Caía el atardecer sobre Washington, la temperatura era más fría de lo
usual para la época. Carla se encontraba sentada en el despacho Oval con una
taza de café cerca de ella mientras revisaba los informes que le había hecho
llegar el equipo de inteligencia americano.
El primero era sobre la situación de Corea del Norte, habían
identificado a James en el palacio de sol, pero su red de espías no podía
decirle más. El ingreso estaba completamente restringido salvo para familiares
y personal extremadamente cercano a Kang Yong-rim, trabajadores de limpieza y
responsables del abastecimiento de alimentos al lugar, todos ciudadanos nacidos
en ese país y que nunca habían salido al exterior. Pero incluso ellos no podían
interactuar directamente con los visitantes americanos. Lo único que podían
deducir es que no había planes de una actividad militar inmediata dado el poco
flujo de personal del ejército popular de corea en el edificio. Tenía
intervenidos los teléfonos y la red de datos, pero no conseguían nada de
información de lo que realmente se estaba planificando dentro, era como sin
James y el supremo líder solo estuvieran pasando el rato jugando cartas y
viendo películas.
El segundo era sobre la situación en medio oriente, un movimiento
terrorista estaba ganando cada vez más terrenos expandiéndose desde Irak, tomando
los países de Kuwait y Siria, y parte de Irán y Arabia Saudita, pero como era
de esperarse ni se habían acercado a Israel. Según los detalles de los reportes
el principal motivo por el que los ejércitos de los países fronterizos no
pudieron detener el avance terrorista eran “inesperadas y repentinas tormentas
de arena”, si bien para la mayoría de su equipo esto parecía demasiado irreal
para tomarse en serio, Carla sabía perfectamente lo que estaba pasando y lo
peor de todo es que se sentía casi desplazada por el avance tan veloz que
estaba teniendo esta fuerza en esa parte del globo.
Los demás reportes eran sobre la situación de otros países en el mundo y
su postura antes los hechos recientes, no los revisó muy al detalle pues sabía
que los dos primeros eran los que debían de atender con prioridad. El primero
era lo referente a los movimientos de quizás su principal enemigo, mientras que
el segundo era acerca de un posible
aliado que estaba trabajando por su lado de una forma tan eficiente que sabía
que debía intervenir o sería degradada a un segundo plano, idea que le causaba
repugnancia.
Sabía que debía tomar una decisión en función de estos dos problemas, no
podía atacar ambos al mismo tiempo, ya que el ser impulsiva aumentaba su
probabilidad de error. Si elegía al primero se arriesgaba a que el segundo se
fortalezca aún más y pase a un nivel fuera de su control. Mientras que si
elegía el segundo problema, quizás no tendría mucho de qué preocuparse por el
otro ya que la evidencia decía que no había mayor movimiento en el palacio del
Sol de Kumsusan.
Tomo un poco de café y luego de ello presionó un botón de un comunicador
y dijo:
- Leon, por favor ven al despacho Oval de inmediato.
Había tomado su decisión y trazado un plan de acción, como siempre pensó
que este era impecable sin lugar a errores, lo compartirá en la medida adecuada
con el secretario de Defensa de modo que este haga exactamente lo que ella requería
sin causarle mayores inconvenientes.
Pasaron cerca de siete minutos y Leon Carter, entró al despacho. Vestía
un elegante traje gris y una corbata roja, su expresión era muy sería, estaba
muy incómodo de recibir órdenes de esa chica pero sabía que un error podría no
solo costarle su vida sino la de toda su familia, de la forma más solemne
comenzó a caminar hacía Carla diciendo.
-¿Si, Carla? ¿Tienes alguna duda sobre los informes que te hemos hecho
llegar?
La chica no levantó la vista de la información referente al avance del
grupo terrorista, pasaba las hojas memorizando todo lo que podía y a la vez
contestaba la pregunta que se le hizo.
