martes, 1 de julio de 2014

Capítulo 11: La tumba de Yuza Asaf



-¿Perdón? No entiendo.- Comentó Emilio, estaba realmente confundido, toda su vida había pensado que Jesús había muerto y resucitado en Jerusalén, y nunca había escuchado la palabra Cachemira en alguna de sus clases de religión en la escuela.
-Verás…- Comenzó Salvador, usando un tono tranquilizante- Jesús si fue crucificado, pero no murió en la cruz. Estuvo en esa terrible situación por horas. Incluso la biblia cristiana lo describe. Pero una persona normal de 30 años con un estado de salud promedio no moriría por estar clavado por menos de medio día. Gracias a sus conocimientos budistas, pudo aguantar el dolor, relajar su ritmo cardiaco y casi pasar por muerto. Con lo que sus discípulos pudieron aprovechar para bajarlo de la cruz.
-¿Conocimientos budistas?- preguntó el chico, cada vez su realidad se tornaba más bizarra e irreal y los cimientos de sus antiguas creencias comenzaban a verse menos firmes.
-Sí, ¿Has leído la biblia verdad? – Continuó Salvador, tratando de exponer los hechos de la forma más simple posible– No se sabe casi nada de la vida de Jesús entre sus 15 y 30 años, es porque durante ese tiempo, Jesús estuvo en la india aprendiendo las enseñanzas de Siddhartha Gautama.
- ¿Si…que? Nunca había oído ese nombre.
-Es el nombre, original del buda, Emilio.- Intervino Diana, la cual estaba tranquilamente tomando una taza de té.
-¿Y tú como sabes eso? ¿No me digas que también eres budista?- preguntó el joven a su amiga, el cual ya le ponía nervioso su natural tranquilidad, como si de lo que estuvieran hablando es de cómo está el clima.
-No, no soy budista, solo que una vez leí un libro acerca de la teoría de Jesús enterrado en Cachemira y me pareció interesante.
-Así es,- Comentó Salvador- además el budismo y el cristianismo profesan prácticamente los mismos preceptos y estilos de vida. Las diferencias entre uno y otro se han dado a raíz de costumbres culturales, interpretaciones y traducciones inexactas, pero en sí proclaman el mismo mensaje de amor.
Emilio se echó hacia atrás en el sofá, había recibido demasiada información tan sorprendente en los últimos minutos que debía aclarar sus ideas, ponerlas en orden y encontrar un sentido coherente a la situación.
En ese momento Diana dejó su taza sobre la mesa y sacó de su bolsillo su teléfono móvil. Estuvo digitando algunas cosas por cerca de dos minutos, luego de eso finalmente dijo:
-Supongo que necesitas que Emilio vaya allá y traiga esa espada para ti ¿verdad? Dado tu estado actual sería muy riesgoso moverte y por no decir que serías un acompañante algo lento y dependiente de cuidados de los demás.
-Si… eso es exactamente lo que necesito… la verdad estoy muy apenado por solicitar algo tan complicado y más aun sabiendo que no estoy en condiciones de brindar la ayuda necesaria…
-¡Alto! –interrumpió Emilio, muy nervioso, la dirección en la que estaban yendo los eventos no le agradaba en lo absoluto- No puedo creer que estén pensando en enviarme a un país del cual yo no sé nada, a buscar un objeto del cual me acabo de enterar su existencia ¡y para empeorar las cosas solo! Pero es que ¡Yo ni se hablar el idioma que utilizan allá!
Diana lanzó un suspiro de frustración, y bajo un poco la cabeza para mirar su la pantalla del dispositivo que tenía en su mano. Su cabello le cubría casi la totalidad de su rostro pero se le alcanzó a escuchar su réplica:
-Urdú o Cachemir… y no, no se hablar ninguno de esos idiomas. Acabo de buscar información por internet. Y un vuelo hasta allá nos tardará cerca de 3 días… ya que es casi imposible llegar sin hacer al menos dos escalas.
-Espera dijiste ¿Nos tardará? ¿También piensas venir?
La chica levantó la cabeza e hizo una sonrisa demostrando la confianza que tenía en si misma así como algo de soberbia.
-Obvio que sí, tú te pierdes si te alejas 5 cuadras de tu casa. Si fueras solo no me extrañaría que termines en la Atlántida o algo peor.
-Pero… ¿Y Salvador? ¿Lo vas a dejar solo?
-Karen o Beatriz pueden cuidar de él, estoy segura que su madre estaría muy contenta de poder ayudar a la persona que le devolvió la vida, si lo vez de forma objetiva nosotros llevamos la parte difícil.
Salvador giró hacia Emilio y puso su mano izquierda sobre el hombro de su amigo, a pesar de que las heridas aun le producían un gran dolor, trató de mostrase los más serio y decidido que pudo.
