El “salón Doré” del palacio de Eliseo, la oficina del actual presidente
de Francia el ingeniero Teófilo Levesque, lleva su nombre por el color dorado
en sus paredes, muebles y puertas, pero por primera vez este color se ve
opacado por una gruesa capa de hielo sobre estos elementos. En la parte
posterior de ese ambiente entre una mesa de trabajo y una chimenea sobre la cual había un reloj y candelabros
dorados, se encontraba el mandatario de pie, era un hombre de cincuenta años de
poco más de un metro ochenta de alto, algo gordo, y con poco pelo, todo su
cuerpo temblaba pero no era precisamente por el miedo que sentía en ese momento
a la escena que estaba contemplando, era el frio, su oficina, su palacio, sus
jardines e incluso las construcciones cercanas estaban cubiertas de hielo y el
estar vestido solo con su pijama y una bata de dormir no le daba la protección
que requería para esa circunstancia.
En frente de Teófilo había una escena que para él era una mezcla de una
película de terror, una para niños pequeños y un documental de historia, cerca
de veinte esqueletos de hielo uniformados con una indumentaria militar de hace
más de 200 años estaban firmemente parados detrás de un personaje que él había
visto miles de veces en pinturas, incluso tenía su tumba en un museo de París,
estaba tentado a llamar a ese lugar a que revisen si es que por casualidad se
había abierto el ataúd, pero imaginaba que el ser que tenía en frente no había
salido de allí y caminado por las calles hasta llegar a la residencia
presidencial. El presidente había sido despertado hace solo unos minutos, con
la información de que un personaje de la historia de su país había entrado al palacio
y lo esperaba en el “Salón Doré” al llegar y ver la naturaleza de sus visitas
no podía pensar con claridad y más por costumbre que por otro impulso racional
caminó hasta situarse detrás de su mesa usual de trabajo, por un momento
comenzó a pensar la absurda idea de que aún estaba durmiendo, que realmente él
estaba en ese momento en su cama teniendo el sueño más inverosímil de su vida,
por lo que con una sonrisa burlona se atrevió a decir.
-Eres más pequeño de lo que me imaginaba.
Ante este comentario el general francés hizo un gesto de disgusto y las paredes
comenzaron a llenarse aún más de hielo, y lo que generó que la temperatura
descienda rápidamente, los dientes de Teófilo comenzaron a castañear el dolor
por la baja temperatura se agudizó y se tuvo que apoyar sobre su mesa gritando.
-¡Basta! ¡Fue una broma de mal gusto! ¡Lo siento!
La temperatura subió ligeramente, pero aún estaba muy por debajo de lo
normal, el mandatario se acomodó su bata y con la mayor elegancia que pudo
mostrar dijo:
-¿Qué deseas?... Has venido hasta el lugar donde abdicaste y fuiste
desterrado, esto ya no es un imperio, ahora somos una república.
Con una mirada de desagrado, el militarse se acercó y de debajo de su
chaqueta sacó un mapa muy antiguo que parecía tener cientos de años pero aún se
podía distinguir que era de Europa, lo extendió sobre la mesa y se lo mostró a
Teófilo. Tomó un marcador de la mesa y en tres círculos encerró los territorios
de Rusia, España e Inglaterra, este último lo marcó especialmente fuerte como
si el solo verlo le causara ira.
-No puedes estar hablando en serio,- dijo con espanto el presidente-
Escucha ahora estamos en un periodo de
paz, puede que tengamos nuestros problemas pero no para ir e invadir esos
países e incluso si lo intentáramos no hay garantías que triunfemos, no tengo
suficiente información sobre las capacidades militares de estos lugares como
para asegúrate que…
El general de un manotazo boto de la mesa casi todo lo que había a
excepción del mapa y levantó una mano y lo apuntó al hacerlo todos los
esqueletos de hielo apuntaron sus fusiles hacía el mismo objetivo.
-¡Espera! ¡Espera! –Grito desesperado Teófilo poniendo las manos hacía
adelante -De acuerdo si usamos a tu…. Heee… “ejercito” para reforzar el actual poder
militar francés creo que podemos conseguir algo.
En la mente del mandatario comenzó a surgir la idea de enviar al ser que
tenía en frente sólo y dejar que los ejércitos de los países que deseaba
conquistar se encarguen de ese problema. Vio que su visitante bajó el brazo y con
ese gesto sus soldados hicieron lo mismo con sus armas.
-Dime… ¿Por qué país deseas comenzar?
El militar francés sonrió de forma complacida y puso su dedo sobre el
mapa, específicamente apuntando a España.
