo con desprecio la joven.
El hombre comenzó a caminar hacia ella, trataba de mostrar cuanta seguridad pudiera y ocultar el temor que sentía, pero su tono ligeramente nervioso comenzaba a delatarlo.
-Quizás hubiera preferido que eso pasara, en serio, ya que cuando casi todas las personas de Jerusalén desaparecieron, pensé que había sido abandonado por mis pecados, caí por un momento en una sensación de gran depresión, luego comencé a buscar personas por todo la ciudad que, como yo, Dios había preferido dejarlos aquí y los fui reuniendo uno a uno, me di cuenta que había un patrón común en nosotros, para comenzar todos éramos hombres, judíos ultra ortodoxos y en edades que estábamos en condiciones de enfrentarte. – Conforme avanzaba los demás se le iban uniendo, en algunos de ellos el temor se veía más que en otros pero ninguno parecía que fuera a huir – Así que pude ver cuál era el mensaje de Dios, estábamos aquí para detenerte y evitar que tomes esta ciudad sagrada.
Al escucharlo Carla no pudo contradecir su razonamiento final, despreció la situación por completo, se había centrado tanto en James y Salvador que no pudo pensar que podría haber pequeñas amenazas como esta que había quedado en el mundo de forma independiente. Contó al grupo, eran veintidós personas, quizás podría eliminarlos con el fuego del infierno, pero debía tener cuidado ya que en primer lugar podría haber más gente escondida esperando a que ella tome la ofensiva para aprovechar y volver a dispararle desde lejos y en segundo lugar si alguno de estos sujetos tenía adherido a su cuerpo explosivos de gran potencia podría resultar herida como en la casa blanca y ser presa fácil nuevamente. La joven, miraba de reojo hacia atrás, todo ese sonido debía haber alertado al resto de su ejército y debería estar en camino, sólo debía ganar algo de tiempo para que ellos lleguen.
-No vendrán – Dijo Yadid, el cual cargaba un rifle de francotirador – Si estas esperando a las personas que vinieron contigo, estos rifles DAN 400, son muy precisos, rápidos y sigilosos, al contrario de tu equipo que casi nadie tenía entrenamiento militar, así que fue relativamente fácil reducirlo a nada sin perderte de vista.
Carla apretó los puños, estas persona estaban mejor preparadas que los soldados que habían venido con ella, tenían el conocimiento del lugar como una ventaja que por lo visto habían utilizado muy bien, podía imaginarse a ese sujeto disparando desde un edificio estratégicamente ubicado a cada uno de los miembros de su ejército, mientras se comunicaban entre ellos para hacer seguimiento de sus pasos.
-Pero no pensamos utilizar estas armas contigo… no creo que sean muy eficaces para ser sinceros - comenzó a hablar Marcus, el cual le hizo una señal con la cabeza a sus demás compañeros, lo que generó que  lentamente comenzaron a rodear a Carla apuntándola con sus armas.
-¿En serio? – Pregunto con escepticismo la joven mientras veía como los judíos armaban un círculo alrededor de ella.- Pero veo que has invertido mucho en este ataque… el muro ha sido dañado de forma casi irreparable.
La joven deseaba ganar tiempo, pensó que si ellos eran los únicos que quedaban y comenzaban a dispararle, con su gran velocidad podría esquivar las balas y conseguir que se hieran entre sí, ya que después de todo le había hecho el favor de rodearla, si eso sucedía el fuego del infierno daría el golpe de gracia.
-No podemos soportar que un ser como tu tome este lugar preferimos verlo destruido antes que en tus manos – Dijo con una mirada firme Yadid.
Carla sonrió al escuchar esta respuesta, para ella el apego a una estructura de piedra gigante le parecía una característica ridícula de ese pueblo.
-Sabíamos que tarde o temprano vendrías aquí así que pensamos en atraparte bajo los escombros del muro de los lamentos. – Intervino Marcus sujetando fuertemente su Torá. – Estábamos pensando en poner una trampa similar hoy en la sinagoga Hurva para enterrarte en ella pero llegaste muy pronto.
-Una gran idea debo admitirlo, siento haberles estropeado el plan – dijo de forma burlona Carla, sin dejar de mirar a todos lados. – ¿Pero realmente creen que pueden detenerme lanzándome una gran cantidad de piedra encima?
La joven comenzó a ver lo simple e inútil de su plan, y al haber fallado sólo les quedaba como opción el combate directo, pensó en quizás un pisotón sobre el piso y hacer surgir unas grandes columnas de tierra, sería lo suficiente para sorprenderlos, luego atacarlos con gran velocidad en sus puntos vitales y finalizar con el fuego del infierno como lo tenía pensado.
-No… -respondió Marcus abriendo su Torá – De hecho nuestra intención fue siempre sólo inmovilizarte por unos segundos… verás pudimos ver los videos de seguridad de tu enfrentamiento en el Vaticano con Clemente XV y con ello idear un plan para acabarte.
En ese momento todo tomo sentido para Carla, la eliminación silenciosa de su ejército, el derrumbe sobre ella del muro, el rodearla en un círculo y la Torá, pero aun así les faltaba un elemento.
El sonido de un cuerno se escuchó en la espalda de Carla, Netaniel tocaba con fuerza un Shofar que había tenido cargando en la espalda, invisible para el rango de visión de la chica en todo momento hasta ahora que había estado esperando la situación precisa para tomar acción, el sonido paralizó a la joven por uno segundos, sentía que sus huesos era de piedra y no los podía mover.
En ese momento todos los judíos sacan sus Torás las cuales las tenían marcadas en el Salmo 91 y  con una voz autoritaria Marcus da la indicación de inicio.
-¡Todos! ¡Ya saben lo que debemos hacer es ahora o nunca comencemos!
- Quien mora en el refugio del Altísimo, vivirá a la sombra del Todopoderoso.-Repitieron todos a una sola voz.
