Emilio no podía creer donde estaba, en el velorio de uno de sus mejores
amigos, el cual hacia solo unas horas había hablado con él y pensaba en
volverlo a ver pronto para aclararle algunos puntos de esa inútil discusión.
Pero eso ya no se podrá hacer, ya que Luis estaba ahora en un lugar a donde las
palabras no le podrían llegar.
El velatorio del hospital de policía era pequeño, los colores que
predominaban eran blanco y crema, se
encontraban en el tercer piso en un espacio muy pequeño para la gente que se
había congregado allí, por la ventana se podía ver el tráfico nocturno de la
avenida Brasil. En el centro de la habitación se encontraba el féretro de su
amigo, este era de color gris y estaba cerrado, era evidente el motivo, el
accidente le dejó marcas en la cabeza desagradables que era preferible no mostrar, lo mejor sería recordarlo
como siempre fue, una persona amable y sonriente.
Ya llevaba cerca de dos horas allí y consideró que había sido
suficiente, se puso de pie y se despidió de la familia y amigos que conocía. Le
hubiera gustado quedarse un poco más, pero sabía que estaba en una carrera
contra el tiempo y si no avanzaba con lo que tenía que hacer las consecuencias
serían catastróficas para todos. Bajó las escaleras y en el primer piso lo vio
a Salvador, al haber estado presente cerca del accidente y ser un extraño para
todos, prefirió mantenerse lejos para evitar preguntas innecesarias. Cuando se
encontraron, Emilio le hizo la misma pregunta que ya le había hecho al menos en
dos ocasiones:
- ¿De verdad no puedes hacer nada por él?
- Ya te dije que no puedo, su tiempo en este mundo ya terminó y no están
dispuestos a hacer una nueva prórroga de esa naturaleza y menos al día
siguiente de haber hecho ya una… sería desestabilizar demasiado las cosas.
- Pero si toda esta gente viera el milagro de que resucites a alguien
creería en ti y los tendríamos de nuestro lado.
- Y en contra de los partidarios de Carla, lo que llevaría a la
violencia, consecuentemente a una guerra en la que muchas vidas se perderían lo
cual es exactamente lo que Lucifer desea, debemos actuar con prudencia si no
deseamos que esta situación que ya de por si es muy complicada se nos vaya de
las manos.
Emilio ya no encontraba más argumentos para discutir, por lo que
prefirió callar. Ambos salieron del edificio y Salvador aprovechó para
preguntar.
- Bueno, ¿Vamos a ver a tu amiga esa que me comentabas en la mañana?
-Sí, la llamé hace un rato. Está en su casa esperándonos.
-¿Cómo se llama?
-Diana Bonilla
Ambos subieron a un taxi para llegar a la casa de Diana, la cual vivía
muy cerca de Emilio, en el camino este pensaba un poco en la persona a la que
iban a visitar, ella era de lejos la persona más inteligente que había
conocido. Había culminado las carreras de ingeniera Industrial y Civil de forma
simultánea, y obteniendo en ambas las calificaciones más altas de su grupo. Al
poco tiempo de terminadas, recibió una oferta de una empresa americana para
entrar a trabajar en ella, pero fue descartada en la primera fase del proceso
de selección al obtener un rendimiento por debajo del promedio en la evaluación
de C.I (coeficiente intelectual), por lo que los examinadores supusieron que la
razón detrás de sus impresionantes calificaciones estaba más relacionada con su
habilidades de seducción a sus profesores que con sus capacidades académicas.
Cuando Emilio le preguntó el motivo por el cual se dio ese resultado ella se
limitó a responder “La prueba era realmente simple, si conoces las respuestas a
todas las preguntas puedes manipular el resultado a tu antojo. Y yo no estoy
interesada en tener nada que ver con una empresa militar Estadounidense” y
agregó con una sonrisa “No te vas a librar de mi tan fácilmente”. Y era cierto,
siempre que Emilio tenía un problema recurría a ella y ya sea que tenga que
explicárselo durante 5 minutos o dos horas ella lo escuchaba con paciencia e
interrumpiéndole lo menos posible y al poco rato como si se solo le hubiera
preguntado cuanto es la suma de dos más dos le solía dar una solución muy
acertada.
Al cabo de media hora el taxi se detuvo sobre una casa de grandes
dimensiones que se diferenciaba del resto de las demás. Era de color blanco con
un gran portón de madera por el que podían pasar fácilmente dos coches al mismo
tiempo, a su derecha había una puerta de madera donde estaba tallada la figura
de un ángel. Emilio tocó el timbre, mientras esperaba respuesta vio que
Salvador contemplaba la vivienda con mucho interés, y le comentó:
- Sus padres son dueños de una empresa constructora y por ende puede
darse ciertos lujos, como el permitirle a ella que viva sola en una casa como
esta, pero no se más sobre su familia, por más que la conozco hace años nunca me
ha dicho nada de ella.
- ¿Será por qué solo la buscas cuando tienes algún problema?
-He…. No… también la visito en su cumpleaños… cuando lo recuerdo…
Salvador emitió una risa en voz baja, cuando Emilio estaba por
responderle la puerta se abrió y salió una chica delgada de aproximadamente 25
años, de pelo negro largo y ojos delgados (Emilio siempre pensó que parecían
asiáticos, pero evitaba mencionarlo porque a Diana no le hacía gracia), se notaba
por su contextura que acudía al gimnasio con frecuencia, iba vestida con una
blusa roja, un pantalón negro y encima una chaqueta negra, al verlos les dijo:
-Hola.
