Dos figuras encapuchadas caminan bajo el sol del mediodía del otoño
limeño, pasan desapercibidas dado que su forma de vestir se mezcla fácilmente
entre el gentío que los rodea.
-¿Estas segura que fue una buena idea dejarle nuestros pasaportes a ese…
sujeto Diana?
- Tranquilo Emilio… Erwin tendrá la apariencia de un vagabundo sin
oficio ni beneficio, pero es el mejor en lo que hace, tenlo por seguro.
El chico no estaba del todo convencido, la idea de cruzar tres continentes
con documentación falsa lo ponía nervioso, comenzaba a arrepentirse de haber
hecho eso y pensó que quizás pudo haber una forma más segura para poder
resolver ese impedimento.
-Dime… ¿realmente crees que podremos cruzar aduanas e inmigración con los
documentos que ese sujeto falsifique?
-¿Falsificar? No recuerdo haber usado esa palabra. Obtendremos visados
verdaderos y estos deberán ser registrados en la base de datos de los
consulados o embajadas respectivas.
Por un momento Emilio pensó que había escuchado mal o que simplemente el
mundo estaba de cabeza, más aun de lo que ya estaba para él, lo único que le
faltaba es saber que el sujeto con el que habían estado hace un momento era una
especie de importante embajador internacional o algo así.
-¿Perdón? Pero ¿Cómo esa imitación de persona nos va a conseguir visados
originales?
-Contactos, Emilio, contactos. Erwin sabe exactamente quienes son las personas
que brindan en los consulados y embajadas los visados y no solo plasma el
documento sobre las hojas de los pasaportes, los registros se alteran
convenientemente para dar la impresión que pasamos por allí solicitando esos
permisos de ingreso. En otras palabras, de forma ilegal conseguiremos algo
legal.
El chico no pudo evitar bajar un poco la velocidad de sus pasos al oír
eso. Jamás pensó que sería tan fácil obtener documentos de ingreso a otro país,
pero como si su amiga le estuviera leyendo los pensamientos le comenzó a
explicar.
-No creas que es algo fácil, en primer lugar ya viste que la suma de
dinero que le hemos entregado no es una que esté al alcance de cualquiera. Además
si una persona se pudiera dar el lujo de gastar esa cifra, es difícil de pensar
que se trate de alguien que no pueda conseguir los documentos por el conducto
regular. Erwin es necesario en este proceso, porque así tengamos el dinero y
tratemos de sobornar a las personas apropiadas sería difícil que nos hagan
caso, ya que sin conocernos nada les impide pensar que seamos infiltrados
tratando de buscar malos funcionarios en el sistema, de alguna u otra forma “el
pato noruego” se ha ganado su confianza y por medio de él podemos acceder a lo
que necesitamos.
-Parece que lo conoces bien.
Diana desvió un poco la mirada hacia el piso e hizo una mueca de
desagrado, y se limitó a decir.
-Hace unos años necesité sacar para una persona un documento de
identidad, partida de nacimiento y pasaporte peruano, ahí fue donde supe de su
existencia y pude saber un poco acerca su red de contactos. Sabe cuál es el
eslabón débil en cada proceso. Pero prefiero no entrar en detalles de esos
días, fue poco antes de que me conozcas.
Ante esa respuesta Emilio prefirió callar, sabía que si su compañera no
deseaba hablar de algún tema en específico, simplemente no lo haría, por más
que se le insistiera.
Al cabo de un par de horas ambos estaban de regreso en la casa de Diana,
donde Salvador los esperaba junto con Beatriz y Karen en la misma sala donde
fue atendido por primera vez después de su pelea con Carla, que ahora llena de
pomadas, vendas y frascos recordaba a una sala de enfermería. Las heridas de
corte del enviado estaban sanando a un ritmo normal, pero las quemaduras casi
no presentaban mejoría.
-Creo que, esto tardará un poco más de lo que esperaba.- Dijo la joven
estudiante de medicina, mientras le cambiaba los apósitos por segunda vez en el
día. – Estas quemaduras demoran mucho en sanar.