-No Leon, el alto nivel de detalle me deja todo claro sobre lo que
debemos hacer, ¿Creo que supones cual será nuestro siguiente movimiento verdad?
La joven cerró el folio y levantó la mirada esperando la respuesta del
militar, este al reconocer las hojas que estaba observando sabía que era lo
referente a la situación en medio oriente, algo que lo decepcionó pues él tenía
la esperanza, de que se dé prioridad a la situación de James, pero luego de
razonar por unos segundos tuvo la sospecha de que quizás no era “prudente” para
Carla que el presidente pueda decir su versión de lo que pasó el último día que
estuvo en la casa blanca, al menos no por el momento, por lo que es lógico que
los esfuerzos se concentren en otro tema menos relacionado con el, así que
resignado respondió:
-Vamos a centrarnos en la crisis terrorista de medio oriente.
-Así es… -comenzó a decir la joven – Pero creo que has omitido cierta
información en estos reportes.
-¿A qué te refieres? –preguntó extrañado el americano.
-Veras Leon… -Respondió Carla con un tono soberbio – Como sabes, puedo
acceder a información privilegiada por medios poco comunes para ustedes y creo
que hay ciertos puntos que no has tomado en cuenta en estos papeles que me has
hecho llegar… ¿Qué hay de los rumores de un antiguo terrorista muerto que ha
vuelto a ser visto entre las líneas enemigas?
La pregunta lo tomó por sorpresa al militar, no sólo no espera que ella
supiera de los rumores que dicen que un antiguo enemigo de estados unidos había
regresado a la vida, sino el hecho que ella los tomara en serio, pero era
consciente que no era el primer rumor descabellado que había oído en los
últimos días.
-Pues… -respondió con visible inseguridad – Eso como sabrás no es
posible… Nadie que haya muerto regresa a la vida, nosotros mismos lo eliminamos
hace años y su cadáver…
-Que aburrido – Interrumpió Carla, y con un tono burlón comenzó a
explicar – Se lo que hicieron con su cadáver, pero parece que la historia de
Lázaro para ustedes es un cuento de Hadas… Junto con las noticias de un militar
alemán y un antiguo emperador Francés que volvieron a la vida hace poco.
El secretario de Defensa no creía nada que no haya comprobado con sus
propios ojos, para él los libros sagrados como la biblia eran poco menos que manuales
de buena conducta que utilizaban metáforas para explicarse mejor.
Lastimosamente ahora estaba ante un ser cuya sola naturaleza le era casi
imposible explicar, así que optó por el silencio.
- Bueno, Leon… En vista que te parece difícil comprender algunas cosas
será mejor que lo veas tú mismo. –La chica se puso de pie – Prepara todo,
mañana partiremos hacia Arabia Saudita.
La idea hizo que el miedo se apoderará de Leon, él no era un soldado que
tomaría un fusil y correría por el desierto en busca de disparar a un
terrorista, no tenía la energía, ni la juventud ni la preparación para hacerlo,
su lugar era en la parte de planificación, el decidir cuantos hombres enviar,
por donde hacerlos llegar, definir los recursos a utilizar y condecorar a los
soldados que se muestren más valiosos para su ejército, el estar en primera
fila no solo era un desperdicio de su talento sino un completo suicidio, por lo
que trató de protestar.
-Carla… No puedes estar hablando en serio, nosotros no debemos de
acercarnos tanto a la zona de conflicto ni siquiera es nuestro país, el que
está siendo atacado.
-Pero lo será en el corto plazo –Dijo la chica mientras ordenaba los
papeles sobre su escritorio, dando la impresión que lo arreglaba todo para
retirarse – Además te olvidas de con quien estas, no he venido a este mundo
para que me mate una bala de un terrorista cualquiera.
La chica comenzó a retirarse del despacho Oval, caminando lentamente.
Cuando cruzó al costado de Leon, finalizó la conversación diciendo.