Al día siguiente toda Francia se encontraba en estado de emergencia,
Teófilo había reunido a una gran parte de la fuerza armada del país en la
estación de Montparnasse, donde abordarían trenes hacia la estación Matabia en
Toulouse, todos los viajes en trenes se habían cancelado y solo se mantuvieron
los viajes hacia esa ciudad y se habían reservado para personal militar, la
estrategia era reunir a todo el ejercito del país y cruzar por tierra hacia
España, el escenario en Paris era aterrador, los soldados del ejército se
mezclaban con los escalofriantes esqueletos de hielo, el antiguo emperador se
encontraba al costado del actual mandatario resguardado por sus propios
guardaespaldas congelados, haciéndole señales a Teofilo en todo momento de cómo
debía de actuar.
Para el mandatario esta era una situación tan extremadamente bizarra que
nada de lo que había hecho en su vida lo había preparado para enfrentar una experiencia
de esa naturaleza, pudo intuir que los soldado de hielo se habían mezclado con
los suyos para evitar que por un acto de traición el decida bombardearlos y
luego eliminar a su líder, el cual estaba flanqueado por cuatro de sus propios soldados
de casi dos metros de alto cada uno, por más que pensaba no sabía cómo lidiar
con este ser pensó en varias formas de intentar deshacerse de él, envenenarlo,
pero no comía, apuñalarlo por detrás, dispárale, enviar a que lo estrangulen,
pero temía las consecuencias de lo que le podría pasar a él y su país si
fallaba. Al menos había conseguido enviarle al momento de que se despertó un
correo al rey de España indicándole lo que pretendía hacer y esperaba su
rendición para evitar bajas en cualquiera de los países, pero no tenía mucha
esperanza de contar con la suerte suficiente para que su solicitud sea
aceptada, por lo que solo podía ver con impotencia como sus compatriotas subían
a los trenes acompañados de esos engendros salidos de una pesadilla.
A 1200 kilómetros al noreste en el palacio Real de Madrid, el rey
Fernando IX se encuentra sentado en el escritorio en su despacho, de más de 70
años de edad con un barriga pronunciada y la cabellera completamente gris, su
oficina está decorada por pinturas de sus antecesores y con finas columnas de mármol en las esquinas
y en el centro de la estancia, en el techo se ve una hermosa pintura de un
paisaje de Madrid antiguo. Está absorto en su ordenador portátil revisando dos
correos que le han llegado recientemente uno de ellos es la advertencia enviada
por Teófilo Levesque, el otro es un correo enviado por una persona con la que
nunca había hablado en su vida, pero es ese correo el que capta más su atención
que el otro.
Repentinamente y de forma abrupta entra en la oficina un hombre de unos
50 años de edad, delgado, de cabellos oscuros con gafas y la cara arrugada, vestido
con un saco negro, de botones dorados, adornado con medallas y divisas doradas
en las mangas.
-¡Su Majestad! -grita desesperado, mientras que corre hacia el rey-
¡Tenemos graves problemas! El ejército francés, está en camino hacia acá.
Al verlo Fernando IX levanta la mirada y comienza:
-Almirante General Carlos Del Río- dijo con tono enérgico- creo que sabe
que no me agrada que entren en mi despacho sin tocar antes ¿verdad?
-¡Señor! –Comenzó a responder aún muy nervioso el almirante – ¡Esta es
una emergencia! Mis informantes me indican que toda la armada militar de
Francia se está juntando en Toulouse, pero no solo eso, me ha llegado una
información adicional extremadamente extraña y yo no le hubiera dado crédito si
no me hubieran enviado casi doscientas fotos de este hecho tan extraño…
-Con ellos viene un ejército de esqueletos congelados y un antiguo
enemigo nuestro de hace cientos de años – lo interrumpió con serenidad el rey –
Si, tienes razón… nadie en su sano juicio lo creería, pero ¿Sabes qué? Yo si lo
creo.
EL Almirante no sabía exactamente que decir ya que ni el mismo se lo creía,
esperaba poder dialogar con su rey y encontrar en conjunto una explicación
racional a todas esas incoherencias que estaban surgiendo todas al mismo
tiempo, pero se dio con la sorpresa que la persona a la que acudió por ayuda,
creía toda esa historia que para él era un absurdo completo.
-Le diré que es lo que haremos almirante –Comenzó, a hablar el monarca
mientras se levantaba de su silla y se dirigía a la ventana en la parte
posterior de la oficina – Nos rendiremos, de la indicación de que toda bandera
española sea bajada de su asta y en su lugar se ponga una bandera francesa o
una blanca si no se cuenta con la primera.
-¡Señor! ¡No puede estar hablando en serio! –Bramó el almirante Carlos,
con ira en sus palabras – una cosa es que creamos semejante tontería como que
puedan existir soldados de hielo y que un antiguo militar francés ha regresado
a la vida y otra es que le entreguemos nuestro país a los franceses, señor… ¡no
puede estar hablando en serio!
Al escuchar esto el rey comenzó a caminar de regreso hacia su escritorio
y pregunto:
- Almirante General Carlos Del Río, ¿Cuál es su principal
responsabilidad?
-¡Proteger al pueblo español y garantizar
la soberanía e independencia de España! –Respondió con convicción el Almirante.
