En el despacho Oval, Carla Moon Haya se encuentra sentada en la silla
que debería de usar solo el presidente de la nación más poderosa del mundo,
hablando calmadamente en un perfecto italiano, mientras en frente de ella en
una silla de visita James Burt observa a la joven con una mirada de impotencia,
cada vez siente más que está perdiendo el control de la situación y eso hace
que su incomodidad sea frustrante.
Luego de una conversación de casi treinta minutos la joven cuelga el
teléfono, se levanta de la silla, observa al presidente y con una sonrisa
triunfante le dice:
-Muy bien, vamos a visitarlo.
-¿Aceptó verte?- pregunta incrédulo James.
-Si- responde la chica mientras se acomoda su cabello- conversamos sobre
nuestras propias interpretaciones de la palabra de Dios, hay elementos sobre
los cuales debo de hacer unas aclaraciones pero en términos generales creo que
pensamos de forma similar.
Los dos abandonaron el despacho, horas después se encontraban volando en
el air forcé one, la sala de reuniones se sentía excesivamente grande para solo
dos personas, pero el orgullo de James evitaba que sus consejeros y personal
cercano estén cerca de Carla, temía que de alguna forma estos comiencen a
respetar más a la chica que a el mismo. Con una gran tranquilidad la joven
dijo:
-Yo hablaré a solas con él, espero que no tengas ningún problema con
eso.
-Pe... pero yo lo conozco desde hace 15 años.- Comenzó a quejarse James-
Estoy seguro que seré de ayuda, no puedes…
-Y yo conozco los 75 años de su vida al detalle- Interrumpió Carla con
tono autoritario- Si digo que es mejor que haga esto sola es porque existe una
razón para ello ¿Me comprendes? Podría fácilmente aislarte de toda la situación
en general si así lo prefieres.
-No – Respondió inmediatamente el mandatario- De acuerdo lo haremos como
indicas.
El Air Force One, aterrizó impecablemente en el Aeropuerto Internacional Leonardo da Vinci, era
de noche, estaba oscuro pero se podía divisar que les esperaba una comitiva de
más de veinte personas de seguridad y cinco unidades de transporte blindadas
para llevar a sus ocupantes hacía la plaza de San Pedro.
Los vehículos escoltados por cerca de cincuenta oficiales de la policía
avanzaron por la ciudad de Roma a gran velocidad, hasta ingresar en el
territorio del Vaticano, normalmente el lugar se encuentra repleto de turistas,
pero esta vez por primera vez en siglos parecía un pueblo fantasma se solicitó
que todos los turistas se retiren, el 95% de los trabajadores también habían
abandonado las instalaciones y se cancelaron todos los recorridos y actividades
programadas para esa noche.
La caravana de autos se detuvo frente a la basílica de San Pedro, Carla
Moon Haya, descendió de la unidad central y con una elegante caminata se
dirigió hacia los escalones, algunos guardias de seguridad se acercaron, pero
ella les dio la indicación de que se mantengan en sus posiciones, en la puerta
del edificio el papa Clemente XV esperaba a la chica, era un hombre de cuerpo
grueso, de piel oscura y ya avanzado en edad, tenía el cabello cubierto de
canas y era el cuarto papa de origen africano en la historia de la iglesia
Católica.
-Bienvenida a la casa del señor.- Saludó amablemente y con una dulce
sonrisa el anciano.
-Muchas gracias por la bienvenida- Respondió la joven con una mirada
seria – pero seré yo quien dictamine si esta es o no la casa del señor.
-Por supuesto que si - respondió sin perder la sonrisa el sumo
pontífice- por favor, la invito a ingresar a nuestra santa sede donde podremos
conversar con mayor tranquilidad.
Ambos ingresaron al templo, caminaron entre las tumbas de los antiguos
papas. Manteniendo un aire de prudencia y un ligero tono de incomodidad Carla
dijo:
-Veo que la sencillez no es precisamente su fuerte Clemente, ¿Alguna vez
ha comparado la simplicidad de las mezquitas con la opulencia que algunas
catedrales e iglesias en el mundo muestran?... ¿Exactamente que entienden
ustedes con que el hijo de Dios naciera en un pesebre?