- Hola Diana, ¿Cómo estás? Te presento a Salvador él es el amigo del que
te hablé. – Dijo Emilio con mucho ánimo.
- Hola, mucho gusto – respondió la chica observando a la persona que
estaba al costado de su amigo.
- El gusto es mío. – Respondió sonriente Salvador.
- Pasemos a la sala, temo que esta historia de ustedes va a tomarnos
algo de tiempo y preferiría escucharlos en la comodidad de mi sofá.
Los tres atravesaron un jardín con una pileta en medio, hacia una
segunda puerta en el interior de la casa, al atravesarla entraron en una sala
amplia en el centro había una mesa de mármol con grabados que parecían griegos,
alrededor de esta se veían cuatro sofás para dos personas cada uno de color
verde con diseños dorados, Salvador y Emilio se sentaron en uno de ellos.
Mientras Diana servía un poco de té en un juego de tazas de plata, se los acercó
sobre una bandeja del mismo material.
- ¿Té? - Ofreció la chica.
- Gracias. – Respondieron sus invitados.
Emilio, comenzó a narrar los eventos de los últimos días, la aparición
de Salvador, la muerte y posterior resurrección de la señora Gloria, la aparición
de Carla y la muerte repentina de Luis. Salvador solo le interrumpió un par de
veces para agregar algunos detalles, mientras que Diana no dijo una palabra
hasta que se hubiera terminado la narración, una vez hecho esto siguió tomando
tranquilamente de su taza y el silencio
se mantuvo por casi un minuto más hasta que finalmente ella dijo:
- Emilio… no creo que me estés mintiendo, pero no estoy del todo segura
que lo que me acabas de decir es verdad.
- ¿Perdón? No te entiendo- respondió Emilio.
-Verás, sé que lo que me lo acabas de decir al menos tú mismo te lo
crees dado que no me has dado las señas que típicamente haces cuando mientes
mirar a la izquierda, hacer una mueca cada cierto rato o acelerar el relato
nerviosamente de forma repentina. Pero comprende que la historia es demasiado
irreal para que simplemente te diga que te creo o algo así.
Se quedó observando un rato a Salvador y finalmente le preguntó:
- En caso de que lo que Emilio haya dicho sea verdad, hay algo que me
intriga. Dicen que tus facultades son similares a la de Jesús pero diferentes,
¿podrías ser más específico?
- Verás dado que el mundo actual es muy diferente que al de hace dos mil
años, se dictaminó que necesitaría de algunas características especiales para
poder cumplir mi misión en una sociedad que ya está interconectada entre todos
los continentes y que además tiende a ser más escéptica que antes.
- Al grano, amigo no es necesario que me expliques que la edad antigua
es diferente a la contemporánea, eso lo aprendí hace años en la escuela. –
Replicó Diana con tono de aburrimiento.
- Bueno, tengo facultades físicas como fuerza y velocidad muy superiores
a las que un humano podría alcanzar así se entrene duramente durante toda su
vida, además puedo trasladar mi masa molecular de forma casi instantánea a
través de dos puntos cualesquiera dentro del globo terráqueo.
- ¿Qué cosa? – Preguntó Emilio, arqueando una ceja confundido.
- Es muy fuerte, veloz y puede tele transportarse. – Explicó Diana y
volvió a tomar algo de té de su taza.
- Ha… ¿No podías decirlo de una forma más comprensible Salvador?
- Lo siento, pensaba que ser lo más específico era la mejor idea.
-No intentes complicarle mucho la vida a Emilio, me tomó tres horas
explicarle la teoría de cuerdas y no estoy del todo segura que finalmente la
entendió. – Dijo Diana dejando su taza en la mesa.
- ¡Hey, si la entendí! – exclamó el chico a su amiga.
-Miraste a la izquierda… - dijo de forma calmada la joven – Bueno, otra
pregunta Salvador. Esta chica ¿tiene tus mismas facultades? Y más importante
aún, ¿sabe acerca de ti? ¿Dónde estás? ¿Que también estas en el mundo humano?
- Lo siento, pero la información que tenemos sobre ella es tan limitada
que no puedo responder con seguridad a ninguna de esas preguntas… - Dijo el
enviado.
- Mmmm… entonces es una posibilidad latente que ella no tiene ni súper
fuerza, ni velocidad ni capacidad de tele transportarse y además desconoce de
tu existencia, como que también es posible un escenario completamente opuesto.
¿No es así?
- Si tienes razón, ambas situaciones son probables. – respondió
Salvador.
-Estamos a la deriva, el peor y el mejor escenario son realistas y no
tenemos ningún indicio para pensar que uno sea más probable que el otro, si no
obtenemos algo más de información tanto sobre ella como lo que está pasando por
su lado, simplemente nos toparemos con la derrota cuando esta esté en frente de
nosotros… solo te queda una posibilidad como yo lo veo… - miró fijamente a los
ojos a Salvador – debes ir cuanto antes donde está ella y enfrentártela.
Una combinación de miedo y resignación se mostró en el rostro de
Salvador… de alguna forma él ya sabía que esa sería solución a la que se
llegaría.
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