Era una calurosa mañana en la casa de Diana, la chica estaba sentada en
su sala en su sillón favorito revisando unos pasaportes y documentos que tenía
en una pequeña mesa frente a ella, a su costado e incómodamente cerca Erwin
Quiroz la observaba con una mirada algo perturbadora:
-Y bien ¿qué te parecen preciosa? ¿No es un trabajo de primera calidad?
La joven no despegaba la mirada de los documentos que tenía en frente y
observaba cada detalle para estar segura que no había ninguna falla.
-Debo decir que tu trabajo es la contraparte perfecta a tu apariencia…
libre de defectos.
EL chico emitió una pequeña carcajada y añadió:
-Gracias por el cumplido y has olvidado el detalle que he podido atender
tu pedido en lo que se podría decir un tiempo record, no podrás negar que por
una belleza como tú siempre me he esforzado en complacerte.
-Bueno… - respondió la chica emitiendo un pequeño suspiro – El hecho que
me hayas cobrado diez veces el precio normal también debió de haberte
incentivado.
-Son solo pequeños gastos adicionales en los que tuve que incurrir para
acelerar algunos trámites, la burocracia siempre ha sido mi mayor enemigo.
-Yo siempre pensé que era el jabón.
Emitiendo una sonrisa de malicia el chico respondió:
-Muy graciosa Diana… y a todo esto porque planeas irte a ese país con
esos dos hombres, ¿es que tienes alguna fantasía que sería ilegal realizar acá?
La chica puso una mirada asesina y le respondió muy seria.
- Si vuelves a insinuar algo así te asesinaré y enterrare tu cuerpo en
mi jardín, tu materia orgánica sería un excelente abono para mis orquídeas
aéreas de Tailandia.
-Ok, mujer – dijo Erwin ligeramente atemorizado y alejándose un poco –
sólo que como comprenderás no es usual que alguien siquiera desee ir a ese
país.
Diana juntó los documentos en sus manos ordenándolos y respondió con un
aire un poco triste:
-Solo quiero conocer la mayor cantidad de lugares antes de tener que
dejar este mundo.
El chico se quedó aún más confundido por esa extraña respuesta.
Horas después en el aeropuerto de Washington-Dulles, Carla Moon Haya se
disponía a subir al Air Force one pero antes tenía una pequeña conversación con
James
-¿Estás seguro que está bien que yo vaya sola?
-Si ya hablé con ella y me ha indicado que tiene todo listo para tu
recibimiento –respondió el presidente- Ahora la situación se ha estado saliendo
de control después de lo de Clemente y el hecho que no hayamos intervenido en
el conflicto de Francia con España, la gente está comenzando a especular, debo
de calmar un poco los ánimos.
-Comprendo- dijo la chica con una sonrisa, poniendo su mano sobe su
brazo agregó – eres un buen hombre sé qué harás lo correcto.
Él le devolvió la sonrisa y le dijo:
-Gracias por tus palabras creo que así lo estoy haciendo.
La chica dio media vuelta y subió al avión que la esperaba, su destino
era Londres, donde había sido invitada por la actual reina de Inglaterra
Victoria III, esta había llamado a James manifestándole sus deseos de conocer a
Carla y ver la posibilidad de ayudarla en su objetivo en el continente Europeo,
algo que le venía muy a conveniencia a la chica después del fiasco que resultó
la invasión francesa en España. Adicional a esto James la había dejado ir sola,
actitud que a ella le agradó mucho pues ya estaba cansada de tenerlo pegado
todo el día a ella, sentía que las cosas comenzaban a salir como debían y lo
único que le preocupaba era saber si el inútil de Salvador aún estaba con vida,
y en caso que lo esté se aseguraría de que lo lamente.
Después de siete horas de viaje, las cuales la chica aprovechó para
descansar, revisar sus casi completamente curadas heridas y planificar cuál
sería su siguiente movimiento el air forcé one aterrizaba en el aeropuerto Heathrow.
Al bajar del avión Carla vio a un grupo de unos 50 soldados reales
Británicos con sus característicos trajes rojos, pantalones y sombreros de piel
de oso negros, en frente de ellos se veía a un hombre alto, rubio de unos 40
años de edad en un elegante traje esperándola, el cual con una amable sonrisa
la saluda:
-Bienvenida a Inglaterra señorita Carla, soy el primer ministro Daniel
Cannon.
