El aeropuerto Jorge Chávez en Lima, siempre se caracterizó por mantener
una actividad continua, independientemente de la hora del día o de la noche,
era imposible entrar en él y no cruzarse con un ambiente comercial y
cosmopolita. Había puntos de reunión por donde se vea, cafeterías,
restaurantes, tiendas, una pequeña capilla e incluso había un hotel en el
exterior. Diana Bonilla y Emilio Sandoval salían de la mesa de registro de su
vuelo a Francia, primera de sus escalas hacia Cachemira, con una indumentaria
muy abrigadora, él llevaba una chamarra gris de grandes dimensiones acompañado
de un pantalón azul oscura, mientras que la chica llevaba un saco delgado de
color negro con diseños de metal en los hombros, una blusa blanca, pantalón oscuro
y bufanda roja, junto con unas grandes gafas de color negro.
-¿Te preocupa algo?- preguntó la chica mientras guardaba su boleto de
avión y pasaporte en su bolso.
-Pensaba… en lo que Salvador nos dijo antes de despedirnos… - respondió
Emilio, con la vista perdida.
Habían pasado casi dos horas desde que tuvieron la última conversación
con el enviado en la sala de Diana, y aun recordaba sus palabras: “Allí los
espera alguien que es como yo, pero no exactamente igual a mí, es una persona
un poco complicada y no está de buen humor… así que téngale algo de paciencia…
está allí para ayudarlos.” Emilio hubiera deseado que Salvador estuviera allí,
pero el señor Martín insistió en reposo absoluto mientras que trataba de
encontrar la forma de curar sus quemaduras de forma definitiva, pero por alguna
razón el joven sentía miedo por quien sea que vayan a encontrar al otro lado
del mundo.
-No te preocupes, sea quien sea que nos encontremos allí está de nuestro
lado, ¿No es así?... Otra sería la situación si a quien nos cruzamos fuera a
Carla Moon Haya.- dijo su amiga con un tono tranquilizador, al tiempo que le
daba una palmada en el hombro y avanzaba hacia la puerta de embarque.
En otro lugar del mundo mucho más al norte, en el estado de New Jersey
el “MetLife Stadium” está copado casi a la totalidad de su capacidad de
alrededor de 82 mil personas, ubicado en el ciudad de East Rutherford, no es
usual que este rodeado de tantos autos, salvo que se vaya a jugar un partido de
gran trascendencia en el país. Esta vez no se espera ver a dos equipos
competir, la gente de varios estados, e incluso de países cercanos se ha
reunido allí para escuchar a una sola persona. Por los alrededores se pueden
ver pancartas y banderolas con símbolos que se asemejan a insignias de policías
que tiene escrito sobre ellas “Rational response squad”.
En un espacio del aparcamiento, alejado de la puertas principales se
podía ver un coche negro que pasaría desapercibido a simple vista, pero un observador
minucioso, podría distinguir los vidrios antibalas y el material blindado del
vehículo. Además se encontraba rodeado por siete unidades de transporte de
similar material pero diferente modelo y color. En su interior James Burt,
luciendo un impecable traje gris y corbata azul le preguntaba a Carla:
-¿Cuál es tu plan?
-Creo que dejaré las cosas lo más simple posible.- dijo la chica
mostrando una sonrisa, mientras jugueteaba con la punta de su cabello.- dejaré
que exponga su punto de vista y luego de ello yo simplemente le haré ver que
tiene que replantear su postura, es todo. ¿Están todas las cámaras en posición?
-Si… tal y como lo solicitaste. El evento será transmitido por la red
desde que inicie y además la totalidad de los agentes de seguridad que están
aquí trabajan para nosotros, no tendrás ningún problema para moverte
libremente.
Al oír esto, un extraño brillo de entusiasmo se pudo ver en la mirada de
la chica, pasó su lengua por su labio superior, sonriendo como si estuviera a
punto de comer un delicioso postre y exclamó:
-Pues bien, que empiece la función.
En el interior del “MetLife Stadium” las personas que habían acudido ese
día estaba ordenadamente sentadas murmurando entre sí, había jóvenes, adultos y
ancianos, personas de todas las etnias se podían distinguir entre los
asistentes. La mayoría iba vestido con ropa muy elegante, incluso trajes de
seda que a la vista se podía evidenciar que se trataba de prendas muy costosas,
muchos se encontraban leyendo libros de temáticas ateas o relacionados a temas
de la comunidad científica.
