La sala se quedó en silencio por un par de minutos. Hasta que esta
atmosfera fue interrumpida por Salvador.
-¿Realmente crees que esta es la mejor opción?
-Así es – respondió Diana- la principal razón es que de una u otra forma
el que tú la encares es una situación que nos podría otorgar algo de información,
recurso del cual carecemos en demasía, en segundo lugar si se da el mejor
escenario planteado, acabaras con ella en solo unos cuantos segundos y con eso
solucionarías el problema de raíz, en tercer lugar si no haces algo ella
continuará ganando adeptos que no hará que tu posición mejore y finalmente creo
que ella no estaría en ventaja física contra ti ya que de ser así simplemente
pudo haber esperado a que tú te mostraras al mundo y atacarte en la primera
oportunidad que tenga, sería fácil y rápido y la mejor opción para alguien
confiado en sus propias habilidades.
-Pero no sabemos dónde está en este momento.- comentó Emilio.
-Eso es cierto, pero si tomamos en cuenta que se ha entrevistado con el
presidente de los estados unidos hace muy poco, apostaría a que si no está en
estos momentos con él en la casa blanca, al menos James Burt, sabrá donde
ubicarla y si vas a esta hora de la noche a ese lugar, al menos tendrás la
ventaja del elemento sorpresa de tu parte y la tranquilidad nocturna.
Era evidente que la chica había analizado a profundidad la situación y
su razonamiento era muy sólido. Por lo que Salvador se puso de pie y miró a
ambos con seriedad y dijo:
-Espero que sepas lo que estás haciendo.
Devolviéndole el mismo tipo de mirada, ella le respondió.
-No se te olvide que si las cosas no salen bien, puedes escapar tele
transportándote de regreso.
En ese momento una gran luz salió del interior del cuerpo de Salvador,
lo que obligó a Emilio a cubrirse los ojos con la mano, cuando la luminosidad
se redujo y pudo ver sin problemas, observó a Diana, la chica se mantenía
mirando el lugar donde antes había estado el enviado, lo extraño es que parecía
que no le había afectado en lo más mínimo el fenómeno que acaba de acontecer, y
dijo despreocupadamente.
- Al fin se fue.
-¿He? ¿Es que acaso querías que se vaya?
Diana se puso de pie, tomó su taza y la de Emilio y se dirigió a un
extremo de la sala a rellenarlas de nuevo.
-Emilio, ¿es que no te has puesto a pensar que las cosas podrían ser de
otra manera?
-¿A qué te refieres?
-¿Qué tal si Salvador es en realidad el enviado de Lucifer y Carla la de
Dios?
-Pero ya te dije lo que hizo por la señora Gloria y lo que esta chica ha
hecho hasta ahora que no va en concordancia con los designios divinos.
-Todo eso lo has deducido en función de aceptar que lo que él te dijo es
verdad, pero ¿si no lo fuera?... pero descuida ahora confío un poco más en ese
sujeto y creo que si te ha dicho la verdad.
- ¿Por qué lo dices?
-Si realmente hubiera sido un enviado de Lucifer no creo que hubiera
aceptado tan fácilmente el ir a enfrentarse solo a otro ser como él.
-¿Fácilmente? pero si le has dado 4 buenas razones para que vaya.
-Solo son cosas que se me ocurrieron en el momento, si te soy sincera tengo
el presentimiento que ese enfrentamiento estará muy igualado por ambas partes.
A miles de kilómetros de distancia hacía el norte de Perú, en uno de los
edificios más protegidos del mundo, dentro de uno de sus cuartos de baño un
gran resplandor surge a mitad de este, el cual al desvanecerse deja ver a un
hombre rubio vestido de negro. Salvador había logrado entrar en la casa blanca,
en Washington D.C en Estados Unidos sin que nadie se percate de su presencia.
Había estudiado el plano de ese lugar hacia unos años, ya que al ser el
principal centro de labores de una de las personas más influyentes del mundo se
pensó que sería necesario que lo conozca bien de antemano, y no fue una mala
decisión ya que siempre pensó que cuando tenga que entrar a ese lugar sería
acompañado del mismo presidente en vigor, pero la realidad fue otra y una
persona se le adelantó y lo ha visto forzado a entrar como un intruso, algo
para lo que nadie lo había preparado.