Al verlo la joven se sintió algo decepcionada esperaba ver allí a la
reina no a su primer ministro, pero mantuvo la serenidad y buen ánimo y
respondió al saludo:
-Muchas gracias Daniel, es un gusto conocerte. ¿Cómo se encuentra la
reina?
-Esperándola con ansias, por favor sígame.
Ambos caminaron escoltados por los guardias hacia un pequeño grupo de
helicópteros a unos metros del avión presidencial americano, se podía divisar
uno que destacaba sobre los demás era más grande y de un color dorado, Daniel
presionó un botón que accionaba la puerta y esta al abrirse dejó caer una
pequeña escalera, con una sonrisa le dijo:
-Después de usted.
Carla subió al interior de la aeronave y en su interior pudo ver una
especie de pequeña sala, con sillones muy cómodos de color blanco, una mesa
larga de madera y en las paredes algunas fotos de la realeza y lugares de
Londres.
-Este es el helicóptero que utiliza su majestad para sus paseos por la
ciudad – Dijo el primer ministro subiendo detrás de la chica – Espero que sea
de su agrado, póngase cómoda.
Ambos se sentaron en el sillón más grande que había, a los pocos minutos
se cerró de forma automática la puerta de ingreso, y el vehículo inició su
vuelo, luego los otros helicópteros iniciaron su ascenso detrás de este.
Un total de cinco helicópteros surcaban el cielo de Londres, encabezados
por uno dorado, desde su ventana Carla podía ver la ciudad, el movimiento era
menor del que esperaba y el big ben se veía tan majestuoso como lo esperaba.
-Espero sea de su agrado la vista –Comentó el primer ministro.
La chica que no le estaba prestando mucha atención giró para verlo, y le
respondió.
-No esperaba que fuera tan tranquilo Londres.
-Muchas de las actividades normales se han paralizado por su visita,
señorita Carla. Toda Inglaterra está muy ansiosa por conocer a la persona que
ha hecho tantos milagros en América.
-Eso es halagador de su parte Daniel –respondió Carla tratando de
transmitir un tono humildad – Pero yo solo estoy haciendo lo que Dios me ha
indicado que haga.
-Lo sé – Respondió Daniel, mientras giraba para observar por una ventana
cercana – Ya casi hemos llegado, ahí está el palacio de Buckingham, ¿Puede
verlo?
Carla se acercó un poco más y pudo divisar el palacio a unos pocos
kilómetros, era una estructura larga de color gris con una enorme pileta
frontal y jardines alrededor. De pronto Daniel se levantó y se dirigió hacia la
cabina del piloto y antes de entrar le comentó con un tono amable.
-Tengo que asegurarme que nuestro amigo sepa dónde debe aterrizar, sería
muy vergonzoso que lleguemos a un lugar y la reina no esté esperando en otro.
-Comprendo. –Respondió Carla.
Al entrar a la cabina el primer ministro cerró la puerta con un seguro,
luego de ello se escucharon seguros adicionales en todos los acceso a la sala,
Carla lo notó y le pareció extraño. Luego el helicóptero comenzó a volar de una
forma extraña y se ladeaba un poco, al mirar por la ventana la chica vio
perpleja como tanto Daniel como el piloto se lanzaban en paracaídas desde la
cabina, el cerebro de la joven trabajó a una velocidad sobrehumana en solo dos
segundos dedujo que la estaban acorralando, que ese lugar no era seguro y que
ella estaba allí atrapada para ser eliminada.
La ira comenzó a correr el cuerpo de la chica, a una gran velocidad se
lanzó contra la puerta de ingreso y golpeó las uniones con su puño encendido
por el fuego del infierno lo cual hizo que esta cediera cayendo al vació, la
chica visualizó un edificio cercano y se lanzó hacía él de un buen salto, pero
justo cuando escapaba del helicóptero este explotó, por el ataque de misiles
proveniente de las cuatro naves que venían detrás, la presión la lanzó contra
la edificación que había visualizado pero no impactó como lo hubiera deseado,
comenzó a caer pegada a la pared, pero pudo reducir la velocidad incrustando su
dedos sobre el cemento y cayó al piso dando un salto, cuando estuvo lo
suficientemente cerca.
