Salvador comenzó a pensar en lo que significaba lo que acaba de decir
Carla y rápidamente lo relacionó con los hechos acontecidos en los últimos días
alrededor del mundo, soldados de fuego en el vaticano e Israel al mando de un
alemán, similares de hielo en Francia y España, finalmente ahora seres de
viento en Arabia Saudita, en su análisis se dio cuenta que sólo faltaba un
elemento, pero ya habían caído los tres anticristos predichos por Michel de
Nôtre-Dame, en ese momento cayó en cuenta que quizás en ese mismo instante
estaba ante el enviado definitivo de Lucifer.
-Tierra… ¿No es así Carla?
La chica dio un par de pasos hacía el enviado, la rabia inundaba su ser
ya que nada estaba saliendo como ella esperaba, y si estos desafortunados
eventos continuaban el desenlace no sería nada agradable para ella.
-Realmente no estaba planificado que use esto hasta el día del juicio
final, pero situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.
Dicho esto la joven dio un fuerte pisotón, con el que a los pocos
segundos la tierra comenzó a temblar, el movimiento se convirtió en breve en un
terremoto, la gente alrededor de escenario comenzó a correr alejándose de
cualquier estructura que pudiera colapsar sobre ellos, la tierra se abrió desde
el punto donde Carla había puesto su pie en dirección hacia Salvador, este al
verlo salto hacía un costado evitando caer, luego comenzó a correr hacia la
chica empuñado con fuerza la espada de Dios, dispuesto a terminar la pelea de
un golpe.
-¡Necesitaras más que eso para evitar que te regrese al infierno!
La chica hizo una mueca de enojo y saltó hacía atrás un par de metros,
al caer produjo otro movimiento sísmico, pero esta vez en lugar de abrirse una
grieta del suelo brotó una pared de tierra de unos diez metros de largo por unos siete de alto, que impidió que
Salvador continuara avanzando e hizo que pierda de visto a su objetivo.
-¡Rayos!- Dijo molesto el enviado - ¡Por lo que veo vas a resistirte
hasta el final!
Salvador comenzó a correr rodeando el muro, pero al llegar al otro lado
ya no vio a su enemiga, mirando en todas las direcciones, logró ver que la
joven estaba en la parte superior del muro de tierra observándolo, deduciendo
que había utilizado su habilidades sobrehumanas para colocarse en esa posición
el enviado, hizo algo similar, dando un gran salto logra llegar hasta la mitad
de la estructura, luego con un segundo impulso logra estar a menos de un metro
de la joven.
Al verlo tan cerca, Carla da un nuevo golpe con su pie sobre el muro,
haciendo que de este surja de forma inmediata una estructura rectangular que
golpea a Salvador haciéndolo perder altura, pero mientras cae el enviado logra
clavar su espada en la estructura de tierra lo que provoca que esta se
desintegre y vuelva a ser sólo polvo.
Ambos enviados caen, pero es Salvador quien recibe menos daño ya que
logra aterrizar de pie, mientras que Carla cae doblándose el tobillo derecho y
le dificulta ponerse de pie.
-¡Maldición! – Brama con desesperación la chica de rodillas, en el piso
- ¡Esto no puede acabar así!
Un poco adolorido, pero en buen estado, Salvador camina hacia la chica
confiado en que sólo tenía que dar el golpe final.
-Parece que tu transmutación sobre la tierra, tampoco es tan efectiva...
Te has quedado sin opciones, ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Gritar para tratar de
romperme los tímpanos?
-Yo… No puedo hacer eso… -Admitió Carla apretando los dientes con furia.
La joven se sentía acorralada, analizaba su situación, su movilidad
estaba reducida por el daño de la caída, su fuego y transmutación se veían
inútiles ante el arma que portaba su enemigo, su fuerza sobrehumana no le
ayudaría mucho ya que si sólo rozara por descuido la espada sería lo último que
haría sobre la faz de la tierra.
- ¡Allahu Ákbar!
