Diana Bonilla y Emilio Sandoval caminaban por las calles del Lima,
habían dejado a Salvador bajo los cuidados de su amiga Beatriz, la zona por
donde iban era conocida por ser un lugar al que acude gente que está
relacionado con negocios ilegales, extorciones, falsificaciones y que por el
precio adecuado se puede conseguir cualquier tipo de información o documentos
desde tarjetas de propiedad de autos hasta la nómina de pago de todo el congreso
del país, la zona era altamente comercial y dado que era cerca de medio día era
un poco difícil caminar sin ser empujado por alguna persona. A sugerencia de la
chica ambos iban vestidos con ropa algo deteriorada pantalones Jeans
desgarrados y chamarras con capucha que cubrían sus rostros, todo esto con la
intención de pasar lo más desapercibidos posible. En cada lado de la calle
habían diversos negocios, muchos relacionados a equipos de cómputo y software,
otros a libros de diversos temas, y algunos restaurantes, disponían de poco
tiempo para lo que se proponían hacer, por lo que iban a un paso acelerado y el
chico le preguntó a su amiga:
- ¿Me puedes decir que estamos haciendo en este lugar?
-Ya te lo dije – respondió la joven mientras caminaba y miraba a todos
lados tratando de encontrar algo – Necesitamos algunos documentos para poder
llegar a la India como la visa schengen por la escala que haremos y la Visa misma
del país.
-¿Y esperas que consigamos eso acá?
-Tu solo confía en mi… ¡mira, ya encontré el lugar que buscaba!
Diana señaló un restaurante de comida china que se veía un poco más
elegante que el resto de negocios, pero no lo suficiente como para desentonar
con el lugar donde se encontraban, antes esto Emilio dijo arqueando una ceja:
-¿Esperas que consigamos Visas falsas aquí?
-Shhhh- le chilló la chica llevándose un dedo a la boca en señal de
silencio- ¿Por qué no mejor te pones un cartel en la cabeza diciendo lo que
vamos a hacer?... ven entremos y sentémonos en la mesa que tenga menos
gente a su alrededor.
Entraron al negocio, las paredes de color rojo estaban adornadas con
dragones dorados y dibujos de hombres con
ropas orientales además de los típicos gatos dorados que movían una pata en la
caja de pago en la parte posterior, para suerte de ambos el lugar estaba casi
vacío. Eligieron una mesa que estaba en el centro del salón de forma que no
tenían nadie cerca. Al verlos una chica con blusa blanca y falda negra se
acercó a ellos llevándoles dos cartas, cuando se las ofreció, Diana la miró a
los ojos y le dijo:
- No es necesario venimos a probar el pato Noruego.
Al oír esto su amigo pensó por un momento que la chica había perdido la
razón, pero la camarera rápidamente dio media vuelta y se alejó de ellos.
-¿Pato Noruego?
-¿Esperabas que grite a los cuatro vientos que es lo que queremos? Hay
algo que se llama discreción y en este tipo de negocios es fundamental.
Pasaron unos 3 minutos y la chica que los atendía regreso a la mesa y le
dijo:
-Señorita su pato está listo, puede ir por el al segundo piso, por la
escalera.
-Gracias -respondió Diana, mientras se ponía de pie y le decía a su
compañero- ¡muévete Emilio!
Ambos jóvenes subieron por las escaleras de madera que se encontraban a un
lado del lugar, al llegar al final de los
escalones entraron por una puerta de madera con la imagen de un pato tallado en
ella. En el interior de la habitación a la que ingresaron había papeles en
rumas colocados desordenadamente por todo el lugar, tanto en el piso como en
las mesas y sillas, al fondo de la estancia pudieron ver a un chico de unos 25
años apoyado sobre un escritorio de madera fina, con un símbolo de un pato
similar al de la puerta, vestía un pantalón y una chaqueta ambos de cuero negro,
llevaba una camisa blanca, una correa cuya hebilla era un cráneo, su pelo
estaba desordenado como si no se lo hubiera lavado en días, medía
aproximadamente un metro setenta y los recibió con una sonrisa burlona.