Al oírlo Carla sintió un gran dolor, estaba recuperando sus movimientos pero le dificultaba moverse, esto era aún peor que enfrentar a las doce exorcistas de clemente.
- Diré sobre Hashem, "Él es mi refugio y mi fortaleza, mi Dios, en El confiaré."- Continuó el grupo mientras cerraba aún más el círculo.
-Mal…nacidos – alcanzo a decir la joven mientras que botaba espuma por la boca y caía de rodillas al piso.
- Y que Él te sacara de la trampa seductora, de la pestilencia devastadora. – Decían los judíos como si fueran un solo individuo.
La chica puso sus manos en el suelo, y comenzó a hacer brotar fuego del infierno de su palma.
-Él te cubrirá con los extremos de sus alas, y bajo sus alas encontrarás refugio; su verdad es un escudo y protección. – Continua el grupo a su alrededor.
El fuego que salía de su manos era muy pequeño, y no lo podía controlar pues el dolor le hacía perder concentración y por ende su habilidad de manipulación era muy limitada.
- No temerás los terrores de la noche, ni saeta que vuele de día. – Decía el grupo ahora con mayor confianza.
-¡MIERDAAA! –bramó Carla.
Las cosas le estaban saliendo muy mal, esta vez no tenía un piso inferior al cual escapar. Estaba en una explanada sin nadie que le ayude, si esto seguía así su fracaso sería un hecho y caería en la ciudad que esperaba inicialmente fuera su gran trofeo de Victoria.
- Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. – La voz de los judíos taladraban los oídos de Carla.
Comenzó a golpear el suelo tratando de hacer temblar el piso, pero si bien pudo conseguir una leve vibración esta no fue lo suficientemente fuerte para detener al grupo de judíos los cuales siguieron recitando los demás versículos del salmo, hasta hacer que la chica caiga tumbada sobre el piso jadeando.
- Escuchen… quizás podamos llegar a un acuerdo – Comenzó a hablar Carla, en un desesperado intento de negociar con el grupo de judíos.
- ¡De nuevo!- gritó con severidad Marcus.
El grupo de veintidós judíos volvió a recitar el Salmo 91, de la misma forma que ya lo había hecho antes, pero esta vez con mayor seguridad. Mientras que la chica en el centro de ellos gritaba y gemía de dolor.
- Lo saciaré con larga vida, y le mostraré mi salvación. – Culminó nuevamente el Salmo el grupo.
Al finalizar Carla dio un alarido muy fuerte y cayó al suelo inmóvil, no se apreciaba respiración sobre ella, su mirada al vació indicaba que ya no sentía nada, de su boca caía un delgado hilo de sangre, ambas palmas de sus manos estaban contra el piso, su cuerpo yacía en el centro del circulo sin dar muestra de vida alguna, todos la observaban en silencio.
-¡LO CONSEGUIMOS! – gritó Marcus a todo pulmón al tiempo que levantaba ambos brazos hacía el cielo.
- Todo este esfuerzo dio resultado – Dijo entre lágrimas Netaniel – Si el rabino Shentov hubiera estado acá estoy seguro de que estaría orgulloso.
-¡Así es! – Confirmó Marcus, también con lágrimas en los ojos. – Ahora es momento que le confirmemos a Gavrel y James lo que hemos conseguido… El mundo debe saber la verdad acerca de Carla.
Mientras la gente celebraba, se felicitaban por la proeza alcanzada y se abrazaban, Yadid se acerca al líder del grupo y le dice:
-Marcus… ¿No eran tres veces las que se tenía que recitar el Salmo 91?
-¿He?- Respondió contrariado el judío al ser consultado.
Pero antes que pudiera terminar su respuesta, de debajo de la tierra surgen seis delgados hilos de fuego del infierno, los cuales como finos tentáculos se enredan rápidamente alrededor los cuellos de Marcus, Netaniel y cuatro judíos más, la decapitación por incineración es inmediata.
Con una expresión que es la viva representación de la locura Carla se pone de pie, respira agitadamente, demostrando que había estado conteniendo la respiración durante un rato, de cada una de las palmas de sus manos brotan tres hilos de fuego los cuales habían viajado por debajo de la tierra hasta salir por otro lado para asesinar a sus enemigos, pero ahora estaban comenzando a esfumarse.
Lo primero que hace luego de haber eliminado a líder del grupo judío es saltar hacía el cadáver de Nataniel y de un fuerte pisotón destruye el Shofar, pero además de ello genera un gran terremoto que hace que las edificaciones alrededor tiemblen y que los hombres pierdan el equilibrio momentáneamente, con lo que aprovecha la oportunidad para ponerse entre varios judíos para lanzar un aro de fuego del infierno a su alrededor similar al que utilizó en la oficina de Clemente XV, pero esta vez es más grande y rápido con lo que logra alcanzar a diez personas convirtiéndolos en cadáver al instante.
Yadid y sus otros cinco compañeros ven horrorizados como en cuestión de segundos ese monstruo había dado la vuelta a la situación eliminado a más de la mitad de ellos.
-Es una pena que su plan tan bien elaborado se haya caído por que el que dirigía el exorcismo, ni siquiera sabía la cantidad de veces que debía decirse el salmo. – Dijo con respiración entrecortada Carla, mientras que estudiaba a los que aún quedaban en pie para ver la forma más rápida de eliminarlos antes que se manifiesten posibles refuerzos desde algún punto cercano.
-Si lo sabía… -Comenzó a responder aterrado Yadid- solo que pensó… que por que éramos más del doble de los necesarios quizás podíamos haber acabado contigo antes de lo esperado.
Al verse tan reducidos en miembros, los judíos restantes comenzaron a escapar, Carla corrió tras uno de ellos, lo alcanzó y lo tomó del cuello quebrándoselo rápidamente. Luego alzó el cadáver y lo lanzó contra otros dos que iban lo suficientemente cerca entre ellos como para hacerlos caer, cuando se trataron de levantar ya era tarde, la chica estaba parada al costado de ellos, tomó a cada uno por el hombro y los calcinó con fuego del infierno en sólo un par de segundos, no podía perder más tiempo quería que todos ellos estén muertos ya.