El grito de guerra, cuyo significado literal en español es “Dios es el
más grande” se escuchó a espaldas de Salvador el cual inmediatamente giró en
estado de alerta y divisó a cientos de terroristas apuntándole con sus armas,
vio como sus dedos comenzaban a presionar los gatillos, por lo que moviéndose a
una velocidad mayor de la que el mismo se creía capaz logró evadir los disparos
refugiándose en la parte de atrás del escenario.
Las balas corrían por encima de la cabeza de Salvador, por lo que el
joven pasó de ser el cazador a la presa en solo cuestión de segundos “Están
molestos por que vieron como terminé con la vida de su líder en frente de sus
ojos, además que casi elimino a quien les prometió el fin de su guerra” pensó
mientras que evaluaba sus opciones, sabía que no tenía suficiente energía y
habilidad para eliminar a cientos de terroristas y aun si lo hiciera quedaría
su imagen en el mundo como “El enemigo de Allah” o cuando menos de un genocida.
-No tengo otra opción.- Se dijo a sí mismo.
Carla desde su posición pudo ver
como un grupo de granadas eran lanzadas hacia el lugar donde se encontraba su
enemigo, pero mientras estas viajaban hacia su objetivo una gran luz se pudo
percibir en la parte de atrás del escenario, justo en el lugar donde cayeron
los explosivos y dos segundos después detonaron.
La chica levantó la mano en señal de que cese el fuego, no tenía caso
seguir. Salvador había escapado.
La rabia le hacía hervir la sangre a la chica, sus planes habían
fracasado por lo que debía de tomar medidas drásticas, trató de pararse pero le
era muy difícil, por lo que buscó a Leon con la mirada cuando lo encontró le
hizo una seña para que se acerque a ella.
El americano al verla, corrió y ayudó a ponerse de pie a la chica, puso
el brazo de ella alrededor se su cuello y la asistió en estabilizarse y
aprovechó para preguntar:
-¿Quién era esa persona?... Carla Que está…
-Ayúdame a caminar hacia esa zona. –ordenó la chica sin prestarle
atención a lo que decía el hombre que la ayudaba, señalando la parte donde
estuvo el muro que ahora solo era un montón de arena.
Ambos se dirigieron sobre esa zona y Carla miró alrededor a todas las
personas que la observaban fijamente, estas se estaban acercando lentamente, León
pensó que estaba a punto de comenzar un discurso para explicar lo que había
sucedido, pero vio como la chica daba un pisotón extremadamente fuerte sobre la
arena.
Un terremoto aún más fuerte que los anteriores se inició, la tierra se
abrió en distintas partes tragándose a absolutamente todos los presentes,
soldados americanos, camarógrafos y terroristas, sólo quedaron de pie Carla y
León, el cual vio con horror como cientos de personas murieron frente a sus
ojos en segundos sin que él pueda hacer nada por ellos.
-Carla… ¿Que has hecho?... Has…
-¡ELIMINADO A LOS TERRORISTAS! ¡ESO HE HECHO!... ¡POR ESO VINIMOS! ¿YA
SE TE OLVIDÓ?
El grito de la chica, su expresión de locura y odio en sus ojos hizo que
el militar sintiera algo que hacía años no sentía… miedo, al verla hasta cierto
punto envidió la suerte de sus compañeros pues en ese momento daría cualquier
cosa por esta lejos de esa mujer.
-Ahora vamos de regreso a la casa blanca… Toma uno de nuestros vehículos
y conduce con la mayor rapidez que puedas… No podemos perder tiempo.
Mientras tanto a miles de kilómetros al norte en el palacio del Kremlin en
Rusia, el presidente Gavrel Zubkov, un joven de baja estatura, pelo claro, ojos
celestes y contextura delgada ve tranquilamente la lluvia sobre el patio a
través de un vitral en su oficina con la manos en la espalda, cuando de pronto
una gran luz inunda la sala, la cual a los pocos segundos desaparece, luego de
ello el mandatario calmadamente gira y pregunta al recién llegado.
