El sol se pone sobre las casas en la ciudad de Jerusalén, las
edificaciones en su gran mayoría edificios de color blanco lucen completamente deshabitados,
los jardines descuidados, las aceras sucias por el polvo por la falta de
cuidado como no se había visto nunca, Carla camina complacida por la calle
Natan Strauss, antes era una zona llena de pequeños negocios en casas pequeñas,
ahora después del rapto no se ve a ninguna persona que las atienda. No sólo en esa
zona sino en toda la ciudad se repite un panorama similar.
La enviada se sentía complacida, acababa de estar en Mea shearimm y
luego pasó por la sinagoga Hurva el lugar donde cayó el avión de guerra
musulmán sobre el militar alemán que había venido a ayudarla a controlar la
población judía, pero ya no había necesidad de él ya que ningún representante
de esa religión se encontraba allí, todos se había ido dejándole el camino
libre, sólo quedaban algunos restos de la aeronave rodeada de cenizas que poco
a poco se las llevaba el viento.
Por toda la ciudad se encontraba repartido a su ejército, en su gran
mayoría voluntarios ya que habían quedado muy pocos de oficio, todos con un
nuevo uniforme de color rojo como el fuego, con detalles dorados en las mangas,
hombreras de color negro y en el pecho el símbolo de la “tierra unida”, debían
de buscar posibles sobrevivientes e invitarlos a unirse a ellos, y en caso de
que su respuesta sea negativa debían de ser apresados como criminales comunes.
Gracias a los trabajos de los luciferistas su ejército iba en aumento y
su presencia se estaba expandiendo por todo el globo, tomando como primeras
zonas aquellas donde había menor cantidad de personas, como África o
Latinoamérica. Pero esta zona, esta ciudad, aquella donde el principal enviado
de Dios vivió y donde coexistieron en una casi armonía las tres religiones
monoteístas principales, este lugar debía de tomarlo ella misma, esto sería un
símbolo de su posición superior sobre cualquier otro tipo de pensamiento o
adoración.
Conforme avanzaba el grupo que con el que había venido Carla se iba
dispersando en pequeñas agrupaciones menores con la finalidad de poder revisar
toda la ciudad, la joven confiada iba caminando hacía el muro de las
lamentaciones escoltada por menos de veinte soldados.
Cuando cruzó la puerta de Damasco le indicó a la mayoría de su grupo que
se disperse, quedándose sola con cinco miembros de su guardia, la zona estaba
llena de pequeños puestos de comercio de telas y recuerdos para los turistas,
que habían sido dejados de atender de forma abrupta, pudo ver que no se veían
señales de saqueo, lo que hacía que su suposición que toda esa ciudad haya
quedado vacía después del rapto se confirmara.
Luego de unos minutos de caminata ingresó con una expresión triunfal a
la gran explanada frente al muro, estaba pensando en poner una gran bandera de “la
tierra unida” sobre el mientras se acercaba pero tenía dudas de que la
estructura tan antigua pudiera aguantar los trabajos en los que estaba
pensando, pero sabía que se hacían trabajos de mantenimiento de forma
rutinaria. Revisando la enorme construcción milenaria con detalle pudo ver que
se habían sellado pequeñas zonas dentro del muro recientemente, e incluso en el
piso por donde caminaba.
Se preguntó qué clase de mantenimiento podría ser ese en el que sólo se
tapan algunos agujeros en el piso y en el muro cuando un trabajo normal de
mantenimiento debe ir por zonas, además esas coberturas de cemento parecían
hechas por manos de aficionados no de personal dedicado a hacer restauraciones,
también le extrañó que parecían tan frescas estas reparaciones que podrían
haber sido hechas el día anterior.
Estaba ya a pocos metros de llegar a poder tocar el muro, cuando su
cerebro unió todos los detalles que había percibido en una sola idea y
sumándole los acontecimientos por los que había pasado antes sólo demoró unos
segundos en deducirlo todo.
-¡Corran vámonos de aquí!- gritó Carla mientras comenzaba a huir lejos
del muro.