Se sintió aliviado de haber llegado al lugar exacto donde había pensado
aparecer, y más aun de que hubiera estado vacío en ese momento, ya que debía
mantener el elemento sorpresa lo más que pudiera, vio a su alrededor y era el
cuarto de baño más grande que había visto en su vida y posiblemente el más
limpio. El olor a perfume de rosas le dio una leve sensación de tranquilidad,
casi la totalidad del lugar era de color blanco, en las paredes se podía ver
algunos papeles colgados desde consejos de higiene, hasta registros del
personal de limpieza.
Caminó hacia afuera y abrió lentamente la puerta al asomar la cabeza vio
un pasadizo de aproximadamente 7 metros de longitud de color rojo, cubierto por
una finísima alfombra del mismo color adornada con decorados dorados y
plateados, en las paredes había pinturas de diversas personalidades de la
historia del Estados Unidos, avanzó por ese ambiente y a pesar de que la
oscuridad le dificultaba la vista prefirió no encender ninguna luz para evitar
ser detectado. Al final del pasadizo giró a la izquierda y entro a una sala de
conferencias conocida como “Roosevelt Room” estaba vacía aunque tenía una
capacidad para aproximadamente 20 personas. En el centro se encontraba una mesa
de madera larga, y en las paredes blancas vio cuadros de personas y paisajes,
atravesó la sala tratando de hacer el menor ruido posible.
Al salir de la sala Roosevelt entro a un nuevo pasadizo similar al
anterior solo que más largo y circular, pero ya no debía caminar mucho más dado
que había llegado a la puerta del despacho Oval. No estaba seguro donde estaría
Carla, pero confiaba que la persona que trabajaba en esa oficina se lo podría
decir. Dio unos pasos hacia adelante y estaba a punto de tocar la puerta,
cuando de alguna forma lo sintió, adentro de esa oficina había un ser vivo que
no era humano. No sabía exactamente lo que estaba pasando, pero podía sentir
que lo que había en el otro lado era un ser igual que él, era como si un nuevo
sentido se hubiera despertado y le diera la capacidad de percibir la cercanía
de un ser que representaba un gran peligro.
Finalmente, se decidió levantó la mano y tocó la puerta dos veces. Y fue
al oír su voz que sus sospechas se confirmaron:
-Pase- se escuchó.
Salvador abrió la puerta y la vio, allí estaba, sentada en el escritorio
del presidente, con la misma ropa que con la que la había visto por televisión,
leyendo algunos informes, no se molestó en levantar la vista para saludarlo.
-Le traigo un sobre de parte del presidente.
El hombre se sintió realmente tonto al no haber preparado algo más
inteligente, ¿Qué pasaría si no le creé? ¿Se ha dado cuenta ya de quien es en
realidad?
-Ha que bueno, debe ser la lista de nombres que le pedí. Por favor,
ponla sobre el escritorio.
Salvador comenzó a acercarse hacia ella e internamente repasaba lo que
había pensado hacer, “al momento que este lo suficientemente cerca, lo haré. Debo
ser lo más rápido posible, un solo golpe… en la cabeza o quebrarle el cuello.
Todo me debe de tomar menos de 5 segundos… no, menos de 3 segundos”, junto
cuando estaba a solo 3 pasos de llegar a su destino la chica levantó la mirada
y le dijo.
-Espera.
El enviado se detuvo instantáneamente, mirando a la chica, mientras los
pensamientos volaban a todo velocidad por su mente: “¿Qué pasó? ¿Me ha
descubierto? ¿Ya sabe quién soy? ¿Me va atacar? ¿Va a huir? ¿O solo me va a
empezar a hacer preguntas?” Todos estos razonamientos se detuvieron cuando la
escuchó decir:
-Por favor, ¿Serías tan amable de traerme una botella de Vodka de aquel
mini bar?- Lo dijo señalando a la esquina más alejada de la oficina.
-Claro no hay problema.-Respondió Salvador cortésmente y se dirigió a la
ubicación señalada.
Al momento de llegar al mueble indicado tomó una botella de líquido
transparente, en cuya etiqueta estaba escrito el nombre con letras azules, la
levantó a la altura de su cara para inspeccionarla un poco. Luego todo sucedió
extremadamente rápido, en el reflejo del objeto que tenía en su mano pudo ver
que Carla ya no se encontraba en el lugar donde había estado sentada hacia solo
unos segundos, sino que ella se encontraba a solo unos poco centímetros detrás
de él con el brazo derecho levantado y doblado en posición de ataque por la
forma que había adoptado su mano, el instinto hizo que Salvador se apartara del
lugar donde se encontraba solo una décima de segundo antes que el golpe caiga
sobre él.