El último judío que quedaba, junto con Yadid sacó su pistola Jericho y apuntó a la cabeza de Carla, ante esto la chica con una mirada sonriente, caminó hacia él, aunque le dolía todo el cuerpo y caminaba con cierta dificultad aun pudo decir con todo de desprecio y burla:
 -¿Ahora se les ocurre utilizar eso? ¿No hubiera sido más fácil probar suerte cuando estaba humillada de dolor por ustedes? Creo que se puede decir que no han perdido ante mi si no ante sus propios descuidos.
El judío temblaba de miedo pero con toda la firmeza que pudo dijo:
- Magnificado y santificado sea el gran nombre de Dios en todo el mundo, que Él ha creado de conformidad con Su voluntad. – Luego de eso se apuntó a la cabeza y disparó.
La joven detuvo su andar y con decepción lanzó un suspiro de aburrimiento, luego escuchó los pasos rápidos de Yadid que se acercaban hacía ella.
-¡HAAAA! ¡Te llevaré conmigo maldito dybbuk!
El joven cargaba en cada una de sus manos dos granadas sin seguros, sus intenciones eran obvias para cualquiera, así que con un perezoso tronar de dedos Carla hizo surgir una flama de fuego infernal hacía el judío calcinándolo de inmediato, la explosión de sus armas hizo el resto con su cuerpo.
La enviada del mal se encontraba sola en Jerusalén vio a su alrededor por si hubiera más de ellos escondidos, pero dedujo que ya no había nadie porque de haberlo habido hubieran tratado de ayudar a sus compañeros cuando ella comenzó su contrataque, pero no fue así por lo que o no había nadie más o los que habían deben haber escapado.
Comenzó a caminar aun con algo de dificultad, el dolor producido por el intento de exorcismo judío se mantenía y le impedía moverse adecuadamente, debía analizar la situación. En primer lugar le acababan de confirmar que Gavrel y James estaban trabajando juntos, algo que ya sospechaba de todas formas pero el que ellos lo supieran quiere decir que en algún momento entraron en contacto entre ellos, en segundo lugar podría existir más grupos como este en el mundo y finalmente ¿Sería posible que Salvador también esté con ellos? ¿Dirigiéndolo todo desde las sombras esperando el momento exacto para atacarla?
Su estrategia de avanzar de forma despreocupa por el mundo era demasiado arriesgada, debía replantear su forma de hacer las cosas, no podía subestimar a sus enemigos ya que no conocía el alcance de sus fuerzas y finalmente debía de tomar acciones más drásticas.
-Buenos Salvador si querías guerra… Guerra tendrás. – Se dijo a sí misma, mientras que se alejaba de los escombros de lo que una vez fue uno de los mayores lugares de veneración judía.

lunes, 13 de agosto de 2018

Capítulo 29: El mundo vacío


La noche era oscura en Moscú, las calles que normalmente estaban llenas de actividad y gente se encontraban casi vacías, los negocios en su mayoría cerrados y la plaza roja que siempre estaba llena de turistas, se encontraba por primera vez en años desolada.
En el Kremlin, Salvador se encontraba sentado en un sillón en la oficina principal, viendo en la pantalla de un televisor el final del comunicado de Carla, atrás de él, Gavrel se apoyaba en una pared y tomaba con su mano derecha su mentón con una expresión pensativa, tratando de disimular su preocupación, no solo había fallado en eliminar a esa chica sino que también parecía que ahora iría detrás de él como un animal depredador caza a un conejo. Eras dos sensaciones a las que no estaba acostumbrado pues solía tener éxito en sus planes y él era el que iba atrás de sus enemigos no al revés.
En el fondo del salón, en una silla, despeinado, desarreglado, con la corbata desanudada y como si estuviera por sufrir un ataque de pánico James Burt se tomaba con sus manos la cabeza, la imagen de un misil americano similar al Mirotvorets cayendo sobre ellos rondaba su mente y no podía sacársela de encima, cerca de él de pie, observando por una ventana y con una visible despreocupación Kang Yong-rim miraba el horizonte, sentía que esta era su oportunidad de brillar, de demostrar que su invencible ejército y sus soldados excelentemente preparados son los que realmente pueden salvar a la humanidad de una amenaza extranjera, se veía a sí mismo en un desfile militar rodeado de personas agradeciéndole por salvarlos.
El lugar estaba en silencio, cada uno había recibido el mensaje con ánimos diferentes, pero antes que alguien tomara la palabra, la puerta de la oficina se abrió y entró un joven de pelo castaño de poco menos de 20 años de edad, vistiendo el uniforme militar ruso, se acercó a su presidente le dijo algunas palabras en su lengua materna y luego de ello le entrego una carpeta con varias hojas en ella, inmediatamente después sin prestar mucha atención al resto de personas se retiró y cerró la puerta detrás de él.
-Caballeros… -Comenzó a hablar el presidente ruso, mientras que revisaba rápidamente la información que había en los documentos recibidos – Por favor su atención, el sistema de información de nuestro servicio de inteligencia ha sido sorprendentemente eficiente.
-¿Eso que tienes ahí es como ha quedado el mundo después del Rapto? –Preguntó James con visible impaciencia, quería saber de inmediato con qué tipo de gente contaban y a quienes se tendrían que enfrentar, tenía la esperanza de que gran parte del ejército americano aún se encontraba sobre la tierra y pudiera comunicarse con ellos para intentar un nuevo ataque contra Carla.
