La noche era oscura en Moscú, las calles que normalmente estaban llenas
de actividad y gente se encontraban casi vacías, los negocios en su mayoría
cerrados y la plaza roja que siempre estaba llena de turistas, se encontraba
por primera vez en años desolada.
En el Kremlin, Salvador se encontraba sentado en un sillón en la oficina
principal, viendo en la pantalla de un televisor el final del comunicado de
Carla, atrás de él, Gavrel se apoyaba en una pared y tomaba con su mano derecha
su mentón con una expresión pensativa, tratando de disimular su preocupación,
no solo había fallado en eliminar a esa chica sino que también parecía que
ahora iría detrás de él como un animal depredador caza a un conejo. Eras dos
sensaciones a las que no estaba acostumbrado pues solía tener éxito en sus
planes y él era el que iba atrás de sus enemigos no al revés.
En el fondo del salón, en una silla, despeinado, desarreglado, con la
corbata desanudada y como si estuviera por sufrir un ataque de pánico James
Burt se tomaba con sus manos la cabeza, la imagen de un misil americano similar
al Mirotvorets cayendo sobre ellos rondaba su mente y no podía sacársela de
encima, cerca de él de pie, observando por una ventana y con una visible
despreocupación Kang Yong-rim miraba el horizonte, sentía que esta era su
oportunidad de brillar, de demostrar que su invencible ejército y sus soldados
excelentemente preparados son los que realmente pueden salvar a la humanidad de
una amenaza extranjera, se veía a sí mismo en un desfile militar rodeado de
personas agradeciéndole por salvarlos.
El lugar estaba en silencio, cada uno había recibido el mensaje con
ánimos diferentes, pero antes que alguien tomara la palabra, la puerta de la
oficina se abrió y entró un joven de pelo castaño de poco menos de 20 años de
edad, vistiendo el uniforme militar ruso, se acercó a su presidente le dijo
algunas palabras en su lengua materna y luego de ello le entrego una carpeta
con varias hojas en ella, inmediatamente después sin prestar mucha atención al
resto de personas se retiró y cerró la puerta detrás de él.
-Caballeros… -Comenzó a hablar el presidente ruso, mientras que revisaba
rápidamente la información que había en los documentos recibidos – Por favor su
atención, el sistema de información de nuestro servicio de inteligencia ha sido
sorprendentemente eficiente.
-¿Eso que tienes ahí es como ha quedado el mundo después del Rapto?
–Preguntó James con visible impaciencia, quería saber de inmediato con qué tipo
de gente contaban y a quienes se tendrían que enfrentar, tenía la esperanza de
que gran parte del ejército americano aún se encontraba sobre la tierra y pudiera
comunicarse con ellos para intentar un nuevo ataque contra Carla.
-Así es, pero… -Continuó Gavrel si despegar los ojos de la documentación
en mano – No es totalmente confiable, verás si bien en un primer recuento aún
tenemos el 80% del cuerpo de espías rusos, no es que ellos se hayan puesto a
contar a la gente del país donde se encuentran. Estos reportes están basados en
noticias locales, comunicados presidenciales, apreciaciones de la población y
personales de cada uno de los que se ha podido contactar con nosotros.
-¡El 80%! Ese es un buen número –felicitó Kang con entusiasmo – por lo
visto fuiste muy meticuloso en seleccionar a tu servicio secreto.
-No es que pidamos ser ateos para este trabajo – Respondió el
presidente, al entender a qué se refería con su comentario el supremo líder,
sin levantar la vista de la documentación que tenía en sus manos – Pero
normalmente estas posiciones se les da a personas cuyo lealtad no es con nadie
más que con su patria y manejan sus propios códigos morales sin basarse en otro
tipo influencias…. Aunque quizás hemos tenido una pequeña ayuda. –Agregó
observado a Salvador.
El enviado hizo un ligero movimiento de confirmación con la cabeza,
sabía que el rapto no era simplemente sacar a los creyentes del tablero y
salvarlos de una confrontación final, tenía también otro fin más estratégico, y
era el dejarlos con los recursos suficientes para derrotar al origen del mal.
-Gavrel… Podrías decirme… - Comenzó a hablar el presidente americano con
una voz en la que se podía percibir el nerviosismo, mientras se levantaba de su
silla.