Sin interrumpir su marcha, ni cambiar su amigable semblante su compañero
contesto:
-Somos conscientes que no reflejamos una imagen que resalte por su
humildad, peros siendo siete mil millones de personas, divididos en cerca de
200 países, con una barrera lingüística de casi 7 mil idiomas, debemos contar
con los medios para poder llegar a todos, además debemos cubrir los gastos de
mantenimiento da las estructuras y soportar una nómina de poco menos de mil
personas, comprenderás que esto amerita que tengamos una fuente de ingresos,
pero mantenemos audiencias gratuitas semanales.
-Se ve que, domina las cifras mundiales.
-Debemos tener claro a que apuntamos si deseamos llevar la palabra de
Dios a todos los rincones del planeta.
Ambos caminaron por unos diez minutos más hasta llegar al interior de
una gran oficina, en ella predominaba el color blanco, las dimensiones era
superiores a la del presidente de estados unidos, había un librero de manera
que cubría casi toda la pared izquierda y en el fondo un escritorio de fino
acabado de mármol con diseños dorados, en la parte posterior había una cómoda
silla blanca y en la delantera tres sillas similares.
Clemente XV, cerró la puerta detrás de ellos y por primera vez perdió su
sonrisa y comenzó a caminar hacia el escritorio mucho más lento de lo que lo
había hecho hace unos minutos, y con un tono serio preguntó:
-Bueno, ¿En que puede ayudarte este humilde servidor de Dios?
Carla notó el cambio en la entonación de las palabras pero no le prestó
mayor atención.
-Creo que iré directo al grano, no vale la pena alargar las ideas
innecesariamente, quiero que admitas ante el mundo entero, tus fieles
seguidores en especial, que yo y solamente yo soy la única representación de
Dios sobre la tierra.
El hombre de edad avanzada no perdió la calma, de alguna forma esperaba
una petición similar desde un principio. Se apoyó de espaldas a su escritorio y
manteniendo el tono de seriedad, respondió.
-Creo que tu solicitud es algo ambiciosa – levantó la mirada hacia el cielo
– ¿pretendes que se te adoré a ti y se te ponga al mismo nivel de Dios?
-Si no recuerda bien, Jesús es considerado verdadero Dios y verdadero
hombre, conmigo la situación no tiene que ser muy diferente, estamos hablando
de seres similares.
-¿Similares? Si, en eso estoy de acuerdo contigo… -bajó la mirada, y sus
ojos se encontraron – pero diferentes a su manera.
- ¿Lo dice por la diferencia de género? Ese es un pensamiento muy
machista – La chica comenzaba a impacientarse – Por si no lo ha visto he recreado,
milagros similares a los de mi antecesor… o ¿También cree que eso fue una
patraña?
Clemente XV comenzó a moverse hacia un extremo de su escritorio, a la
vez que respondía:
-No creo que lo que pasó en Estados Unidos haya sido un engaño o una
actuación – Se frotó los ojos –Creo que todo es verdad… realmente eres un ser
con capacidades que van más allá de nuestra compresión normal.
-Entonces… - comenzó a decir la chica con una sensación triunfal -
¿Confirmaras al mundo mi naturaleza divina y me darás el trato que merezco?
-Por supuesto que te daré el trato que mereces…
Con la mano izquierda, el sumo pontífice toca un botón rojo escondido en
la parte derecha del escritorio. A los pocos segundos una docena de personas
entró corriendo a la sala y rodeo a la chica, todos cargaban cruces de
distintos diseños, materiales y tamaños, eran cuatro mujeres y ocho hombres,
dos de los cuales eran ancianos, uno de ellos gritando dijo:
-¡Aléjate de esta criatura de Dios! ¡Ser maligno y despreciable!