Al llegar vio que estaba relativamente cerca del palacio de Buckingham,
donde debía estar la reina, la persona que la mandó a eliminar, debería de
estar viendo esto, Carla se decidió a hacer que se arrepienta por lo que hizo,
solo dio unos pasos y el himno nacional “Dios Salve a la reina” comenzó a oírse
por toda la ciudad, se habían colocado parlantes en todos lados de modo que
suene a tal nivel que los vidrios vibraban.
La chica se tapó los oídos y cayó de rodillas, no solo el alto volumen
le hacía daño, la letra en sí era para ella una tortura, una canción que invita
a toda una nación a poner su fe en Dios era como una oración, era como volver a
estar en el vaticano, de pronto y de una forma inexplicable Carla se vio
rodeado de los doce exorcistas que había eliminado en Italia, los cuales la
observaban con miradas serías y de desprecio.
Carla no sabía que estaba pasando, solo se le ocurría que esa horrible
canción la estaba haciendo alucinar, pudo percibir como desde las calles
cercanas surgían soldados ingleses, provistos de orejeras. Cerca de 200 hombres
la rodearon desde distintos lugares y se prepararon para disparar. La joven que
no podía ver bien lo que pasaba por los doce exorcistas que la rodeaban solo
atinó a poner su mano derecha en el piso y generar una columna de fuego del
infierno a su alrededor. Los disparos comenzaron a oírse pero las balas se
volvían cenizas al contacto con la defensa que había generado a su alrededor
Carla, pero había un segundo objetivo en su plan a los pocos minutos el cemento
debajo de ella se desprendió permitiendo a la chica ingresar en la red de
alcantarillado de la ciudad.
La chica cayó haciendo un fuerte sonido, soportando el horrible aroma y
evitando prestarle atención a las ratas e insectos que abundaban, comenzó a
correr a una gran velocidad mientras que realizaba algunos cálculos, según la
distribución normal de una red de alcantarillado y la distancia a la que estaba
del palacio de Buckingham definió la ruta a seguir para posicionarse justo al
centro de la residencia de la reina de Inglaterra.
Conforme corría a través de túneles oscuros, el sonido del himno se iba
haciendo cada vez menos audible, lo cual ayudaba a su concentración. A pesar
que ya se sentía mejor podía jurar que en algunos de los pasajes que estaba
cruzando era observada por los tres exorcistas que se quedaron enfrentaron a
ella para permitir a Clemente XV y los demás escapar.
-Debo de estar delirando- se dijo a sí misma, mientras que corría- Estos
humanos son tan tontos que el mismo truco me ha funcionado dos veces.
A los segundos de terminar esa frase, escucho pasos detrás de ella, sin
detenerse giró la cabeza hacía atrás y vio con espanto que por diversas entradas
surgían soldados del ejército británico armados con rifles y con linternas en
sus cascos.
-Aquí está-gritó un joven señalándola.
-¡Fuego a discreción! – ordenó un hombre que por su uniforme era un
comandante.
Al ver esta amenaza, Carla puso ambas manos en el piso y levantó una
pared de fuego del infierno la cual la protegió de los disparos, luego hizo que
esta abarque casi todo el túnel donde se encontraban haciendo que los soldados
mueran entre gemidos en solo unos segundos.
Luego de ver que no había nadie vivo cerca Carla reanudó su carrera a
toda velocidad pero comenzó a escuchar pasos por todas las direcciones
alrededor de ella, comprendió que estaban tratando de cercarla, que sabían
hacia donde se dirigía y que si se descuidaba podría tener una humillante
muerte y derrota en esas asquerosas alcantarillas, por lo que se detuvo y cerró
los ojos para poner más atención a los movimientos que se daban a su alrededor.
Luego de cerca de un minuto de cálculo abrió de nuevo los ojos y de sus
manos hizo salir dos lenguas de fuego infernal, las cuales de forma similar a
lo sucedido en el estadio MetLife recorrieron el sistema de alcantarillado
eliminando a todos los soldados que había allí. Con lo que la chica se sentía
solo un poco más segura, ya que era cuestión de tiempo para que ingresaran más
refuerzos, así que reanudó su carrera hasta llegar a una gran intersección de
vías de desagüe, al llegar vio con odio que las imágenes de los 4 exorcistas
que había muerto por el candelabro la esperaban observándola, caminó entre
ellos con cautela hasta llegar al centro de la zona, pero estaba demasiado
ocupada observándolos que no se percató que por todo el piso habían minas
antitanque modificadas para que exploten con el peso de una persona.
