El sol se ocultaba en el cielo de Washington, dentro de una camioneta
presidencial de color negro viajaba Carla Moon Haya, estaba cansada por su
viaje desde Inglaterra, y sus heridas no terminaban de cerrarse, vestía ropa
cómoda adquirida recientemente, la cual consistía en una blusa negra, una
casaca azul y unos pantalones vaquero celeste. Le había dado unas indicaciones
precisas a Daniel Cannon acerca de lo que debía hacer mientras ella estaba en
estados unidos, resolviendo el primero de sus problemas. Debía de proclamar que
la reina murió, cegada por su ambición intentando eliminar a una enviada de
Dios verdadera de forma similar a como Clemente XV.
Luego de un recorrido de casi una hora desde el aeropuerto de Washington-Dulles,
la camioneta ingresa a las instalaciones de la casa blanca y se detiene frente
a la puerta principal, la joven desciende del vehículo, mira a su alrededor y
solo ve a una persona en frente de ella, un robusto hombre de piel oscura que
la saluda amablemente.
-Señorita Carla, muy buenas tardes, que bueno es tenerla de regreso. El
presidente está ansioso por hablar con usted.
La chica le devuelve la sonrisa y responde con mucho carisma.
-Es bueno estar de regreso, tengo muchas cosas que contarle a James, espero
que no ande sumergido en papeleos.
-No, no lo está – respondió el hombre al tiempo que amablemente le abría
la puerta – por favor adelante la espera en el despacho oval.
Al ingresar a las instalaciones de la residencia presidencial se
sorprendió de verla repleta de gente, normalmente no había muchas personas a
esa hora, pero podía ver periodistas, ministros con sus equipos de trabajo,
algunos militares y gente que ella no conocía, todos la saludaban con mucha
amabilidad y manifestaban su alegría de tenerla de regreso, algunos periodistas
le tomaron algunas fotos al tiempo que le preguntaban cómo le fue en
Inglaterra, Carla tuvo que abrirse paso con mucho esfuerzo y cortesía diciendo:
-Gracias por la agradable bienvenida, les informaré al detalle de la visita
efectuada en Inglaterra luego de conversarla personalmente con James.
A pesar de su respuesta algunas personas insistían en tratar de hablar
con Carla por lo que la chica tuvo que acelerar el paso y tratar de ignorarlos.
Cruzó los pasadizos internos de la casa blanca hacia el despacho Oval, la
puerta se encontraba cerrada pero no llamó e ingresó directamente.
Al ingresar se percató que las cortinas que usualmente estaban abiertas se
encontraban completamente cerradas y pudo ver a James Burt sentado en su
escritorio revisando varios documentos, al verla el mandatario se puso de pie y
con una sonrisa le dijo:
-¡Carla! ¡Qué bueno que estas bien!... escuché que Victoria trató de
asesinarte.
La chica se acomodó un poco el cabello y con mucha tranquilidad, respondió:
-Sí, pero después de lo que pasó en Italia ya me estoy acostumbrando a
estos actos de herejía inspirados en el miedo, la ignorancia y el temor de
perder el poder que pueden llegar a tener algunas personas.
Mientras la joven avanzaba por la oficina, James se acercaba a ella, se
podía ver una gotas de sudor recorrerle la frente, dada su preparación como
mandatario de un país tan importante como estados unidos estaba acostumbrado a
mantener la calma en todo momento, pero alguien tan perceptiva como Carla podía
notar que incluso su frecuencia de respiración estaba más acelerada de lo
normal y percibía un ligero temblor en su cuerpo.
-Veo que has llenado el lugar de gente hoy James, ¿vas a dar una
conferencia de prensa?
-¡Ho, me descubriste Carla!-respondió James con el tono más relajado que
pudo manifestar- Dados los acontecimientos sucedidos en el vaticano e
Inglaterra creo que es importante que te dirijas al país tu misma indicando lo
que ha pasado, con ello la gente podrá despejar sus dudas acerca de ti, ¿sabes
que estos sucesos han despertado rumores negativos hacía ti verdad?
Al oírlo la chica sintió gran desconfianza, sabía que James ya no
confiaba en ella como antes, y el hecho de que la casa blanca esté tan llena de
gente debía de tener un motivo oculto más allá que una conferencia de prensa,
pero no lograba encajar todas las piezas, las personas que había visto no
aparentaban ser militares encubiertos y si lo hubieran sido el mejor momento
para atacarla hubiera sido hace unos minutos cuando pasó entre ellos,
finalmente no esperaba explosiones como en España ya que muchas persona
saldrían heridas, así que trato de seguirle la corriente al presidente:
-Me parece una excelente idea James, debemos de aclararle la perspectiva
a las personas.