EL otro anciano también gritaba y decía:
-¡Dinos tu nombre! ¡Dinos tu nombre! ¿Y cuántos de ustedes son?
Los otros diez empuñaban sus cruces como si fueran escudos en contra de
Carla, lo que hizo que la chica sintiera un dolor horrible y se doblegara hacia
el piso mientras se agarraba con una mano el pecho, y se apoyaba sobe la otra.
-In… felices- Dijo con dificultad, mientras un poco de espuma salía de
su boca.
Los doce exorcistas comenzaron a cerrar aún más el círculo, pero se
detuvieron al ver que de la mano que Carla había apoyado en el suelo salía una
flama de color negro, la cual comenzaba a expandirse por el piso debajo de
ella. Finalmente el fuego hizo que la superficie donde se encontraba se
desprendiera y cayera al nivel inferior. Al ver este fenómeno todos quedaron
atónitos incluso Clemente XV, el silencio fue roto por un hombre de unos
treinta, años más musculoso que los demás y con cabello rojo.
-¿Viste Brenda? Realmente esta mujer es diferente a algo que cualquiera
de acá haya enfrentado hasta ahora.- y con un aire de satisfacción añadió –
Valió la pena que dejaras tu misión en África, ¿A que sí?
-Basta Redo, eso realmente no me importa. –Respondió una chica de
cabello oscuro hasta los hombros delgada y vestida con una camisa azul sin
mangas y pantalones vaquero.- Y sobre lo de África terminé lo que fui a hacer
antes de llegar acá.
El sumo pontífice se acercó al grupo a felicitarlos:
-Lo han hecho muy bien, es especial ustedes dos- Dirigiéndose a los más
ancianos- Dimitri pusiste énfasis en tratar de expulsar los demonios de esa
chica mientras que Gibran trataba de saber su nombre y si había más de uno.
Dimitri que tenía una barba larga hasta el cuello, seriamente respondió:
-Gracias Clemente, pero esto no ha acabado aún- Dio una mirada al
agujero del piso – Debemos de encontrar a esa criatura y liberarla de sus
demonios.
-Realmente es impresionante que solo en tres días lograras reunir a los
doce mejores exorcistas del vaticano – Agregó Gibran mientras miraba al grupo –
Incluso cuando algunos estaban en Sudamérica y Oceanía.
-Los medios de comunicación de ahora facilitan mucho…
La frase de Clemente XV se detuvo cuando las luces de toda la basílica
de San Pedro se apagaron, y a los pocos segundos se encendieron unas débiles
luces de emergencia.
-Esta chica… debe de haber encontrado el tablero de control eléctrico. –
Comentó un hombre de unos cincuenta años vestido de negro, de cabello casi
completamente gris y rizado.
-Así parece Volker- Respondió Gibran – Pero no perdamos tiempo vayamos a
buscar a esta chica antes que le haga daño a alguien más o a sí misma.
Los doce exorcistas rodearon a Clemente y salieron de la oficina, a
pesar de las luces de emergencia era difícil ver por dónde ir, por lo que
Brenda sacó una linterna para ayudar a iluminar el camino del grupo. Al ver
esto una joven chica de unos veinticinco años, de baja estatura pelo largo
hasta la cintura, guapa, que vestía una blusa verde oscuro con una casaca
marrón comentó admirada.
-¡Brenda! Tenías una linterna contigo, siempre estas preparada para
todo.
-¡Por supuesto que sí! – Respondió con algo de impaciencia la chica – De
no ser así ahora estaría muerta, lo que me sorprende es que alguien como tu
haya llegado tan lejos sin romperse una pierna o perder un brazo Saby.
-Sí… a mí también.. – Dijo en voz baja la pequeña chica mirando al piso.
Saby se sentía un poco insegura en ese grupo no se consideraba digna de estar
con exorcistas de la talla de Brenda, Gibran o Dimitri, pensaba que el papa
solo la consideró porque quería completar los doce y ella en esos días estaba
en el vaticano.