-Y dígame Almirante General ¿Piensa proteger a nuestra gente enviándola
a que se enfrente a un enemigo cuya naturaleza desconocemos?
La pregunta le cayó como un gran peso a Carlos, para él siempre la mejor
defensa fue el ataque, pero no podía negar
que se perdería vidas de españoles si se enfrentan al ejército francés,
además estaba la incógnita de los seres de hielo, que para el debían ser una
especie de escuadrón suicida disfrazado, ocultando potentes bombas que por cada
uno que explote morirían veinte de los suyos, la opción de rendirse garantizaba
la menor pérdida de vidas, pero iba en contra de su naturaleza, pero también
sabía que debía de obedecer las órdenes del rey.
-Entonces… ¿nos vamos a rendir sin pelear?-pregunto el almirante
resignado.
-No exactamente- el rey regresó a su escritorio y abrió nuevamente su
ordenador- este correo me llegó casi junto con el de Teófilo, pon mucha
atención a la información que hay en él.
Durante varios minutos ambos hombres no despegaron su vista de la
pantalla del equipo hasta que habían revisado toda la información, al terminar
el rey dijo:
-Te voy a explicar el plan.
-Soy todo oídos Su majestad.
A miles de kilómetros al suroeste en la casa de Diana, se encuentra
Emilio sentado en un sofá de la sala conversando con Salvador. Ambos acaban de
ver las noticias internacionales por televisión, de las cuales la principal era
la declaración de guerra por parte de Francia a España, casi todos los canales de Europa transmitían
en vivo el avance del ejército en trenes hacía la ciudad de Toulouse en donde los
comentaristas indican que, al parecer, tratarán de ingresar a España desde la
frontera con Huesca y los más resaltante son los extraños soldados disfrazados
de esqueletos con uniformes de otra época que acompañan al ejército actual,
nadie puede explicar qué clase de estrategia ha preparado el presidente Teófilo
que requiera de esa indumentaria tan extraña, lo más aceptable es que son
elementos distractores para un arma secreta que pueda tener el país escondida
entre su armada.
-¿Este es el segundo anticristo no es así?
-El primero si lo vemos desde el punto de vista de vista cronológico –
respondió Salvador mientras se recostaba sobre una silla cercana.
En ese momento entro Diana cargando su ordenador portátil, estaba mucho
más arreglada que cuando había regresado de la India y había recuperado su
estilo y glamur habitual.
-Chicos malas noticias prácticamente todos los vuelos a Francia y a
España se han cancelado y los pocos que quedan están saturados.- Dijo la joven
mientras se sentaba al costado de Emilio y dejaba su ordenador sobre la mesa.-
Pero tengo una idea, podemos ir a Portugal y desde allí de alguna manera entrar
a España.
Emilio se sobresaltó al escuchar esto y le dijo:
-Espera, espera, espera… ¿es idea mía o estás pensando en que vayamos
allá a tratar de detenerlos?
Sin dejar de ver la pantalla de su ordenar Diana respondió.
-Es evidente que has desayunado bien Emilio, tu capacidad de
entendimiento está mejor que de costumbre.
El joven no sabía qué hacer, miro a la chica, luego a Salvador y se
mantuvo mirando a uno y a otro hasta que finalmente dijo.
-¿Pero es que el rey no puede lanzarles un misil y ya?.... Digo está en
todos los canales y saben en qué ciudad están y por donde van a entrar, esta guerra terminaría antes que
nosotros lleguemos.
-Eso es exactamente lo que el militar Francés debe estar tratando de
conseguir- comenzó a hablar Salvador aun recostado y observando el techo-
forzar a España y a Francia para que se maten entre si y dar los inicios para
una guerra mundial.
-La guerra trae odio, resentimiento, y muerte consigo Emilio –Dijo Diana
mientras se acomodaba el cabello y comenzaba a revisar los mapas de las
ciudades de Portugal y España – Y si alguien puede detener a este Anticristo
antes que esto sea una masacre ese es Salvador.
- Te equivocas Diana…
Al escuchar esas palabras, la chica dejó de ver su ordenador y puso toda
su atención en Salvador no estaba acostumbrada a oír esas tres palabras juntas.
-Carla también puede hacerlo – Continuó Salvador – y al tener a su disposición
el Air Force one de estados Unidos llegaría mucho antes que nosotros, si usamos
la ruta desde Portugal.
Diana hizo un gesto de desagrado y comenzó a pensar planes alternativos,
pero la mayoría de ellos incluían comprarse su propio avión y no esperaba poder
encontrar uno decente en poco tiempo, y a pesar que confiaba en su capacidad
para aprender a pilotearlo en solo cuestión de horas, no veía seguro invadir
espacio aéreo europeo con su avión personal. Casi como si le pudiera leer la
mente Emilio le dijo con un tono burlón.
-Diana no vamos a ir a Europa en un avión piloteado por ti, creo que si
queremos que Salvador muera hay formas menos complicadas ¿Sabes?