- Solo cien hombres serán suficientes, no necesitaremos de más… Lo que
si encárgate de traer personal con cámaras de video y medios de grabación, es
necesario que el mundo vea lo que va a pasar allí.
El experimentado militar estadounidense no sabía que responder, temía
que el ponerse en su contra sería peligroso tanto para el como para su familia,
su instinto y experiencia le decían que iban a una batalla que no iban a poder
ganar de ninguna forma, pero por otro lado presentía que si fallaban y Carla
moría junto con ellos el mundo volvería, de alguna forma a ser un lugar seguro,
su esposa e hijas lo llorarían pero tendrían un futuro al cual aspirar, esa
irracional esperanza lo animó a responder.
-De acuerdo Carla, me encargaré de los preparativos.
Al día siguiente partieron en un viaje que duró quince horas, en las
cuales Carla no habló casi nada, una estrategia prudente pues sabía que entre
más conocieran sus planes no harían más que poner objeciones. Leon llevaba la
parte más difícil pues debía de tratar de calmar a los soldados. Ellos estaban
al tanto de los rumores que él conocía, pero parecía que incluso se habían
generado más ideas descabelladas, como que un ejército de esqueletos de arena
caminaba por el desierto o hasta que por la noche se veía vampiros sobrevolar
el cielo. El militar se había asegurado de llevar al personal menos
supersticioso y racional, pero dado los acontecimientos que habían pasado en el
mundo era difícil ya encontrar a alguien tan racional como él pensó.
Fueron dos los aviones americanos
los que aterrizaron en el aeropuerto Internacional Rey Khalid en la provincia
de Riad luego del medio día. La temperatura estaba por encima de los 36 grados
Celsius, Carla bajó primero seguida por Leon y escoltados por una veintena de
soldados americanos fuertemente armados. En la pista de aterrizaje los esperaba
el rey de arabia Saudita Nasser Al-Hayyan, un hombre de bigote de casi sesenta
años y con un poco de sobrepeso, pero que mantenía una buena salud gracias a
los cuidados de su médico, vestía un bisht marrón con una cinta dorada, en la
cabeza una Kufiyya de color blanco con un agal negro. Normalmente era una
persona alegre y que siempre sonreía a los visitantes, pero esta vez era una
excepción. No tenía muchas razones para estar alegre pues había una seria amenaza
terrorista sobre su país y además tenía la visita de una persona que no le
inspiraba mucha confianza. Había sido visitado por James Burt en una
oportunidad, la visita fue breve y se centró en generar acuerdos de beneficio
mutuo entre ambas naciones, el americano no terminó de simpatizarle pero pudo
sentir honestidad de su lado. Había oído las noticias acerca de la joven que
caminaba hacía el, y le parecía algo tan fuera de la realidad que pensaba que
era una estúpida broma de ese país que creaba fantasías para deleitarse en las
salas de cine.
-Guardián de los Santos Lugares, muy buenas tardes. – Dijo gentilmente
Carla.
-Buenas tardes – respondió de forma seria el monarca árabe, aunque le
sorprendió que conociera el título con el que se le conoce a su persona.
La joven notó la desconfianza que el rey tenía, pero era algo que
esperaba. Afortunadamente ya tenía preparada una estrategia para reducir
tensiones en el menor tiempo posible. Vio que detrás de su anfitrión había una
lujosa limusina larga de color blanco rodeada por una docena de miembros de la
guardia Nacional de Arabia Saudí, y en el fondo de la pista de aterrizaje
estaban agrupados unos doscientos hombres más, todos vestidos de los
característicos uniformes color azul y Kufiyya rojo con blanco.
-Debo reconocer que estoy alagada que sea usted en persona quien me haya recibido-
comenzó a hablar Carla con un tono cordial.