Cómo si esta hubiera sido una señal para alguien que estuviera
observando al grupo desde lejos, explosiones de regular consideración detonaron
tanto en el muro como en el piso por donde se encontraban, todas esas marcas
extrañas estaban llenas de explosivos, posiblemente militares de gran potencia.
Los solados que acompañaban a Carla salieron volando por los aires
perdiendo algunas de sus extremidades para finalmente caer muertos al piso, la
joven por su velocidad y precaución de mantenerse lejos de las áreas peligrosas
pudo salir ilesa, pero antes de poder salir de la explanada un misil salió
disparado hacía ella desde una edificación cercana, lo cual la hizo retroceder
pero ni bien lo había esquivado otro llegó directo hacia ella desde la
dirección opuesta.
Carla se lanzó hacía el piso para esquivar esta nueva amenaza, pero
sabía que quienes fueran los que estaban allí estaban armados y ubicados en
distintas direcciones, los más probable es que la hayan rodeado, golpeó el piso
e hizo surgir tres paredes gruesas de tierra a su alrededor en todas las
direcciones excepto la que la llevaba lejos del muro, para poder escapar en
cuanto tuviera la oportunidad.
El piso temblaba “el muro está cayendo” pensó Carla, con lo que pudo
intuir que los explosivos colocados en el muro debieron ser aún más potentes
que los del suelo, “pensaban enterrarme bajo el muro y luego rematarme con sus
proyectiles, afortunadamente para mi estas personas no tenían los mejores
albañiles en su equipo y dejaron al descubierto sus intenciones” con ese
razonamiento final la joven decidió esperar el siguiente ataque de sus
perseguidores mientras que se ponía de pie y afinaba sus oídos para estar lista
para un nuevo ataque, pero para su sorpresa todo volvió a ser silencioso.
Esta situación extrañaba mucho a la enviada, la ponía muy tensa,
apretaba los dientes de rabia, sacó su comunicador para llamar al resto de su
ejército, comenzó con el equipo que tenía a los soldados más preparados, los
que habían sido del antiguo ejército americano, ellos podría llegar rápidamente
y colocarse en las ubicaciones ideales para eliminar a quienes sean que estén tratando
de matarla.
Pero no tuvo respuesta, trató con otro grupo, los llamó a gritos a uno y
a otro, mientras observaba su única salida frente a ella, esperando que por ahí
surja alguna persona apuntándole con un arma, pero la tranquilidad incomoda se mantenía.
No sabía que podía estar pasando,
si la ciudad estaba desierta… pero a los pocos segundos se dio cuenta que no
era que ya no hubiera nadie en la ciudad, había gente que la había estado
esperando pero querían que ella bajara la guardia, y era justo lo que había
hecho, había caído inocentemente en la trampa que ese grupo había preparado.
-¡MIERDA! – grito lanzando su comunicador al piso destruyéndolo.
Comenzó a escuchar pasos alrededor de ella pero no podía ver quiénes
eran por los muros que ella misma había creado, pero podía deducir que eran una
veintena de personas que se estaban acercando alrededor de ella, y en un
momento dado se detuvieron, calculó por la posición donde terminaron los
sonidos que se encontraban divididos en dos grupos uno a su izquierda y otro a
su derecha.
Escucho una orden en hebreo que no llegó a entender bien, pero luego de
ello el sonido siguiente fue de pequeños disparos alrededor de ella y segundos
después pequeñas granadas sobrepasaron sus muros de protección y caían sobre la
joven, eran cerca de 10 explosivos posiblemente con una capacidad de detonación
media pero encontrándose en ese pequeño espacio el daño podría llegar a ser
grave.
Era evidente que no intentaban eliminarla con eso, querían que salga de
ahí para poder enfrentarla en campo abierto, lo último que deseaba era actuar
como un animal acorralado al cual guían a su antojo sus perseguidores, pero
sabía que si se quedaba allí esos explosivos traerían como consecuencia que sus
movimientos sean mucho más limitados y torpes, como sucedió con el cohete que
le lanzó Kang en la casa blanca.
-¡Maldición! – gritó mientras corría fuera de la estructura.