Ambos caminaron hacia la puerta, Carla se dio cuenta que el presidente
tenía la mano izquierda introducida en uno de los bolsillos de su saco y al
parecer movía nerviosamente un objeto dentro de él.
-¿Qué es eso que tienes en el saco James? – preguntó mientras señalaba
con un movimiento de su cabeza hacía la mano guardada del mandatario – parece
importante.
Al oír la pregunta James se detuvo y con un tono nervioso respondió:
-No es nada Carla, vamos afuera nos están esperando.
Con un rápido movimiento la joven tomó el brazo del presidente y comenzó
a presionarlo ligeramente mientras decía con seriedad:
-Insisto.
Con una mueca de dolor por la presión ejercida James Burt saca la mano
de su bolsillo en la cual lleva un elegante bolígrafo Montblac dorado, adornado
con diamantes, forzando una sonrisa le dice:
-Es un regalo para ti, pensaba guardarlo en su caja antes de dártelo…
pero parece que me arruinaste la sorpresa.
Al oírlo Carla suelta el brazo del presidente y toma el bolígrafo y
observa cada detalle con cuidado y asombro.
-Vaya…. James lo siento – comienza a decir la chica sin dejar de
observar el objeto que tiene entre sus dedos – No esperaba esto, es realmente
hermoso… pero hay un problema…
-¿Cuál? – preguntó extrañado el hombre a su costado.
Sin decir otra palabra, Carla lanza el bolígrafo al suelo con una fuerza
tan destructiva que este se parte en dos, dejando ver en su interior donde
debía estar la carga de tinta un pequeño dispositivo electrónico con una luz
roja que parpadeaba.
-Bueno James…- comenzó a decir la chica con gran malicia mientras
observaba el lapicero destruido en el piso – Creo que el juego terminó, la red
de espionaje británica es de las mejores del mundo y pudieron darme un buen
alcance de lo que planeabas… realmente no sé cómo esperabas que el mismo truco
funciona…
La chica tuvo que dejar de hablar, James con un rápido movimiento saco
de su manga derecha un electrocutador de defensa personal revestido doblemente
por material aislante el cual presionó contra la espalda de Carla activándolo y
generando una descarga tan potente que el dispositivo explotó.
-¡HAAAA! –gritó de dolor la chica mientras caía al piso.
Esta pequeña pero efectiva acción le dio la oportunidad a James para
escapar a toda velocidad del despacho Oval, dejando atrás a la adolorida joven,
la cual trataba de recuperar la movilidad de su cuerpo, el amperaje del equipo
utilizado contra ella había sido modificado a 100 veces lo necesario para matar
a una persona normal, pero en su caso solo le generó una parálisis de la cual
se estaba recuperando.
Segundos después la chica se lanzó a la carrera detrás del mandatario,
corría lento porque sus músculos no le respondían como normalmente lo hacían, al salir de la oficina se dio con la sorpresa
de que la casa blanca estaba completamente vacía, todas las personas que había
visto al entrar habían sido evacuadas en solo unos pocos minutos “va a hacer
estallar todo este lugar, tal y como lo hizo Fernando IX” pensó Carla mientras
se dirigía a la parte de atrás del edificio.
Al cruzar la puerta que da acceso a la zona trasera de la casa blanca,
pudo divisar cinco helicópteros militares con la bandera de los estados unidos
en ellos, los cuales comenzaban a despegar, este era el motivo del inusual
cierre de cortinas del despacho oval, las ventanas de la oficina daban a esa
zona y si Carla los hubiera visto se hubiera dado cuenta del plan. James Burt a
unos veinte metros corría tan rápido como podía hacia uno de ellos. Al verlo la
joven sonríe cruelmente y dice para sí:
-Tal y como lo esperaba.
A los pocos minutos de llegar al país el servicio de inteligencia
británico, le advirtió que la fuerza armada estadounidense, preparó cinco
helicópteros de guerra de modelo Bell AH-1Z modificados para lanzar misiles
actualmente experimentales, pero con la potencia para destruir toda la casa
blanca de un solo disparo. La chica pudo deducir finalmente la estrategia de
James, él no era un hombre moribundo con Fernando IX, por lo que no estaba
dispuesto a sacrificarse. El electrocutador diseñado para paralizar sus movimientos,
debía de retenerla el tiempo suficiente en el despacho oval para que el
mandatario escape y aborde los vehículos militares que dispararían no una, sino
al menos diez veces, uno después de otros hasta asegurarse que Carla haya
muerto. Pero para su mala suerte del presidente el dispositivo solo pudo
detener completamente a la chica por menos de un minuto y además no contaba con
que había personal fiel a la corona Británica infiltrado en sus filas, con los
accesos necesarios para sabotear sus unidades.
