Diana y Emilio entraron en la casa de esta, ambos estaban muy cansados
por el viaje realizado, cargando pesadas maletas, con la ropa muy desordenada y
el cabello desarreglado. Dejaron el equipaje en la sala y se sentaron en uno de
los sillones.
-¿Dónde está Salvador?-Preguntó el joven.
-No lo sé, -respondió la chica resoplando con la cara cubierta por el
cabello- Seguro ha escapado, ya que el hecho que nos haya hecho cargar este
peso por la mitad del globo terráqueo no hace que me nazca decirle “Espero que
estés mejor” sino darle un puñete en la cara.
Desde la parte de atrás de la sala apareció caminando Salvador, con
mucho mejor semblante que el que tenía cuando lo dejaron, comiendo cereal con
leche en un tazón, aún tenía el vendaje sobre el cuerpo pero la herida ya no
parecía afectarle tanto, andaba descalzo pero vestía su pantalón negro de
siempre, amablemente les dió la bienvenida:
-Hola chicos, ¿Cómo les fue? ¿Consiguieron la espada? ¿Qué les pareció
Gen X?
-Bien gracias por preguntar, -comenzó Diana con un tono perezoso sin
levantar la vista del suelo – si no contamos que en estos cinco días he dormido
en cualquier cosa menos una cama, he comido alimentos que no contienen una
adecuada cantidad de proteínas y vitaminas y que he caminado con un peso de 50
kilos por casi 200 kilómetros, si… conseguimos tu dichosa espada y sobe Gen X…
pues… me es difícil decirte mi opinión sin utilizar la frase “dolor de
estómago”.
Al escuchar esta respuesta ambos hombres rieron a carcajadas.
-¡Salvador! ¡Veo que te encuentras mucho mejor!- Manifestó Emilio
alegremente mientras observaba el cuerpo de su amigo.
-Todo es gracias al padre de tu amiga Karen ha venido dos veces al día
mientras ustedes no estaban acá, con lo que he podido recuperarme parcialmente
aun no puedo moverme del todo pero vamos progresando.
Emilio puso una maleta grande sobre sus piernas y la abrió, de ella sacó
un objeto envuelto en mantas y se lo entregó a Salvador diciendo:
-Tenía miedo que los detectores de metales o los rayos X la encuentren y
nos la confisquen, pero parece que de alguna forma no es rastreable por esos
aparatos.
Al recibir la espada Salvador dejó su tazón de cereal a un costado y la
sacó de su envoltorio y quedó observándola durante unos segundos girándola para
ver la parte posterior y delantera.
-Es extremadamente ligera –intervino Diana- la densidad de ese material
debe ser inferior incluso que la del Aluminio.
-Así es – Confirmó Salvador- pero su dureza es superior a la del
diamante, esto será muy útil dado que la situación se ha complicado aún más.
Los dos jóvenes observaron extrañados al enviado al oír estas palabras, ya
que habían pasado por lugares donde el idioma era una barrera por lo que no
habían podido leer diarios o ver noticieros y por la premura por conseguir su
objetivo el poco tiempo libre que tuvieron lo utilizaron solo para comer y
dormir.
-¿Qué ha pasado Salvador? – preguntó Emilio con algo de temor.
Al ser consultado el hombre dejó la espada sobre una mesa cercana y comenzó
a explicarle los últimos acontecimientos de los que había sido informado,
comenzando por la caída de Robert Down, pasando por la muerte del papa Clemente
XV y un incendio de causas desconocidas en Israel.
-Carla… eliminó a Robert Down y al santo padre Clemente XV- comenzó
Emilio con un tono nervioso en su voz- para luego tratar de hacer arder en
llamas Israel.
Salvador caminó hacia una silla vacía y se sentó en frente de ellos.
-No… Emilio- habló Salvador con un tono serio, viendo a ambos jóvenes-
Si Carla hubiera tenido un poder de tal naturaleza como para provocar un
incendio en una ciudad de ese país, lo hubiera usado cuando nos enfrentamos…
ella no puede hacer eso… pero parece que han enviado refuerzos para apoyarla.
-¿Refuerzos? –Inquirió Diana y con un tono de burla continuó - ¿Pero es
que ella por sí sola no puede hacer lo que le han enviado a hacer?
-No, Diana… el problema radica en que la sociedad actual no es tan fácil
desencadenar una guerra a gran escala como lo fue en la época en que ellos
estuvieron.
-¿Ellos? –Preguntó Emilio - ¿A quiénes te refieres Salvador? ¿Hay más
como Carla?
El enviado puso sus codos sobe sus piernas y entrecruzó sus dedos, sabía
que iba a decir cosas que sorprenderían a su amigo de forma muy brusca, así que
trató de comenzar de la manera más suave.