-¿Cómo te fue?
-Logré acabar con el terrorista… Pero luego de eso fui atacado por sus
seguidores y me vi forzado a retirarme. –Respondió Salvador algo apenado y mirando
el piso.
-Haz caer a un líder y sus seguidores se saldrán de control…Si he oído
eso antes, creo que es un proverbio chino.- Dijo Diana sentada en una sofá de
madera en la parte de atrás.
-Eso quiere decir que el grupo no estaba preparado para actuar sin una
figura que los dirija. – Razonó Emilio a su costado en el mismo mueble.
-Bueno, uno menos es mejor que nada. – Comentó el rabino Shentov,
sentado en otro sofá similar cercano. – Lo has hecho bien.
-Pero aún queda nuestro principal problema… Carla- Ratificó el Iman
Abdul al costado del judío.
-Debimos haber usado los misiles nucleares como sugerí- Agregó con algo
de enojo Kang Yong-rim, de pie con los brazos cruzados apoyados sobre una
pared, cerca de la puerta.
-Tranquilos, tranquilos…- Intervino Gavrel buscando mantener el orden –
Lo importante es que no hemos tenido ninguna perdida en nuestro lado y ellos
sí… Y el día en que todos nosotros estemos juntos unidos por un mismo objetivo…
Ha llegado... ¿Estás de acuerdo conmigo… James?
Sentado en el escritorio del presidente de Rusia se encontraba James,
tecleando y buscando información de lo que pasaba en su país y en el mundo, era
consciente que ahora necesitaba la ayuda de todas las personas que estaban en
ese despacho, pero se sentía muy incómodo con lo que se había enterado en los
últimos días.
Primero, existía una forma de comunicación encriptada entre Corea del
Norte y Rusia, que era el equivalente a un nuevo alfabeto morse, el cual
utilizaron para comunicarse con el exterior mientras estaban en el palacio del
Sol de Kumsusan, ya que había un pequeño grupo de esa nación alojado unos
kilómetros de ellos, la limitante era que sólo podían comunicarse de noche ya
que para evitar que su comunicación sean interferidas utilizabas luces que
encendían y apagaban en diferentes grados de potencia y velocidad en la ventana
más alta del edificio. Era una serie de códigos que no se utilizaban en ninguna
otra parte del mundo por lo que a pesar de que alguien pudiera sospechar algo
por ver luces parpadear de forma extraña no podía deducir cual era el
significado de estas. Adicionalmente, luego de que el grupo abandonó el palacio
en las noches se mantuvo esta actividad, pero encendiendo y apagando las luces
sin sentido alguno para que en caso alguien haya deducido que existía un
sistema de comunicación con el exterior,
se mantenga la idea de que James y Kang Yong-rim siguen en su interior.
Luego se enteró que existía un túnel de salida subterráneo en el edificio,
el cual era de aproximadamente 30 kilómetros de largo, y él no tenía ni idea de
su existencia. Por este camino, que el presidente dedujo les debió llevar al
menos diez años de construir, pudieron escapar a la tumba del rey Tongmyong, y
al igual que con la comunicación por luces fue necesario aprovechar la oscuridad
de la noche para escapar hacia un puerto en la ciudad portuaria de Tanchon,
tuvieron que hacerlo en un solo auto que a simple vista era un vehículo modesto
y descuidado cuya apariencia era muy similar a un Volkswagen Kombi T2, pero realmente estaba
hecho de material blindado y en su interior había suficiente armamento para
hacerle frente a algún pequeño grupo de soldados que tratara de interceptarlos.
Es esa huida participaron James, Diana, Emilio, Kang Yong-rim, Kim Chong y dos
soldado de elite norcoreanos. El mandatario americano había hecho algo que
jamás había pensado que sucedería, dejó a su preciada familia a cargo del
personal del palacio de Kumsusan, le
había surgido una paranoia que donde quiera que fuera Carla lo encontraría y
que mataría a todo el que esté cerca de él, y que Dios y su país lo perdonen
ahora el líder asiático era una de las pocas personas en el mundo en quien
podía confiar.