Buscando dentro de su bolsillo, Carla encuentra un pequeño dispositivo
con un botón negro y una antena plateada, con una sonrisa victoriosa lo
presiona, para ver como uno a uno a los helicópteros vuelan en pedazos, todos a
excepción de uno.
Durante la explosión James se tira al suelo y se cubre, al levantarse ve
aterrado que solo queda uno de sus vehículos, gira y su miedo se duplica al ver
que Carla está en la puerta de la casa blanca observando la escena y caminando
hacía el, por su lado la chica está algo contrariada ya que había indicado
colocar explosivos en los cinco helicópteros no entendía por qué uno seguía en
pie.
Del único vehículo militar que aún quedaba operativo se abrió la puerta
de acceso y un militar con un uniforme verde Olivo emerge con un lanza cohetes
y grita.
-¡AL SUELO MALDITO AMERICANO!
Al oírlo James vuelve a tirarse al suelo, en seguida el soldado dispara
y el proyectil pasa por encima del mandatario con dirección a Carla, la cual al
verlo lo esquiva con relativa facilidad dando un paso a la izquierda esperando
que este siga su trayectoria y se estrelle contra la pared de atrás, pero al
momento que el explosivo está por terminar de pasar este detona con una fuerza
que hace que la chica salga volando varios metros.
Luego de caer siente una combinación de dolores por la descarga
eléctrica, la explosión y el reciente golpe, pero comienza a pensar “cohetes de
explosión controlada remotamente, como no pensé ese detalle”, con gran furia se
pone de pie y rápidamente se coloca detrás de los restos en llamas de unos de
los helicópteros para esperar el siguiente ataque.
Por su lado James se pone de pie y se dirige al helicóptero operativo
que ya estaba cerca de un metro y medio sobre el nivel del suelo, al llegar
puede ver que junto al soldado hay otra persona que solo logra reconocer cuando
está lo suficientemente cerca, era un hombre regordete de pelo negro y que le
daba una mirada de desprecio:
-¡No puede ser!- Dijo el presidente con estupefacción – ¡Tú eres Kang
Yong-rim!
Dentro del helicóptero en el cual James pretendía escapar, se encontraba
uno de sus mayores enemigos, el líder supremo de Corea Del Norte. Una nación
que odiaba a su país y lo consideraban como el origen de todos sus males.
-¡Por favor querido sube! –Una mujer alta de pelo rubio, delgada y con
un bebe en brazos aparece del interior con una mirada atemorizada.
El ver a su esposa e hija de un año, hizo un efecto casi mágico sobre
James, como si supiera que dentro de ese vehículo está la seguridad, el
presidente de un salto se agarra de la base del helicóptero, el soldado en su
interior deja el arma y lo ayuda a subir.
La aeronave comienza a elevarse, en su interior se vive una tensión tan
fuerte que es casi palpable, el líder coreano cargaba en su mano un dispositivo
electrónico del cual colgaban unos cables cortados y lo lanza al piso, cerca de
los pies de James.
-Estúpidos explosivos americanos, solo tardamos dos minutos en
desarmarlos.- Luego se da vuelta, y se dirige hacia el piloto.
-¡Los misiles!-Comienza a gritar James- ¡Kang Yong-rim! Este helicóptero
está equipo con misiles extremadamente potentes, con ellos podemos…
-¡Silencio! –Lo interrumpe el norcoreano y gira la cabeza y le da una
mirada de desprecio – Tenemos indicaciones de no hacer nada que dañe a tu
gente, ten por seguro que quiero lanzar toda la artillería que hay en esta cosa
y ver tu hogar arder… pero eso no la mataría.
Al escucharlo, el mandatario americano queda confundido, no se podía
imaginar que alguien tan orgulloso y testarudo como el líder asiático siga las
indicaciones de otra persona, en ese momento siente la calidez de la mano de su
esposa sobre su hombro.
-Querido. – Comenzó la mujer, a reconfortarlo y con los ojos con
lágrimas. –Qué bueno que estés bien, Camila y yo no habríamos podido seguir
adelante sin ti.