Al pisar una, por un descuido, hizo que esta explotara y Carla salió
volando por los aires, pero aprovechó este impulso para golpear el techo con la
mayor fuerza que pudo con su puño cubierto de fuego infernal, logrando
atravesarlo, la chica cae herida dentro del salón verde del palacio de Buckingham,
un ambiente con tres candelabros blancos y delgados colgando del techo y
adornadas las paredes con pinturas antiguas, allí una veintena de soldados la
esperaban y además el himno de “Dios Salve a la reina” volvía a retumbar en sus
tímpanos.
-¡HAAA! ¡MALDICiÓN! – Grita la chica con todas sus fuerzas, al tiempo
que coloca ambas manos en el piso.
El fuego del infierno se esparce rápidamente por la habitación eliminado
a los soldados y reduciendo a cenizas los objetos que allí había, solo quedando
la imagen del exorcista judío que la miraba con seriedad. Sin prestarle mucha
atención y tapándose los oídos, Carla corre lo más rápido que puede aguantando
el dolor de las heridas provocadas por la explosión, sube la gran escalera a
toda velocidad y es rozada por disparos de algunos soldados que llegan desde la
planta baja, en el piso al que llega no hay soldados, corre por una gran
alfombra roja, donde como estatuas la vigilan los dos exorcistas varones que
acorraló en la oficina de Clemente XV, de una potente patada abre una gran
puerta blanca con diseños dorados.
Al ingresar a la sala puede ver a Victoria III de pie, una mujer alta de
piel blanca y pelo castaño, observándola con asombro y terror con los ojos
abiertos como platos y a su costado Brenda y Saby con miradas de rencor. La
habitación tenía un gran vitral hacía la zona donde había caído el helicóptero,
y allí también estaba Daniel Cannon y otro hombre más con ropa militar de alto
rango.
-Así que ahora son muy amigas ¿he? –gritó Carla hacia la imagen de las
exorcistas ante el desconcierto de los presentes.
A pocos metros de la reina se podía ver un dispositivo electrónico el
cual era el que controlaba los parlantes dispuestos por la ciudad y en el
interior, al verlo Carla toma una lámpara de pie dorada y al levantarla la
convierte en una jabalina y la lanza contra el equipo de control, ocasionado
que el sonido se detenga y con ello las imágenes de Saby y Brenda desaparecen.
Al no haber ningún sonido que la perturbe Carla hace surgir un muro de tierra
del suelo sobre la ubicación de la puerta eliminando cualquier opción de
escape, y comienza a caminar hacía Victoria III mientras le dice:
-Increíble, déjame felicitarte –manifiesta tratando de reprimir la ira y
cojeando un poco– Al menos tú fuiste más directa que ese inútil de Clemente.
-¡No te acerques a la reina! –grita el militar al tiempo que empuña una
pistola.
Al ver esto Carla rápidamente saca un bolígrafo de su bolsillo, el cual
lanza hacía la frente del hombre, al impactarle este ya se había convertido en
una filoso cuchillo que lo mata de forma instantánea.
-Bueno, ahora que hemos terminado con las interrupciones –Retoma el
dialogo Carla – quiero hacer la pregunta obvia ¿Cómo lo supiste? No me digas
que eres una mujer muy devota ya que sé muy bien que no y si no hablas tengo
formas de forzarte a que me digas todo lo que deseo saber.
La reina se sentía ofendida con esa forma tan maleducada de hablarle,
pero después de ver lo que había pasado, decenas de soldados muertos por una
sola persona, su capacidad de manipular la materia, sabía que el ser que tenía
en frente tenía los recursos para hacerla hablar y antes que se recurra a una
tortura innecesaria comenzó a caminar hacia su escritorio.
-De acuerdo, cálmate no es necesario que recurramos a más violencia –Dijo
la reina con un tono serio pero tranquilizador- resulta que mientras España era
atacado por el ejército francés el rey Fernando IX, me envió un correo
electrónico con cierta información.
Carla no dejaba de ver a la reina mientras que esta marcaba algunas
teclas en su ordenador y finalmente le muestra la pantalla.