-Es natural, estas heridas fueron hechas por el fuego del
infierno…-explicó Salvador, el cual se veía mejor, pero movía lo menos posible
sus brazos dado el dolor que le causaban las quemaduras.- Este elemento no
existe en este mundo y por tal los medicamentos que tienen no surten el efecto
esperado.
Emilio, mientras lo escuchaba pensaba para sus adentros, que otras
sorpresas podría albergar esta chica y si sería suficiente la espada que irían
a buscar a la india para vencerla. A pesar de querer preguntarle su opinión a
su amigo sobre las dudas que lo agobiaban prefiero callar, dado que temía que
la respuesta no lo tranquilizara ni a él ni a las personas que estaban en ese momento
en la sala.
Luego de que Beatriz y Karen se fueran Diana le dijo a su amigo:
-Comienza a empacar hoy mismo ¿de acuerdo? Si esperas a última hora
estoy segura de que olvidaras algo, y en el tiempo libre que tengas comienza a
tratar de conocer un poco las costumbres y el idioma de Cachemira, lo último
que necesitamos es que una de tus imprudencias haga que medio pueblo se nos
eche encima.
-De acuerdo, de acuerdo – Emilio sabía que la chica podía volverse muy
detallista a tal nivel que una persona normal la podría encontrar desesperante.
Dado que todos los recursos médicos se encontraban en la sala de Diana y
era riesgoso mover a Salvador porque se le podría abrir de nuevo la herida del
pecho, decidieron que era mejor dejarlo pasar la noche en ese lugar y mañana
decidir donde se quedaría.
Emilio regresó a su casa y en ella a regañadientes, comenzó a armar su
maleta de viaje. Su amiga le había dicho que solo estarían cuatros días en el
lugar por lo que seleccionó la ropa exacta. Luego de poner sus útiles de aseo,
se dio cuenta que le sobraba algo de espacio. Se le vino la graciosa idea de
que terminaría llenándola con recuerdos que Diana compraría allá, pero dada la
situación actual, no les quedaría mucho tiempo para “recordar” el viaje.
Eran poco más de las 7 de la mañana cuando el timbre de la casa de
Emilio, sonó con gran insistencia, el chico se levantó maldiciendo a la persona
que estaría en su puerta, “Si es un testigo de Jehová que viene a darme su
opinión de Carla o algo similar, le pediré que se la expliqué a la pared de mi
casa… le hará el mismo caso que yo” pensó para sus adentros.
Al bajar y abrir la puerta el joven, vio a Diana en la puerta de su
casa. Se notaba que se había bañado y arreglado recientemente, vestía una blusa
negra y unos pantalones jeans. Sin esperar a que se le diga palabra alguna, entró
a la casa de su amigo diciendo:
-Gracias por invitarme a pasar Emilio, que caballero eres. Te comentó
que llamé a Erwin tendrá nuestros pasaportes listo para hoy en la noche, por lo
que tenemos todo el día para hacer aprender sobre el lugar a donde vamos. ¿Ya terminaste
tu maleta? ¿Necesitas algo más?
-Pues en estos momentos se me ocurre ponerle una lentilla a mi puerta
para evitar que la gente entre sin que yo la invite, ya van dos veces que me
pasa eso en estos días.
La chica le brindo una sonrisa burlona, la cual casi se convierte en una
carcajada al ver que la persona que tenía en frente era evidente que acababa de
salir de la cama.
-De acuerdo “bello durmiente”, pero antes de pensar en aditamentos
innecesarios para tu casa podrías por favor ponerte lo más decente que puedas,
mientras yo te haré el favor de hacerte el desayuno, el cual estoy segura será
el más balanceado en nutrientes que debes haber disfrutado en meses.
Emilio, por toda respuesta cerró la puerta e hizo una mueca de disgusto,
no le gustaba que esa chica le dé órdenes pero sabía que si discutía con ella
era casi imposible que no le termine dando la razón. Sin decir mayor palabra
subió las escaleras de su casa, se bañó y se puso una camisa blanca y
pantalones jeans.