Dirigiéndole una mirada asesina la chica le dijo con tono enérgico.
-¿Y tienes tu una mejor idea? ¿Qué compremos un bote y nos lleves
remando hasta la península ibérica? Te aviso que por mar debemos rodear casi
toda Sudamérica.
Tratando de aguantar la risa de ver a los dos chicos pelear Salvador
intervino.
-Chicos por favor cálmense…No tenemos por qué preocuparnos, he recibido
información de que este problema se resolverá bien sin necesidad de mi
intervención.
Ambos chicos dijeron al unísono:
-¿QUEEEE?
-Solo tengan un poco de fe en los seres humanos, no es tan fácil
llevarlos a una guerra como quizás lo fue antes, han evolucionado mucho y
respetan la vida del prójimo mucho más que hace cientos de años y creo que eso
es algo con lo que no está contando Carla y su equipo- y con una sonrisa amable
miró a Diana –por otro lado, creo que necesitaremos nuevamente de la ayuda de
tu amigo el pato Noruego.
Al oír esto, la chica arqueo una ceja muy extrañada.
A miles de Kilómetros al norte en la casa blanca en estados unidos, en
la sala roja, Carla Moon Haya revisaba sus heridas, las marcas de quemaduras
por el rosario de Saby en el cuello y mano estaban desapareciendo, pero las
heridas de la pistola de Endimión demorarían en cicatrizarse. La estancia debía
su nombre al color rojo predominante en paredes y muebles, la luz entraba por
dos ventanas con cortinas doradas y en la parte superior colgaba un gran
candelabro del mismo color, las paredes estaban adornadas con cuadros de
personajes de la vida política del país, la joven se encontraba sentada en una
de las pequeñas pero cómodas sillas que había repartida por la habitación,
frente a ella en una mesa se encontraba un muy completo botiquín de primeros
auxilios, el único sonido era el del fuego de una chimenea de color blanco.
De pronto de forma abrupta las puertas se abrieron y James Burt entró
corriendo y gritando:
-¡Carla! ¡Tenemos un grave problema!
La chica giró la cabeza a observarlo con aire de aburrimiento:
-Te dije que no quería que nadie me interrumpa y con nadie tú estabas
incluido.
El mandatario se quedó en silencio por un par de segundos, realmente le
disgustaba y sorprendía una respuesta tan arrogante viniendo de una chica que
en apariencia era mucho más joven que él, pero contuvo lo que deseaba decirle y
fue directamente a lo importante.
-Escucha, Francia le ha declarado la guerra a España y están avanzado a
invadirla.
Carla volvió a revisar, los materiales con los que estaba trabajando,
vendas, gasas y pomadas contra quemaduras y respondió sin aparentar mucho
interés.
-¿y qué?... La guerra los ha acompañado en su historia todo el tiempo no
es nada nuevo y no me vas a decir que esos dos países son los mejores vecinos.
La falta de interés, por parte de la joven hacía que cada vez James sintiera
que algo andaba mal en esta situación en la que se encontraba y añadió algunos
datos que le habían hecho llegar su servicio de inteligencia.
-Tenemos información que… bueno esto es algo extremadamente ridículo
pero parece que algunos soldados se han disfrazado de esqueletos de hielo con
uniformes que se vistieron hace cientos de años e incluso uno de ellos, como su
antiguo emperador que conquisto casi toda Europa en su tiempo, no entendemos a
que se pueda deber esto, será algo simbólico quizás.
Al oír esto Carla, levanto la vista, apretó los dientes con furia y casi
revienta un frasco de pomada contra quemaduras al estrujarlo, James extrañado
preguntó:
-¿Está todo bien Carla?
La chica se calmó un poco y giro a verlo de nuevo, y con una voz mucho
más calmada le explicó:
-¿No es obvio lo que pasa aquí James?... EL presidente de Francia se ha
vuelto loco. Y quiere llevar a su pueblo a la perdición… -Al ver que el presidente
la miraba extrañado agregó - ¿O es que acaso crees que los muertos resucitan?
Eres el mandatario del país más poderoso del mundo, ¿Te imaginas que pasaría si
la gente piensa que crees algo así?
-¿Pero tú no puedes hacer algo para evitar que eso pase?
La chica volvió a concentrarse en los
materiales del botiquín, pero le respondió:
-Sí, quizás pero no en este momento. Deja que me recupere un poco.
-¿Cuánto tiempo más necesitas? Esta guerra comenzará en cualquier
momento.
-En serio, James- respondió la chica con un poco de molestia –ya me han
disparado suficiente por ahora, ¿o es que deseas que los franceses y españoles
practiquen puntería conmigo?
El presidente no sabía que decir exactamente, ya que una parte de él sí
lo deseaba, y cuando se propuso a
responder ella lo interrumpió:
-Hagamos esto, déjame que revise hoy mi heridas y mañana salimos ¿te
parece? La península no será erradicada del mapa en un día.