-No te deprimas Saby – Dijo sonriendo una mujer de pelo Rubio, gorda y
de más de cuarenta años vestida de Negro con una casaca rosada, mientras le
ponía una mano sobre el hombro – Para tu edad también has conseguido logros muy
difíciles de alcanzar.
- Gracias Jadzia.
- ¿Podemos concentrarnos en encontrar a la poseída?- Interrumpió un
hombre de cara arrugada con un parche negro en el ojo izquierdo y con una
casaca de color naranja con azul– Quiero irme de aquí sin perder otra parte de
mi cuerpo, tengan los dos ojos bien abiertos que yo no puedo hacer eso.
- Roger tiene razón – dijo Dimitri a la cabeza del grupo junto a Gibran.
– Todos estén concentrados y no suelten sus crucifijos.
Luego de caminar con cuidado el grupo llegó a la zona donde se
encontraban las tumbas de los antiguos papas, y podían ver la luz de la puerta
de salida a la plaza de San Pedro.
- ¿Pero dónde se ha metido esta mujer? – Dijo Redo con impaciencia.
- Cálmate y mantén los ojos abiertos. -
Lo tranquilizó Gibran.
Los exorcistas llegaron a la mitad del gran salón justo debajo de un
candelabro gigante de acero. Un diminuto trozo de piedra del techo cayó sobre
la cabeza de Brenda lo que hizo que la chica mirara hacia arriba.
-¡Cuidado!- Grito con todas sus fuerza al tiempo que se alejaba y jalaba
de un brazo a Clemente XV.
El gran Candelabro se desprendió y cayó sobre ellos pero gracias al
grito de Brenda los más jóvenes lograron salvarse, pero Dimitri, Gibran, Jadzia
y Volker no se movieron a tiempo y el gigantesco adorno los aprisionó
matándolos de inmediato.
-¡HAAAA! ¡Jadzia! ¡Gibra… -Comenzó a gritar Saby.
-¿Te quieres callar? – Ordenó Brenda – ¡Mira hacia arriba!
Sobre ellos Carla los observaba desde una columna, de la cual saltó
hacia otra y luego a otra para finalmente caer entre ellos y la puerta de
salida.
-¿Cómo hiciste eso? – Preguntó Redo.
-Con algo llamado fuego del infierno. –Respondió la chica mientras les
daba a todos una mirada asesina. – Una lástima que solo pudiera pulverizar a
cuatro de ustedes.
Redo, Roger y una chica de piel blanca muy alta y delgada corrieron a
ponerse en frente de ella, Brenda estaba a punto de acompañarlos, pero Clemente
XV la detuvo y le dijo:
-Debemos volver a mi oficina…
Brenda, se da cuenta que es una orden y decide dar marcha atrás y regresar,
le da una indicación a sus compañeros cercanos para que la sigan y deja atrás a
los tres exorcistas que se adelantaron a enfrentar a Carla, quien al ver eso
les dice de forma burlona:
-Parece que han decidido abandonarlos.
-Con nosotros es suficiente para reducirte- Dijo Redo de forma
desafiante.
-El único poseído que alguna vez me dio miedo fue el que se llevó mi ojo
– Dijo Roger, mientras que se llevaba la
mano sobre su parche – Pero incluso en esa ocasión pude sacarle los demonios
que tenía adentro esa persona.
-¿Pueden dejar de presumir y comenzar a actuar o esperan que yo lo haga
todo? – interrumpió de forma tajante la chica que se había quedado con ellos.
-Mipsy tiene razón, podemos dejar nuestras historias para después Roger,
ya que estamos por tener una nueva hazaña que contar – Indicó Redo con
seguridad.
Los tres empuñaron sus crucifijos, Redo sacó un biblia y Mipsy un
rosario y corrieron hacia Carla, la chica al ver esta reacción sonrió con
malicia.
En el pasadizo de regreso a la oficina, el papa con los cinco exorcistas
restantes corrían tan rápido como podían.