Al bajar encontró en su mesa de comedor un vaso de jugo de naranja, pan
integral con queso jamón y lechuga y huevos revueltos en un plato. Mientras que
su amiga estaba sentada en el lado derecho de la mesa tomando una taza de té al
verlo ella le explicó:
-Tenemos muchas cosas que hacer, por eso te preparé algo con alto
contenido proteínico y que te de energía para que no me vengas en 4 horas con
que quieres ir a comer comida rápida o algo similar, recuerda que podemos estar
a puertas del fin del mundo pero igual debo cuidar mi silueta.
Ante semejante explicación, el chico jugueteó con la idea de
administrarse unas cucharadas de somnífero en su vaso para dormir durante el
resto del día y librarse de Diana, pero sabía que ella encontraría la forma de
despertarlo, por lo que se limitó a comentar:
-Al menos espero que tenga un buen sabor.
-El sabor no está necesariamente relacionado con el contenido
nutricional de los alimentos.- Respondió la chica mientras tomaba de su taza de
té.
Emilio comenzó a comer el desayuno que la joven le había preparado,
sabia mejor de lo que esperaba, pero prefirió no decirlo dado que el ego de la
chica ya estaba lo suficientemente alto, por lo que prefirió desviar la
conversación por otro lado.
-Diana, si dices que Erwin va a tener nuestros pasaportes listos en la
noche ¿Se puede saber cuál es la urgencia de venir a despertarme a estas horas
de la madrugada?
-Son las 8 de la mañana Emilio, el hecho que tu no hagas nada durante
casi todo el día no quiere decir que las personas normales no aprovechemos
nuestro tiempo de la mejor forma posible. En primer lugar debemos de cambiar
dinero, a pesar que te cueste difícil de creer no en todo el mundo se compra
cosas usando nuevos soles peruanos, así que será mejor que vayamos a alguna
casa de cambio en el Jirón Ocoña y compremos unos cuantos dólares, con dos mil cada
uno será más que suficiente esos nos dará unas 120 mil rupias indias las cuales
compraremos cuando lleguemos allá. Al hacerlo así no solo estamos obteniendo el
tipo de cambio más ventajoso sino que será más seguro, pues dadas las altas
transacciones que se manejan en ese sitio no llamaremos nada la atención por
solo comprar esa cantidad cada uno.
Por lo visto la chica había trazado un plan para poder adquirir efectivo
muy eficiente, pero el joven aun tenia una duda que no iba a dejar pasar:
-¿Y para eso debías de despertarme a estas horas? Eso lo pudimos hacer
en la tarde mientras que yo aprovechaba la mañana para hacer cosas más
productivas como…
-Como dormir y desperdiciar horas de valioso tiempo que no tenemos –
interrumpió la chica – ahora termina de comer y deja de quejarte pareces un
niño. El resto del día lo emplearemos en conocer las costumbres e idiomas del
lugar. Yo trataré de ver la forma de hacernos entender en lo que respecta a
direcciones, como pedir comida, buenas costumbres y normas de comportamientos,
en cuanto a ti me contento con que aprendas a saludar y poder preguntar dónde
está el baño de hombres.
Emilio detestaba que le dijeran o lo trataran como un niño pero hizo caso
para evitar que la discusión se prolongue innecesariamente. Luego de terminar
de desayunar, se lavó los dientes mientras que su amiga limpiaba la mesa.
En poco más de una hora ambos jóvenes caminaban por las calles del jirón
Ocoña, la zona se caracterizaba por ser una central de cambios de monedas de
distintos países, era fácil de encontrar dólares, euros, pesos colombianos,
bolivianos, entre otros y al mejor tipo de cambio de la ciudad. Pero encontrar
rupias indias era casi imposible, por ende la mejor opción era conseguir
dólares americanos. Los negocios eran pequeños y muy juntos entre sí. En casi
todos se podía ver letreros con los valores de la compra y venta de dólares y
euros. En los que eran de un mayor tamaño también se mostraban los valores a
ofrecer para transacciones de monedas sudamericanas.