-De acuerdo, Carla.
-Ahora agradeceré un poco de privacidad, ser mi propio médico requiere
de concentración.
Sin hablar más James se retiró de la sala roja, una vez que esté se fue
Carla habló para sí misma, mientras se rodeaba el cuello con una venda untada
con pomada.
-Espero que este enano haga algo bien esta vez.
Horas después en la frontera de Francia con España el ejército Francés
estaba llegando luego de una larga travesía en vehículos militares, los casi
diez mil soldados humanos se encontraban cansados por las horas del viaje
continuo pero los esqueletos de hielo no parecían presentar el menor indicio de
deterioro, caminaban por una carretera en un área despoblada y rodeada de
pequeñas montañas, repentinamente la marcha se detuvo.
El presidente Teófilo Levesque vistiendo el uniforme de máxima autoridad
del ejército francés y sobre un jeep militar había sido casi forzado a
encabezar esta marcha, que para él no tenía sentido, dio la orden de detenerse
al ver al ejército español a unos pocos kilómetros al frente pasando la línea
divisora, eran unos 2 mil hombres, en un primer momento una gran sensación de
miedo le recorrió el cuerpo pero al ver que estaban al descubierto le dio hizo
pensar que algo andaba mal, sacó sus binoculares y para sus sorpresa y
tranquilidad los soldados españoles cargaban banderas blancas. Su primeros
pensamientos fueron de una gran desconfianza, no podía creer que su mensaje a
Fernando IX hubiera servido de algo, hasta que vio que también estaban
hondeando banderas francesas.
Durante unos minutos no sabía cómo reaccionar, ¿Estaban traicionando a
su propia patria? ¿O era una trampa? ¿Debía de ir solo o con todo su ejército?
A su costado el antiguo emperador le hizo una seña que vaya al encuentro con
los españoles. Después de pensarlo un poco decidió bajar del vehículo y dio la
indicación que iría solo caminado hacia ellos.
No lo hacía como un acto de valor supremo ni como una imprudencia, pensó
que si caminaba tendría mucho más tiempo para pensar cómo manejar la situación,
además que quería alejarse lo más que podía de ese sujeto, que no había dicho
una sola palabra en todo el viaje, adicionalmente consideraba que si iba solo
no lo verían como ninguna amenaza, y si estaban tratando de engañar a todo el
ejército francés con una rendición falsa, no sería estratégico hacer caer la
mentira matando a un solo hombre armado con solo una pistola.
Después de casi una hora de caminata que para todos, excepto para el
presidente, les pareció eterna, Teófilo cruzaba la frontera y se reunía con el ejército
español. A su cabeza se encontraba un hombre alto de una prominente barba
negra, pero que comenzaba a perder el pelo en la cabeza, con una gran seriedad
le dijo:
-Presidente Teófilo Levesque, el pueblo español le saluda. – Las
siguientes palabras le dolían tanto decirlas que sentía que en cualquier
momento se atragantaría- Yo, el General del Ejercito Miguel Domínguez, a nombre
de nuestro rey Fernando IX y el Almirante General Carlos Del Río, le informamos
que el ejército español actual no está en condiciones de enfrentarse al
francés, por lo que no nos queda otra opción más que rendirnos.
El general le ofreció la mano, al ver este gesto y oír sus intenciones
el mandatario actuó con prudencia y aceptó el apretón de manos, diciendo:
-General gracias, le aseguro que no tengo la menor intención de hacerle
daño a su gente- girando para observar atrás a su ejercitó añadió – Ni a la
mía.
El presidente levantó un brazo hacia sus hombres, indicando que podían
acercarse, a los pocos segundos las unidades militares iniciaron su marcha
hacia la frontera. Mientras que estas se acercaban Miguel le comentó a Teófilo.
-Presidente asumo que usted desea ir a Madrid, a encontrarse con el rey,
por lo que hemos preparado los trenes de la estación de Huesca para que se
traslade con su ejército.
Teófilo sintió un poco de desconfianza, y consultó con mucha
tranquilidad.
-Mi equipo viajará solo en el tren… Creo que eso sería un poco
peligroso. Ya que me imagino que la situación en España hacía nosotros será
algo hostil.
Manteniendo su serenidad el General Miguel, profundizó un poco más en el
plan:
-No tiene por qué preocuparse, hemos evacuado a los civiles de las zonas
por las que transitará para evitar… eventos desagradables, adicionalmente
algunos miembros de mi ejército viajarán con ustedes para evitar que suceda un…
“inesperado incidente” en el camino. Como le repito nos hemos rendido y no
vamos a pelear creo que nuestra diferencia numérica es lo suficientemente
evidente para que me crea ¿verdad?
El presidente vio al ejército español, y era evidente que si lo deseará
podría acabar con este pequeño grupo de gente, aún sin necesidad de recurrir a
la ayuda de los soldados helados que los acompañaban, todo parecía ir bien,
giró y vio que su equipo casi había llegado. Miguel se le acercó y le dijo:
-Creo que sus soldados ya pueden quitarse ese disfraz de día de brujas
¿No cree?