-El correo que te mostraré no fue hecho por Fernando, el solo me lo
reenvió y tiene una par de videos muy interesantes como podrás apreciar.
La reina Victoria III presiona los botones necesarios y un reproductor
de video muestra la lucha entre los exorcistas y Carla en la oficina de
Clemente XV, se escucha a Saby decir “¡Brenda! Ella no es una chica poseída,
ella es un verdadero demo…”, luego muestra el incendio en Isarel y como un
ataque suicida musulmán salva a los judíos en la sinagoga Hurva del militar
alemán.
Al verlos Carla entendió lo que había pasado, cámaras de emergencia
grabaron lo sucedido en la oficina del papa, las cuales no requerían del
suministro de electricidad del edificio ya que tenían una fuente independiente,
los ataques a los judíos fueron registrados y unidos con el video de seguridad
anterior.
-Por lo visto, no eres una simple mujer poseída –dijo la reina, mientras
que observaba su pantalla – O al menos esto fue lo que dedujo esta inocente
chica antes que la incineraras.
Carla guardó silencio, apretaba puños y dientes, la información que
tenía ese correo era extremadamente peligrosa para ella, si se difundía toda su
misión podría fracasar y eso era algo que ella no podía permitir.
-Te mostraré el segundo video adjunto en el correo. – Indicó Victoria
III mientras que tecleaba sobre su ordenador.
Esta vez no era una grabación de cámaras de seguridad o de calles de
Israel en la pantalla se veían dos hombres de avanzada edad mirando fijamente a
la cámara, comenzó a hablar el de la izquierda:
-Estimado rey Fernando IX, le saluda el Imán Abdul.
-Y yo soy el Rabino Shemtov. –Agregó el anciano de la derecha.
-Su majestad a su encuentro va una de las amenazas más grandes de la
historia de la raza humana –Comenzó a explicar el Imán- Como puede ver por el
otro video adjunto esta chica Carla es cualquier cosa menos una enviada de Alá,
ella ha sido enviada por el mismo Iblis o Satán, como prefiera llamarlo. Y con
ella han llegado seres que hace cientos de años causaron muerte y dolor sobre
miles de personas en el mundo.
-Gracias a la oportuna intervención de los musulmanes decenas, quizás
cientos de judíos fueron salvados… a cambió de la vida de un valiente joven
piloto. –Interrumpió el rabino – Pero ahora su país está en un riesgo similar
al que estuvo mi gente y por eso para evitar que se derrame sangre inocente
innecesaria vamos a compartir con usted información muy confidencial.
-No levante espada, ni dispare arma contra otro ser humano – Explicó
Abdul – Eso es lo que ellos desean, el presidente Teófilo es un hombre de paz
el no desea hacerle daño a los españoles… eliminé al Emperador Francés que lo
acompaña y manipula, si el cae su ejército caerá con él, tal y como pasó acá
con el alemán.
-Por favor, guarde total discreción sobre esta información - Continuó
Shentov – Los musulmanes y judíos nos estamos agrupando para atacar a Carla,
ella es la fuente de todo el mal que está pasando, pero no conocemos la
extensión de sus habilidades pero por lo acontecido en el Vaticano podemos
deducir que no es inmortal y ahora una de nuestras pocas ventajas que tenemos
es el hecho que ella desconoce que somos conscientes de su verdadera
naturaleza.
El video terminó y Carla comenzó a analizar la situación era poco
probable que Fernando IX hubiera difundido esa información ya que eso hubiera
arruinado los planes de Shentov y Abdul, pero quedaba la interrogante del
motivo por el cual se lo había enviado a Victoria III, por lo que le preguntó.
-Parece que el rey no pudo guardar el secreto.
-El correo me llegó poco antes de su muerte y no veo otro destinatario
–Respondió la reina- si revisamos la historia el siguiente objetivo del francés
luego tomar España hubiera sido Inglaterra y finalmente Rusia, lo podemos
considerar como un aviso en caso que su idea de morir junto con el francés
hubiera fallado.
La joven al escuchar esta explicación sonrió de una forma macabra, le
pareció coherente esa forma de actuar, pero las cosas le salieron completamente
al revés de lo que esperaba Fernando IX. Con una velocidad sorprendente se
lanzó sobre el ordenador y de un golpe lo destruyó, miró a la reina y con aires
de victoria le dijo:
-Creo que tú no podrás pasar esta información.