-Emilio… te aseguro que no te estoy pidiendo algo que este fuera de tus capacidades, además tienes la ayuda de esta chica, la cual como dijiste es extremadamente inteligente y en las últimas horas lo he podido comprobar con mis propios ojos… finalmente allá te estará esperando alguien que te ayudará a cumplir esta tarea.
Estas palabras infundieron valor en el interior del joven, pero no dejó pasar la última frase que le generó una gran duda.
-Allá… ¿me esperará alguien?
-Sí, la persona que vino a visitarme durante la noche estará en Cachemira y te ayudará a conseguir la espada.
-Pero, ¿por qué no la trae ella misma?- preguntó el joven, ya un poco más relajado pero aún incomodo por la difícil tarea que poco a poco comenzaba a pesar sobre sus hombros.
-Es…. Difícil de explicarlo- Comenzó Salvador, desviando un poco la mirada hacia el techo de la sala- Ella no debía estar aquí al menos no aún, si lo está es porque la situación se nos está saliendo de control, además no ha venido de buena gana… casi se puede decir que la han obligado, pero creo que es mejor que te lo explique ella.
Emilio no pudo evitar pensar en un salón de niños de escuela, donde le imponían tareas a cada uno y al no tener ánimos para realizarlas trataban de pasarse la responsabilidad entre ellos de forma infantil. “¿Es que esto es una especie de juego para ellos?” pensó pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Diana, cuando preguntó
-Bueno ¿y tienes una idea de cómo ubicaremos este lugar cuando hayamos llegado a Cachemira Salvador? No creo que tenga un letreo gigante que diga “Jesús está enterrado aquí”
-Ja ja ja – Rió Salvador, lo cual le provocó un ligero dolor sobre sus heridas de corte – No, deberán de preguntar por la tumba de Yuza Asaf, ese es el nombre con el que se conoció a Jesús allá… en realidad es el mismo nombre solo que los dialectos y la pronunciación de cada pueblo lo distorsionaron con el paso del tiempo.
-De acuerdo- respondió la chica y volvió a concentrarse en su dispositivo móvil – Emilio… voy a comprar los boletos. Dime tu número de pasaporte.
El chico respondió de forma casi automática, hasta que se dio cuenta de lo que estaba pasando y rápidamente preguntó:
-¡Hey, espera! ¿Vas a pagar tú por los pasajes? Deben costar una fortuna.
-Sí, y el hecho de que los esté comprando para dentro de dos días incrementa aún más los precios.- contestó su amiga de forma calmada – Pero ya que ahora sé que el mundo como lo conocemos llegará a su fin, para bien o para mal, antes de que este año termine… pues lo que tenía ahorrado para investigar una fuente de energía alterna, ecológica y perdurable en el tiempo que remplace el petróleo o la electricidad no me será muy útil.
El chico no sabía que era más extraño que Diana haya comprado los pasajes para la India o su proyecto de energía alterna, pero prefirió no profundizar en ninguno de los dos temas por temor a tener que escuchar una explicación aburridamente larga y, según él, innecesaria. Por lo que le preguntó a Salvador:
- Jesús ¿Fue budista?
- Siddhartha Gautama – Comenzó a explicar el enviado – fue otro enviado nuestro, él debía de difundir parámetros de conducta y formas de relacionarse entre los hombres, con la naturaleza que los rodea y con Dios mismo. Jesús aprendió en la india, durante años, lo más que pudo de este estilo de vida para poderlo difundir de la forma más precisa.
-Bueno, eso es muy interesante pero… - De pronto Emilio, se percató que había algo que no habían tomado en cuenta en todo este asunto referente al viaje a otro continente, se giró rápidamente a mirar a la joven que estaba cerca de él - ¡Diana! No podemos entrar a la India sin una Visa.
La chica estaba sirviendo un poco más de té en su taza, como si no hubiera escuchado el grito de su amigo, acercó la taza a sus labios sopló un poco y bebió un sorbo de la misma y luego la dejó sobre la mesa.
-¡Diana! ¿Me has escuchado? ¿Cómo vamos a entrar a la India?
-Emilio… pensé en eso mientras compraba los pasajes… no solo necesitamos visa para ir a la India sino también para entrar a Francia que será donde haremos una escala.- le sonrió a su amigo y le guiño un ojo- Pero descuida tengo un plan.

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