miércoles, 27 de mayo de 2009

Capítulo 3: El primer milagro

Eran las 9 de la mañana, hora normal a la que Emilio se levantaba cuando no tenía nada que hacer, como ahora que estaba en periodo de vacaciones universitarias. Salió de su cama y bajo al comedor, allí encontró a Salvador sentado en la mesa, había preparado el mismo el desayuno para ambos, este al verlo lo saludó amablemente con una sonrisa y dijo:
-Buenos días, Emilio. Espero que hayas dormido bien, por favor recupera tus energías, que ya que sé que hoy tienes tiempo libre podemos preparar la forma en que trabajaremos.
-Ha sí… de acuerdo.-Se sentó frente a Salvador y tomo una pieza de pan, se estaba comenzando a sentir incómodo con el hecho que Salvador supiera tanto sobre el.- Ayer me dijiste que tenías facultades similares a las de Jesús ¿no es así?
- Así es. No son exactamente iguales pero si hay varias similitudes.
-Entonces, estuve pensando que quizás una forma para comenzar a difundir tu mensaje es que tú mismo te des a conocer como lo que eres: Un enviado de Dios, y para tal fin deberíamos ir a lugares donde haya gente sufriendo por enfermedades y curarlos como lo hizo Jesús en su momento. Si la gente presencia curaciones milagrosas sabrán quien eres y te tomaran en serio. Incluso los ateos tendrían que aceptarte al no poder dar una explicación científica de lo que ven.
-Me parece una buena idea pero debemos de ir con prudencia. Las intervenciones divinas en la vida humana generan dependencia y eso no es lo que queremos. Además aunque vayamos a un hospital no podemos curar a una gran multitud toda al mismo tiempo, eso sería interferir demasiado con el plan de Dios. Asimismo ¿has oído sobre los curanderos evangelistas que dicen curar en el nombre Dios verdad? Algunos viajan en Jet Privado y se hospedan en los mejores hoteles. ¿Qué te dice eso?
-¿Qué son falsos?
-En algunos casos si en otros no, veras los ateos tienen mucha razón en decir que la religión puede enriquecer materialmente a las personas y la principal base de ese argumento es la acomodada vida que tienen muchas autoridades eclesiástica o personas religiosas, estas personas han olvidado el mensaje de humildad que los profetas antiguos trajeron al mundo. Si vamos a ponernos a curar enfermos debemos de asegurarnos que no se nos ponga al mismo nivel que estas personas.
-¿Cómo haremos eso?
-Invitando a las personas que ayudemos a dar las gracias a Dios que está en el cielo, ya que es el quien concede el milagro, nosotros solo somos simples intermediarios. No debemos de aceptar grandes regalos de esas personas, nuestra única recompensa será su sonrisa y la satisfacción de saber que hemos logrado salvar el alma de una persona más al sacarla de las tinieblas y traerla a la luz.
-Comprendo. Entonces después de desayunar veremos cuál puede ser el mejor lugar para comenzar.
-Estoy de acuerdo.-Concluyó Salvador-
Ambos terminaron de desayunar, Emilio se había dado cuenta de que debía de actuar con cautela. En esta época hay muchas más religiones que las de los tiempos bíblicos y cada una tomara su propia postura ante las acciones que ellos realicen. Algunos los aceptarán otros quizás los tachen de seres demoniacos. Un paso en falso podría costar la perdición de cientos quizás miles de almas. Por tal comentó de manera prudente:
-Creo que deberíamos ver las noticias de los últimos días en los periódicos. Suele suceder que hay un caso al que le ponen más atención que a los demás, podríamos comenzar por ahí ¿te parece?
-Sí, lastimosamente el morbo humano es una característica constante en su naturaleza. Podemos hacer esto, tu anda a bañarte y aséate (yo ya lo hice porque me levante más temprano que tu) y mientras yo limpio todo esto y organizo los periódicos de los últimos días.
-Está bien, muchas gracias.
Emilio se tomó un baño de agua tibia como le gustaba. Mientras pensaba ¿Qué pensarían sus amigos cuando sepan que el anda cerca de una persona como Salvador? ¿Creerán que fue fanático religioso toda su vida? ¿Y cómo lo verá su madre que es muy religiosa? ¿Se enorgullecerá o lo tildara de servidor del diablo? Realmente esperaba que no fuera lo último. Salió del baño bien cambiado, vistiendo una camisa de manga corta y pantalones que le llegaban hasta la rodilla; se dirigió a la sala donde Salvador lo esperaba con varios periódicos sobre la mesa. Al verlo este le dijo:
-No hay mucho de donde elegir salvo quizás una niña enferma de cáncer, pero está algo lejos de aquí. Por lo demás la mayoría de noticias son de política, robos y accidentes de tránsito.
