Había un gran silencio en el despacho Oval en la casa blanca en estados
unidos, Carla Moon Haya se encontraba llena de polvo y suciedad por los
acontecimientos recientes, el dolor iba aminorando pero era remplazado por una
desagradable sensación de frustración ocasionada por la persona que estaba en
frente de ella.
-¿Para ayudarme? – Dijo con furia y mostrando los dientes– ¿Es que
parece que necesito ayuda?
El hombre frente de ella, comenzó a reír ligeramente y respondió.
-Pues, en lo que va de estos días no has hecho los mejores progresos
posibles… -Comenzó el hombre con un tono jactancioso- Perdiste las confianza
del presidente de los estados unidos, fallaste en aliarte con el líder de la
religión católica y por si eso no fuera poco ocasionaste que judíos y
Musulmanes se unan para enfrentarte.
La ira de Carla iba en aumento, y esta sensación se le sumaba el
desconcierto de que la persona que estaba en frente suyo esté tan bien enterada
de la situación.
-Por lo visto él te ha informado muy al detalle.- Dijo la chica al
momento que avanzaba hacia el escritorio del presidente, y se sentaba detrás
del computador – Pero recuerda que tengo a una potencia europea conmigo y muy
pronto el país de más importante de América también me apoyará.
El hombre la observaba mientras Carla comenzaba a teclear sobre la
computadora a una velocidad impresionante, era tan rápida que casi no se le
podía ver los dedos y manifestó admirado.
-¡Increíble! ¿Qué es lo que estas escribiendo? ¿Algún tipo de amenaza?
-No exactamente, algo mejor – respondió la joven sin levantar la vista
del monitor – Ahora ¿podrías ver si la impresora tiene papel cargado…. Este…
¿Cual me dijiste que era tu nombre?
El hombre comenzó a caminar hacia la impresora y mientras lo hacía
respondió:
-No te lo dije… pero me suelen llamar Damian – agrega al tiempo que abre
el compartimiento de papel del equipo- Solo hay cerca de veinte hojas aquí.
-Busca más y coloca todas las que puedas.- Responde Carla sin prestar
mayor atención a otra cosa que no sea lo que está escribiendo.
Luego de que Damián llenara la bandeja de la impresora esta comienza a
emitir varios documentos que son los que Carla había estado redactando.
-¡Listo! Esto debe ser suficiente –Manifiesta la chica visiblemente
agotada y frotándose sus adoloridas manos – Junta todo en un sobre y tráelo
acá.
-¿Qué es esto fichas de datos de personas o algo así?- Preguntó el
hombre mientras recogía los papeles y hacia lo indicado.
La joven toma el sobre y lo observa.
-Hay más de una forma de hacer que esta nación haga lo que requiero.
–Dice mientras toca el material con dos de sus dedos, al hacerlo este comienza
a tomar una apariencia similar a la que tendría si hubiera estado escondido por
años.
-¡Wow! ¿Eso es un truco de magia? – Exclama Damian al ver ese fenómeno
tan extraño.
Sin prestar mucha atención a sus consultas Carla comienza a decir:
-Dime… Damian… Aunque dudo que ese sea tu verdadero nombre… ¿tú eres el
líder de alguna secta satánica verdad?
-No, -Responde el hombre,
realizando una mueca de disgusto – Soy Luciferista… Creo que de alguna forma
soy similar a ti ¿verdad?
-No me metas en tu mismo saco… Bueno, dime que tan grande es tu grupo.
-En solo estados unidos hemos sobrepasado los 10 mil integrantes
recientemente – Responde con un tono que denota poca humildad – Tenemos
empresarios, maestros, abogados…
-No me interesa tanto detalle – Interrumpe la chica con una voz
autoritaria – Reúne a todos los que puedan ser útiles como soldados, a los que
tenga influencia económica, en sí todo el que puedas sernos de utilidad para
manipular a esta nación.
-De acuerdo… ¿Puedo saber algunos detalles más de tu plan?
-Te los diré en su momento. –Respondió la chica de forma cortante pero
la verdad es que ella aun no lo tenía completamente definido. – Por ahora
desaparece sin llamar la atención.
-Esa es mi especialidad –Respondió Damian con una sonrisa de confianza
que mostraba los dientes. – Pero me extraña que no hayas tenido información
acerca de mí.
-Solo se información de gente que valdría la pena saber su vida ¿Crees
que hay cerebro humano que pueda contener la información de cientos de millones
de personas? – Respondió la joven sin quitar la vista del sobre que tenía en su
mano. – Evidentemente tú no estás en ese grupo.
Damian emitió un sonido de desagrado y se retiró, mientras Carla se sentó en el lugar
del presidente de estados unidos esperando que ciertas personas entraran en
cualquier momento. Casi media hora después irrumpieron en el despacho oval tres
personas: Un hombre alto de cabello rubio corto y ondulado de ojos azules, a su
lado un hombre también rubio pero más bajo y algo subido de peso y los
acompañaba una mujer de pelo negro y ojos café, seguidos de diez soldados del ejército
fuertemente armados, al entrar vieron a la chica sentada cómodamente en el
sillón presidencial sin mostrar la más mínima seña de nerviosismo dijo:
-Los estaba esperando señores aunque no con personal armado.
-Dinos que ha pasado – Dijo el hombre más alto – Hemos visto en las
cámaras de seguridad que James escapó con personal militar… Norcoreano.
-Son observadores, señor Vicepresidente Paul Mccann – Mencionó la chica
al tiempo que se ponía de pie. – Es evidente que James en quien ustedes
confiaban no era quién realmente ustedes pensaban y siempre les oculto
información.