-Bueno, según me informaron venían a ayudarnos con nuestro problema de
avance terrorista, es natural que ante una oferta como esa respondiera con la
cortesía del caso y viniera en persona a verlos- Respondió el monarca mientras
que veía con decepción como terminaban de bajar los soldados americanos,
vehículos militares de transporte y un equipo de personas que parecían
periodistas.
Nasser Al-Hayyan hizo una rápida cuenta y pensó que no podía haber más
de cien soldados, no conseguía intuir como esta chica que salió de la nada
podría detener un califato terrorista que había sometido a tres países y
amenazaba con invadir al suyo.
-¿Tiene alguna duda? Lo veo ligeramente desconcertado – Pregunto Carla
mirando fijamente la expresión del rey así como todo su lenguaje corporal.
-¿Este es el primer grupo de soldados?... Pues veras… No creo que sea
suficiente de ser los únicos o quizás no te llegaron a informar con el detalle
adecuado la situación actual.- Respondió el árabe, tratando de ocultar
ligeramente su desconfianza pero era difícil dada la situación y la poca
experiencia que la joven frente a él parecía tener.
Al escucharlo Carla le mostró una sonrisa tranquilizadora y le dijo:
-Comprendo su desconfianza, es lo esperado dada la situación. Pero si
podemos conversar en un lugar más privado quizás pueda entender mejor mi plan.
-De acuerdo –Manifestó el rey con un suspiro – Síganme iremos en mi
limusina particular.
Al oír esto Carla aceptó de buena gana, tenía la sospecha de que ese auto
tuviera incluido algún dispositivo explosivo, ya que últimamente este tipo de
métodos se habían vuelto usuales para ella, pero sabía que Nasser Al-Hayyan no se arriesgaría a hacer
explotar algo capaz de matarla tan cerca de él, no era un mártir que se
sacrificaría por el resto del mundo ni un viejo a punto de morir.
Carla, Leon y el rey subieron a la limusina, y detrás de ellos seis
soldados árabes que se acomodaron en el asiento del chofer y los demás lugares
para pasajeros libres, el americano se puso muy incómodo pero la joven le hizo
un gesto para que trate de calmarse, no quería perder el tiempo con disculpas
por comportamiento ofensivo.
Los asientos eran negros, muy cómodos, las ventanas totalmente
polarizadas de vidrio blindado, era lo suficiente espaciosa para tener una
pequeña reunión. Por lo que Carla comenzó la conversación.
- Creo que este ambiente es el adecuado, ya que seré breve Nasser… ¿Cómo
está la situación?
Al oírla, el rey árabe se comenzó a sentir incómodo, para él su limusina
no era el lugar adecuado para realizar esta coordinación, pero tenía que
admitir que deseaba salir de esta situación los más pronto posible.
- De acuerdo… El enemigo ha cruzado la provincia de la frontera del
norte y ha llegado hasta Haíl, pensábamos que se había detenido allí pero, poco
antes que ustedes llegaran nos informaron que se ha perdido la comunicación con
esa zona y se ha comenzado a ver avance en Casim.
El secretario de defensa americano tenía el mapa de Arabia Saudita
completamente memorizado por lo que rápidamente razonó luego de oír esos
nombres.
-Eso está cerca de aquí, la siguiente provincia en ser invadida sería esta
donde estamos, Riad.
-Creemos que los terroristas, invadirán antes las provincias que nos
rodean y atacaran desde todos los flancos de forma simultánea, la elite de
nuestras fuerzas armadas se encuentra aquí por lo que la única forma de
derrotarnos sería dividirnos en grupos en las líneas fronterizas.
-Suena lógico, una buena estrategia basada en el principio de divide y
vencerás –Razonó Leon, a la vez que trataba de controlar cualquier indicio de
preocupación que pudiera mostrar ante un avance tan rápido.
Al oírlo Carla tuvo que aguantar las ganas de reírse de sus pensamientos
y lógica terrenales, ella sabía que la persona que estaba dirigiendo el ataque
seguiría en línea recta sin tanto análisis hasta llegar a los puertos de Adén
en Yemen, sólo para luego regresar por donde vino, para terminar invadir Irán.