-James… - Lo interrumpió, era evidente que como cualquiera él estaba más
preocupado por su propio país que por cualquier otro en especial, por lo que
comenzó a hablar con voz firme y tono serio – La información de estados unidos
fue la primera que revisé… Seré directo… ”EL país que cree en Dios” parece
haber sido reducido a solo el 20% de su población o posiblemente menos, tienen
problemas para mantener el servicio eléctrico en todos los estados y
posiblemente el agua de los grifos deje de ser potable en unas pocas semanas,
pero eso no será un gran problema, en el corto plazo al menos, ya que hay una gran
cantidad de agua embotellada en las tiendas para abastecer de sobra a las
personas que aún están en el país, lo que más se destaca es que si bien casi
todo el personal militar ha desaparecido, extrañamente parecen estar reclutando
soldados que se están presentando de voluntarios, no hay nombres pero hablan
que los dirige un hombre de aspecto corpulento y cabello rojo.
El americano se quedó en silencio, y se dejó caer nuevamente en la
silla, no sabía que decir se imaginaba las calles de su país vacías, la gente
viviendo a oscuras y pesando en enlistarse a una armada dirigida por un soldado
de bajo rango que nunca alcanzó notoriedad en el su servicio militar, ya que no
recordaba a ningún comandante o general con esa descripción.
El supremo líder disfrutaba del espectáculo, le era difícil ocultar su
sonrisa. Percibía que había ganado una guerra sin siquiera pelearla, hasta se
sentía un poco decepcionado ya que notaba un vacío al perder de un momento a
otro a su enemigo, pero este leve pesar desaparecía al recordar que todavía había
un rival aún mayor sobre el cual demostrar su grandeza, sólo para reafirmar su
supremacía, comentó:
-No hay de que preocupare, como saben en mi país más del 60% de la
población aún se mantiene y casi la totalidad de mi ejército está en
condiciones de atacar, podremos con un grupo de aficionados americanos.
La tristeza que sentía James se convirtió en rabia al escuchar esas
palabras y con los ojos llenos de furia al ver la sonrisa triunfal del líder
asiático se levantó y dijo:
-¡Eso es porque obligaste a todos a creer lo que tu querías que
creyeran!
-Pues mira que buenos resultados me dio, ¿Tú puedes decir lo mismo?
-Kang… -Trato de responder James al momento que cerraba su puño, no
podía aguantar la imagen de su pueblo cayendo ante la armada norcoreana, era
algo que para él nunca fue una posibilidad dado la diferencia de tamaños de ejércitos
que había hasta hace poco.
-¡Basta ya! – Interrumpió con autoridad Salvador – Lo último que
necesitamos es que comencemos a pelear entre nosotros…- Se giró hacia el
presidente ruso – Gavrel, por favor continua con tu reporte.
El mandatario esperó un poco a que los dos antiguos enemigos se
calmaran, pensaba como Salvador, necesitaban unos de otros aquí, y además era
consciente que otro error como el del Mirotvorets podría ser el último que
cometa la alianza y por ende su derrota final.
-Bueno, regresando a lo que nos importa – Retomó la lectura Gavrel, para
hacer que la atención cambie a otro tema de mayor relevancia que una disputa de
orgullos entre Kang y James – Un hecho que para algunos es un alivio, mientras
que para otros es una catástrofe, es que al parecer ningún niño menor de 13
años ha quedado, y casi no hay jóvenes de 14 o 15. Esto es a nivel mundial.
- “El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe” – Dijo Salvador. – No es
necesario que creas en un Dios en particular, si no tienes maldad en tu corazón,
es para ti el reino de los cielos.
- Quizás cuando Jean-Jacques Rousseau dijo esa frase pensó lo mismo que tu- comentó con
ánimo el presidente Ruso, pues era estudioso del escritor suizo – Por el lado
de África las comunicaciones son muy difíciles ya que parece que el 95% del continente
ha quedado despoblado, las pocas personas que quedan se agrupan para tratar de
sobrevivir como pueden, aunque los servicios básicos podrían detenerse de un
momento a otro cuentan con suficiente comida por un buen tiempo, algo que no
era común en ese continente hasta ahora.
-Es bueno oír eso- Comentó con tranquilidad Salvador, mientras miraba al
cielo por una ventana. –Ellos ya están donde nadie puede hacerles daño.
-¿Bueno? – Preguntó con frustración James – Creo que en ese continente podía
haber habido muchos que se opusieran a nuestra enemiga común… pero ahora
ninguno de ellos está.