Se habían colocado pantallas adicionales por todo el estadio para que
las personas puedan ver con facilidad el evento que estaba a punto de dar
inicio, la mayoría de bancas eran de color gris claro. Dado que era cerca de
medio día el sol iluminaba todo el campo en cuyo centro se había preparado un
andamio de madera que cubría casi la quinta parte de toda la superficie del
mismo, en la parte delantera se podía ver un podio con el símbolo del “Rational
response squad” y en la zona de atrás una pantalla de televisión gigante con la
misma imagen. Delante de esta estructura y aun en el área del terreno de juego
se habían colocado unas 50 filas de sillas etiquetadas con nombres, espacios
reservados para los invitados especiales y personas de mayor jerarquía en la organización.
Caminando hacia el podio, vestido con un traje blanco, camisa gris y corbata
roja, con un peinado elegante hacia atrás el físico Robert Down se acercaba al
micrófono del podio para iniciar su discurso.
- Buenas tardes amigos y amigas.
Al momento de oír su voz las conversaciones y murmullos cesaron de forma
inmediata, todos los presentes tenían un gran respeto por el experimentado
profesional que estaba a punto de iniciar su mensaje. Los monitores de todo el
estadio dejaron de transmitir el símbolo de la organización y pasar a enfocar
el rostro del ponente.
- Ante todo quiero agradecer su asistencia. Sé que muchos de ustedes han
tenido que cancelar citas o reuniones importantes que ya tenían programadas y
algunos proyectos en los que se encontraban trabajando han tenido que detenerse
porque ustedes como piezas fundamentales decidieron asistir a esta importante
reunión. Por eso déjenme nuevamente reafirmar mi más profundo agradecimiento
hacia ustedes.
El auditorio guardaba silencio absoluto, todos tenían sus ojos y oídos
dirigidos hacia Robert Down, veían en él una luz de esperanza y guía sobra la
situación tan bizarra por la que estaban pasando en estos momentos.
-Es de conocimiento general que en los últimos años hemos realizado
importantes avances en nuestra causa, en la mayoría de escuelas ya no se
inculca el creacionismo como un postulado realista, sino que es visto como un
mito parte de nuestra historia antigua similar a las creencias de deidades
griegas o egipcias, y la teoría conocida como “El diseño Inteligente” ha pasado
al olvido, los grupos religiosos cada vez tienen menos injerencia sobre las
decisiones de nuestra sociedad y la cantidad de libres pensadores que han
decidido dar un paso adelante sobre creencias basadas en la fantasía van en
aumento. Los dogmas que han atado a la humanidad y no solo lo han limitado
nuestras forma de ver el universo por siglos sino que han ocasionado guerras y
genocidios a través de las historia se han debilitado a un nivel que ya es cada
vez más palpable la idea que estos pasen a formar parte de relatos de
comunidades antiguas. Todo esto se logró con mucho esfuerzo por parte de muchos
de nosotros, pero lastimosamente este gran avance, el cual se ha dado en beneficio
de todos, se está viendo amenazado por una sola persona… creo que todos saben a
quién me refiero.
En ese momento la pantalla de atrás del escenario deja de transmitir el
discurso y pasa a mostrar una imagen de Carla Moon Haya. Y por primera vez desde
que inició el discurso del Profesor Down se vuelven a escuchar murmullos.
Robert, deja que estos se mantenga unos segundos sabe que hacer una pausa
estratégica puede ser benéfico en este caso, para que sus oyentes intercambien
algunas ideas, opiniones y comentarios, luego continúa:
- Esta mujer, cuya presencia no pasa desapercibida, no solo por su
evidente belleza, sino porque se ha auto proclamado ser una criatura enviada
por una entidad que solo existe en la imaginación de muchas personas de corto pensamiento.
Esto no sería tan alarmante sino fuera por el hecho que nuestro propio
presidente parece formar parte de todo este circo. James Burt, quien siempre se
mostró muy cooperativo con nuestras ideas y propuestas no solo ya no responde
nuestras llamadas, ni correos sino que también parece ser la mente que mueve
las piezas de este teatro que se ha montado, que puede ser esto ¿sino una burla
hacia nuestro grupo y sus ideales?