- No sé si fue buena idea dejar a Redo, Roger y Mipsy solos contra ella,
Brenda.- Dijo Saby.
- Deja de preocuparte por ello, a diferencia tuya esos tres han
enfrentado a los poseídos más violentos que hemos tenido en los últimos años.-
respondió Brenda de forma autoritaria.
Transcurrieron unos cinco minutos y comenzaron a visualizar la puerta de
la oficina a solo unos metros cuando escucharon pasos extremadamente rápidos
atrás de ellos. Los seis voltearon al mismo tiempo y se quedaron paralizados
del miedo al ver como Carla se les acercaba extremadamente rápido.
Uno de ellos, un joven de tez blanca, pelo rubio con barba y ojos
verdes, vestía una camisa blanca y pantalones marrones, caminó alejándose del
grupo y les dijo:
- Brenda, tú y los demás entren a la oficina yo la detendré.
-¿Jeremy te has vuelto loco?- Gritó Brenda.
-No… pero de todos nosotros yo soy quien tiene un arma más que los demás
así que es posible que pueda hacer algo diferente.
Luego de oír eso Brenda apretó los dientes y jalo a Clemente XV hacía su
oficina sabía que Jeremy era diferente a ellos, pero dudaba que esa
particularidad lo ayude contra semejante enemigo.
Los cinco entraron a la oficina y el último, un chico de pelo castaño
largo hasta los hombros y con ropa de color rojo cerró la puerta detrás de
ellos y colocó los seguros luego de ello voltio a decir sumamente preocupado:
- ¿Qué vamos a hacer realmente creen que Jeremy tenga alguna oportunidad
contra ella?
-¿Cuál es esa otra arma que él dijo tener?- preguntó Saby.
-¿Conoces a Jeremy desde hace más de cinco años y no lo sabes?- replicó
Brenda con impaciencia y giró a mirar al chico de la puerta – En primer lugar
necesito que te calmes Kerby y aléjate de la puerta ya que no es seguro que…
En ese momento el brazo de Carla aparece atravesando la puerta y toma a
Kerby del cuello, al tiempo que la chica termina de atravesar hacía la oficina
destruyendo el resto de la puerta, el joven forcejea cuanto pueda para zafarse
pero a los pocos segundos es incinerado por un fuego oscuro y su cadáver es
soltado al piso ante la mirada de los
demás.
- ¿Realmente fueron tan idiotas de pensar de pensar que porque ese chico
era también un Judío podría hacer algo diferente? – Bramó Carla visiblemente
alterada – Una mente tan confundida es un intento patético por detenerme.
La chica estaba despeinada, sudando y expulsando algo de espuma por la
boca, era evidente que a pesar de no haberla podido detener los intentos que se
hicieron la habían afectado. Clemente XV comenzó a retroceder hacia la gran
ventana al otro extremo de la oficina resguardado por los últimos tres
exorcistas que quedaban. Carla avanzó hacia ellos de una forma extraña como si
se estuviera quedando sin fuerzas.
Brenda vio a las dos personas que la acompañaban: Saby y un hombre de
más de 30 años, de pelo plateado, vestido con una gran saco negro y a pesar de
la situación tenía una mirada seria hacia su enemigo.
-Genial, estoy sola con una incompetente y el mudo… Oye Endimión, te
molestaría decirme en que estas…
Antes que la joven terminará de hablar el aludido sacó dos pistolas de
color plateado y comenzó a disparar a Carla con ella en una decía “Right Wing”
y en la otra “Left Wing”.
-¿Pero qué estás haciendo?-Gritó Saby con espanto- ¡la vas a matar¡ y lo
que se supone debemos hacer es…
-A veces debemos destruir el recipiente para hacer que los demonios
regresen a donde pertenecen. – La interrumpió el hombre con frialdad– No es la
primera vez que recurro a este método.