-¡Diana Bonilla! ¿A que debo el honor de tu vista? Debiste avisarme
antes para poder ordenar un poco mi despacho.
La chica comenzó a caminar hacia el interior de la habitación y con voz
calmada dijo:
-Lastimosamente no cuento con mucho tiempo… Erwin. Además dudo que este
chiquero que llamas despacho pueda ordenarse en menos de 1 mes, pero descuida
no estoy acá para ver lo bien que manejas tus negocios.
Erwin emitió una risa en voz baja, se apartó de su escritorio y se
dirigió al encuentro de la chica.
-Claro… no creo que una chica tan hermosa e inteligente como tu venga a
un lugar como este a menos que requiera de mis…. Servicios especiales… ¿Quién
es el niño que te acompaña? ¿Tu novio?
-No… es solo un amigo su nombre es Emilio- Giró y miró a su compañero y
le hizo una seña para que se les uniera- acércate Emilio, aunque no lo creas
Erwin Quiroz no muerde… y menos aún a sus clientes potenciales.
Emilio se acercó vacilante, no le gustaba nada el lugar y ese tipo Erwin
tenía todo el aspecto de no haberse duchado en al menos una semana.
-Parece que tu cachorro me tiene miedo, Diana. – Dijo Erwin en forma
burlona.
-¿Debo recordarte que tu apariencia tan pulcra suele crear un efecto
similar en cada persona que te ve por primera vez? – Menciono la chica en tono
serio.
Ante tal comentario Erwin dio una fuerte carcajada, lo que hizo que
Emilio se pusiera más nervioso aún y en su incomodidad y deseo de abandonar ese
lugar lo más pronto posible le dijo a su amiga.
-¿No crees que deberíamos decirle de una vez que es lo que necesitamos?
-Sí, claro… Erwin si dejas de reírte como tonto y me pones algo de
atención podríamos terminar este asunto rápidamente… necesito que coloques unas
visas sobre nuestros pasaportes.
El aludido dejo de reírse y tomó un poco más de seriedad y observó a la
joven con un aire de superioridad.
-Claro no hay problema, la visa americana imagino… es lo que más se pide
últimamente creo que debería solicitar me hagan descuentos por cada docena que
tramito.
-No, no necesitamos la visa americana… necesitamos la schengen y la de
entrada a la India.
El chico vestido de ropa de cuero puso una expresión de perplejidad y
desconfianza, ese pedido era extremadamente extraño y poco usual, por lo
general iban a él gente que no tenía muchas oportunidades de conseguir un
futuro en Perú y deseaban ir a probar suerte a Europa o Estados Unidos, pero
tenían problemas para obtener el visado por el conducto regular, pero nunca
había recibido un pedido de una visa para la India.
-La india… es un pedido un poco peculiar Diana… ¿puedo preguntar qué es
lo que deseas hacer allá?
-Solo deseo hacer un poco de turismo no convencional es todo y no tengo
el tiempo para hacer el trámite de rigor que exigen ambos visados.
La respuesta no terminó de convencer al joven traficante, pero sabía por
el negocio en el que estaba que a veces no era buena idea preguntar mucho
acerca del uso que le iban a dar a su trabajo sus clientes.
-¿Para cuándo los necesitas?
-Para mañana.
-¿Qué?...-EL chico casi se va para atrás al oír esa respuesta- Diana, te
creía una chica más inteligente, ¿es que crees que esto se puede conseguir con
solo una llamada telefónica? Es prácticamente imposible que te consiga una visa
de estas en un día… y no hablemos de dos.
La chica ya estaba preparaba para esa respuesta sabía que lo que pedía
era cualquier cosa menos sencilla, pero ya estaba preparada para manejar la
situación.
-Di un número Erwin… yo sé que sabes que hilos jalar y que manos
sobornar para conseguir esto para mañana.