Los gritos no se hicieron esperar, la gente se estaba emocionando con la
palabras de Robert Down, todos los que habían ido veían sus ideas reflejadas en
el discurso del físico, el cual hizo una pausa más para verificar la aceptación
que estaban teniendo sus palabras. Con una sonrisa de satisfacción continuó:
- Me complace ver, que no soy el único que se siente defraudado por este
actuar de nuestro mandatario. Pero debemos actuar con cautela, ya que muchas
personas parecen haber sido engañadas por lo que vieron hace pocos días en el “Saint Luke's Medical Center”, lo que
como todos aquí deben saber no fue más que una escena bien preparada, por parte
de las personas que están atrás de este engaño. Pero esto hace surgir varias
preguntas ¿Qué pasó con los verdaderos pacientes? ¿Cómo los sacaron de allí?
¿Hacia dónde se les llevó? Había personas en estado muy grave ¿Qué tan
arriesgado fue movilizarlas? Estimados amigos estamos ante un grupo de personas
que no respetan la seguridad ni la vida de los enfermos. ¿Es que vamos a
quedarnos de brazos cruzados mientras todo este engaño gana más poder sobre
nuestra población?
Robert Down volvió a hacer una pausa, esperando escuchar nuevos gritos y
exaltaciones por parte de sus oyentes, pero esta vez lo que escucho fueron solo
murmullos y pudo ver la expresión de sorpresa en la mayor parte de su público.
No podía oírles bien pero las personas que estaban en las primeras filas
señalaban hacia un espacio en la parte de atrás del escenario. El físico
completamente extrañado se giró para ver qué era lo que señalaban, casi se cae
de la impresión, por lo que tuvo que sostenerse de una parte del podio al ver a
Carla Moon Haya sobre el escenario detrás de él, a solo unos 3 metros, tenía un
micrófono inalámbrico lo que le permitía que todos en el estadio la escucharan.
- Buenas tardes profesor Robert Down, es todo un gusto conocerlo. – Dijo
la chica con una tranquila sonrisa – estoy aquí porque quiero ayudarlo, sé que
está hablando de mí y me parece que mi presencia aquí sería de mucha ayuda para
determinar qué tan lejos o cerca está usted de la realidad.
El físico no sabía que pensar, muchas preguntas pasaron por su cabeza al
mismo tiempo ¿Cómo le hizo para pasar la seguridad sin llamar la atención?
¿Realmente esta chica sabía dónde se había metido? ¿Cuál era su intención al
presentarse frente al grupo ateo más importante del mundo? La joven comenzó a
caminar de forma tranquila hacia el podio y comenzó a hablar:
-Parece que el ratón le comió la lengua profesor, no esperaba que mi
presencia aquí le causara tal impresión.
-Tu… - comenzó a responder Robert Down de forma insegura- ¿Cómo has
logrado pasar? ¿Es que vienes a mostrar otro de tus trucos de magia?
Carla mostró una sonrisa que hacía notar un poco de malicia en su
expresión y le explicó:
- Tenía razón al decir que James Burt me estaba apoyando, todo el cuerpo
de seguridad que resguarda esta convención trabaja para la casa blanca… y sobre
trucos de magia pues yo no creo que esa sea la forma más apropiada para
referirse a los milagros, pero si tenía preparado algo para esta ocasión.
La joven se flexionó las piernas y colocó las palmas de las manos contra
el piso, en solo unos segundos las puerta metálicas del estadio se cerraron de
forma violenta, y ante la mirada atónita
de todos estas se deformaron y se sellaron formando en las uniones la imagen de
un ángel con la mirada perdida, las alas
extendidas y los brazos abiertos con las palmas hacia arriba.