Así que intervino de la forma más prudente:
-Suena como algo que haría un militar experimentado, pero no se
preocupen vamos a detener su avance.
Al escucharla el rey estaba desconcertado, por lo que tuvo que
preguntar:
-Bueno… ¿Cuál es tu plan?
La joven esperaba esta pregunta y estaba lista para afrontarla así que
respondió con mucha seguridad:
-Yo sé, cual es la naturaleza de nuestro enemigo, tengo información
suficiente para derrotarlo, terminar este conflicto y salvar millones de vidas
en muy poco tiempo… solo necesito estar frente a él y el problema se habrá
acabado no necesitaremos de más personas de las que he traído, por lo que no
arriesgaremos a nadie local.
Luego de oír estas palabras Nasser
Al-Hayyan seguía igual de desconcertado pero el saber que Carla no tenía
pensado en utilizar a nadie de su gente sintió cierto alivio. Podría utilizar
el puñado de soldados americanos armados con medios de comunicación para
obtener información del grupo terrorista, la vida de estas personas le parecía
un precio muy bajo para pagar por conocer más de su enemigo.
-Me impresiona mucho jovencita esa tenacidad, seguridad y confianza en
sí misma es difícil de ver en una persona y menos aún en una mujer.
-Es de esperar por su cultura, que tenga una idea de inferioridad de
nosotras, pero no lo culpo es un pensamiento que han llevado consigo por más de
mil años.
Bajo otras circunstancias el rey árabe hubiera discutido un poco más su
posición pero prefería no invertir más su tiempo en alguien que para el sería
un cadáver en unas pocas horas.
Por su lado Leon guardaba silencio, el plan le parecía una locura, jamás
ganarían, no había estrategia posible que hiciera que 100 soldados vencieran a
un califato terrorista que ha conquistado tres países. Pero la desesperada e irracional
idea que este país se convierta en la tumba de Carla lo impulsaba, fantaseaba
que si ella caía, James regresaría, tomaría el control de la situación en
Estados unidos y con una fuerza militar adecuada podría detener a esta amenaza
en Asia Occidental. Pensó que quizás así se sintieron los mártires de la
historia que dieron sus vidas por alcanzar un bien común.
-Entonces entiendo que no requieres mayor soporte por mi lado. –Dijo el
árabe de forma despreocupada.
-No será necesario, pero será un placer probar sus platos típicos a mi
regreso, me han hablado muy bien del falafél.
-Les tendré preparadas las mejores para cuando nos volvamos a ver.
–Respondió el monarca, mientras pensaba en solicitar le preparen algunos para
ver como este grupo de americanos ilusos caían ante los terroristas que planean
detener.
Unas horas después, la limusina se detuvo en una zona árida al norte de
Riad y descendieron Leon y Carla, detrás de ellos estaban los vehículos
militares americanos de traslado de soldados en su mayoría era del tipo Piranha
y los demás Pandur, cada uno traslada entre 10 a 13 pasajeros considerando
militares y camarógrafos, pero a su vez estos estaban rodeados por casi 50
vehículos militares árabes de modelos desconocidos pero armados con más
elementos de ataque que los americanos y posiblemente remplazaban su capacidad
de carga con armamento interno.
Luego que el vehículo civil árabe diera un giro hacia la derecha los
demás vehículos militares se apresuraron en rodearlo y comenzaron a alejarse de
los americanos. A los pocos minutos uno de los blindados americanos se acercó y
recogió a Leon y Carla.
Subieron a la parte delantera en su interior los soldados se encontraban
apretados y las comodidades eran muy inferiores a los de la limusina, Leon dio
la orden al chofer en seguir hacia el norte.