El presidente apretó los puños y dientes, miró al pisó y dijo en voz
baja:
-No he traído a nadie disfrazado.
El general lo observó extrañado, luego al ver llegar al ejército francés
y ver entre sus filas que los elementos que él había tomado por soldados utilizando
un disfraz de muy mal gusto, no eran sino lo que los rumores decía: esqueletos
de hielo. Él no fue el único que se quedó impresionado ante una imagen tan
escalofriante, lo soldados que lo acompañaban también se quedaron impactados
por ello.
Uno de ellos estaba tan aterrorizado que dio la impresión que iba a
levantar su arma para dar el primer disparo, pero sus compañeros lo detuvieron
y Miguel corrió a su encuentro y le dijo en voz baja pero con autoridad:
-¡Soldado mantenga la compostura conoce usted también el plan! –Hizo una
mirada hacía Teofilo para asegurarse que no lo escuchaba y añadió – Todo esto
acabará en Madrid, pero si hacemos ahora un disparo, un solo movimiento errado
esto se volverá una carnicería.
El general caminó hacia el presidente y tratando de mantener la compostura
y disimulando su miedo lo mejor que pudo dijo:
-Veo… que nuestra información era más confiable de lo que creíamos…
Presidente suba a su Jeep y síganos lo llevaremos a la estación de trenes de
Huesca.
El presidente hizo lo que se le indicó y regresó a su lugar al costado
de ese ser que tanto le incomodaba y solo se limitó a decirle.
-Se han rendido, nos llevaran hacía el rey en tren… no es necesario que
nadie haga un solo disparo.
El antiguo militar lo escuchó pero no emitió sonido, pero Teófilo creyó
percibir una expresión de decepción en su rostro.
Durante cerca de una hora los ejércitos combinados avanzaron, entraron
en la ciudad de Huesca y esta se veía completamente deshabitada. los edificios
gubernamentales tenía la bandera de Francia flameando y no había señas en
ningún lugar del símbolo patrio Español al llegar a la estación de trenes
Miguel bajó de su vehículo, caminó hacia la entrada y le hizo señas a Teófilo
para que se acercara. El mandatario bajó de su unidad de transporte e hizo lo
indicado, pero esta vez detrás de él también descendió el antiguo militar
francés y ambos llegaron a reunirse con el general español, el cual durante un
minuto no salió de su asombro al ver en carne y hueso a un personaje que hasta
ahora solo había conocido por sus libros de historia, pero les dijo:
-Tenemos 15 trenes aves preparados, en los cuales pueden viajar
aproximadamente 500 personas en cada uno, pero algunos tendrán que ir de pie.
Para evitar dudas como que el tren vuele en pedazos “accidentalmente”
viajaremos combinado personas de ambos grupos, ustedes pueden decidir cuantos
de cada equipo van en cada tren, nosotros acataremos sus órdenes.
Todo parecía confiable, si se hacía este tipo de combinaciones era casi
imposible atacarlos sin condenar a su propia gente, si volara en pedazos uno de
los trenes los soldados franceses en las demás unidades de traslado se
levantarían en armas.
-De acuerdo –Dijo Teófilo y girando hacía su aterrador acompañantes le
dijo - ¿Tú estás de acuerdo?
EL militar francés asintió.
Minutos después los líderes de ambos ejércitos viajaban en el cuarto
tren en el cual el 80% de soldados eran franceses, humanos y esqueletos,
mientras que los tres primeros iban con un porcentaje muy similar, se dio
indicaciones que el resto de trenes tuvieran proporciones más aleatorias
incluso que en uno solo vayan españoles y que en otros dos solo franceses.
Durante dos horas y media, los ejércitos combinados viajaron bajo un
silencio casi sepulcral, la desconfianza, la barrera de idioma y los
aterradores soldados de hielo hacían que esa situación tan irreal pareciera una
pesadilla de alguna persona con claros problemas mentales. Téofilo estaba
sentado en la parte delantera flanqueado por 3 esqueletos, a unos metros de él
Miguel se encontraba en la misma situación, intercambiaron breves miradas en
las cuales el mandatario francés trató de darle a entender que no solo el
general español se había rendido ese día, mientras el líder de estos seres se paseaba
muy nervioso de un lado a otro del vagón.
Llegaron a la estación de la puerta de Atocha, al bajar Teófilo pudo ver
que los soldados que había enviado en los primeros trenes se habían replegado
tomando control del lugar, por lo que caminó con confianza hacia el exterior.