-Así es, pero… -Continuó Gavrel si despegar los ojos de la documentación en mano – No es totalmente confiable, verás si bien en un primer recuento aún tenemos el 80% del cuerpo de espías rusos, no es que ellos se hayan puesto a contar a la gente del país donde se encuentran. Estos reportes están basados en noticias locales, comunicados presidenciales, apreciaciones de la población y personales de cada uno de los que se ha podido contactar con nosotros.
-¡El 80%! Ese es un buen número –felicitó Kang con entusiasmo – por lo visto fuiste muy meticuloso en seleccionar a tu servicio secreto.
-No es que pidamos ser ateos para este trabajo – Respondió el presidente, al entender a qué se refería con su comentario el supremo líder, sin levantar la vista de la documentación que tenía en sus manos – Pero normalmente estas posiciones se les da a personas cuyo lealtad no es con nadie más que con su patria y manejan sus propios códigos morales sin basarse en otro tipo influencias…. Aunque quizás hemos tenido una pequeña ayuda. –Agregó observado a Salvador.
El enviado hizo un ligero movimiento de confirmación con la cabeza, sabía que el rapto no era simplemente sacar a los creyentes del tablero y salvarlos de una confrontación final, tenía también otro fin más estratégico, y era el dejarlos con los recursos suficientes para derrotar al origen del mal.
-Gavrel… Podrías decirme… - Comenzó a hablar el presidente americano con una voz en la que se podía percibir el nerviosismo, mientras se levantaba de su silla.
-James… - Lo interrumpió, era evidente que como cualquiera él estaba más preocupado por su propio país que por cualquier otro en especial, por lo que comenzó a hablar con voz firme y tono serio – La información de estados unidos fue la primera que revisé… Seré directo… ”EL país que cree en Dios” parece haber sido reducido a solo el 20% de su población o posiblemente menos, tienen problemas para mantener el servicio eléctrico en todos los estados y posiblemente el agua de los grifos deje de ser potable en unas pocas semanas, pero eso no será un gran problema, en el corto plazo al menos, ya que hay una gran cantidad de agua embotellada en las tiendas para abastecer de sobra a las personas que aún están en el país, lo que más se destaca es que si bien casi todo el personal militar ha desaparecido, extrañamente parecen estar reclutando soldados que se están presentando de voluntarios, no hay nombres pero hablan que los dirige un hombre de aspecto corpulento y cabello rojo.
El americano se quedó en silencio, y se dejó caer nuevamente en la silla, no sabía que decir se imaginaba las calles de su país vacías, la gente viviendo a oscuras y pesando en enlistarse a una armada dirigida por un soldado de bajo rango que nunca alcanzó notoriedad en el su servicio militar, ya que no recordaba a ningún comandante o general con esa descripción.
El supremo líder disfrutaba del espectáculo, le era difícil ocultar su sonrisa. Percibía que había ganado una guerra sin siquiera pelearla, hasta se sentía un poco decepcionado ya que notaba un vacío al perder de un momento a otro a su enemigo, pero este leve pesar desaparecía al recordar que todavía había un rival aún mayor sobre el cual demostrar su grandeza, sólo para reafirmar su supremacía, comentó:
-No hay de que preocupare, como saben en mi país más del 60% de la población aún se mantiene y casi la totalidad de mi ejército está en condiciones de atacar, podremos con un grupo de aficionados americanos.
La tristeza que sentía James se convirtió en rabia al escuchar esas palabras y con los ojos llenos de furia al ver la sonrisa triunfal del líder asiático se levantó y dijo:
-¡Eso es porque obligaste a todos a creer lo que tu querías que creyeran!
-Pues mira que buenos resultados me dio, ¿Tú puedes decir lo mismo?
-Kang… -Trato de responder James al momento que cerraba su puño, no podía aguantar la imagen de su pueblo cayendo ante la armada norcoreana, era algo que para él nunca fue una posibilidad dado la diferencia de tamaños de ejércitos que había hasta hace poco.
-¡Basta ya! – Interrumpió con autoridad Salvador – Lo último que necesitamos es que comencemos a pelear entre nosotros…- Se giró hacia el presidente ruso – Gavrel, por favor continua con tu reporte.
El mandatario esperó un poco a que los dos antiguos enemigos se calmaran, pensaba como Salvador, necesitaban unos de otros aquí, y además era consciente que otro error como el del Mirotvorets podría ser el último que cometa la alianza y por ende su derrota final.
-Bueno, regresando a lo que nos importa – Retomó la lectura Gavrel, para hacer que la atención cambie a otro tema de mayor relevancia que una disputa de orgullos entre Kang y James – Un hecho que para algunos es un alivio, mientras que para otros es una catástrofe, es que al parecer ningún niño menor de 13 años ha quedado, y casi no hay jóvenes de 14 o 15. Esto es a nivel mundial.
- “El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe” – Dijo Salvador. – No es necesario que creas en un Dios en particular, si no tienes maldad en tu corazón, es para ti el reino de los cielos.
- Quizás cuando Jean-Jacques Rousseau dijo esa frase pensó lo mismo que tu- comentó con ánimo el presidente Ruso, pues era estudioso del escritor suizo – Por el lado de África las comunicaciones son muy difíciles ya que parece que el 95% del continente ha quedado despoblado, las pocas personas que quedan se agrupan para tratar de sobrevivir como pueden, aunque los servicios básicos podrían detenerse de un momento a otro cuentan con suficiente comida por un buen tiempo, algo que no era común en ese continente hasta ahora.
-Es bueno oír eso- Comentó con tranquilidad Salvador, mientras miraba al cielo por una ventana. –Ellos ya están donde nadie puede hacerles daño.
-¿Bueno? – Preguntó con frustración James – Creo que en ese continente podía haber habido muchos que se opusieran a nuestra enemiga común… pero ahora ninguno de ellos está.
-Esa gente que se fue ha sufrido mucho por la pobreza, hambres, enfermedades y la peor característica del ser humano: La indiferencia ante el sufrimiento de su semejante…  pero aun así, a pesar de todo, no perdieron la fe en su Dios – Respondió el enviado con tranquilidad – por lo que ya les correspondía descansar, además no es que nos hayamos quedado completamente desamparados.