La pequeña flota militar avanzó por ciudades desoladas pero sin mayores
daños lo que hacía pensar que la gente había evacuado antes que el grupo
terrorista llegue a sus casas. El clima dentro del vehículo era silencioso,
nadie hablaba, eso era bueno pensó Leon ya que no quería tener que dar mayores
explicaciones de su estrategia, tuvo la disparatada idea de que quizás los
soldados pensaban como el que lo mejor era que la vida de Carla terminé ahí,
pero abandonó ese pensamiento nadie allí sabía lo que él conocía acerca de esa
aterradora mujer y como ha manipulado al gabinete presidencial.
Luego de cinco horas de viaje, llegando a una zona desértica en la
gobernación de Uyun AlJiwa, el chofer de su vehículo gritó:
-¡Señor! ¡Señorita! ¡Adelante!
Todos se agruparon para ver lo que había visto el soldado y el miedo
comenzó a surgir, miles de terroristas fuertemente armados se veían a unos
pocos kilómetros, formados en dos grandes grupos, al verlos Leon exclamó.
-¡Carla! Debemos de retroceder, con el armamento que tenemos podemos
esperar a que avancen y atacar desde una buena distancia.
-No será necesario. – Dijo la joven - ¿No ves que están esperándonos?
Solo guía a las tropas entre los dos grupos de soldados y que ninguno abra
fuego.
El momento había llegado, pensó el secretario de defensa, la locura de
esta mujer finalmente los había llevado a su última morada, suya y de los
valientes hombres que tuvieron la mala suerte de venir con él, en su interior
pensó en una disculpa para sus familias y tomó el comunicador que le permitía
hablar con toda la flota.
-Atención a todos, este es Leon Carter… Transitaremos por el medio de
las líneas enemigas sin hacer un disparo… Sólo sigan mi unidad.
Luego de eso cerró la comunicación, al oírlo los soldados dentro lo miraron
perplejo, cuando un par se disponían a hablar, el inmediatamente dijo:
-¡Es una orden soldado!
Los soldados no sabían que estaba pasando, pero estaban entrenados para acatar
órdenes sin cuestionar, por lo que hicieron lo que había practicado por años:
obedecer a sus superiores.
Para asombro de todos, el grupo de vehículos pasó entre la enorme
multitud de terroristas, ante lo cual Leon impactado preguntó:
-¿Carla sabias que pasaría esto?
- Lo suponía –contesto con un tono de aburrimiento – Te dije que conocía
información que ustedes no, de hecho no era necesario que vengan los soldados.
Pero si no lo hacían y yo arreglaba este problema completamente sola, ¿no
podrían pensar que estoy aliada con estos sujetos?
Eso era exactamente lo que el americano había comenzado a razonar desde
que comenzaron a cruzar las líneas enemigas, pero temía decirlo en voz alta,
sus esperanzas de verla morir en ese lugar a Carla cambiaron por la visión de
él y sus hombres muertos mientras la chica caminaba juntos a los terroristas
sobre sus cadáveres.
-Pero no es así – Continuó la joven – He venido a detenerlos y eso es lo
que haremos y regresaremos a estados unidos como héroes.
La chica sabía que la persona que dirigía a esta multitud la esperaba, y
que no podría hacerle daño. Y aun si lo intentaba él no podía ser mejor que
ella, sólo era otro prototipo que falló en su misión cuando tuvo su
oportunidad.
Luego de unos minutos divisaron una gran tarima de madera sobre la que había
unas veinte personas, todos los vehículos se detuvieron frente a ella y los
soldados americanos comenzaron a descender junto con los equipos de
camarógrafos.
-Asegúrate que nadie abra fuego y que las cámaras se posicionen dónde puedan
cubrir todos los ángulos para grabar lo que va a suceder.