Al oír eso el chico hizo una sonrisa de orgullo y se giró, dándoles la
espalda. Caminó hacia su escrito y sobre un papel escribió algo, lo tomo entre
dos de sus dedos y se lo ofreció a sus visitantes, al ver esto Emilio y Diana
avanzaron hacia él y fue la chica quien tomo el papel, al ver lo que había
escrito su amigo no pudo contener su impresión.
-¿Qué?- gritó- ¡Diana! No puedes aceptar eso, es una locura con ese
dinero podrías…
Antes que acabara la frase la joven puso su mano frente al rostro de
Emilio dándole a entender que no necesitaba de su opinión. Con tranquilidad
sacó de su bolso negro un talonario de cheques, en uno de ellos escribió
cuidadosamente la cifra que Erwin había escrito en el papel, luego de eso lo
arrancó y se lo entrego diciendo:
-Tendrás otro igual mañana si cumples tu parte del trato.
-¡Wow! De verdad debes estar emocionada por hacer turismo allá.
-En éxtasis.
-Bueno dulzura, necesito sus pasaportes, no esperaras que les de las
visas como unas calcomanías para que las peguen ustedes mismos ¿verdad?
Ambos sacaron los documentos mencionados, Emilio tenia serás dudas de
dejar algo tan importante en manos de alguien con la apariencia de un
vagabundo, de hecho si no fuera por que confiaba plenamente en Diana y porque
no necesita un pasaporte en su propio país de ninguna manera se lo hubiera
dejado.
-Bueno eso será suficiente muchachos- dijo Erwin mientras recibía los
documentos- tendrán sus papeles en regla mañana mismo, me pondré a trabajar en
ello en este instante ya que al tratarse de un cheque de Diana Bonilla, no es
necesario ni siquiera comprobar si realmente tiene o no fondos la cuenta
bancaria.
-Encantador, realmente encantador- respondió la chica en tono irónico-
pero dejémonos de tonterías, sé que lo primero que harás ni bien pongamos un
pie fuera de este lugar es depositar el cheque en tu cuenta bancaria para
asegurarte de mañana poder comprobar la liquidez del mismo. Pero no te demores
mucho ya que si quieres ver a su hermano gemelo del mismo monto debes tener
nuestros documentos listos cuando estemos de regreso.
El chico rió por lo bajo, y le respondió.
-Belleza e inteligencia en abundancia en una sola persona… es algo difícil
de ver en estos días… ¿Por qué no trabajas conmigo Diana? Juntos podríamos hacer
grandes cosas.
-Gracias, pero temo que si pasara mucho tiempo contigo mi cuerpo incubaría
una nueva cepa de virus Hantavirus y no tengo la menor intención de volverme la
placa Petri de estudio de nadie.
La expresión en el rostro de Erwin reflejaba confusión e incomprensión,
por lo que solo pudo atinar a responder:
-¿Por qué diablos a veces te da por hablar en un idioma que solo te podrían
entender los marcianos o alguien de tu propio planeta?
Emilio sintió una extraña sensación al darse cuenta que no podía estar
más de acuerdo con esa frase, en ocasiones Diana podía ser extremadamente
extraña tanto al actuar como al hablar. Por toda respuesta la chica le brindó
una sonrisa, dio media vuelta y comenzó a alejarse hacia la puerta.
-Esperamos ver una muestra de tu habilidad y conexiones en el mundo del
tráfico documentario para mañana Erwin. Emilio, vayámonos y dejemos a nuestro
amigo hacer lo suyo.
Al oír a su amiga el chico hizo un gesto de despedida y se fue caminado detrás
de ella. Ambos bajaron las escaleras y cuando estaban cerca de la puerta que
daba a la calle notaron como la camarera que los había atendido subía rápidamente
hacia la oficina donde habían estado.
-Lo sabía, va a enviar a depositar el cheque enseguida –dijo Diana con
un aire de suficiencia- bueno Emilio, la parte fácil ya está hecha.
- Si, tienes razón la parte fácil… ya está.
Se sentía raro que conseguir documentos de forma ilegal sea la parte fácil
de cualquier cosa.
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