Cuando estaba por responderle, sonó el timbre de la casa, y Emilio se dirigió a abrir la puerta. Afuera estaba una chica joven de unos 19 años, de pelo castaño largo, ojos claros y figura delgada, vestía una blusa rosa, unos pantalones negros, ella no esperó que la invitaran a entrar y pasó rápidamente al interior de la casa diciendo:
-Hola Emilio, sé que no tienes nada que hacer hoy así que vine para saber si me puedes acompañar a…- Se detuvo luego de haber dado unos pocos pasos dentro de la sala y se quedó mirando a Salvador - ¡Ho! disculpa no sabía que tenías visita.
-Hola Karen, no es una visita como todas ¿sabes? - Cerró la puerta y se acercó a Salvador- ¡Te presento a Salvador, él es un hombre de Dios!
-Ha ya veo… ¿es un cura o un predicador?- preguntó la chica con expresión de aburrimiento.
-No, no me estas entendiendo. A él lo ha enviado Dios directamente desde el cielo con un mensaje para todos los hombres. Se apareció ayer en la noche en el jardín de mi casa, envuelto en una gran luz cegadora, después que me bebiera una taza de té.
-Esto…- Karen arqueó las cejas - ¿Y que tenía exactamente esa taza de té adentro? ¿O es que te caíste y te golpeaste la cabeza hoy en la mañana? ¿O simplemente haz comenzado a fumar alguna hierba alucinógena? Porque si es lo último mira que de un solo golpe yo te quito lo…
-¡Que no! Espera un momento. - la interrumpió de forma brusca.
Emilio se retiró de la sala hacia la cocina, dejando a Salvador aun escudriñando los periódicos y a Karen un poco incómoda, sin saber que decir o que se traían entre manos esos dos. Al poco tiempo regresó con un vaso lleno de agua y se acercó a Salvador y le dijo:
-Salvador, por favor convierte esta agua en vino y así le mostraremos a Karen que realmente has venido en nombre de Dios.
-Lo que me pides es que satisfaga un deseo personal tuyo basado en el querer impresionar a esta chica. - Respondió el enviado, sin apartar la vista de los periódicos que revisaba - no es para eso para lo que yo estoy acá y lo sabes.
-¡Vamos! Por favor. ¿No se supone que debemos comenzar a mostrar a la gente quien eres en verdad? ¿Por qué no comenzar con ella? – le rogó Emilio.
-Escuchen chicos, esto no tiene ninguna gracia.- intervino la joven - Mira Emilio, yo solo vine aquí para saber si me podías acompañar a hacer unas compras pero veo que estas demasiado ocupado con tu “hombre de Dios” o lo que sea, nos vemos más tarde.
-¡Hey espera! –Trató de retenerla.
Karen comenzó a dirigirse hacia la puerta de la casa cuando sonó su teléfono móvil, lo que hizo que esta se detuviera, lo sacó de su bolsillo y contestó.
-Es mi papá… ¿Hola? - Mientras ella oía lo que su padre decía Emilio la observaba y se bebía el agua del vaso, ya que había aceptado que no podría hacer nada mejor con ella, Salvador por su lado seguía revisando periódicos en busca de algo que les sirva, repentinamente la chica palideció y dio un grito- ¿QUE COSA? ¡Voy para allá enseguida! – Guardó su teléfono y comenzó a correr hacia la puerta- Emilio debo irme, mi mamá acaba de sufrir un infarto.
-¡NO PUEDE SER! Espera te acompaño, Salvador ya regreso.
Ambos jóvenes salieron corriendo de la casa y fueron por la calle tan rápido como podían. Emilio conocía a Karen desde muy temprana edad, había jugado en su casa en infinidad de oportunidades y la madre de esta, la señora Gloria, le tenía mucho cariño. Cuando los padres de Emilio se separaron hace 8 años y este tuvo que quedarse con su papá su amiga fue un gran apoyo emocional para él, de la misma manera que lo fue cuando falleció su abuelo hace 2 años y Emilio se quedó con la casa donde vive ahora, solo.
La casa de Karen no quedaba muy lejos, solo eran 3 cuadras de distancia pero a ambos les pareció mucho más dado la preocupación y desesperación de la situación actual. A los pocos minutos ya divisaban la casa era de tamaño similar a la de Emilio solo que de color amarillo, también tenía un pequeño patio en la entrada el cual se usaba para aparcar el coche. Al llegar, la chica rápidamente sacó las llaves de la casa y ambos ingresaron, presurosos por saber el estado de la madre de la joven.