Mientras decía la última frase, miraba de reojo a Kang. Pero este solo mostró una leve sonrisa, no quería provocar de nuevo al americano, el cual estaba muy alterable en ese momento.
-Bueno, en lo que refiere a Oceanía –Continuo Gavrel, para evitar que el tema de desvíe y comience una nueva e inútil discusión entre los dos mandatarios – La información es muy poca, ya que sólo tengo ahí a dos personas, pero ellos indican que parece que más del 50 % de la población ha desaparecido, pero es difícil estar seguros, pero al menos los servicios básicos no parecen correr riesgos por lo que han escuchado.
Ese continente no se caracterizaba por acciones bélicas o por presumir de tener un gran ejército, por lo que no sabían que tanto los podrían ayudar en el conflicto que se acercaba y tampoco estaban seguros de que posición tomarían en esta situación.
-Bueno, ¿Que hay con el resto de América? – Preguntó James, con interés por saber si sus vecinos se encontraban como él.
El presidente Ruso pasó algunas hojas y luego de unos segundos finalmente contesto:
-Mi equipo se centraba en Norte América, por obvias razones, la mayoría estaba en Estados Unidos…Por lo que información del resto de países es limitada o poco confiable, hemos tratado de conseguir la mayor cantidad de datos posibles y los más fiables pero entre más vamos al Sur más se complica la situación.
-Canadá es un misterio, México parece haber perdido al 70% de su población y este número se mantiene bajando por los países de Latinoamérica, en menor medida en cada uno hasta llegar a Chile donde posiblemente hayan desaparecido el 55 % de las personas.
El ambiente se enmudeció por unos segundos, ya que la información que les daban no la sentían muy útil, dado lo poco confiable que parecía ser.
-Pero…-Interrumpió el silencio el mandatario Ruso – Hay algo que creo que será de mayor interés para nosotros… Inglaterra ha mantenido a más del 50 % de su población, esto podría ser beneficioso.
-Por lo visto Dios no salvo a la reina pero si a su pueblo. –Comentó James en referencia a su himno y a la caída de su gobernante.
-No sé, si al dejarlos aquí podríamos llamarlo salvarlos –Afirmo el enviado – Como puedes imaginar a ellos no les espera precisamente un trato muy bueno dado que  su reina se enfrentó valientemente a Carla.
-Algo que todos los presentes en esta sala hemos hecho, algunos mejor que otros claro. –Agregó con soberbia Kang.
-¡Pero ninguno conseguimos eliminarla! – Sentenció con firmeza Gavrel, antes que James pueda responder algo.
-Es cierto – Concordó Salvador – Pero ahora estamos antes quizás nuestra última oportunidad de poder hacer algo contra ella. Lo que no pudimos por separados lo podremos hacer si nos mantenemos juntos… eso se los aseguró. – terminó su frase con una sonrisa que transmitía confianza.
-Entonces todo se reduce a esto… Matar o morir. – Comentó James mientras miraba fijamente al piso, sin su ejército y dependiendo de la fuerza de otras naciones se sentía no sólo indefenso sino que también inútil, sensación con la que no estaba para nada acostumbrado, pero sabía que podría hacer algo, se lo debía a su pueblo y a él mismo.
El presidente ruso paso un par de hojas y comenzó a hablar nuevamente.
-En lo que respeta al resto de Europa, la situación de Francia parece similar a la de Inglaterra, pero en España casi el 60% de la población ha desaparecido, el resto de los países la información es poco confiable ya que no tengo agentes en ellos.
-¿Qué sabes de china y Corea del Sur?- preguntó Kang, ansioso por saber cómo sus rivales del continente habían sobrevivido al rapto.
-China parece mantener casi al 80% de su población mientras que corea del sur al 60% -Respondió Gavrel, mientras levantaba una hoja de la carpeta.
El asiático emitió un leve quejido de disgusto, tenía la esperanza de que esas naciones estuvieran tan débiles como las de James y así el tener el poder militar sobre esa zona del continente, podía imaginarse al presidente de la república popular de china sonriendo al mando del ahora mayor ejército de todo Asía y quizás del mundo, si es que los números dados por Gavrel eran correctos.
-Esas son buenas noticias ¿No te parece James? – Comentó Salvador, esperando que se animará un poco ya que la relación de estados unidos con china se encontraba en buenos términos.
-¿He?... este… - Comenzó a responder de forma insegura el americano, pues andaba algo perdido en sus pensamientos sin prestar mucha atención a lo que se decía. – Si, tienes razón, podrían ser de gran ayuda.
-Bueno y para terminar con los países de los cuales se pudo conseguir algo de información – interrumpió Gavrel, mientras cambiaba de hojas– acá en Rusia solo mantenemos al 30% de la ´población, pero en cuanto a la fuerza militar aún tenemos cerca del 80%.
-Eso son aproximadamente 700 mil personas – Comentó Kang entusiasmado por que su aliado contara con ese número de soldados.
-Sí, un poco más realmente si consideramos los miembros de la reserva que aun puedan estar con nosotros. – Respondió el mandatario ruso mientras que pasaba a la última hoja de la carpeta que tenía en manos.- Sólo una cosa más, esta información no ha sido validada a nivel mundial, pero al parecer todas las personas en las áreas de cuidados intensivos de los hospitales ya no están acá.
- Entre más cerca estamos de nuestra muerte, más cerca estamos de apreciar el amor de Dios – Comentó Salvador con una amigable sonrisa.
-Se les nota tranquilos. – Comentó James, con una mirada desaprobatoria.
-Creo que no tendríamos por qué estar de otra forma, ¿no lo crees Gavrel? – Dijo Kang, pero su expresión de confianza cambió a seriedad al ver que su amigo no compartía su optimismo, sino que más bien observaba al presidente americano con algo de desconfianza.