La última cuota de información, y la que más le sorprendió, fue saber
que Gavrel Zubkov, el tranquilo, sereno y calculador líder Ruso tenía muy
buenas relaciones con su enemigo norcoreano, a tal punto que había diseñado un
plan de escape en caso Estados Unidos ataque el país asiático, plan que fue
activado al poco tiempo que James entró a la residencia del supremo Líder y
luego de un par de días de viaje por carretera y el mar de Japón y un vuelo
comercial desde Nadojka, habían llegado al Kremlin en Rusia con una
sorprendente discreción, casi se podía pensar que habían hecho esta rutina
algunas veces antes.
Pero, el presidente estadounidense sabía que esta alianza, no podía
limitarse a un simple plan de escape, tenía que haber más “¿Qué pensaría Leon
si estuviera acá?” pensó “seguro que sospecharía que ambas naciones estaban
preparando un ataque contra nosotros… pero dada las circunstancias yo también
lo estoy comenzando a pensar?”
- ¿James?
La voz gentil pero firme de Gavrel lo sacó de sus pensamientos.
-¿He?… si…Todos juntos unidos por un mismo objetivo. –Respondió James
con poco ánimo.
Luego de oírlo, Gavrel suspiró y comenzó a hablar.
-Para mí también fue difícil aceptar esta situación, cuando vi por
primera vez a Carla, como la mayoría de presentes en esta sala, me di cuenta
que había algo raro en ella, pero preferí mantenerme al margen de la situación,
pues lo consideré como una “locura americana más”.
-Debo admitir que yo pensé lo mismo –Comenzó a hablar Shentov – Pero no
fue hasta que vi un ejército de soldados del infierno enfrente de la sinagoga
Hurva que me di cuenta que esto era algo que no podía haber sido hecho en este
mundo.
-Coincido con ustedes – continuó Abdul – al momento que me enteré como
el bueno y gentil clemente XV había sido asesinado, y que se encontraron
cadáveres de doce exorcistas y judíos en el mismo Vaticano, supuse que el Yihad
finalmente había comenzado… Y que aquellos que profesan un credo muy similar al
nuestro… no son nuestros enemigos.
- Y fue por eso que volaste a Israel a ayudar a los judíos. –Razonó
Emilio desde el otro lado de la habitación.
-En efecto – Respondió el Iman – Tratamos de llegar con la reina Victoria
III, pero lastimosamente las cosas no salieron como esperábamos, por lo que
decidimos venir personalmente a Moscú.
-Donde un ateo como yo no les creyó, absolutamente nada de lo que
dijeron. –Continuó Gavrel – Pero la curiosidad de que era lo que tramaban y mi
respeto por el adulto mayor me impulsó a seguirles la corriente un poco más,
pero al saber que Kang había ido en persona a salvar a James de Carla y lo
tenía bajo su protección eso era más de lo que mi cerebro podría comprender,
así que solicite que vengan de inmediato aquí para ver la verdad con mis
propios ojos.
-Y debo asumir que cuando me viste desaparecer fue lo único que
necesitabas para terminar de convencerte. –Dedujo Salvador.
-Exacto –Respondió el Ruso – Disculpa que me sea difícil creer en libros
cuestionados y traducidos a decenas de lenguas desde hace cientos de años, pero
solo puedo creer en lo que veo, como el que todos nosotros estemos aquí
enfrentando a un enemigo común y el hecho de que tú puedas desaparecer y
aparecer a voluntad, es lo más cercano a lo que yo podría llamar “un milagro”.
-En ese caso… ¿Tenemos un plan? –Preguntó Diana.
-Sí, claro que lo tengo…Pero quizás la idea le cause aún más desagrado a
James.
Al oír esto el mandatario americano tuvo un mal presentimiento y por
primera vez pensó que la bomba atómica no era un arma tan devastadora después
de todo, en especial si la comparaba con Carla.