Al momento que estaba por llegar a la salida da un salto sobrehumano tan
alto que si alguien la estaba esperando en la salida para dispararle o
apuñalarla lo habría esquivado, en el aire gira sobre sí misma para evitar darle
la espalda a sus enemigos que sabía ya su posición aproximada.
Ya afuera puede finalmente ver los rostros de sus perseguidores y al ver
algunas caras conocidas, se llena de odio y solo atina a decir, mientras
apretaba los dientes con fiereza, la misma frase que había dicho en su momento
en el vaticano.
-Malditos judíos…
-Así que finalmente puedo verte el rostro de cerca.- dice con fingida
tranquilidad Marcus.
El judío portaba en su mano una Torá, tenía ropas militares, sucias y
desarregladas, su cabello tampoco estaba en buenas condiciones, era evidente
que no había podido asearse en varios días. Sus compañeros estaban en situación
similar pero en ellos también resaltaba las manchas de cemento, las cuales
Carla dedujo que son la muestra que ellos pusieron los explosivos que casi la
atrapan hace unos minutos.
-Pensé que tú y tu gente ya no estarían acá.-Dijo con desprecio la
joven.
El hombre comenzó a caminar hacia ella, trataba de mostrar cuanta
seguridad pudiera y ocultar el temor que sentía, pero su tono ligeramente
nervioso comenzaba a delatarlo.
-Quizás hubiera preferido que eso pasara, en serio, ya que cuando casi
todas las personas de Jerusalén desaparecieron, pensé que había sido abandonado
por mis pecados, caí por un momento en una sensación de gran depresión, luego comencé
a buscar personas por todo la ciudad que, como yo, Dios había preferido
dejarlos aquí y los fui reuniendo uno a uno, me di cuenta que había un patrón común
en nosotros, para comenzar todos éramos hombres, judíos ultra ortodoxos y en
edades que estábamos en condiciones de enfrentarte. – Conforme avanzaba los
demás se le iban uniendo, en algunos de ellos el temor se veía más que en otros
pero ninguno parecía que fuera a huir – Así que pude ver cuál era el mensaje de
Dios, estábamos aquí para detenerte y evitar que tomes esta ciudad sagrada.
Al escucharlo Carla no pudo contradecir su razonamiento final, despreció
la situación por completo, se había centrado tanto en James y Salvador que no
pudo pensar que podría haber pequeñas amenazas como esta que había quedado en
el mundo de forma independiente. Contó al grupo, eran veintidós personas,
quizás podría eliminarlos con el fuego del infierno, pero debía tener cuidado ya
que en primer lugar podría haber más gente escondida esperando a que ella tome
la ofensiva para aprovechar y volver a dispararle desde lejos y en segundo
lugar si alguno de estos sujetos tenía adherido a su cuerpo explosivos de gran
potencia podría resultar herida como en la casa blanca y ser presa fácil nuevamente.
La joven, miraba de reojo hacia atrás, todo ese sonido debía haber alertado al
resto de su ejército y debería estar en camino, sólo debía ganar algo de tiempo
para que ellos lleguen.
-No vendrán – Dijo Yadid, el cual cargaba un rifle de francotirador – Si
estas esperando a las personas que vinieron contigo, estos rifles DAN 400, son
muy precisos, rápidos y sigilosos, al contrario de tu equipo que casi nadie tenía
entrenamiento militar, así que fue relativamente fácil reducirlo a nada sin
perderte de vista.
Carla apretó los puños, estas persona estaban mejor preparadas que los
soldados que habían venido con ella, tenían el conocimiento del lugar como una
ventaja que por lo visto habían utilizado muy bien, podía imaginarse a ese
sujeto disparando desde un edificio estratégicamente ubicado a cada uno de los miembros
de su ejército, mientras se comunicaban entre ellos para hacer seguimiento de
sus pasos.
-Pero no pensamos utilizar estas armas contigo… no creo que sean muy
eficaces para ser sinceros - comenzó a hablar Marcus, el cual le hizo una señal
con la cabeza a sus demás compañeros, lo que generó que lentamente comenzaron a rodear a Carla
apuntándola con sus armas.