-James… -Comenzó a hablar el ruso mientras dejaba su carpeta en su escritorio y se acercaba a él– ¿Qué posibilidad hay que Carla… ya sepa todo esto?
El americano se sobresaltó al escuchar esa pregunta y se puso más nervioso, sabía que Gavrel era astuto y perspicaz, además de que su expresión seguro lo debió de delatar. Así que prefiero optar por sincerarse.
-Posiblemente ella ya lo sepa todo y con mejor detalle, que nosotros…
-¿Qué? ¿Cómo es eso posible? – Preguntó Kang exaltado.
-En la casa blanca… tenemos la información… de la demografía religiosa mundial… -Comenzó a hablar el presidente americano lentamente. – Y todas esas cifras… me suenan muy coherentes con la información que recuerdo que tenemos ahí… Obviamente no lo recuerdo todo, pero está allí… todo eso… producto de un gran trabajo de inteligencia a nivel mundial.
-¿Pensabas que la religión era sinónimo de peligro verdad? – Pregunto Salvador con tono serio. – Que aquellos que creen en algo que no puedes entender ni refutar podrían traer dificultades en el futuro.
Para toda respuesta James asintió levemente, no quería hablar más pues sentía que los planes que había diseñado para evitar que su nación caiga ante alguna fuerza extranjera se estaban yendo en su contra.
De pronto comenzó a llover de forma torrencial, por las ventanas se podía percibir los relámpagos. El ambiente estaba en silencio, los hombres ahí reunidos pensaban que contaban con una ventaja pero esta esperanza se esfumó tan rápido como llegó
-Dime… Salvador – Habló con calma el presidente Ruso – ¿Qué crees que hará Carla con esa información?
El enviado tuvo que meditar un poco su respuesta, pues tenía muchas opciones en su cabeza y cualquiera le parecía coherente, así que finalmente dijo.
-Cercarnos y eliminarnos.
Hasta el sonriente Kang se mostró nervioso al oír esa repuesta.
A miles de Kilómetros de allí en una oficina dentro de una base militar improvisada en Washington, Carla se deleita con el sol que caía sobre ella y sonreía. En ese momento entra Damian con una expresión de triunfo, vestía un uniforme militar con el emblema del nuevo orden mundial en el pecho.
-Realmente este plan tuyo es excelente. –Dijo el luciferista, mientras caminaba hacía la joven – Hemos conseguido un ejército de no menos de 300 mil voluntarios.
-Muy bien pero para la siguiente fase, vamos a ir ahora por el resto del mundo. – Dijo la joven mientras levantaba una voluminosa carpeta con varias hojas, mapas y gráficos en ella.
- Soy todo oído mi señora. – Respondió Damian con unos ojos que brillaban con emoción y ambición.

martes, 24 de julio de 2018

Capítulo 28: El nuevo orden mundial


Emilio y Diana iban por la avenida Faucett en Lima, en un auto rojo alquilado en el aeropuerto Jorge Chávez. Normalmente esta vía era de un tránsito muy lento por la gran cantidad de vehículos que transitaban por ella, pero ahora era sólo la décima parte de ese recuerdo por lo que tenían la sensación de estar en un país diferente.
-Jamás vi a Lima, tan deshabitaba- Comentaba Emilio con Asombro y algo de miedo mientras observaba el panorama por la ventana, negocios cerrados, algunos con indicios de saqueos, edificios de oficinas que parecían tan vacíos como si estuvieran recién inaugurados.
-Eso es bueno…- Respondió Diana con frialdad, manteniendo ambas manos al volante, centrada en la pista- Significa que había mucha gente aquí que merecía salvarse y no tendrán que pasar por lo que se vendrá.
“Por lo que se vendrá” Emilio no paraba de pensar en las posibilidades del futuro, ¿Una guerra nuclear? ¿Enfrentamientos en distintas partes del mundo? ¿Escases de recursos por falta de personas que los generen? Salvador le había recomendado que regrese a Perú a asegurarse el estado de su familia, ya que a pesar del razonamiento de Diana no estaba totalmente seguro de la situación y su amigo lo notó, con la ayuda de Gavrel pudieron conseguir vuelos de regreso a Perú, pero debían de ir los dos solos todo el camino, ya que de todo el equipo ellos eran los únicos que posiblemente Carla no conocía de su existencia, y eso podría ser una ventaja dependiendo del rumbo que tome la situación. Afortunadamente para ambos el excelente dominio del inglés de Diana y su facilidad para aprender las palabras básicas de ruso, les permitió a ambos moverse sin mayores demoras.
Viajaron por poco más de 20 minutos hasta llegar a la casa de los padres de Emilio, era una pequeña estructura de solo un piso de color amarilla y con un pequeño jardín exterior, normalmente este recorrido duraba más de una hora y era muy estresante pero en la situación actual incluso se sintió un paseo relajante por la fluidez en el tráfico.
El joven abrió la puerta de madera de color marrón, afortunadamente aún tenía una llave de la casa en su llavero cotidiano, ambos amigos ingresaron a una pequeña sala de paredes blancas y algunos cuadros copias de pinturas europeas de temática religiosa,  no escucharon sonido alguno, dentro del lugar, avanzaron  comedor y vieron que solo había una taza de té a medio tomar sobre la mesa blanca donde Emilio y sus padres solían almorzar cuando él los visitaba.
-¡Mamá! ¡Papá! – Gritó el joven.
-Observa Emilio. –Comenzó a hablar Diana mientras se acercaba a la mesa pequeña de vidrio en el centro de la habitación – Tu madre o tu padre estaba tomando esta infusión durante el rapto. – caminó un poco más hacia una mesa pequeña de madera en el otro lado de la habitación – Además veo en la pantalla del teléfono que aún está el mensaje de 2 llamadas perdidas, pero en todo este tiempo nadie se ha molestado en revisar los números. - tocó unos botones sobre el dispositivo – Y efectivamente son las que hice yo.