Antes de buscar la casa de cambios adecuada ambos fueron a un banco a
sacar el dinero necesario de sus respectivas cuentas bancarias para poder
comprar los dos mil dólares que requerían. Emilio tenía una cantidad decente
proveniente de la herencia de su fallecido abuelo por lo que no tuvo problemas
en retirar el dinero necesario. Diana tenía una envidiable cuenta bancaria que
le permitía vivir muy tranquilamente.
-¿Bueno ya estás listo?- Dijo la chica.
-Sí, Diana. ¿Ya decidiste en qué lugar cambiaremos nuestro dinero?
-No, pero demos un corto recorrido a la zona. Para ver si es que
encontramos una buena oferta.
Después de caminar unos minutos se dieron cuenta que el tipo de cambio
era casi el mismo en todos lados, por lo que decidieron entrar en la que les
pareció menos ocupada de todas así evitaban hacer una cola innecesaria.
-¡Listo!- Dijo la chica con mucho entusiasmo- Ahora a nuestro próximo
destino.
-¿Y se puede saber cuál es ese?- Preguntó Emilio.
-La embajada de India en Perú obviamente.
-¿Pero no dijiste que tu amigo Erwin nos conseguiría los visados con sus
contactos?
-Así es, pero no se me ocurre un mejor lugar para saber un poco más de
la cultura de ese país que en su embajada.
Una hora después ambos amigos se encontraban frente a las instalaciones
de la embajada India en Perú, el edificio era de un color amarillo y de dos
pisos de alto. Se podía ver tanto la bandera de india como la de Perú flameando
en la parte superior de la puerta de entrada, en ella un vigilante de seguridad muy amablemente les
consultó por el motivo de su visita por lo que Diana con su carisma natural le
explicó que deseaba visitar la biblioteca del lugar, bajo la excusa que eran
dos jóvenes estudiantes de la carrera de turismo y hotelería y necesitaban
información para un proyecto orientado a incentivar un mayor flujo turístico
hacia “el encantador y poco publicitado país Indio” según las palabras de la
joven durante su explicación.
-No solemos tener muchas visitas como ustedes- les dijo el trabajador de
seguridad, con una sonrisa muy cordial- será un placer ayudarles a dar a
conocer un poco más de esta maravillosa nación. Por favor, pasen y por la
primera puerta de la derecha darán a un pasadizo, al final de este estarán en
la puerta de nuestra biblioteca, es pequeña pero espero que encuentren lo que necesitan.
-Seguro que así será.- Respondió Diana con una sonrisa, igual de
cordial.- Muchas gracias y que tenga un buen día.
El interior de la embajada era de un color similar al de la fachada
exterior. Se podía ver tres relojes en la parte posterior, bajo ellos estaba
escrito Perú, Bolivia e India. En algunos paneles de lectura habían colgados
recortes e impresiones de noticias de acuerdos, sociales, económicos y
culturales entre los tres países mencionados, así como publicidad de cursos
relacionados a la costumbres indias. Había una pequeña sala de espera al lado
izquierdo con muebles de madera y forros de color blanco, se veían muy cómodos.
Giraron hacia el pasillo del lado derecho que los dirigía a la biblioteca,
caminaron sobre una alfombra azul con decorados de color naranja, en su camino vieron
algunos cuadros de personajes Indios, al menos eso supusieron por los nombres
poco comunes para ellos.
-¿Por qué crees que también toman en cuenta la hora de Bolivia?-
preguntó Emilio.
-Me imagino que por necesidad, o poco tránsito de bolivianos a la india no es necesario
mantener una embajada en ese país y los que deseen tramitar algo tendrán la
complicada tarea de venir hasta acá a hacerlo. No serían la primera embajada en
el mundo que trabaja de esa forma.
El chico pensó que era una suerte que las cosas no fueran al revés ya
que sin importar que clase de contactos tenga Erwin, se tardaría más de dos
días en conseguir los visados si es que tenía que enviar los pasaportes fuera
del país.