-¿En serio? – Pregunto con escepticismo la joven mientras veía como los
judíos armaban un círculo alrededor de ella.- Pero veo que has invertido mucho
en este ataque… el muro ha sido dañado de forma casi irreparable.
La joven deseaba ganar tiempo, pensó que si ellos eran los únicos que quedaban
y comenzaban a dispararle, con su gran velocidad podría esquivar las balas y
conseguir que se hieran entre sí, ya que después de todo le había hecho el
favor de rodearla, si eso sucedía el fuego del infierno daría el golpe de
gracia.
-No podemos soportar que un ser como tu tome este lugar preferimos verlo
destruido antes que en tus manos – Dijo con una mirada firme Yadid.
Carla sonrió al escuchar esta respuesta, para ella el apego a una
estructura de piedra gigante le parecía una característica ridícula de ese
pueblo.
-Sabíamos que tarde o temprano vendrías aquí así que pensamos en
atraparte bajo los escombros del muro de los lamentos. – Intervino Marcus
sujetando fuertemente su Torá. – Estábamos pensando en poner una trampa similar
hoy en la sinagoga Hurva para enterrarte en ella pero llegaste muy pronto.
-Una gran idea debo admitirlo, siento haberles estropeado el plan – dijo
de forma burlona Carla, sin dejar de mirar a todos lados. – ¿Pero realmente
creen que pueden detenerme lanzándome una gran cantidad de piedra encima?
La joven comenzó a ver lo simple e inútil de su plan, y al haber fallado
sólo les quedaba como opción el combate directo, pensó en quizás un pisotón
sobre el piso y hacer surgir unas grandes columnas de tierra, sería lo
suficiente para sorprenderlos, luego atacarlos con gran velocidad en sus puntos
vitales y finalizar con el fuego del infierno como lo tenía pensado.
-No… -respondió Marcus abriendo su Torá – De hecho nuestra intención fue
siempre sólo inmovilizarte por unos segundos… verás pudimos ver los videos de
seguridad de tu enfrentamiento en el Vaticano con Clemente XV y con ello idear
un plan para acabarte.
En ese momento todo tomo sentido para Carla, la eliminación silenciosa
de su ejército, el derrumbe sobre ella del muro, el rodearla en un círculo y la
Torá, pero aun así les faltaba un elemento.
El sonido de un cuerno se escuchó en la espalda de Carla, Netaniel
tocaba con fuerza un Shofar que había tenido cargando en la espalda, invisible
para el rango de visión de la chica en todo momento hasta ahora que había estado
esperando la situación precisa para tomar acción, el sonido paralizó a la joven
por uno segundos, sentía que sus huesos era de piedra y no los podía mover.
En ese momento todos los judíos sacan sus Torás las cuales las tenían
marcadas en el Salmo 91 y con una voz
autoritaria Marcus da la indicación de inicio.
-¡Todos! ¡Ya saben lo que debemos hacer es ahora o nunca comencemos!
- Quien mora en el refugio
del Altísimo, vivirá a la sombra del Todopoderoso.-Repitieron todos a una sola
voz.
Al oírlo Carla sintió un gran dolor, estaba recuperando sus movimientos
pero le dificultaba moverse, esto era aún peor que enfrentar a las doce
exorcistas de clemente.
- Diré sobre Hashem,
"Él es mi refugio y mi fortaleza, mi Dios, en El confiaré."- Continuó
el grupo mientras cerraba aún más el círculo.
-Mal…nacidos – alcanzo a decir la joven mientras que botaba espuma por
la boca y caía de rodillas al piso.
- Y que Él te sacara de la
trampa seductora, de la pestilencia devastadora. – Decían los judíos como si
fueran un solo individuo.
La chica puso sus manos en el suelo, y comenzó a hacer brotar fuego del
infierno de su palma.
-Él te cubrirá con los extremos de sus alas, y bajo sus alas encontrarás
refugio; su verdad es un escudo y protección. – Continua el grupo a su
alrededor.
El fuego que salía de su manos era muy pequeño, y no lo podía controlar pues
el dolor le hacía perder concentración y por ende su habilidad de manipulación
era muy limitada.