La orden de la joven pasó desapercibida, Leon ya no le hacía caso, toda
su atención estaba hacia la persona que estaba en el centro de la tarima. Era
un rostro conocido para él, esa barba, turbante y facciones. Era el vivo
retrato de un terrorista abatido años atrás por el gobierno americano. Era
imposible que estuviera ahí, su cerebro solo procesaba que era un imitador, no
había otra respuesta aceptable para él.
-¡Hey! – Dijo Carla mientras tronaba los dedos frente al Leon –
¡Despierta! Tenemos trabajo que hacer, si… él es quien estás pensando.
-Pero…. – Comenzó a balbucear el militar- Eso es imposible… Nosotros lo
eliminamos cuando…
-Leon –interrumpió la joven – Creo que es mejor que comiences a creer
que algunas cosas que tu calificabas de “imposible” realmente nunca lo fueron,
solo te dijeron que lo eran y lo aceptaste como verdad absoluta.
El hombre no sabía que responder, pero antes que se decidiera la chica
dio una orden final y comenzó avanzar hacia la tarima.
-Ordena que pongan las cámaras en posición.
Con un gesto con la mano el militar americano indicó al equipo de
grabación que se posicione, lo cual hicieron en sólo cuestión de minutos.
Carla que se encontraba ya en el centro del escenario, esperó a que
todas las cámaras estén dirigidas a ella para comenzar a hablar en un perfecto
árabe:
-Amigos míos- Inició con mucha seguridad – Durante años ustedes han sido
fieles a las palabras de nuestro amado profeta Mohamed, se han privado de muchos momentos de alegría
por seguir sus enseñanzas, esto es lo más admirable que un buen musulmán podría
haber hecho por lo que su recompensa será grande.
Al oír esto todo el público comenzó a gritar de alegría, levantando las
manos que en algunos casos cargaban un arma. La joven, los dejó celebrar para
poder proseguir:
-El día de hoy su lucha ha llegado a su fin, el enemigo al que tanto han
odiado finalmente se ha rendido ante su superioridad no de armamento ¡sino de
convicción!
Una vez más, pero con más fuerza que la anterior el público estalló en
gritos de alegría. Leon estaba desesperado, por primera vez en su vida no sabía
que hacer, prácticamente la joven parecía estar a punto de declarar la
rendición de los estados unidos sobre un grupo terrorista, si trataba de
impedirlo de seguro moriría antes de siquiera poder articular dos palabras, si
se quedaba sin hacer nada se le vería como un cómplice de esta locura, no
encontraba una línea de acción aceptable para ese momento, por lo que se dijo
así mismo “Si realmente existe un Dios, nunca he necesitado un milagro tanto
como ahora”
De pronto, una gran luz cegadora surgió de la nada, atrás de Carla
obligando a todos los presentes a cubrirse los ojos, una vez que esta bajó su
intensidad se pudo divisar que en ella había surgido un hombre en traje negro,
alto y rubio que cargaba consigo un objeto largo envuelto en un manto antiguo.
-¡TU! – Gritó Carla al ver a
Salvador aparecer repentinamente. – Veo que me has facilitado el trabajo de
irte a buscar.
Olvidando todo lo demás la joven se lanzó sobre el enviado tratando de
golpearlo en la cara, pero este saltó hacia atrás esquivándola con relativa
facilidad, una vez que había logrado mantener una distancia adecuada respondió.
-Carla... esto se acabó, ya has llegado demasiado lejos.
Salvador sacó de entre la tela la espada de Dios y la empuñó con firmeza
para atacarla, Carla al ver este objeto se quedó petrificada, conocía muy bien
lo que era y las consecuencias que tendría sobre ella si sólo la tocara, por lo
que esta vez fue la chica la que dio un salto hacia atrás para mantener una
distancia segura.
El enviado comenzó a caminar tranquilamente hacia la chica cuando de la
nada un horrible sonido similar al grito de sufrimiento de cientos de personas
se escuchó retumbar en todo el lugar, el ruido era tan ensordecedor que obligó
a todos los presentes a cubrirse los oídos e incluso daño las cámaras de video,
Salvador, que también se vio obligado a cubrirse los oídos, pudo ver que este
sonido demencial salía de la boca del terrorista resucitado que había estado
dirigiendo a los demás en los últimos días.