El joven sintió un dolor en el corazón, como una punzada que le clavaban de forma violenta e inesperada en el pecho, su madre y su padre ya no estaban en este mundo, y ni siquiera tuvo la oportunidad de decir adiós, es en ese momento que se piensa en todas las cosas que pudieron hacer juntos pero siempre pensó en dejarlas para después, viajar fuera del país por unos días, ir a almorzar a un restaurante bonito, las lágrimas comenzaron a brotar por sus ojos sin poder contenerlas.
Los brazos de Diana rodearon gentilmente el cuello de su amigo, y acercó su boca a su oído y le dijo suavemente “Ellos están bien… y volverás a verlos”, de alguna forma esto lo hizo sentir mejor, sabía, desde que conocía a esta chica, que el error era algo que no iba con ella. Se secó las lágrimas con el dorso de su mano y abrazó a su amiga, estuvieron así por unos segundos y luego se separaron.
- Gracias, Diana… lo necesitaba.
-¿Que sería de ti sin mi cerca?- Respondió la chica con una sonrisa pícara.
-El solo pensarlo me da miedo. –Manifestó Emilio con tono de temor fingido.
Ambos jóvenes salieron de la casa y volvieron a subir al auto.
-¿Bueno y nuestra siguiente parada es?- preguntó la chica amigablemente.
-Quisiera asegurarme también de que la familia de Karen esta… -No sabía que palabras utilizar ya que para la situación “Bien” sonaba extraño – fuera de esto.
-De acuerdo.
En menos de media hora estaban estacionando su vehículo frente a la casa del señor Martín. Bajaron y llamaron repetidamente a la puerta pero no hubo respuesta, ante el asombro de Emilio Diana sacó con mucha tranquilidad una navaja suiza extremadamente completa y en cuestión de segundos, luego de elegir la herramienta adecuada, forzó la cerradura como si fuera una actividad a la que ella ya estuviera acostumbrada.
-¿Qué? – Dijo al ver la perplejidad de su amigo – Tengo que tener un plan B si se me pierde la llave de mi casa, es lo que cualquier persona normal debería tomar en cuenta.
Emilio pensó que su concepto de “persona normal” debería ser muy diferente al de ella, no le extrañaría si con esa misma navaja ella pudiera abrir la bóveda del banco central de Reserva del Perú, sacar dinero y volverla a cerrar como si nada hubiera pasado.
En el interior de la casa, el escenario era similar a la casa de sus padres, sin presencia de otra persona y un par de recipientes con comida a medio terminar, pero esta vez sintió un alivio ya que comenzaba a comprender que se fueron las mejores personas.
No se esforzó en llamar a nadie esta vez, sólo vio por última vez la sala de esa casa y un recuerdo llegó a su mente de forma automática, se observó a si mismo riendo y conversando con varios amigos, mientras tomaban una botella de Ron, ahí estaban Karen, su hermana Beatriz y su amigo ateo Luis. Todos eran muy felices en ese momento que ahora le parecía había sucedido hace décadas y que esas personas estaban a millones de kilómetros.
-Luis… – Dijo en voz baja, pensaba que si no hubiera sufrido ese accidente el seguro seguiría aquí y ahora tendría una oportunidad de hacer lo correcto, quizás con Diana hubieran hecho una gran equipo.
Sintió una palmada en la espalda, era de su amiga.
-No hay nada más que hacer aquí. – Indicó con una voz sería- vayamos a tu casa, una ducha y algo de beber me vendrían muy bien, ya te dije que no quiero que me llegue el fin del mundo y yo esté hecha un desastre.
Emilio sonrió y ambos salieron de la casa de Karen, en menos de 5 minutos ya se encontraban dentro de la residencia del joven.
-Dime por favor que tienes una toalla limpia – Dijo Diana mientras subía por las escaleras, con mucha confianza.
-Por supuesto, mira en el cajón superior del armario de mi cuarto- respondió Emilio, mientras que trataba de recordar la última vez que lavó una y esperaba que aun esté sin usarse.
Dedujo por los sonidos que escuchaba en el piso superior que Dania había encontrado lo que necesitaba y se dirigía al baño.
-¡Voy a preparar algo de comer mientras te duchas! –Gritó el joven.
-De acuerdo pero acuérdate de vigilar lo que haces, si provocas un incendio sospecho que no hay muchos bomberos en la ciudad. –Se escuchó como respuesta.
Acostumbrado a la poca confianza de su amiga en sus habilidades y responsabilidad Emilio buscó algo que no sea tan difícil de preparar, metió al horno una pizza congelado, diciéndose a sí mismo que no le quitaría la vista de encima hasta que vea que el queso se comienza a derretir.
Luego de cerca de 15 minutos de calentarse, se colocó guantes de cocina, procedió a retirarla y se veía apetecible, comprobó por el aroma que estaba en su punto para comerla, por lo que el joven se sintió orgulloso.
-Parece apto para el consumo humano. – Una arreglada Diana entró a la cocina por detrás de él y le dio un susto a Emilio.
-¡Dios! Normalmente las mujeres demoran horas en arreglarse, pero tú debes haber estado ahí solo unos 20 minutos.
-Si utilizo mucho tiempo de mi vida en decidir cómo verme, perderé la oportunidad de aprender cosas nuevas.- Respondió la joven mientras sacaba platos y cubiertos. - ¿Vamos? me muero de curiosidad por probar tu habilidad para seguir las indicaciones de sacar el envoltorio y calentar por 15 minutos.
Ambos jóvenes se sentaron en el comedor, estaban hambrientos por lo que no hablaron mucho, se sirvieron agua mineral en vasos de una botella de grande de 2 litros que Emilio tenía para días de resaca, luego de haber comido más de la mitad el joven encendió el televisor en un canal de noticias. Una reportera que ninguno de los dos conocía hablaba en uno de los noticieros más importantes del país.