- No temerás los terrores de la noche, ni saeta que vuele de día. –
Decía el grupo ahora con mayor confianza.
-¡MIERDAAA! –bramó Carla.
Las cosas le estaban saliendo muy mal, esta vez no tenía un piso
inferior al cual escapar. Estaba en una explanada sin nadie que le ayude, si
esto seguía así su fracaso sería un hecho y caería en la ciudad que esperaba
inicialmente fuera su gran trofeo de Victoria.
- Ni pestilencia que ande
en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. – La voz de los
judíos taladraban los oídos de Carla.
Comenzó a golpear el suelo tratando de hacer temblar el piso, pero si
bien pudo conseguir una leve vibración esta no fue lo suficientemente fuerte
para detener al grupo de judíos los cuales siguieron recitando los demás
versículos del salmo, hasta hacer que la chica caiga tumbada sobre el piso
jadeando.
- Escuchen… quizás podamos llegar a un acuerdo – Comenzó a hablar Carla,
en un desesperado intento de negociar con el grupo de judíos.
- ¡De nuevo!- gritó con severidad Marcus.
El grupo de veintidós judíos volvió a recitar el Salmo 91, de la misma
forma que ya lo había hecho antes, pero esta vez con mayor seguridad. Mientras
que la chica en el centro de ellos gritaba y gemía de dolor.
- Lo saciaré con larga vida, y le mostraré mi salvación. – Culminó
nuevamente el Salmo el grupo.
Al finalizar Carla dio un alarido muy fuerte y cayó al suelo inmóvil, no
se apreciaba respiración sobre ella, su mirada al vació indicaba que ya no sentía
nada, de su boca caía un delgado hilo de sangre, ambas palmas de sus manos
estaban contra el piso, su cuerpo yacía en el centro del circulo sin dar
muestra de vida alguna, todos la observaban en silencio.
-¡LO CONSEGUIMOS! – gritó Marcus a todo pulmón al tiempo que levantaba
ambos brazos hacía el cielo.
- Todo este esfuerzo dio resultado – Dijo entre lágrimas Netaniel – Si
el rabino Shentov hubiera estado acá estoy seguro de que estaría orgulloso.
-¡Así es! – Confirmó Marcus, también con lágrimas en los ojos. – Ahora
es momento que le confirmemos a Gavrel y James lo que hemos conseguido… El
mundo debe saber la verdad acerca de Carla.
Mientras la gente celebraba, se felicitaban por la proeza alcanzada y se
abrazaban, Yadid se acerca al líder del grupo y le dice:
-Marcus… ¿No eran tres veces las que se tenía que recitar el Salmo 91?
-¿He?- Respondió contrariado el judío al ser consultado.
Pero antes que pudiera terminar su respuesta, de debajo de la tierra
surgen seis delgados hilos de fuego del infierno, los cuales como finos tentáculos
se enredan rápidamente alrededor los cuellos de Marcus, Netaniel y cuatro
judíos más, la decapitación por incineración es inmediata.
Con una expresión que es la viva representación de la locura Carla se
pone de pie, respira agitadamente, demostrando que había estado conteniendo la
respiración durante un rato, de cada una de las palmas de sus manos brotan tres
hilos de fuego los cuales habían viajado por debajo de la tierra hasta salir
por otro lado para asesinar a sus enemigos, pero ahora estaban comenzando a
esfumarse.
Lo primero que hace luego de haber eliminado a líder del grupo judío es
saltar hacía el cadáver de Nataniel y de un fuerte pisotón destruye el Shofar,
pero además de ello genera un gran terremoto que hace que las edificaciones
alrededor tiemblen y que los hombres pierdan el equilibrio momentáneamente, con
lo que aprovecha la oportunidad para ponerse entre varios judíos para lanzar un
aro de fuego del infierno a su alrededor similar al que utilizó en la oficina
de Clemente XV, pero esta vez es más grande y rápido con lo que logra alcanzar
a diez personas convirtiéndolos en cadáver al instante.