Al oírla, James se percató que no sabía cómo todo había llegado a ese
punto, necesitaba explicaciones que hagan que encaje todo pero por sí mismo no
se le ocurría nada.
-Johana, por favor explícame – respondió mientras la tomaba de la mano y
veía a su hija dormir tranquilamente sobre su madre – Pensé que estarían
seguras en nuestra antigua casa.
-James fue horrible, la fuerza de seguridad que estaba en el exterior de
la casa fue remplazada repentinamente. – Comenzó a explicar su esposa – Luego
de ello entraron por la fuerza y me esposaron y uno de ellos se llevó a Camila,
estaba desesperada no sabía que estaba pasando.
-Infiltrados ingleses… -Razonó James al escucharla – Jamás hubiera
imaginado que estaban tan cerca.
-Nos iban a subir a un camión blindado, pero antes que eso pasara –La
mujer hizo una mueca de terror y comenzó a temblar – James… vi sus cabezas
explotar en frente de mis ojos… y llegó… el –señaló con la cabeza a Kang Yong-rim – A la cabeza de diez asiáticos
cargando rifles de francotiradores iban vestidos de policías americanos,
civiles, carteros e incluso uno vestía como un bombero.
-Puedo reconocer que se mezclaron muy bien.- respondió James mientras
veía como conversaba el soldado con el mandatario en un idioma que no entendía.
-Finalmente, me dijo que tu vida corría peligro y que si quería salvarte
que fuera con él. – Continuó Johana con su relato – Sentía que no tenía opción
ellos pudieron haberme matado si lo hubieran querido así o dejarme que me
lleven esas personas, y al no saber si vendrían más pensé que era lo mejor ir
con ellos.
-Los dispositivos explosivos no fueron un mayor problema de retirar –
dijo la voz del soldado detrás de ellos – Nosotros también tenemos nuestra red
de información ¿sabe? Fue una verdadera lástima que los soldados que trabajan
con Carla decidieran adquirirlos en mercados de productos ilegales americanos,
pero controlados por vendedores de origen asiático, con esos datos más la
filtración de su plan para bombardear la casa blanca desde el aire pudimos
desarrollar nuestro propio plan de contraataque, si hubiera habido más gente
conmigo pude haber salvado otro helicóptero.
Al escucharlo James se quedó perplejo, le parecía imposible creer que
bajo su mando se movían libremente canales de espionaje británicos y norcoreanos
a tal punto que si el planificaba algo ambos lo sabrían en menos de 24 horas.
-¿Dónde están el resto de ustedes? –Preguntó el mandatario – Mi esposa
mencionó que era como diez, señor…
-Kim Chong, generalísimo del ejército popular de Corea del Norte –
respondió el militar asiático – un gusto conocerlo presidente James, volviendo
a su pregunta el resto de nuestro equipo nos espera en el aeropuerto, el avión
está listo para partir. Comprenderá que movilizarnos en grupos grandes hubiera
llamado demasiado la atención.
-¿Partir? ¿A dónde vamos? – preguntó el presidente.
-De regreso a Corea del Norte – respondió Kang Yong-rim manteniendo su
tono malhumorado.
Al oír esto a James le corrió una sensación de terror por la espalda,
lastimosamente no sabía a donde ir o en quién confiar de quedarse en estados
unidos, por lo que pensó que era mejor, al menos por ahora, estar cerca de
quienes arriesgaron la vida por salvarlo a él y a su familia.
A unos kilómetros al norte, Carla Moon Haya caminaba torpemente por los
pasadizos de una desocupada casa blanca, el dolor de las heridas causadas le
hacía que se mueva con gran lentitud. Se dirigió al despacho Oval y en al
entrar en el vio a una persona apoyada en el escritorio, era un hombre de pelo
rojo, con barba de casi dos metros de alto, vestido con pantalón y casaca
verde, muy musculoso. Tenía los brazos cruzados y la miraba con una gran
sonrisa casi demencial.
-Hola Carla –la saludó con gran amabilidad.
Al verlo la chica lo inspecciono rápidamente en busca de posibles armas,
pero no vio ninguna a la vista, por su musculatura dedujo que debía ser una
persona con mucha confianza en sí mismo para una pelea cuerpo a cuerpo, pero
ella sabía que aun en ese estado tan lamentable lo podía reducir a cenizas
rápidamente, con evidente desconfianza respondió:
-¿Quién eres? ¿Un hombre de James?