-Esa gente que se fue ha sufrido mucho por la pobreza, hambres,
enfermedades y la peor característica del ser humano: La indiferencia ante el
sufrimiento de su semejante… pero aun
así, a pesar de todo, no perdieron la fe en su Dios – Respondió el enviado con
tranquilidad – por lo que ya les correspondía descansar, además no es que nos
hayamos quedado completamente desamparados.
Mientras decía la última frase, miraba de reojo a Kang. Pero este solo
mostró una leve sonrisa, no quería provocar de nuevo al americano, el cual
estaba muy alterable en ese momento.
-Bueno, en lo que refiere a Oceanía –Continuo Gavrel, para evitar que el
tema de desvíe y comience una nueva e inútil discusión entre los dos
mandatarios – La información es muy poca, ya que sólo tengo ahí a dos personas,
pero ellos indican que parece que más del 50 % de la población ha desaparecido,
pero es difícil estar seguros, pero al menos los servicios básicos no parecen
correr riesgos por lo que han escuchado.
Ese continente no se caracterizaba por acciones bélicas o por presumir
de tener un gran ejército, por lo que no sabían que tanto los podrían ayudar en
el conflicto que se acercaba y tampoco estaban seguros de que posición tomarían
en esta situación.
-Bueno, ¿Que hay con el resto de América? – Preguntó James, con interés
por saber si sus vecinos se encontraban como él.
El presidente Ruso pasó algunas hojas y luego de unos segundos
finalmente contesto:
-Mi equipo se centraba en Norte América, por obvias razones, la mayoría
estaba en Estados Unidos…Por lo que información del resto de países es limitada
o poco confiable, hemos tratado de conseguir la mayor cantidad de datos posibles
y los más fiables pero entre más vamos al Sur más se complica la situación.
-Canadá es un misterio, México parece haber perdido al 70% de su
población y este número se mantiene bajando por los países de Latinoamérica, en
menor medida en cada uno hasta llegar a Chile donde posiblemente hayan
desaparecido el 55 % de las personas.
El ambiente se enmudeció por unos segundos, ya que la información que les
daban no la sentían muy útil, dado lo poco confiable que parecía ser.
-Pero…-Interrumpió el silencio el mandatario Ruso – Hay algo que creo
que será de mayor interés para nosotros… Inglaterra ha mantenido a más del 50 %
de su población, esto podría ser beneficioso.
-Por lo visto Dios no salvo a la reina pero si a su pueblo. –Comentó
James en referencia a su himno y a la caída de su gobernante.
-No sé, si al dejarlos aquí podríamos llamarlo salvarlos –Afirmo el
enviado – Como puedes imaginar a ellos no les espera precisamente un trato muy
bueno dado que su reina se enfrentó
valientemente a Carla.
-Algo que todos los presentes en esta sala hemos hecho, algunos mejor
que otros claro. –Agregó con soberbia Kang.
-¡Pero ninguno conseguimos eliminarla! – Sentenció con firmeza Gavrel,
antes que James pueda responder algo.
-Es cierto – Concordó Salvador – Pero ahora estamos antes quizás nuestra
última oportunidad de poder hacer algo contra ella. Lo que no pudimos por
separados lo podremos hacer si nos mantenemos juntos… eso se los aseguró. –
terminó su frase con una sonrisa que transmitía confianza.
-Entonces todo se reduce a esto… Matar o morir. – Comentó James mientras
miraba fijamente al piso, sin su ejército y dependiendo de la fuerza de otras
naciones se sentía no sólo indefenso sino que también inútil, sensación con la
que no estaba para nada acostumbrado, pero sabía que podría hacer algo, se lo
debía a su pueblo y a él mismo.
El presidente ruso paso un par de hojas y comenzó a hablar nuevamente.
-En lo que respeta al resto de Europa, la situación de Francia parece
similar a la de Inglaterra, pero en España casi el 60% de la población ha
desaparecido, el resto de los países la información es poco confiable ya que no
tengo agentes en ellos.
-¿Qué sabes de china y Corea del Sur?- preguntó Kang, ansioso por saber cómo
sus rivales del continente habían sobrevivido al rapto.
-China parece mantener casi al 80% de su población mientras que corea
del sur al 60% -Respondió Gavrel, mientras levantaba una hoja de la carpeta.
El asiático emitió un leve quejido de disgusto, tenía la esperanza de que
esas naciones estuvieran tan débiles como las de James y así el tener el poder
militar sobre esa zona del continente, podía imaginarse al presidente de la república
popular de china sonriendo al mando del ahora mayor ejército de todo Asía y quizás
del mundo, si es que los números dados por Gavrel eran correctos.