El pequeño mini bar estalló en pedazos por la potencia del ataque de la
chica, trozos de madera y vidrio llenaron la alfombra de la sala Oval, la mano
de Carla no presentaba el menor corte a diferencia del hombre que estaba a su
lado que si bien pudo esquivar el mortal golpe no estaba del todo ileso, la
velocidad con la que se movió la chica le hizo un ligero corte en el costado
derecho, el cual comenzaba a sangrar.
- Eres más veloz de lo que esperaba. – Mencionó la chica- Esperaba que
vinieras hoy, dado el espectáculo que he montado. ¿Cuál es tu nombre?
-Salvador…pensé que sabrías todo acerca de mí.- Contesto el enviado,
mientras daba unos pasos alejándose de ella, tratando de mantener una distancia
prudente.
-No creas que tenemos un servicio de inteligencia o algo parecido de
nuestro lado, de hecho incluso dudábamos de que ya estuvieras en el mundo
humano, por ende tuve que hacer mi llegada lo más mediática posible.
Mientras hablaba, Carla acercaba su mano a los trozos de vidrio que
había regados en el suelo. Ante la sorpresa de la persona que estaba a su lado,
estos pequeños fragmentos se comenzaron a mover y unir por si solos formando
una gran espada de cristal, una vez realizado esto la levantó y empuñó en
dirección de Salvador, el cual ante este fenómeno solo atinó a decir.
-¿Qué es lo que has hecho?
-Reordené las cargas eléctricas de los átomos en los fragmentos de
vidrio de modo que estos se atraigan entre sí y tomaran esta forma, luego
reformé sus enlaces atómicos para que se unan en un solo cuerpo y ganen
solidez. Algunos lo pueden llamar transmutación de la materia… ¿Tu no lo puedes
hacer también?
-No… yo no puedo hacer eso…
Al oír eso ella hizo una sonrisa llena de malicia y avanzó contra él
atacándole con su arma con una velocidad sorpréndete, muy superior a la que
cualquier artista marcial podría tener. La espada de cristal cortaba el aire
generando un ligero silbido, pero a pesar de su sorprendente celeridad esta no
lograba llegar a su objetivo, Salvador no había sido entrenado para combatir
cuerpo a cuerpo cuando se preparaba para llevar a cabo su misión, pero algunos
reflejos instintivos de su vida pasada como asesino salieron a flote, de forma inconsciente
pudo deducir que su velocidad y agilidad era superiores a las de su oponente y
podía esquivar todos sus intentos de corte, pero si se descuidaba un segundo sería
cortado con toda seguridad.
- Te mueves muy bien, no esperaba que esto fuera tan difícil.- Dijo
Carla de forma burlona, mientras continuaba tratando de acertar algún corte-
Pero esto no puede durar toda la noche.
De pronto la chica dejo de atacar y se detuvo por un par de segundos.
Dio un paso hacia atrás para tomar impulso y se lanzó directo hacia adelante
con la intención ya no de realizar un corte sino de penetrar el pecho de
Salvador, este aprovechó este movimiento tan directo para contraatacar por lo
que al momento de evitar el golpe cogió la muñeca de Carla con la intención de
romperla, pero ella al verlo actuar de esa forma, con un tono de júbilo dijo:
-Craso error... chico.
Un dolor terrible surgió en la mano de Salvador, lo que lo obligó a
apartarla de inmediato y pudo ver una horrible quemadura sobre ella. Mientras
que del brazo de Carla se veía una pequeña flama de un fuego de color oscuro el
cual desapareció rápidamente. Esta oportunidad no fue desaprovechada por la
portadora de la espada, al ver que su enemigo bajó la guardia finalmente logró
realizar un hábil corte sobre su pecho. El enviado soltó un gemido de dolor y
comenzó a retroceder, sin percatarse que su brazo izquierdo, cuya mano no había
sido dañada, estaba siendo cogido por la chica. Nuevamente al contacto de ambos
una ligera flama negra surgió y quemó la carne de Salvador forzándolo a golpear
a su contrincante con desesperación para liberarse.
-Fuego del infierno.- Dijo tranquilamente Carla – Creo que estarás de
acuerdo en que no solo es una excelente forma de defensa, sino que también es
un arma poderosa… lo puedo ver solo por la apariencia de tus quemaduras.
El enviado se dio cuenta que no iba a ganar esa pelea por lo que empezó
retroceder, se concentró en un punto en la tierra y una fuerte luz cegadora
salió de su interior, forzando a Carla a cubrirse los ojos. Y al abrirlos no
había nadie más con ella en la oficina del presidente, por lo que gritó con
frustración:
-¿HA?.... ¡Yo no puedo hacer eso!
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