-¿Alguna vez has escuchado hablar de Michel de Nôtre-Dame?
-He…-El joven trato de buscar ese nombre en su memoria y no lo encontró,
así que trato de adivinar- ¿Un pintor francés?
-Nostradamus, Emilio – Interrumpió Diana con un tono de cansancio – fue
un médico y astrólogo, pero es famoso por sus profecías, te lo digo antes que
demuestres tu cultura diciendo algo así como que pintó La monaliza.
Tratando de contener un poco una risa, Salvador continuó:
-Dios ha enviado profetas a través de los tiempos, hombres a los que se
les revela información del futuro por diversos medios, sueños, visiones,
comunicación directa, etc. Podemos mencionar a Moises, Ezequiel, Elías, entre
otros.
-Entonces… ¿Nostradamus era uno de ellos?
- Así es Emilio, -Respondió Salvador y continuó su explicación – su
peculiaridad de él fue que profetizó la llegada de tres seres, que serían
opuestos a Cristo… lo que en español podemos entender como “El Anticristo”
-He escuchado de esas profecías y sus interpretaciones –comentó Diana –
Según se dos personajes de la historia ya han sido prácticamente identificados
como los dos primeros Anticristos, uno un general Francés que trató de
conquistar toda Europa y otro surgió unos cien años después, un militar alemán
que trató de erradicar a los judíos del mundo.
-Diana… – comentó Emilio impresionado - ¿No te estarás refiriendo a…
-Si, Emilio – Interrumpió Salvador – a ellos, los has estudiado en tus
libros de historia y las profecías de Nostradamus incluso dan pistas sobre sus
nombres, es por ello que ya se puede decir quienes fueron cada uno, pero lo que
no se sabe es que cada uno vino con la misión de hacer un daño fatal a cada una
de las tres religiones principales.
Los dos chicos observaron a Salvador extrañados, ambos sabían de quienes
estaban hablando pero no podían relacionar del todo a las religiones de mayor
implicancia en el mundo con esas personas, al ver sus expresiones Salvador
trató de explicar de forma más comprensible.
-Miren en el mundo hay tres religiones que adoran al mismo Dios y
prácticamente tienen los mismos principios morales de conducta, pero lo que más
las divide son sus profetas y algunas interpretaciones, hablo de los
cristianos, los judíos y los musulmanes ¿Hasta ahí me siguen? – Ambos chicos
asintieron – El general Francés subyugó a la máxima autoridad cristiana de su
tiempo y puso su voluntad sobre todo Roma, a tal nivel que se coronó emperador
con la bendición papal trasmitiendo la idea de que sus acciones eran
prácticamente la voluntad de Dios, por su lado el alemán direccionó casi todas
sus acciones a erradicar a los judíos de la faz de la tierra, pero finalmente
ambos cayeron.
Ambos chicos estaban casi hipnotizados por la nueva perspectiva que
Salvador le mostraba de esos dos personajes históricos, para completar la idea
Emilio consultó:
- ¿Y el tercero? Dijiste que serían tres. El tercer anticristo es Carla
¿verdad?
- No… - Respondió Salvador – Si bien Carla puede ser catalogada como
otro anticristo el tercer elemento que visualizó Nostradamus lleva años muerto.
Esa declaración asombró a Emilio, no podían entender como alguien que
debería ser similar a las otras dos personas haya pasado desapercibida por la
humanidad, y comentó:
-Pero… este debía ser el anticristo musulmán ¿no es así?… es el que falta,
¿Acaso hubo un error?
-Los tres cometieron errores – respondió Salvador – Cada uno era peor
que el anterior, el francés cegado por su ambición destinó la mayor parte de su
tiempo a conquistar Europa antes que tratar de imponer sus ideas sobre la cristiandad,
el alemán utilizó un método más violento y directo al asesinar a miles de
judíos… pero este último era un terrorista nacido en Arabia Saudita, entrenado
y eliminado por Estados Unidos hace años… - Miró a su amigo y peguntó - ¿Ya
sabes de quién hablo?
-Si… lo sé – respondió el joven – Pero no lo veo peor que los otros dos…
no conquistó grandes territorios, ni asesino a miles de musulmanes.
-Hizo algo peor… esparció una idea errada del Islam – explicó, Salvador
– Impuso su forma de pensar a miles de personas, las cuales se la transmitirán
a miles más y así sucesivamente esparciéndose como un virus en un cuerpo
enfermo.
-Y es peor que los anteriores, porque con su muerte no se acaba el daño
– Comenzó a razonar Diana- Pueden haber matado al hombre pero matar la idea es
más difícil, pueden matar a los miles que instruyó pero cuando lo hayan hecho,
habrán aparecido otros miles.