-Esas son buenas noticias ¿No te parece James? – Comentó Salvador,
esperando que se animará un poco ya que la relación de estados unidos con china
se encontraba en buenos términos.
-¿He?... este… - Comenzó a responder de forma insegura el americano,
pues andaba algo perdido en sus pensamientos sin prestar mucha atención a lo
que se decía. – Si, tienes razón, podrían ser de gran ayuda.
-Bueno y para terminar con los países de los cuales se pudo conseguir
algo de información – interrumpió Gavrel, mientras cambiaba de hojas– acá en
Rusia solo mantenemos al 30% de la ´población, pero en cuanto a la fuerza
militar aún tenemos cerca del 80%.
-Eso son aproximadamente 700 mil personas – Comentó Kang entusiasmado
por que su aliado contara con ese número de soldados.
-Sí, un poco más realmente si consideramos los miembros de la reserva
que aun puedan estar con nosotros. – Respondió el mandatario ruso mientras que
pasaba a la última hoja de la carpeta que tenía en manos.- Sólo una cosa más,
esta información no ha sido validada a nivel mundial, pero al parecer todas las
personas en las áreas de cuidados intensivos de los hospitales ya no están acá.
- Entre más cerca estamos
de nuestra muerte, más cerca estamos de apreciar el amor de Dios – Comentó
Salvador con una amigable sonrisa.
-Se les nota tranquilos. – Comentó James, con una mirada desaprobatoria.
-Creo que no tendríamos por qué estar de otra forma, ¿no lo crees
Gavrel? – Dijo Kang, pero su expresión de confianza cambió a seriedad al ver
que su amigo no compartía su optimismo, sino que más bien observaba al
presidente americano con algo de desconfianza.
-James… -Comenzó a hablar el ruso mientras dejaba su carpeta en su
escritorio y se acercaba a él– ¿Qué posibilidad hay que Carla… ya sepa todo
esto?
El americano se sobresaltó al escuchar esa pregunta y se puso más
nervioso, sabía que Gavrel era astuto y perspicaz, además de que su expresión
seguro lo debió de delatar. Así que prefiero optar por sincerarse.
-Posiblemente ella ya lo sepa todo y con mejor detalle, que nosotros…
-¿Qué? ¿Cómo es eso posible? – Preguntó Kang exaltado.
-En la casa blanca… tenemos la información… de la demografía religiosa
mundial… -Comenzó a hablar el presidente americano lentamente. – Y todas esas
cifras… me suenan muy coherentes con la información que recuerdo que tenemos
ahí… Obviamente no lo recuerdo todo, pero está allí… todo eso… producto de un
gran trabajo de inteligencia a nivel mundial.
-¿Pensabas que la religión era sinónimo de peligro verdad? – Pregunto
Salvador con tono serio. – Que aquellos que creen en algo que no puedes
entender ni refutar podrían traer dificultades en el futuro.
Para toda respuesta James asintió levemente, no quería hablar más pues
sentía que los planes que había diseñado para evitar que su nación caiga ante
alguna fuerza extranjera se estaban yendo en su contra.
De pronto comenzó a llover de forma torrencial, por las ventanas se
podía percibir los relámpagos. El ambiente estaba en silencio, los hombres ahí
reunidos pensaban que contaban con una ventaja pero esta esperanza se esfumó
tan rápido como llegó
-Dime… Salvador – Habló con calma el presidente Ruso – ¿Qué crees que
hará Carla con esa información?
El enviado tuvo que meditar un poco su respuesta, pues tenía muchas
opciones en su cabeza y cualquiera le parecía coherente, así que finalmente
dijo.
-Cercarnos y eliminarnos.
Hasta el sonriente Kang se mostró nervioso al oír esa repuesta.
A miles de Kilómetros de allí en una oficina dentro de una base militar
improvisada en Washington, Carla se deleita con el sol que caía sobre ella y sonreía.
En ese momento entra Damian con una expresión de triunfo, vestía un uniforme
militar con el emblema del nuevo orden mundial en el pecho.
-Realmente este plan tuyo es excelente. –Dijo el luciferista, mientras
caminaba hacía la joven – Hemos conseguido un ejército de no menos de 300 mil
voluntarios.
-Muy bien pero para la siguiente fase, vamos a ir ahora por el resto del
mundo. – Dijo la joven mientras levantaba una voluminosa carpeta con varias
hojas, mapas y gráficos en ella.
- Soy todo oído mi señora. – Respondió Damian con unos ojos que
brillaban con emoción y ambición.
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