-… Adicionalmente el presidente ha dictaminado que dada la reducción de la población a posiblemente menos del 50%, se priorice el funcionamiento de las empresas que proveen servicios de agua potable, electricidad, gas y alimentación.
-Menos del 50%... me pregunto cuántos de los que se quedaron tendrán los conocimientos y habilidades directivas para asegurar el buen funcionamiento de esas empresas. – Razonó Diana sin dejar de comer.
-No me digas que deseas postular para gerente de alguna de esas empresas. – Dijo Emilio con un tono jocoso.
-En otra situación lo haría, pero en estos momentos, creo que es más importante que me quede cerca de ti.- Respondió la joven.
-Me comentan que tenemos una transmisión en vivo de Estados Unidos –Se escuchó a la desconocida periodista en la pantalla del televisor.
Ambos amigos se quedaron en silencio, al escuchar eso, a sus mentes llegó el recuerdo de los minutos después del rapto en el salón de Kremlin, la imagen de Gavrel dando las indicaciones de autorización para el lanzamiento del Mirotvorets. Todos pensaron que si ya no quedaban muchas personas en el mundo el daño sobre personas inocentes sería mínimo por no decir nulo y esta era una buena oportunidad para golpear a Carla y quizás eliminarla definitivamente.
Esa pequeña esperanza que albergaban en el fondo de sus corazones se vio destruida al ver a Carla Moon Haya aparecer en pantalla. Tenía vendas en el cuello y algunas cicatrices en el rostro, vestía un elegante traje blanco con botones dorados. Se encontraba sobre un escenario improvisado frente a los escombros de la casa blanca en Washington, detrás de ella se veía una veintena de astas sin banderas, frente a ella había una línea de personas con cámaras de video los cuales deberían  de ser periodistas y detrás de ellos una multitud de unas cinco mil personas.
-¿Es que esa mujer es indestructible?- Dijo con mucha cólera Emilio.
-No…– Respondió Diana, analizando al detalle la imagen que Carla proyectaba – La hemos dañado, pero por lo visto pudo escapar de alguna forma en el último momento, lo peor de todo es que creo que va a usar esta situación a su favor.
El joven no entendía bien a que se refería su amiga, pero antes que pudiera consultar algo, la voz de Carla se escuchó por el televisor.
-Estimados amigos – Comenzó con mucha serenidad – Hace poco hemos vivido la profecía escrita en libros sagrados antiguos, la cual nos dice que los merecedores del reino de los cielos serán elevados en los días finales.
Se podía escuchar los murmullos nerviosos de la multitud en frente de ella. Emilio y Diana habían dejado de comer y se encontraban inmóviles viendo la pantalla.
-Pero eso no quiere decir que no exista una esperanza para ustedes –Continuó con el mismo tono sereno y mostrando una cálida sonrisa– Ha llegado el momento que la humanidad derribe las barreras y fronteras que ella misma se ha creado, y se vuelva una como siempre debió ser, todos somos hijos de un mismo padre, no importa nuestra clases social, nuestro color de piel… Ni nuestra religión…
Mientras decía eso se podía ver que la tensión bajaba en el público, ya que sentían que venía un mensaje de esperanza.
-Es por eso que a partir de ahora ya no seremos divididos por países. –Continuó pero esta vez su tono de voz cambió a uno mucho más enérgico – Todos iremos juntos al encuentro con nuestro creador, a volver a ver a nuestros seres queridos, que se nos adelantaron, como una familia, por lo que ahora dejaremos de diferenciarnos por países y seremos una sola gran nación mundial.
Luego de decir estas palabras en las astas vacías que se encontraban detrás de ella se izaron banderas de color negro con una imagen de la tierra en el centro y alrededor de ella en letras amarillas decía “tierra unida”
Al ver esto la multitud comenzó a aplaudir frente de ella, con lo cual Carla mostró una sonrisa de satisfacción.
-Me llena de esperanza el ver la felicidad en sus rostros – Retomó su discurso la joven – Pero lamentablemente no todos van a reaccionar de la misma manera. Existe un grupo de gente que sólo quiere traer el caos y destrucción sobre nosotros – Al decir esto señaló los escombros de la casa blanca con su brazo derecho – Estas personas aprovecharan esta situación para tratar de hacer el mayor daño posible y evitar que nos unamos.
-Es por eso que no sólo debemos formar una sola fuerza para ir al cielo juntos. – Continuó con una gran seriedad y una mirada lúgubre – Formaremos en todo el mundo un ejército que sea lo suficientemente fuerte para acabar con los que estén en nuestra contra. ¡Y de esta forma tener al mundo limpio para poder recibir a nuestro señor!
Al oír esto la gente dio un grito de emoción, casi se podía sentir cómo un grito de guerra y la cámara enfocaba la expresión de victoria en el rostro de Carla.
La transmisión terminó y se volvió a ver en la pantalla a la periodista.
-Esto… no puede estar pasando – Dijo Emilio muy nervioso - ¿Cómo es posible que la gente pueda seguirla a desatar una guerra?
Diana tomo un sorbo de agua mientras que de alguna manera trataba de trazar todo el plan de Carla en su cerebro.
-La gente tiene miedo Emilio, está sola y confundida… No tienen quien los guíe y casi nadie de los que hemos quedado está en capacidad de dirigir a las personas que han quedado y menos aún enfrentar a Carla. Quieren respuestas y ella se las está dando y dada la situación actual nadie la va a contradecir y el que lo haga… terminará calcinado como Robert Down… Si tan sólo el Mirotvorets hubiera hecho bien su trabajo.
El joven comprendió lo que decía su amiga, pero él sabía que no todo estaba perdido ellos aun podían dar pelea de alguna forma, miró al cielo y pensó en su amigo.
-Salvador tienes que hacer algo para detener esto.