De pronto cuatro soldados que parecían no verse afectados por el ruido
demencial rodearon al enviado, estos tenían los rostros y cabeza completamente
cubiertos. Al verlos Salvador hizo un esfuerzo por abrirse paso dándole una
patada en el estómago al más cercano ya que no podía usar las manos, pero
sintió que su pie se hundía sobre el cuerpo del ser que atacaba como si no
tuviera huesos, aunque consiguió hacerlo a un lado permitiéndole escapar.
Segundos después otros cinco soldados vestidos de forma similar
aparecieron por detrás para rodearlo nuevamente, esta vez Salvador le lanzó una
patada en la cabeza a uno de ellos haciendo caer el turbante, dejando ver que
en su interior solo había viento flotando.
“Soldados de aire… Esos explica porque no están afectos por el
sonido”-Pensó el enviado.
En un descuido dos de los soldados iniciales lograron tomar los brazos
de Salvador, mientras que otros tres lo sostuvieron de piernas y tronco.
El sonido se detuvo, el terrorista cerró la boca y comenzó a caminar
hacia el verdadero enviado, al pasar por el costado de Carla le dedicó una
mirada triunfal y jactanciosa, la chica no le prestó mayor importancia ya que
su atención estaba completamente dirigida a la espada de Dios, pero asumía que
su aliado también contaba con la misma información.
La expresión maligna y de victoria en el rostro del terrorista se iba
incrementando a medida que se acercaba a Salvador el cual estaba sujetado por
cinco soldados de viento, pero con una expresión tranquila a pesar de
desventajosa situación, manteniendo fuertemente aun empuñada la espada de Dios
en su mano derecha.
Cuando solo faltaban tres pasos más para llegar el enviado de Dios hace
un esfuerzo y libera su brazo derecho lanzando con fuerza su arma hacia su
enemigo, el cual a pesar de haber sido tomado por sorpresa logra esquivar el
lanzamiento, siendo solo ligeramente rozado en antebrazo. Al ver el pequeño
daño sobre su cuerpo el terrorista muestra una sonrisa burlona la cual cambia
por perplejidad al ver que la expresión de Salvador es la de una persona que
acaba de conseguir la Victoria.
-Todo se terminó para ti, regresa a donde perteneces. –Le ordenó el
enviado.
Súbitamente y ante el horror de todos los presentes, el líder de los
soldados incorpóreos comienza a desintegrarse y convertirse en polvo a partir
de la herida causada y en sólo unos segundos lo único que queda de él es la
ropa que traía puesta, como si también hubieran sido parte de su cuerpo los
seres que tenían atrapado a Salvador pierden solides y se vuelven a convertir
en viento dejando en el piso sus uniformes vacíos.
Aprovechando esta oportunidad el enviado corre velozmente a recuperar su
arma, al verlo Carla inmediatamente con un chasquido de sus dedos genera
lenguas de fuego del infierno hacía el pero estas desaparecen a los pocos
centímetros de objetivo pues este se cubre con la espada de Dios.
-Por lo que veo tus trucos ya no te serán útiles – Razonó Salvador
mientras caminaba tranquilamente hacia Carla.
La chica pensaba a toda velocidad como debía de enfrentar esta pelea, si
se acercaba corría riesgo de que la toque con la espada, su fuego desaparecía
al estar cerca de él, posiblemente la transmutación siga una suerte similar,
por lo que solo le quedaba recurrir a una táctica nueva.
-Se te ve nerviosa, creo que ya sabes que regresaras donde tu amo a ser
castigada por tu derrota.
-Eso no pasará… recuerda que la naturaleza está hecha de… cuatro
elementos.
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