Los primeros disparos toman por sorpresa a Carla y cae sobre sus
hombros, lo que la hace chillar de dolor, pero logra esquivar los demás y como
si hubiera recuperado su energía se lanza contra Endimión y con una potente
barrida le quiebra las piernas.
Al ser golpeado de esa forma el exorcista cae gritando de dolor y suelta
una de sus pistolas pero con la otra aun trata de dispararle a la chica. Saby
al ver que Carla estaba concentrada en otra persona y le estaba dando la
espalda saca un rosario de plata de su bolsillo y se lanza sobre ella y trata
de estrangularla con él, la atacada es tomada por sorpresa y se retuerce del
dolor, trata de agarrar a la persona que tiene detrás pero dado lo pequeña que
es le es muy difícil alcanzarla, pero logra girar su cabeza lo suficiente como
para verla a los ojos.
Saby trata con todas sus fuerzas de ahogar a su víctima y a la vez
escudarse con ella de algún disparo de Endimión, se da con la espantosa
sorpresa que de la piel que toca su rosario comienza a salir humo como si la
estuvieran quemando, además parece que Carla tuviera colmillos y sus ojos se
han vuelto dorados, algo que ella nunca había visto ni escuchado en la escuela
de exorcismo.
Pero su mente regresa a un episodio de su vida cuando era niña y se ve a
sí misma con su abuela, en la sala de su casa y esta le está leyendo un pasaje
de la biblia:
-…El mismo Satanás se disfraza como ángel de luz…
La mente de Saby regresa a la actualidad y gira la cabeza para mirar a
Brenda y le grita desesperada:
-¡Brenda! Ella no es una chica poseída, ella es un verdadero demo…
Con horrible grito gutural Carla enciende sus dos manos con el fuego
infernal y gira sobe si misma generando un anillo oscuro, el cual alcanza a
Endimión y a Saby carbonizándolos. Pero con su último esfuerzo la chica lanza su
rosario hacia Brenda y este llega a sus pies.
El cerebro de Brenda trabaja a la mayor velocidad que puede, milagros,
fuerza y velocidad sobre humana, un fuego oscuro que no tiene explicación. Sin
sacar la vista de Carla, se agacha y toma el rosario con la mano derecha
mientras que en la izquierda se aferra a su crucifijo.
-Tú… no eres una mujer poseída.
Con una expresión que refleja la demencia y el dolor por el que está
pasando Carla le responde.
-¿Te doy un premio? ¿O ya es suficiente premio que la chica que tanto
menospreciabas fue la única que se dio cuenta? – Comienza avanzar torpemente
mientras que habla en tono de burla – Si se hubieran dado cuenta antes, y en
lugar de tratar de sacar demonios inexistentes de mí, me hubieran atacado directamente como lo hizo
este pistolero de segunda quizás ahora la que estaría tirada en el piso sería
yo.
La ira y frustración se apoderan de Brenda y actúa de forma impulsiva,
le lanza el crucifijo hacia la cara, pero este al tocarla rebota con una fuerza
muy superior a tal punto que le regresa atravesándole el hombro derecho. Golpe
tan doloroso que la hace ponerse de rodillas ante su adversaria que ya está muy
cerca de ella.
-¿De rodillas ante mí?... finalmente están haciendo lo correcto.
La exorcista al darse cuenta de la posición en la que estaba, dejando de
lado el dolor y su orgullo empuña el rosario de Saby y trata de golpearle la
cara. Pero su puño es interceptado por Carla y esta comienza a incinerar su
mano izquierda mientras que ella también se hace daño por el contacto con el
rosario, ambas mujeres gritan de dolor, pero solo hasta que el brazo de Brenda
está prácticamente inservible es que Carla la suelta y da un salto hacia atrás.
El papa Clemente XV está pegado a la ventana de la parte de atrás de la
oficina, y ve la espalda de la única sobreviviente que está encarando al
peligro más grande que han afrontado. Recuerda la última vez que la vio
alejarse de una forma similar, y recuerda una escena de hace cerca de un mes en
esa misma oficina.