Carla se puso de pie nuevamente, dio una mirada a toda la multitud a su
alrededor y, utilizando una estrategia similar a la de Robert Down, les dio
unos minutos para que asimilen lo que estaba pasando. Se sintió satisfecha al ver
solo rostros de desconcierto, estupefacción y miedo. Por lo que se dirigió a
ellos, con una voz con un tono calmado:
- Alégrense pues afortunados son, ustedes que abandonaron por completo
la fe y confianza en su creador, ahora tienen una oportunidad de redimirse y
alcanzar el perdón por la decisión que tomaron al negar la existencia de un ser
superior. Yo he venido con la misión de llevarlos por el camino adecuado, el de
la luz y la prosperidad, quién crea en mí y esté dispuesto a seguirme y dar la
vida por mí, solo tiene que arrodillarse y jurarme lealtad ante todo. Lo demás,
su familia, amigos, trabajo, dinero pasará a un segundo plano una vez que hayan
decidido…
-¡Silencio! – Interrumpió de forma enérgica Robert Down - Todo esto que estás hablando no es más que
basura, ¿De verdad esperas que alguien acá crea algo de lo que has dicho solo
porque te las ingeniaste para cambiar las puertas del estadio de alguna forma?
Si todo el cuerpo de seguridad está bajo tu control, no es tan difícil que
tengas otro grupo de personas que te esté ayudando con esta broma de mal gusto.
Ante esta interrupción tan desagradable Carla miró al físico con una
expresión de despreció no le agradaba que la haya interrumpido mientras hablaba
y menos aún su obstinación, por lo que pensó que debía tomar medidas más
radicales pero efectivas.
- Profesor realmente está usted ciegamente apegado a sus ideas, eso es
admirable pero existen momentos en los que una persona debe simplemente aceptar
que se ha equivocado.
Levanto su mano derecha y ante la mirada de desconcierto de todos los
presentes esta fue rodeada por una flama de color negro, la cual no le hacía
daño alguno. Nuevamente volvió a flexionar las piernas pero esta vez solo
colocó en el piso su mano derecha de la cual surgieron múltiples delgadas
líneas de fuego oscuro que como serpientes se trasladaron en todas las
direcciones desde el estrado, pasando por entre las bancas y las personas sin
tocarlas, hasta las puertas que habían sido selladas hace solo unos segundos.
Al llegar a su objetivo las flamas se esparcieron por las figuras
angelicales derritiéndolas de una forma grotesca y finalmente lo único que
quedó de estas estructuras fue una masa de metal calcinado. Carla se levantó y
al hacerlo el fuego del infierno desapareció por completo. Nadie en todo ese
tiempo se atrevió siquiera acercar su mano a las flamas.
- Bueno… ¿esto le pareció suficiente? ¿O prefiere probar mi “truco de
magia” en su propio cuerpo?
Robert Down, no podía responder. Su mente buscaba una explicación lógica
y científica para el extraño fenómeno que acababa de atestiguar, pólvora
escondida, gasolina o alguna sustancia inflamable preparada con anterioridad
sobre el piso del estadio, guantes inmunes al fuego, químicos que produzcan una
combustión de ese color tan extraño, pero nada le parecía lo suficientemente
creíble para tranquilizarlo. Giró su cabeza para ver a la audiencia la cual
tenía la misma mirada de asombro en sus rostros, y algunos lo observaban con la
esperanza de que les pueda explicar de forma adecuada que era lo que había
pasado. Pero el físico no tenía una respuesta para esta situación tan bizarra.
La joven comenzó a caminar hacia el asustado físico, el cual no podía
moverse dado el estado de asombro en el que se encontraba. Cuando estuvieron lo
suficientemente cerca el uno del otro Carla lo tomó del cuello y lo alzó con
una gran facilidad, en ese momento Robert Down reaccionó y trató de liberarse
pero a los pocos segundo Carla lo lanzó contra las personas de las primeras
filas en los asientos colocados en frente del escenario y volvió a hablar.
- Esta es su última oportunidad… arrodíllense ante mi… o lo siguiente
que se derretiría en este lugar serán sus huesos.
Comenzó a observar a las personas comenzando por los de las primeras
filas, donde Robert Down trataba de ponerse de pie con ayuda de las personas
sobre las cuales cayó. Al verlos la chica
detuvo su mirada sobre ellos y puso una expresión amenazadora, que
indicaba que estaba dispuesta a atacar de nuevo pero esta vez sería de una
forma mucho más drástica. Esto fue suficiente para que los más asustados
comenzaran a agacharse y arrodillarse, el miedo se esparcía por el estadio como
un virus, entre más personas cedían a las exigencias de Carla menor era el poco
valor que quedaba en los que aún tenían la intención de mantenerse de pie.