La sonrisa demencial del sujeto se amplió aún más, a tal punto que Carla
pensó que se le podría estirar demasiado algún musculo facial.
-Me ha enviado el… para ayudarte.
-¿El?- respondió la chica.
Ante tal pregunta el hombre se abrió la casaca mostrando su pecho
desnudo, sobre el cual tenía un tatuaje de un ser alado, con cabeza de cabra,
la piernas dobladas que reconoció como una representación satánica de Belcebú. La
joven sitió nauseas al verlo.
Cerca de una hora después, el helicóptero en que viajaba James Burt con
los norcoreanos aterriza en el aeropuerto de Washington-Dulles, el primero en
bajar es Kim Chong, el cual les hace una seña de espera mientras que
inspecciona el lugar y hablar por una radio.
En solo unos minutos una veintena de personas vestidos como soldados americanos
rodearon la aeronave, hecho que sobresalto a James y lo hizo que por instinto
se pudiera delante de su esposa e hija, por su lado Kang Yong-rim, caminó
tranquilamente hacia el exterior con las manos en los bolsillos y solo les
dijo.
-Muévanse son de los nuestros.
Con un tono mucho más amable Kim Chong, se acerca y les comenta con la
intención de calmarlos.
-Es fácil distinguirlos, todos llevan gafas plateadas muy inusuales para
este continente pero que solo lo notas si lo ves con detenimiento.- Señalando
hacia un costado indicó – debemos abordar ese avión lo más rápido posible, solo
es cuestión de tiempo para que los soldados de Carla estén acá.
Ni a James ni a su familia les parecía fácil distinguirlos, pero obedecieron
lo que se les indicaba y corrieron a abordar un avión que se encontraba a unos
60 metros de donde habían aterrizado con el logo de una aerolínea muy común en
ese país. Al subir Janes casi se desmaya, en su interior había todo un pelotón de
soldados norcoreanos armados hasta los dientes, los cuales al verlo lo miraron
con sumo desprecio, pensó que esto se podría ver como el primer secuestro de un
mandatario americano y de su familia por una nación enemiga, incluso por un
momento se le ocurrió la desesperada idea de bajar y salir huyendo, pero sabía
que no tenía a donde ir, no sabía en quien confiar, estos pensamientos
desaparecieron al momento que Kim Chong sube y los soldado cerraron la puerta detrás
de él.
-Relájese James Burt, este solo es personal que entraría en acción en
caso que las cosas se compliquen- Manifestó el generalísimo mientras que se
sentaba - Sé que debe tener miles de
preguntas pero será el mismo amado Líder quien se las conteste cuando lleguemos,
por ahora le sugiero descansar.
El ambiente poco a poco se fue calmando durante el viaje, los
norcoreanos dejaron de prestarle atención a los americanos y conversaban y
bromeaban entre ellos, Kang Yong-rim se mantenía en la parte trasera con un
gesto muy serio, Kim Chong después de dormir un rato le ofreció comida de su país
a su familia y el presidente los cuales la aceptaron con gusto, pero a pesar
que le insistieron con que les de alguna explicación el mantuvo la negativa,
indicando que no era la persona correcta pare decirles lo que había pasado.
Luego de casi 15 horas de viaje llegaron al aeropuerto internacional de
Sunan, los soldados fueron los primeros en bajar luego de ellos, los siguió el
generalísimo Kim Chong, finalmente Kang Yong-rim le indicó a James Burt que lo
siga.
Descendieron por una escalera hacia la pista de aterrizaje, la cual
estaba llena de soldados norcoreanos perfectamente formados y realizando un
saludo hacia su líder, James estaba muy nervioso, no conocía el idioma y casi
no conocía su cultura temía hacer algo que los ofenda. Mientras observaba el
lugar y a los soldados pudo distinguir a tres personas que no estaban vestidos con uniformes
militares, y además no tenían rasgos asiáticos uno de ellos parecía americano y
los otros dos un joven una chica parecían sudamericanos. Al verlos a él y su
familia estas tres personas comenzaron a caminar hacía el.
El presidente americano los esperó mientras los veía acercarse trató de
deducir quienes eran, pensó que formaban parte de su red de espionaje, pero los
sudamericanos se les veía muy jóvenes y el otro no tenía la apariencia
necesaria para mezclarse en esta nación, finalmente cuando este llegó a su encuentro
le dijo muy alegre.
-Hola James, mi nombre es Salvador y soy el último enviado de Dios.
Al oír estas palabras a James le dieron ganas de llorar.