Al terminar de recorrer el pasadizo e ingresar en la biblioteca los
recibió una señora de unos 50 años, sentada en un escritorio de madera, vestida
de blusa azul, pelo negro, piel marrón y lentes delgados de montura de color
plata, les brindó una amable sonrisa y les dijo:
-Buenos días, no solemos tener muchas visitas, ¿a que se debe el gusto
que dos apuestos jóvenes nos honren con su presencia el día de hoy?
-Es usted muy amable- respondió Diana riendo un poco- Somos estudiantes
de turismo y hotelería y estamos trabajando en un proyecto que tiene como
objetivo poner a la India como un destino turístico más atractivo de lo que es
ahora, para lo cual nos encantaría poder revisar algunos libros referentes a su
maravillosa cultura.
-¡Ho! será un gusto ayudarles, por favor pasen y siéntanse cómo en su
casa. -respondió la mujer con mucho entusiasmo- Tenemos una sala de lectura
donde se pueden acomodar y pueden contar conmigo para bridarles el material que
ustedes consideren necesario.
Ambos chicos se acomodaron donde se les indició y Diana solicito les
pudieran brindar libros referentes a las costumbres y protocolos de
comportamiento del país. En cinco minutos la amable bibliotecaria regresó con
seis libros de diferentes tamaños y se los puso a su lado.
-Si necesitan algo más no duden en solicitarlo, estaré en mi escritorio.
Emilio esperó hasta que se alejara la mujer para comentarle a su amiga:
-Que amables son todos por aquí. No me esperaba que fuera tan fácil
ingresar a estos documentos.
-No estamos consultando sus registros militares Emilio, y tengo la sensación
que somos los primeros visitantes de esta señora en días.
Durante el resto del día ambos jóvenes pasaron el tiempo revisando
publicaciones relacionados con la cultura y el idioma indio, mientras que
Emilio solo había llegado a ojear un libro y medio, Diana llegó obtener buena
información de 5 diferentes impresos 2 en español y el resto en inglés. Solo
hicieron una pausa para almorzar y lo hicieron en la cafetería de la embajada,
no ofrecía un menú muy variado pero prefirieron no perder el ritmo de sus
actividades alejándose innecesariamente. Llegada las 6 de la tarde, hora en que
la bibliotecaria les informó que debía cerrar, los dos amigos se retiraron de
las instalaciones de la embajada, hacia su siguiente destino: la oficina de
Erwin.
Realizando una solicitud similar a la del día anterior en la planta baja
del restaurante, accedieron al despacho del traficante, el cual los esperaba
vistiendo exactamente igual que el día anterior, lo que hizo que Emilio se
preguntara si siquiera se tomó la molestia de bañarse.
-¡Bienvenidos!- dijo casi gritando Erwin- les tengo excelentes noticias,
no fue nada fácil y me costó pasar casi todo la noche sin dormir, además de
cobrar algunos favores pero conseguí lo que necesitaban.
Diana y Emilio avanzaron por el
lugar y la chica le dijo en tono sarcástico:
-Erwin eres tan maravilloso, te haría un monumento en mitad de la plaza
de Lima si es que las palomas no tuvieran ya suficientes lugares donde hacer
sus necesidades. Déjanos ver eso.
El joven les pasó los documentos a sus dos clientes, y estos los
inspeccionaron con mucho cuidado.
-Esto… estás seguro que no tendremos ningún problema al pasar los
controles de inmigración ¿verdad?- preguntó Emilio.
-Por supuesto que no tendrán problema alguno, ninguno de mis clientes se
ha quejado alguna vez por mis servicios, amigo. –Respondió Erwin en tono
jactancioso.- ¿Qué te hace pensar eso?
-Que cuando a tus clientes los atrapan prefieren usar su única llamada
para contactar a un abogado, antes que a un traficante de documentación.-
Respondió Diana en tono irónico, sin sacar la vista de su pasaporte.
-Muy graciosa, muy graciosa. –Respondió el aludido, en forma cortante-
¿Alguna vez alguien te dijo que te dedicaras a la comedia? Espero que no,
porque déjame decirte que no te iría nada bien. A todo esto ¿tienes el resto
del pago que me prometiste por el gran esfuerzo que significó tener estos
papeles de un día para otro?