Allí lo esperaba Almirante General Carlos Del Río con un pequeño grupo de unos
200 soldados españoles rodeados, por soldados franceses de los dos tipos que
había en ese momento, al presidente esa escena no sabía si le causaba terror,
repugnancia o lástima, sentimientos muy lejanos a los que debería de tener
alguien que va a tomar el poder de un país, por otro lado veía que su
silencioso compañero al fin mostraba algo de ánimo casi excitación, en su
rostro. Al encuentro con Carlos este los recibió de una forma muy cordial:
-¡Presidente Levesque! – Dijo haciendo un saludo militar – A mí y a su
nuevo ejército nos complace saber que han llegado a Madrid sin que se pierda la
vida de ninguna persona, sean bienvenidos.
La desconfianza que sentía Teófilo cada vez era menor, ya que con ese
reducido puñado de hombres era imposible que puedan vencer a su ejército que
era superior aunque aún solo había llegado una pequeña parte, esta era
suficiente para aplastarlos, sin contar que el potencial de los seres helados
aún era desconocido.
-Carlos… -Comenzó el presidente – Gracias por el recibimiento tan
amable… -Con la mayor sinceridad le dijo – Te aseguro que soy el último que
desea que se pierdan vidas de forma innecesaria.
-Te creo, -Respondió sonriente el Almirante – Ahora por que no vamos a
ver al rey, creo que hasta que no hables con el no perderás ese nerviosismo. –Y
le dio una amigable palmada en el hombro.
Se había preparado vehículos blindados para trasladar a los dirigentes
franceses por Madrid, estos fueron escoltados por vehículos militares españoles
en los que permitieron subir a soldados del país del norte para mayor seguridad
de su mandatario. Las calles de Madrid se veían tan deshabitadas como las de
Huesca, pero no se veía una sola bandera de ninguno de los dos países en los
edificios. A los pocos minutos llegaron al palacio Real, era un enorme edificio
de color blanco, con un gran patio en la parte frontal, normalmente se podían
ver turistas y guardias, pero en ese momento no había un alma, se detuvieron
frente al portón principal.
Luego de descender de los vehículos Teófilo se dispuso a ingresar, pero
el antiguo militar lo detuvo y le hizo una seña que esperara allí, e ingresó
solo a las instalaciones del palacio, sintió cierto alivio de haberse
finalmente librado de él y miedo por lo que sería capaz de hacerle al rey de
España, luego giró y con una voz nerviosa le comentó a Carlos.
-El irá sólo, creo que conoce el lugar.
EL almirante había perdido su jovialidad, y su rostro demostraba una
gran seriedad se limitó solo a mirarlo y responder:
-Imagino que sí.
Dentro del Palacio, en el despacho del rey, Fernando IX está
tranquilamente mirando fotos de su familia en su ordenador, vestido con su
traje más elegante de color negro y una flor blanca en el bolsillo de su
chaqueta, sonríe mientras recuerda momentos agradables con las personas cuyos
rostros está observando. Repentinamente siente una oleada de frio y puede ver
que la paredes de la habitación comienzan a cubriese de hielo, de un momento a
otro las puertas se abren e ingresa frente a él una persona contra la cual en
el pasado su pueblo luchó y sabía que ahora a él le tocaba hacer lo mismo.
Con dificultades para moverse por el dolor del pecho que le estaba
causando la repentina baja de temperaturas, se puso de pie y cerró su
ordenador. Y al ver a su visita le dijo:
-Hola, has regresado, al palacio donde reinó tu hermano hace mucho
tiempo. Espero que no haya mucho resentimiento por lo que pasó.
El francés, sin emitir una palabra y con una mirada que casi rondaba el
odio caminó al interior del recinto y se colocó cerca del monarca.
-¿Qué pasó? –Inquirió Fernando IX con tono burlón - ¿Te comió la lengua
el gato?
Sin mostrar la menor sonrisa el militar extrajo de su chaqueta un
pergamino el cual extendió sobre la mesa y señaló la parte inferior.
Visiblemente ofendido el rey se acercó a observar y leerlo, tal y como
esperaba, lo que contenía ese documento era una rendición total del estado
español al imperio Francés y el sometimiento a sus leyes y líderes. Fernando IX
hizo un suspiró y caminó hacía la parte de atrás del lugar, reacción que
disgustó al francés y señalo con mayor énfasis el punto donde debía de firmar,
al tiempo que la temperatura volvió a bajar. El rey sintió un agudo dolor en su
pecho.
-¡Hey! – Gritó- No tienes que hacer eso, dame un minuto. ¿Crees que todos
los días llega alguien con un papel como ese a mi oficina?
Fernando IX saco se acercó a un pequeño armario y retiro de él una
pequeña caja de cartón y la abrió en su interior había unos habanos, sacó uno
lo encendió y comenzó a fumarlo, luego le ofreció uno al francés. Este en lugar
de aceptar hizo una mueca de enojo y presiono con mayor fuerza e insistencia el
pergamino. La temperatura volvió a bajar y con horror el rey pudo ver que por
la puerta comenzaban a asomarse manos huesudas de hielo y un horrible rostro de una calavera congelada.