Yadid y sus otros cinco compañeros ven horrorizados como en cuestión de
segundos ese monstruo había dado la vuelta a la situación eliminado a más de la
mitad de ellos.
-Es una pena que su plan tan bien elaborado se haya caído por que el que
dirigía el exorcismo, ni siquiera sabía la cantidad de veces que debía decirse
el salmo. – Dijo con respiración entrecortada Carla, mientras que estudiaba a
los que aún quedaban en pie para ver la forma más rápida de eliminarlos antes
que se manifiesten posibles refuerzos desde algún punto cercano.
-Si lo sabía… -Comenzó a responder aterrado Yadid- solo que pensó… que
por que éramos más del doble de los necesarios quizás podíamos haber acabado contigo
antes de lo esperado.
Al verse tan reducidos en miembros, los judíos restantes comenzaron a
escapar, Carla corrió tras uno de ellos, lo alcanzó y lo tomó del cuello
quebrándoselo rápidamente. Luego alzó el cadáver y lo lanzó contra otros dos
que iban lo suficientemente cerca entre ellos como para hacerlos caer, cuando
se trataron de levantar ya era tarde, la chica estaba parada al costado de
ellos, tomó a cada uno por el hombro y los calcinó con fuego del infierno en
sólo un par de segundos, no podía perder más tiempo quería que todos ellos
estén muertos ya.
El último judío que quedaba, junto con Yadid sacó su pistola Jericho y apuntó a la cabeza de Carla, ante
esto la chica con una mirada sonriente, caminó hacia él, aunque le dolía todo
el cuerpo y caminaba con cierta dificultad aun pudo decir con todo de desprecio
y burla:
-¿Ahora se les ocurre utilizar
eso? ¿No hubiera sido más fácil probar suerte cuando estaba humillada de dolor
por ustedes? Creo que se puede decir que no han perdido ante mi si no ante sus
propios descuidos.
El judío temblaba de miedo pero con toda la firmeza que pudo dijo:
- Magnificado y santificado sea el gran nombre de Dios en todo el mundo,
que Él ha creado de conformidad con Su voluntad. – Luego de eso se apuntó a la
cabeza y disparó.
La joven detuvo su andar y con decepción lanzó un suspiro de
aburrimiento, luego escuchó los pasos rápidos de Yadid que se acercaban hacía
ella.
-¡HAAAA! ¡Te llevaré conmigo maldito dybbuk!
El joven cargaba en cada una de sus manos dos granadas sin seguros, sus
intenciones eran obvias para cualquiera, así que con un perezoso tronar de
dedos Carla hizo surgir una flama de fuego infernal hacía el judío calcinándolo
de inmediato, la explosión de sus armas hizo el resto con su cuerpo.
La enviada del mal se encontraba sola en Jerusalén vio a su alrededor
por si hubiera más de ellos escondidos, pero dedujo que ya no había nadie
porque de haberlo habido hubieran tratado de ayudar a sus compañeros cuando
ella comenzó su contrataque, pero no fue así por lo que o no había nadie más o
los que habían deben haber escapado.
Comenzó a caminar aun con algo de dificultad, el dolor producido por el
intento de exorcismo judío se mantenía y le impedía moverse adecuadamente,
debía analizar la situación. En primer lugar le acababan de confirmar que Gavrel
y James estaban trabajando juntos, algo que ya sospechaba de todas formas pero
el que ellos lo supieran quiere decir que en algún momento entraron en contacto
entre ellos, en segundo lugar podría existir más grupos como este en el mundo y
finalmente ¿Sería posible que Salvador también esté con ellos? ¿Dirigiéndolo
todo desde las sombras esperando el momento exacto para atacarla?
Su estrategia de avanzar de forma despreocupa por el mundo era demasiado
arriesgada, debía replantear su forma de hacer las cosas, no podía subestimar a
sus enemigos ya que no conocía el alcance de sus fuerzas y finalmente debía de
tomar acciones más drásticas.
-Buenos Salvador si querías guerra… Guerra tendrás. – Se dijo a sí
misma, mientras que se alejaba de los escombros de lo que una vez fue uno de
los mayores lugares de veneración judía.
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