La reina se quedó callada y retrocedió unos pasos, sentía rabia y miedo.
Carla observó la vista que tenía ese ambiente y se dio cuenta que daba justo al
lugar donde cayó el helicóptero en el que ella iba.
-Por lo visto querías verme morir desde el sitio más cómodo ¿No es así?
–Comenzó a hablar Carla – Pero tu ego te traicionó pensaste que podías hacerlo
todo sola, déjame decirte que la idea de debilitarme con tu himno fue muy buena,
de hecho por un momento pensé que mi tumba sería ese salón verde del primer
piso.
Al oír esto la reina, hizo una mueca de desagrado le recomendaron
colocar explosivos en los ambientes del palacio pero no lo hizo porque no
quería dañarlo innecesariamente y menos destruirlo como hizo Fernando IX con el
suyo, pensó que con su ejército desplegado sería suficiente.
-Bueno seré breve y directa – Indicó Carla mientras caminaba hacia la
reina y con un tono de autoridad añadió – Arrodíllate ante mí y te perdonare la
vida, júrame lealtad y vivirás para ver otro día.
Esta petición iba en contra de todo lo que Victoria III tenía por
concepto de reina, ella no se podía arrodillar ante nadie, era la máxima
autoridad del Reino Unido. Antes que hacer eso, preferiría incluso la muerte y
respondió con desprecio.
-Jamás me arrodillare ante ti.…
Al oír su respuesta Carla sonrió, después de lo que le había hecho pasar
esta mujer ella no deseaba perdonarle la vida, solo necesitaba la excusa
perfecta para eliminarla ya que ya había obtenido la información que deseaba,
así que tranquilamente caminó hacia ella y toco su cuello y siguió caminando
alejándose. Victoria III, entendió que había llegado su hora pero al menos
abandonaría este mundo como lo que era, una reina que se enfrentó y casi venció
a una enviada de Lucifer, se sentó en una silla cercana y su cabeza cayó al
piso.
Sin prestar mayor atención a ese evento Carla se dirigió hacia Daniel
Cannon, el cual estaba horrorizado por lo que había visto, el miedo le impedía
hablar o moverse.
-Bueno, lo hare rápido… la verdad no me interesa mucho lo que me digas
–Le dijo Carla al primer ministro- Después de esa pequeña broma del
helicóptero, no te tengo en mucha estima ¿sabes? Así que dime ¿Obedecerme o
morir como tu reina?
El hombre no podía responder, el miedo aun lo tenía paralizado, pero al
sentir los dedos de Carla sobre su cuello gritó desesperado:
-¡Obedecer! ¡Obedecer! ¡Por favor no me hagas daño!
La chica al oírlo aparto sus dedos, emitió un suspiro de resignación y
comenzó a caminar alejándose de él, mientras decía con desprecio:
-De algo servirás… Dime, ¿James estaba enterado del plan de tu reina?
-Si…-respondió el primer ministro- Su majestad le reprochó su
comportamiento y le dijo que no venga, que ella se encargaría de todo.
Mientras caminaba y escuchaba la respuesta d Daniel comenzó a analizar
su situación, tenía tres cosas de las cuales preocuparse, los judíos y
musulmanes que se estaban agrupando, debía de hacer algo con ellos, el
catolicismo había sido fuertemente dañado con la muerte de Clemente XV, pero no
descartaba la posibilidad que alguna otra autoridad cristiana se les una, de
darse ese escenario se podría considerar que su misión había sido un fracaso, a
través de la historia una de las causas de guerras, muertes, asesinatos y torturas
había sido las diferentes creencias del ser humano sobre el mismo Dios, hacer
que estas tres ideologías se unan con un mismo objetivo es lo último que
deseaba. Luego estaba James Burt, ese inútil ya sabía demasiado por lo que parecía
que había llegado el momento de sacarlo de escena. Finalmente estaba ese perdedor
de Salvador, la idea de que haya muerto era poco probable su resistencia
debería de ser similar a la de ella y no conocía el alcance de sus habilidades,
solo sabía que aparentemente se podía teletransportar, pero quién sabe si tenía
algo más por lo que valga la pena preocuparse.
Tenía que actuar rápido, sus problemas se incrementaban. Cerro un puño
con fuerza y decidió a cual problema darle solución primero.
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