Diana guardó su pasaporte en su bolso, y sacó su chequera, escribió y
firmó el documento de la parte superior y se lo entregó al chico en frente de
ella diciéndole.
-Espero que tu trabajo sea de la calidad que se espera de un…
“profesional” de tu nivel.
Erwin tomó el cheque y era muy difícil no notar el brillo en sus ojos al
ver esa cifra escrita en él, sin apartar su mirada le respondió a Diana:
-Obvio que mi trabajo es de lo mejor, no has tenido ningún problema con
los documentos que te…
-No es necesario que entremos en detalles de transacciones pasadas.
–Interrumpió la chica de forma repentina- Creo que la discreción es fundamental
en este negocio también ¿verdad?
Ambos jóvenes miraron a Diana, parecía que incluso se había puesto un
poco nerviosa, algo muy raro en ella.
-Claro, tienes razón- Dijo el chico mientras doblaba el cheque y se lo
guardaba en el bolsillo- La discreción es fundamental tanto por el proveedor
como por el cliente. Dime dulzura ¿hay algo más que este pobre comerciante de
sueños y oportunidades pueda hacer por ustedes?
-¿Te volviste poeta de repente? Hazle un favor al mundo y no se te ocurra
seguir esa profesión.- Dijo la chica con una sonrisa burlona- No, no tenemos
ningún negocio adicional contigo. –Se giró a hacia el lado donde estaba su
amigo- ¿Revisaste tu pasaporte bien Emilio? ¿Tu nombre está bien escrito? ¿Las
fechas son las adecuadas?
-Pues sí, todo parece estar en orden.
-Entonces, no tenemos nada más que hacer acá. Erwin me gustaría decir
que fue un placer verte, pero no soy tan buena mintiendo. Que pases una buena
noche y hazte un favor a ti mismo y báñate al menos una vez cada dos días ¿de
acuerdo?
-Jajaja, lo tendré en cuenta preciosa.- Respondió el chico de forma
despreocupada.
Luego de salir del restaurante de comida china Emilio le comentó a su
amiga.
-Realmente este ha sido un día muy productivo, ¿Qué crees que Carla ha
estado haciendo durante este tiempo?
-Mucho me temo que debe estar pensando en entrar en contacto con la
comunidad a la cual ella considerara más fácil de convertir a su lado… ¿Te
imaginas cuál es?
El chico pensó en las tres religiones principales musulmanes, cristianos
y judíos pero ninguna le parecía más fácil de convertir que las otros dos. Por
lo que probó suerte diciendo:
-Este… ¿Musulmanes?
-No Emilio, no creo que vaya primero por los musulmanes, ni por los
judíos o los cristianos si esas eran tus otras dos opciones.
-Entonces, ¿Por quienes iría?
-Se me ocurre otro grupo humano un poco más susceptible.
A miles de kilómetros de distancia en el despacho Oval de la casa Blanca
Carla Moon Haya, se encontraba sentada en el escritorio del presidente de los
estados Unidos. James Burt en frente de ella la observaba de pie, mientras que la
chica revisaba un conjunto de hojas que el mismo le había traído un par de
minutos antes.
-¿Y dices que se reunirán en el “Giants Stadium” en New Jersey?-
preguntó la chica sin sacar las vista de las impresiones que tenía sobre el
escritorio.
-Si… creen que eres una estafadora y piensan tomar una acción en común
para demostrarlo.-respondió el presidente, visiblemente nervioso.
Carla se puso de pie y con una sonrisa que mostraba seguridad y algo de
malicia dijo.
-¡Excelente! Tenerlos a todos ellos en un mismo lugar era lo mejor que
me podía pasar.
La primera hoja sobre la mesa tenía la foto de
un hombre mayor, de más de 60 años. Vestía un saco gris y una corbata roja.
Tenía algunas arrugas en la cara y el pelo casi totalmente gris. En la imagen
se le veía sonriente, debajo de ella se podía leer “Robert Down – 3 veces
premio nobel de física”