-Parece que esto no a va a durar mucho verdad ¿verdad?- dijo sonriendo y en un tono de mofa – Es una
lástima deseaba disfrutar un poco más de
este habano… -Comenzó a toser y tuvo que apoyarse en su escritorio –
Desde que me diagnosticaron cáncer irreversible a los pulmones me los
prohibieron tajantemente.
Al escuchar esas palabras, el militar francés cambió su expresión por
una de perplejidad. Arrugó el pergamino y señaló a sus soldados que atacaran al
rey mientras el comenzaba retroceder. Los esqueletos de hielo avanzaron
extendiendo los brazos. Al verlos el monarca sonrió y dijo:
-No pensaba abdicar hasta el próximo.
De su bolsillo sacó un pequeño dispositivo de color negro con un botón
rojo en su centro, el cual accionó inmediatamente. Su escritorio explotó,
matándolo inmediatamente, luego le siguieron las columnas de las paredes,
seguidamente las habitaciones cercanas y finalmente todo el palacio real era
afectado por explosiones en todos sus ambientes.
En las afueras el presidente Teófilo, estaba atónito no entendía que
pasaba, a su lado Carlos levantó el brazo derecho y luego rápidamente lo bajó
en dirección al palacio el cual aún estaba rodeado de explosiones. De la
edificación de en frente, la Catedral de
Almudena salieron disparados misiles hacia el palacio, de igual forma de los
edificio cercanos, por el aire volaban proyectiles hacía un mismo punto y
aumentaban aún más el daño de las demás explosiones.
Minutos después solo había escombros donde alguna vez estuvo erigido el
palacio real de España, una gran nube de polvo no permitía ver casi nada,
Teófilo tosía con fuerza y agitaba el brazo para poder limpiar el panorama y
ver mejor, pudo observar como los espantosos soldados de hielo caían al piso y se derretían en él,
sus armas y uniformes se hacían polvo en instantes, luego comenzó a escuchar
pasos alrededor suyo.
Cuando al fin pudo ver, sintió en su espalda el cañón de un arma y tenía
un soldado español apuntándolo a su izquierda y otro a su derecha, viendo
alrededor había miles de ellos apuntando al resto de su ejército el cual se
veía muy inferior ahora que había perdido a los seres de hielo, supuso que
todos esos soldados habían estado escondidos en las cercanías esperando el
momento exacto para salir. Levanto los brazo en señal de rendición y buscó con
la mirada a Carlos Del río, lo encontró observando los restos del palacio
realizando un saludo militar, a su lado estaba la familia de Fernando IX, bien
resguardada por comandos de élite del ejército.
-El rey ha caído – comenzó a decir – pero se fue llevándose consigo una
gran amenaza para la humanidad.
Dejó el saludo y se acercó a Teófilo y le dijo:
-Tú y tu ejército… pongan sus armas al piso.
Teófilo obedeció e indicó a sus compatriotas que hagan lo mismo y dijo:
-Carlos… aquí no tienes ningún enemigo.
- Lo sé… -Respondió.
La noticia de lo sucedió llegó rápidamente a la casa blanca, donde James
y Carla recibieron el detalle de lo sucedido en el despacho oval, por correo
electrónico.
-¡Maldición! – gritó la chica.
-¿Pero qué te pasa no debería de ser una excelente noticia?- pregunto
intrigado el hombre.
-¿Cómo va a ser eso una buena noticia?- respondió Carla un poco alterada
- ¿Eres tonto o qué? ¿Cómo voy a liberar a Europa de esa amenaza si ellos lo
hacen solos?
El presidente se sintió contrariado por esa respuesta y no sabía bien
que decir, y consultó:
-¿Pero lo más importante no debería ser que se ha solucionado el
problema minimizando las pérdidas de vidas humanas?
La chica se tranquilizó un poco y respondió mientras observaba por la
ventana.
-Si tienes razón… pero eso quiere decir que requerimos de un nuevo plan
para ingresar a Europa… de forma adecuada.- La chica comenzó a morderse la uña
del dedo gordo derecho nerviosamente- Por lo que agradeceré que me dejes sola
para pensar que debemos hacer.
El mandatario, muy incómodo decidió salir de su propio despacho había
aprendido que discutir con Carla no llevaba a nada bueno. Estaba caminando por
el pasillo cuando uno de sus teléfonos comenzó a vibrar, lo sacó de su bolsillo
era un equipo pequeño de color negro muy simple, no se comparaba con los
teléfonos modernos que él y su equipo usaban a diario. Por esa línea solo se
podían comunicar sus familiares directos y los más importantes mandatarios
mundiales, se sorprendió mucho al ver el nombre de la persona que lo llamaba,
era una persona con la que no hablaba mucho y vivía al otro lado del mundo,
respondió y escuchó a la otra persona hablar.
-¿Se puede saber que tienes en la cabeza James? ¿Aún no te das cuenta de
quién es esa chica en realidad? –Dijo una voz de mujer.
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