-¿Entonces este será tu último trabajo?- Dice Clemente XV sentado en su
escritorio.
-Si al menos por ahora, luego que regrese de África me iré directo a
Argentina. – explicaba Brenda sentada frente a él. -Quiero estar un tiempo con
mi madre, y estoy conversando con un chico muy seguido últimamente, no sé,
quizás la vida de una persona normal que sale con alguien no esté del todo mal.
-De acuerdo- sonríe amablemente el papa – esta será tu última misión,
luego de eso espero que te vaya bien, eres joven y aun puedes decidir qué es lo
que quieres para tu vida.
La chica se levanta, sonriente también, se da media vuelta y se aleja
del escritorio.
-Así es, creo que estar cerca de mi familia es lo mejor, extraño comer
naranjas y pomelos.
El papa vuelve a la realidad y ve a su última defensora encarando una
muerte segura las frases “última misión” y “quiero estar con mi familia”
resuenan en su mente generándole un sentimiento de culpa lo que hace brotar una
lágrima que recorre su mejilla izquierda.
En un acto de desesperación Brenda, saca de un pequeño bolso tres
frascos en los que tienen etiquetas que dicen “Banneux”, “Fátima” y “Lourdes”,
y los lanza contra Carla quebrándose y vertiendo su contenido sobre ella,
ocasionándole un enorme dolor que la hace retroceder momentáneamente. Era agua
bendecida en tres lugares del mundo donde se dieron apariciones marianas
reconocidas por la iglesia, las tenía guardadas para cuando tuviera que
enfrentar algún demonio particularmente fuerte, pero jamás pensó que utilizaría
las tres al mismo tiempo.
Cansada, con sangre brotándole por la herida del hombro y sin más ideas
para seguir adelante Brenda cae sosteniéndose sobre su brazo izquierdo. Su
enemiga se pone en frente de ella con una mirada de ira, pero ella sin miedo le
dice:
-No me arrepiento de nada… - Gira la cabeza y ve el cadáver de Saby –
Bueno… quizás si de algo, vamos haz lo que viniste a hacer.
Con furia Carla toma la cabeza de Brenda y en solo un par de segundos
incinera su cuerpo, para luego lanzarlo hacia un lado de la oficina con
desprecio, luego torpemente se acerca hacia la única persona con vida del
lugar, el papa Clemente XV quien empuñaba su propio crucifijo, el cual comenzó a alzarlo sobre su cabeza.
Dañada por las heridas y el agua bendita, con voz débil comienza a decir:
- Doce exorcistas, bien pensado… ¿en qué te inspiraste? ¿Los doce
discípulos de Jesús? ¿Las doce tribus de Israel? ¿Los doce hijos de Jacob? ¿Las
doce constelaciones? Da igual… todo está relacionado. – Viendo el crucifijo del
papa alzado. – No me digas que piensas golpearlo con eso en la cabeza y salir
corriendo es lo más estúpido que se te pudo haber….
Antes que terminara la frase cinco bolas de fuego entran por la ventana
generando una explosión en la habitación, el cuerpo de Clemente XV es despedazado, mientras que Carla sale
volando por el aire pero hasta golpearse contra una pared. Con quemaduras y
golpes, logra ponerse de pie para ver en el exterior a las personas que habían
disparado los proyectiles, y ve a unas veinte personas que tenían kippahs,
talits, Streimels y bekishes, por lo que no puede
evitar gritar:
-¡Malditos
judíos!
En ese momento
el fuego que había generado las explosiones se junta en una pared cerca de ella
formando un rectángulo del cual emerge una persona de casi un metro ochenta de
alto, de pelo negro y con un pequeño bigote cuadrado, viste un uniforme militar
y en su brazo izquierdo tiene una cinta roja con una esvástica, al verlo Carla
dice:
- Así que… ¿Te
ha enviado a ti?... bueno ¿crees que esta vez lo puedas hacer bien?
Al oírlo el
hombre responde:
- ¡Ween!