La chica vio con satisfacción que casi todas los que estaban en la parte
baja se habían arrodillado, pero al alzar la vista en los asientos superiores
muchos grupos de personas aún estaban de pie, los observó con detenimiento y
ubicó a aquellos que parecían ser los que se veían más decididos a no
obedecerla. Estaban en el ala derecha del edificio en el nivel más alto del
estadio. Con una agilidad asombrosa la chica comenzó a correr hacia ellos a su
camino con solo verla muchos de los que aún se mantenía de pie se pusieron de
rodillas por el miedo generado por el instinto de supervivencia humano. En solo
dos minutos llegó a la parte más alta de las gradas donde un grupo de unas 40
personas aún se mantenían de pie, entre ellos destacaba un hombre de color de
piel cobrizo, pelo oscuro, con un gran bigote, vestía un traje de color azul
oscuro algo descuidado y en su cintura tenía el estuche marrón de una pistola.
Al verlo Carla le habló en tono tranquilo pero amenazador.
- Veo que tenemos a alguien que va a ser difícil de convencer acá. ¿Cuál
es tu nombre?
El hombre acercó su mano derecha a su pistola y a pesar de que era
notorio su nerviosismo respondió de la forma más segura que pudo:
- Gabriel Hernández, vengo de México, del distrito Federal. Allí existe
una gran devoción por Dios en especial por la virgen de Guadalupe. Pero a mí
eso siempre me pareció una forma de ganar dinero a costa del miedo de la
personas.
- Pues no estás muy lejos de la verdad, muchos usan la religión como un
medio para enriquecerse. Pero dime ¿qué es lo que hace que no te arrodilles
ante mí? Creo que ya te di suficientes pruebas de que no soy una charlatana y
de que esto no es una broma.
-Hace años decidí dejar de creer en Dios dado que como te dije más me parecía
que se utilizaba la religión para lucrar que para algo verdaderamente positivo.
Pero mis padres siempre fueron cristianos devotos y ellos inculcaron en mí su
fe desde niño, no solo ellos sino la comunidad entera y si bien yo deje de
creer hace mucho hay algo que siempre recordaré… el Dios en el que creían mis
padres, el Dios que mi sociedad trató de hacerme creer en, era supuestamente un
ser de amor. Una entidad que perdona los pecados de la gente y trataría de
hacernos ir por el mejor camino. Un ser
así no podría haber enviado a una chiquilla engreída que…
Gabriel Hernández no pudo terminar la frase, en solo unos pocos segundo
su cuello había sido aprisionado por Carla impidiéndole hablar, la chica sabía
que esa forma de pensar del mexicano era demasiado peligrosa para que más
personas la oigan y el riesgo aumentaba por el hecho de que todo lo que estaba
pasando estaba siendo grabado. La chica miró fijamente a los ojos de su
prisionero y unas flamas de color negro comenzaron a salir de la mano con la
que agarraba el cuello del hombre, el cual solo pudo emitir un grito ahogado
por dos segundos ya que al poco tiempo de él solo quedaba su esqueleto
ennegrecido por las quemaduras, a los pocos segundos la chica lo lanzó con gran
fuerza contra otro grupo de personas que aún se mantenían de pie. Con una
expresión amenazadora y llena de furia, dijo:
- ¿Alguien más quiere que despeje sus dudas?
Al decir eso alzó un poco la mano con la que recientemente había
calcinado a su víctima y dejó ver en ella una flama oscura de casi un metro de
alto. Esta imagen se mostró en todas las pantallas del estadio por lo que todo
aquél que aún se mantenía de pie se dejó vencer por el miedo y se puso de
rodillas.
Carla al ver su victoria sobre la voluntad de la comunidad atea, mostró
una sonrisa extraña que dejaba ver sus dientes, dirigió su vista hacia el
piso y con un tono tan bajo que nadie la
escuchó, masculló:
-Todo, está saliendo de acuerdo a lo planeado.
A algunos Kilómetros de distancia, James Burt tiene la vista fija en un
monitor donde se ve a una joven con una mano encendida con una flama oscura. El
sudor corre por su frente y su espalda, ligeros temblores afligen su cuerpo y
sus ojos están abiertos tanto como pueden, su expresión refleja más miedo que
cualquier otra sensación, solo un pensamiento surca en estos momentos su
cerebro:
-¿De… de verdad a esta mujer… la envió Dios?
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