-Cuida tus palabras jovencita... estas hablando del presidente de los
Estados Unidos. – Dijo enérgicamente el hombre de menor estatura.
Al oír esas palabras, los soldados apuntaron a Carla con una actitud desafiante,
ella al verlos le respondió:
-Excelente trabajo, no esperaba menos del secretario de defensa, mi
estimado Leon Carter… pero por favor podría decirle a sus soldados que bajen
las armas. – Mientras dice esto la chica se pone de pie – Pueden ver que estoy desarmada,
herida y cansada, ¿aún me ven como una amenaza?
Manteniendo un tono serio y sin sacar la vista de la chica, Leon le
responde:
-Hemos visto de lo que eres capaz, acá… En New Jersey con Robert Down y en
Europa también han pasado… cosas.
La chica emite un suspiro y se encoje de hombros, con un tono
despreocupado responde:
-Creo que tienes tu punto… pero yo no estoy involucrada en todo lo que
ha pasado en ese continente. –Levanta el sobre y comienza a buscar un papel
especifico, al hacerlo los soldados hacen un gesto como si estuvieran a punto
de disparar. - ¡Solo quiero sacar un papel para mostrárselo al secretario de
defensa! ¿Creen que en este sobre entra una bomba nuclear? Me recuerdan a los
hombres que atacaron al indefenso Jesús en Getsemaní.
Ninguno de los soldados reaccionó ante ese comentario.
-Ateos…-Dijo Carla para sí- Que conveniente… Carecen del miedo ante una
deidad superior.
Al terminar el comentario la chica sacó un par de hojas de papel, los
puso con la parte escrita hacia abajo y los deslizó por la mesa hacía Leon.
-Te recomiendo que solo tu veas lo que hay ahí.
El secretario de defensa con mucha desconfianza se acerca lentamente
hacia la mesa y toma las hojas. Al revisarlas la expresión de su cara cambia a
asombro y su mirada es de nerviosismo, rápidamente gira la cabeza y dice:
-¿De... Donde has sacado esta información?
-Estaba en el escritorio de James… hay más pero no creo que sea
conveniente que lo vean tantos ojos. –Respondió la chica a vez que lanzaba una
mirada al resto de personas.
-Todos a excepción de Paul y Katherine… retírense. – Indicó Leon.
Todos miraron con estupefacción al secretario de defensa y nadie se
movió.
-¡Es una orden! – gritó enfurecido y visiblemente nervioso.
Los soldados con una expresión de duda comenzaron a retroceder,
lentamente bajaban las armas y uno a uno se fueron retirando del despacho Oval
cerrando el último la puerta.
- Leon… ¿por qué has hecho esto?… Acaso no te has dado cuenta del
peligro que esta chica representa. – Dijo Katherine sumamente nerviosa.
Al oírla Carla con tranquilidad sacó un papel del sobre y se lo entregó
y al verlo, la mujer exclamó con impaciencia:
-¡No puede ser! Esta es información de mi madre… su estado de salud… su
rutina diaria… sus gustos de comida.
-Y está es la información de mis dos hijas.- Dijo Leon- Sin sacar la
vista de los documentos que sostenía.- Incluso sabe sobre su urticaria
acuagénica de la menor, que hemos tratado de esconderlo del público.
-Eso es… ¿Alergia al agua? –Preguntó Paul con cara de asombro.
-Así es – respondió Carla – un solo vaso de agua podría matar a la niña…
por su lado, vicepresidente ¿usted sabía que su hermano es alérgico a la picadura
de abeja? Una sola podría causarle un paro cardiorrespiratorio lo cual puede
ser mortal.
-Eso es… imposible…- Manifestó Paul visiblemente nervioso.
La joven extendió un papel hacía el hombre y este lo tomó y comenzó a
leer.
-Las actividades que hace en su trabajo, donde suele ir a comer, incluso
el plato que suele pedir.
-Cómo puedes ver sería muy fácil deslizar un poco de veneno de abeja en
su comida y terminar con su existencia – Comentó Carla – Pero no sólo es eso,
una picadura de abeja casual en un viaje sería suficiente. Realmente es muy
desconsiderado de parte de James el no advertirte eso… O quizás no le convenía.
-¿Que insinúas? – Preguntó Katherine.
- Katherine Grey, siendo la secretaria de seguridad Nacional te lo debes
de poder imaginar… James tenía como eliminarlos a ustedes y a su familia en
caso los considere por decirlo de una forma suave “Prescindibles” – Respondió la
chica con frialdad.
- ¡Eso es imposible! – Bramó Leon.
-Lo siento- respondió con calma Carla, mientras caminaba alrededor del
escritorio- pero es la verdad, aquí tengo fichas de datos similares de ustedes,
y el resto de miembros del gabinete de James… es Obvio que estaba planeando
algo y ustedes mismos han visto como Kang Yong-rim ha cruzado el océano para
salvarlo… ¿ustedes sabían que había contacto entre ellos?
Los tres funcionarios del gobierno no sabían que responder y esperaban
que uno de los otros tenga la respuesta adecuada o supiera algo que ellos no.
-Es evidente que no –continuo Carla dando un respiro – Bueno… creo que
ahora sabemos que debemos hacer.
-¿A qué te refieres? – Inquirió Paul.
-¿No es obvió? – Comenzó Carla – James Burt tiene información, contactos
y recursos para acabar con la vida de ustedes y sus seres queridos, quién sabe
que más pueda tener que no esté aquí, debemos iniciar un operativo militar para
su captura y eliminar a cualquiera que se interponga… Por el bien de este país
y sus familiares.
Al oír esta declaración las otras tres personas, quedaron mudas de la
impresión.