Escucharon murmullos en la parte superior de la casa, por tal motivo subieron a tropel al segundo piso y fueron directamente al primer cuarto que vieron y de donde provenían esos sonidos. En su interior habían tres personas: Una mujer adulta de cabello largo y castaño, echada sobre una cama con los ojos cerrados, una joven que no parecía muy mayor a Karen tenía el pelo corto hasta la barbilla, era alta y no dejaba de llorar sobre el hombro de un hombre de aproximadamente 50 años, el cual también era alto, con bigote, que daba signos de estar comenzando a quedarse sin pelo y tenía un par de anteojos redondo y pequeños. Al verlos entrar el hombre giró y les dijo:
-Lo siento han llegado tarde, ya ha fallecido.
-¡NOOOO! - Gritó Karen, se acercó corriendo a la cama y se arrodillo ante ella - ¡No puedes irte mamá! ¡No puedes!
-Lo siento hija, cuando te llamé tu hermana Beatriz ya le había tomado el pulso y dictamino que la muerte fue instantánea. Al menos sabemos que no ha sufrido. - trató de consolarle su padre poniéndole una mano en el hombro.
Karen seguía llorando desconsoladamente sobre el cuerpo de su difunta madre, Emilio no estaba seguro de que hacer él también estaba sufriendo ya que le tenía mucho cariño a toda esa familia. Se acercó al padre y hermana de su amiga para darles el pésame respectivo y luego se dirigió hacia donde estaba ella y toco su otro hombro. Enseguida se escucharon pasos fuera de la habitación, todos giraron hacia la puerta y vieron entrar a Salvador.
-¿Nos… nos ha seguido hasta acá? - Dijo Karen con una expresión de desconcierto y lágrimas en los ojos.
-¿Y usted quién es? ¿Cómo se atreve a entrar de esta manera en mi casa? ¡Váyase de aquí o llamo a la policía! - Grito enojado el Señor Martín, padre de la familia.
-Yo he venido por que es en este lugar donde me necesitan. –Exclamó de forma extremadamente calmada Salvador.
-¿Qué está diciendo? Tanto yo como mi hija mayor hemos estudiado medicina, sabemos reconocer cuando una persona ha fallecido ¿cómo se atreve a insinuar que usted puede ayudarnos? - respondió sumamente encolerizado.
-Ustedes conocen mucho de la muerte, - Dijo mientras caminaba a través del cuarto.- pero yo he venido para hablarles de la vida… Gloria Martínez, 53 años, católica devota, esposa fiel, madre bondadosa, durante 25 años ha ayudado a asociaciones benéficas, es miembro activa de la orden de adoración a la virgen de Guadalupe de su localidad desde hace 13 años y en muchas ocasiones ha criticado a su esposo por abandonar la fe y rendirle culto a la ciencia médica antes que a Dios.
-¿Qué?... ¿Cómo sabe todo eso usted? ¿NOS HA ESTADO ESPIANDO?- Manifestó de manera violenta el sorprendido hombre.
-No hay acción buena o mala que pase desapercibido a los ojos de Dios.- Se detuvo pegado a la cama de la Señora Gloria. Tomó aire, cerró los ojos, levantó ambos brazos y la cabeza- ¡Ho padre bueno y generoso! Permite a tu sierva fiel regresar al lado de los que la aman de modo que ellos sientan sus corazones tocados por tu infinito amor.
-¡ESTO HA SIDO DEMASIADO!- gritó el señor Martín muy enojado y se dirigió hacia Salvador tomándolo del hombro.- Escúcheme bien predicador de porquería, lárguese de aquí en este mismo instante y no se vuelva a acercar a mi….
El señor Martín no pudo terminar la oración sus ojos estaban clavados en su esposa, al igual que los de Karen, Beatriz y Emilio, la mujer acababa reaccionar abrir los ojos y estaba sentada sobre su cama. Karen estaba boquiabierta aún con la cara llena de lágrimas pero no atinaba a decir nada pues la impresión la había dejado muda. Beatriz se había tapado la boca con las manos y tenía los ojos abiertos como platos y había comenzado a temblar de la impresión a tal punto que Emilio, rápidamente, se puso detrás de ella porque pensó que se iba a desmayar. La señora Gloría con lágrimas en los ojos y una gran sonrisa, miró a Salvador y le dijo:
-¿Así que tú eres quien Dios ha enviado para ayudarnos?

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