Para Emilio escuchar todo esto casi le hacía pensar que estaba dentro de
una película de terror, era como si estuviera atrapado en una obra teatral,
donde hubo siempre un guión ya escrito y direccionado a este momento, quiso
estar seguro de lo que estaba pasando por lo que preguntó:
-Y entonces… estos tres anticristos ¿han regresado a ayudar a Carla?
Salvador tomó un poco aire y respondió tratando de trasmitir la mayor
tranquilidad que pudo:
-Al menos uno de ellos ha vuelto a caminar sobre este mundo… cuando los judíos
atacaron a Carla luego de la muerte de
Clemente XV, el alemán apareció para auxiliarla… pero no llegó solo, con él
llegó parte de su antiguo ejército, pero ya no eran humanos.
-Eran un reflejo de lo que alguna vez fueron, -Continuó- esqueletos
cubiertos de fuego con uniformes militares… no puedo ni imaginar el terror que
debieron sentir los judíos al ver un espectáculo tan macabro y retorcido.
Algo no estaba bien, esa historia que parecía sacada de la imaginación
de una persona que había visto muchas películas de terror, era tan poco creíble
que por un momento pensó que Salvador le estaba tomando el pelo, que en
cualquier momento le iba a saltar diciendo algo como “¡Feliz día de los inocentes!”,
pero al ver la expresión de seriedad de su amigo se dio cuenta que eso no iba a
pasar, así que quiso confirmar la fuente de esa información:
-¿Cómo sabes todo esto Salvador? ¿Estuviste allí?
-No… - meneo la cabeza de un lado a otro – Sabes que casi no me podía mover
en estos días, si hubiera estado allí quizás me hubieran incinerado… la
información vino de allá arriba – Lo dijo mientras señalaba hacia el techo con
el dedo índice.
-Entonces ahora ¿son dos?- Dijo Diana, mientras se recostaba sobre su
sillón, observando al techo- Como si con una sola no fuera ya suficiente.
-Ho no, para nada –Comenzó a hablar Salvador con más ánimo que antes –
Los musulmanes se encargaron de regresar al alemán a donde pertenecía.
-¿Los musulmanes? – preguntaron con asombro los dos chicos al mismo
tiempo.
-Así es - respondió sonriente- Realmente sorprende ver como cuando
aparece una amenaza superior los enemigos se pueden volver aliados en cuestión
de horas.
Más tarde a miles de kilómetros al noreste, era casi las once de la noche
en París, las calles alrededor del Palacio de Eliseo, la residencia del
presidente de Francia, estaban tranquilas, dos guardias apostados en la puerta principal
en la calle “Faubourg Saint-Honoré” conversan tranquilamente, vestían pantalones blancos, corbata
roja y camisa y gorras blancas.
-Y dicen que fue asesinado por los judíos que ingresaron – comenta
uno de ellos, alto, delgado, de cabello claro y ojos azules.
-Pero ¿de verdad crees eso Edourd? – comentó el otro, era de
altura similar pero de pelo oscuro y ojos verdes. – Que un grupo de judíos ¿entraran
con armas a matar al sumo pontífice?
-No, ellos entraron por algo más Nicodeme – Respondió su compañero – lo mataron
desde afuera e ingresaron… pero no se sabe a ciencia cierta qué era lo que
buscaban.
Repentinamente la temperatura bajó de forma abrupta, ambos hombres
cruzaron sus brazos sobre sus pechos para abrigarse, a unos metros de ellos un
guardia presidencial vestido de negro y con broches dorados también sentía la
bajada de temperatura pero no solo eso, de entre las sombras vio como surgían figuras
humanas, vestidas con botas negras, pantalones blancos, casaca azul y sombrero
negro, indumentaria que solo había visto en museos y libros de historia antes,
pensó que era gente que se dirigía a representar una obra teatral. Vio con
horror que no eran personas, sino esqueletos, seres hechos de huesos de hielo
al verlos corrió donde los otros dos guardias, gritando:
-¡Nicodeme! ¡Edourd! ¿Qué es eso que está allí?
El guardia presidencial, no llegó a donde estaban los otros dos ya
que resbaló en el camino, para su sorpresa el motivo de su accidente era que el
piso se estaba congelando. Al levantarse sintió que el frio iba en aumento y vio
que sus compañeros estaban con los ojos fijos contemplando algo a sus espaldas.
Al girarse vio aterrado que los esqueletos de hielo se habían multiplicado por
unos veinte y detrás de ellos había un hombre de baja estatura, con ropa
similar pero con un sombrero más grande y hombreras de gala con la mano derecha
en el interior de su chaqueta, sonriéndoles con una expresión de triunfo.
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